La tentación es, básicamente, un engaño: comprar la felicidad (dicha, éxito, ganancia) que se ofrece a cambio de lo más preciado. El Evangelio de las tentaciones de Jesús en el desierto pueden comprenderse profundamente a partir de este otro versículo que dice: «¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si se pierde a sí mismo?» (Lc 9, 25).
«Tentación», una composición de la hermana Kelly Patricia, religiosa brasileña.
Elevadas posiciones, dominio, fama, todo te daré.
¿Dónde está tu corazón?
Riquezas y astucias, trama, todo eso te daré.
Y si quieres ser perfecto deja todo y sígueme.
Y tendrás la vida, vida en mí.
Oye mi voz. Oye mi voz y serás vencedor.
Placeres, fantasías, seducciones, todo eso te daré.
¿Y si te perdieres?
Magia, ilusiones, distracciones, todo eso vivirás.
¿Eso es vida o muerte?
Yo soy el camino, la verdad y la vida.
La vida es lo que Yo soy.
Oye mi voz y vida tendrás.
Oye mi voz y serás vencedor.
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Pedro Casaldáliga, sacerdote claretiano, es conocido por su labor misionera en São Félix do Araguaia, en el Mato Grosso. Cuarenta años trabajando allí como misionero incansable, ligado a los más pobres del Brasil han dejado una huella en la lucha por «esa justicia largamente esperada».
Nacido en Barcelona, a Casaldáliga lo animaba una espiritualidad profundamente encarnada que se expresaba, entre otras formas, por medio de la poesía, que le sirvió de modo de expresión: oración, denuncia, bandera.
Su vida es símbolo. Un obispo que asume la pobreza como estilo de vida.
Compartimos tres de sus poemas hechos canción. En primer lugar, «Mi fuerza y mi fracaso», musicalizado por la Hermana Adriana Blanco e interpretado por las Misioneras Diocesanas en su obra «Te hiciste Palabra y canto».
Mi fuerza y mi fracaso
Mi fuerza y mi fracaso eres Tú,
mi herencia y pobreza eres Tú,
Tú, mi justicia Jesús
mi guerra y mi paz
mi libre libertad.
Mi muerte y mi vida, Tú,
palabra de mis gritos,
silencio de mi espera,
testigo de mis sueños,
cruz de mi cruz, Tú.
Perdón de mis pecados
razón de mi esperanza
mi fuerza prometida, Tú, Jesús.
«Paz armada» es un poema dedicado a la vida de hombres y mujeres célibes por la causa del Reino de Dios. Musicalizado por Cristóbal Fones, forma parte de su obra «Tejido a tierra».
Paz armada
Será una paz armada, compañeros, será toda la vida esta batalla, que el cráter de la carne sólo calla cuando la muerte acalla sus braceros.
Sin lumbre en el hogar y el sueño mudo, sin hijos las rodillas y la boca. A veces sentiréis que el hielo os toca; la soledad os besará a menudo.
No es que dejéis el corazón sin bodas; habréis de amarlo todo, todos, todas; discípulos de aquél que amó primero.
Perdida por el Reino y conquistada, será una paz tan libre como armada, será el amor amado a cuerpo entero.
El último poema está dedicado a la Eucaristía y su dimensión social: pan partido y entregado a los hombres.
Mi cuerpo es mi comida
Mis manos, esas manos y Tus manos hacemos este Gesto, compartida la mesa y el destino, como hermanos. Las vidas en Tu muerte y en Tu vida.
Unidos en el pan los muchos granos, iremos aprendiendo a ser la unida Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos. Comiéndote sabremos ser comida.
El vino de sus venas nos provoca. El pan que ellos no tienen nos convoca a ser Contigo el pan de cada día.
Llamados por la luz de Tu memoria, marchamos hacia el Reino haciendo historia, fraterna y subversiva Eucaristía.
Por medio de la Carta Apostólica Patris Corde, el Papa Francisco nos invita a celebrar un año santo dedicado al Custodio del Señor, con motivo de los 150 años de la declaración de San José como Patrono de la Iglesia Universal.
Patris Corde nos ayuda a reconocer el don de la paternidad que se realiza desde el amor, la ternura, la obediencia, la acogida, la valentía, el trabajo… «Nadie nace padre, sino que se hace. Y no se hace sólo por traer un hijo al mundo, sino por hacerse cargo de él responsablemente. Todas las veces que alguien asume la responsabilidad de la vida de otro, en cierto sentido ejercita la paternidad respecto a él» (Patris Corde, 7).
Sabemos poco de José, pero lo que los evangelios nos enseñan, nos permite apreciar su entrega generosa a la voluntad y el rol cumplido en función de «custodiar» la vida del Redentor.
«José vio a Jesús progresar día tras día «en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres» (Lc 2,52). Como hizo el Señor con Israel, así él “le enseñó a caminar, y lo tomaba en sus brazos: era para él como el padre que alza a un niño hasta sus mejillas, y se inclina hacia él para darle de comer” (cf. Os 11,3-4).
Jesús vio la ternura de Dios en José: «Como un padre siente ternura por sus hijos, así el Señor siente ternura por quienes lo temen» (Sal 103,13).
En la vida oculta de Nazaret, bajo la guía de José, Jesús aprendió a hacer la voluntad del Padre. Dicha voluntad se transformó en su alimento diario (cf. Jn 4,34). Incluso en el momento más difícil de su vida, que fue en Getsemaní, prefirió hacer la voluntad del Padre y no la suya propia[16] y se hizo «obediente hasta la muerte […] de cruz» (Flp 2,8). Por ello, el autor de la Carta a los Hebreos concluye que Jesús «aprendió sufriendo a obedecer» (5,8)». Patris Corde, 2.-
«Todos estos acontecimientos muestran que José «ha sido llamado por Dios para servir directamente a la persona y a la misión de Jesús mediante el ejercicio de su paternidad; de este modo él coopera en la plenitud de los tiempos en el gran misterio de la redención y es verdaderamente “ministro de la salvación”». Patris Corde, 3.-
Papa Francisco.- Patris corde.-
Compartimos una bella canción de Daniel Poli, que nos invita a reconocer en José al inspirador de muchas enseñanzas de Jesús: por su cercanía, sus consejos, la experiencia compartida, su coherencia e integridad de esposo, padre y trabajador.
Mientras te acunó en mis brazos entre lágrimas de amor, es que a veces no comprendo este pobre corazón y pensar que había pensado abandonarla en secreto de no hacer sido por el Ángel y de lo que dijo en aquel sueño. Si todavía me cuesta creer que se haya fijado en mí el cielo, espero sepas comprenderme, yo solo soy un pobre carpintero.
Aquí cuidando de tu madre y contigo aquí en mis brazos, soy más feliz que el hombre más feliz que la Tierra haya pisado rero está tan fría esta noche y estamos tan lejos de casa. Ay! Dios qué raros son tus planes, dije a la noche estrellada. Hubiera querido darte un palacio y no este agujero pero Tú sabes no hay lugar para el hijo del carpintero.
Y te cantaré canciones de nuestro pueblo y su cansancio, inclinado ante la cuna que haré con mis propias manos. Cuando crezcas cada noche te contaré historias de sembradores, de semillas de tierra fértil, de ovejas perdidas y de pastores. De un hombre que encontró un tesoro y por él lo dejó todo y así sabrás cuanto te quiero y aquel que hombre es este carpintero
Y te veré crecer despacio en cada primavera, te hablaré de nuestro Dios, te enseñaré lo que pueda. Este es el hombre que soy, eso es todo lo que puedo darte, no tengo oro ni plata, solo un corazón para amarte, el que solo entiende de clavos y madera y que por Ti daría, daría su vida entera. Es que por Ti daría mi vida entera.
#Tiberíades #MeHasHabladoEnMilCanciones #Daniel Poli #José #PatrisCorde
Es hora de navegar, animarse a soltar las amarras y navegar mar adentro. Nos acompaña una tensa calma en el mar de la inquietud… pero es hora de salir. Todo está dispuesto, las redes esperan emprender el vuelo para extenderse sobre las aguas claras.
Soltar las amarras… es tiempo de acompañar, de animar, de señalar un rumbo. Navegar mar adentro para encontrarnos en las aguas que dan sentido, que tocan el corazón.
Soltar las amarras porque en la otra orilla nos espera el pan y el pescado a las brasas y una presencia que reconforta.
«La cultura del cuidado, como compromiso común, solidario y participativo para proteger y promover la dignidad y el bien de todos, como una disposición al cuidado, a la atención, a la compasión, a la reconciliación y a la recuperación, al respeto y a la aceptación mutuos, es un camino privilegiado para construir la paz».
Papa Francisco.- Mensaje para la Jornada Mundial de Oración por la Paz 2021.-
Estamos a las puertas de una Navidad distinta, una fiesta marcada por el distanciamiento social y medidas sanitarias que busquen resguardan nuestra salud y la de los demás. El año 2020 será recordado como el más difícil en la vida de muchos: la pandemia nos ha atravesado hondamente limitando nuestros deseos, búsquedas y sueños; nos ha arrebatado seres queridos o nos ha impedido encontrarnos con ellos y compartir la vida en el hogar, el trabajo, la escuela…
Pero, sin embargo, algo no cambia en esta Navidad: como hace ya 2020 años, Dios quiere encontrarse con cada uno de nosotros y por ello se hace Niño. La pandemia no impide que Dios se haga presente en nuestras vidas, naciendo en nuestros corazones para renovarnos con su amor y fortalecernos con su alegría. No viene a resolver, mágicamente, nuestros problemas; viene a impulsarnos con su presencia para que hagamos un mundo nuevo, comenzando por nosotros mismos.
Por ello, en este año complejo y difícil, los invitamos a abrir los corazones y recibir a este Niño y vivir una Navidad desde el corazón, con el deseo de crecer en el encuentro con el otro.
Feliz Navidad!!! ¡Qué Dios, que se hace Niño, los renueve con su gracia, los colme de su alegría y los bendiga con su amor!
Bendición de la Mesa de Navidad
Comienza la Nochebuena y todo está dispuesto en esta mesa: los alimentos que hemos recibido de tus manos generosas y que hemos preparado con cariño para celebrar la alegría de tu nacimiento.
Hacemos presente, además, el recuerdo de familiares y amigos: los que están gozando del encuentro en otras mesas como ésta y los que partieron a tu casa y, hoy, celebran contigo en la gran mesa celestial.
En esta noche de encuentro y alegría, te pedimos por los pobres, los que están solos, los que buscan, los que esperan, los que desean que la justicia amanezca para ellos y les permita gustar de esta vida, regalo tuyo para ser gozada en plenitud.
Gracias, Jesús, por encontrarnos juntos esta noche. Que la alegría de tu nacimiento renueve nuestros corazones dejando fuera de él todo egoísmo, envidia, resentimiento y, así, podamos abrirnos al amor, la paz y la solidaridad.
Ven a nuestra mesa, siéntate junto a nosotros, bendice nuestra familia y renueva nuestra vida.
Bendita sea esta santa noche de Navidad que nos trae la alegría de tu presencia. Bendito seas Jesús. Amén!!!
Te compartimos otras entradas similares en nuestro especial de Adviento y Navidad.
Sin dudas, se trata de la canción navideña más famosa, pero, además, es una de las composiciones más versionadas en la historia de la música.
¿Cuál es su origen? ¿En qué contexto nace «Noche de Paz»? Hace poco más de 200 años, en Austria, más precisamente en Oberndorf, el sacerdote Joseph Mohr había compuesto una líneas sobre el carácter de la noche navideña y encargó a un músico vecino, Franz Gruber, que le pusiera música para ser interpretada en la guitarra.
La noche del 24 de diciembre de 1918, ambos interpretaron en la parroquia San Nicolás, «Noche de Paz», que fue muy bien recibida por los fieles asistentes.
Con el paso del tiempo, la fama de la canción alcanzó resonancia mundial. Traducida a más de 300 idiomas, fue interpretada por las más variadas estrellas de la canción, entre ellos, podemos citar a Enya, Bing Crosby, el mismísimo Elvis Presley, Andrea Bocelli, Luis Miguel, India Martínez y Raphael; grupos como Pentatonix, el famoso coro Niños cantores de Viena y, entre muchos más, los tres grandes tenores: Plácido Domingo, José Carreras y Luciano Pavarotti.
«Noche de Paz» en la versión de Pentatonix
En 2018, al cumplirse 200 años de su primera interpretación en público, la UNESCO consagró a «Noche de Paz» como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Más allá de las numerosas versiones grabadas, de los discos vendidos, de las menciones y premios, «Noche de Paz» ha permitido a buena parte de la humanidad comunicar la belleza original de la Navidad: Dios se hace pequeño para acercar a los hombres a su amor y manifestar ese deseo profundo, presente en el corazón de toda creatura: la de una paz duradera, fruto de la justicia, el perdón y la reconciliación.
Noche de paz
Noche de paz,
noche de amor,
todo duerme en derredor.
Entre los astros que expanden su luz,
brilla anunciando al Niñito Jesús,
brilla la estrella de paz.
Noche de amor,
noche de paz,
Jesús nace en un portal.
Llene la tierra la paz del Señor,
llene las almas la gracia de Dios,
porque nació el Redentor.
Noche de paz,
noche de amor,
todo canta en derredor.
Clara se escucha la voz celestial
llamando al hombre al pobre portal.
Dios nos ofrece su amor.
La letra compartida pertenece a la versión traducida por el padre Osvaldo Catena y forma parte de la obra del Grupo Pueblo de Dios, «Cantemos hermanos con amor». Pero podemos encontrar versiones con otros versos, similares, que siguen destacando la belleza de la santa noche de Navidad, como esta versión de Canto Católico, músicos y cantores chilenos.
Noche de paz, noche de amor
todo duerme en derredor
solo velan mirando la faz
de su Niño en angélica paz
José y María en Belén
José y María en Belén
Noche de paz noche de amor
en los campos al pastor
coros celestes proclaman salud
gracias y glorias en su plenitud
por nuestro buen Redentor
por nuestro buen Redentor
Noche de paz noche de amor
hoy llegó la salvación
llene la tierra la paz del Señor
llene a los hombres la gracia de Dios
porque nació el Redentor
porque nació el Redentor.
Al llegar la Nochebuena y tener la posibilidad de entonar esta canción, pídele a Dios la gracia de la conversión: una nueva paz, un nuevo mundo no podrán hacerse realidad sin la conversión de nuestros corazones. Ese es el primer paso a dar. ¡Qué esta Navidad nos encuentre dispuestos a dejarnos transformar por ese Niño Rey que, siendo grande se hace pequeño por amor!
«Noche de Paz», «Cristianos, vayamos», «Vamos pastorcillos», «Noche anunciada» son canciones navideñas tradicionales, emblemáticas, con multiplicidad de versiones que, suenan y resuenan cada Navidad, tanto en la liturgia como en las celebraciones familiares, los medios de comunicación, las redes sociales…
Pero hay otras canciones que, pertenecientes al cancioneros popular, han resaltado aspectos sumamente valiosos de la Navidad, que vale la pena destacar.
«La navidad de Luis», compuesta por León Gieco, forma parte de la obra “7 años” del año 1980.
La canción es un diálogo entre Luis y su patrona. Luis recibe de parte de ella un poco de pan dulce y vino y la invitación a festejar, a celebrar la alegría.
La respuesta de Luis, sentida y respetuosa es, que “su vida no es de Navidad”. ¿Qué Navidad describe Luis? Evidentemente aquella que pone el acento en el tener. Ante tal realidad, Luis se siente, claramente excluído de «esa» Navidad.
Pero, al final de la canción, expresa su esperanza: “Cristo es igual a mí”. Igual de pobre, igual de necesitado. Luis sueña con una justicia largamente esperada y manifiesta que la condición de Jesús es motivo de su esperanza.
A propósito de la Navidad centrada en los regalos y las grandes comidas, contaba León Gieco que su niñez había sido de grandes carencias. Cada Navidad recibía como regalo un par de medias. Un regalo magro frente a los juguetes recibidos por otros niños.
De muy pequeño, Gieco se las ingenió para realizar pequeñas changas que le permitieran paliar su situación careciente. Luego de hacer un par de trabajos para una persona del pueblo, Gieco compró un juego de “El estanciero” y el día de Navidad salió a mostrar a los niños del pueblo “lo que le había regalado el Niño Dios”. Seguramente ese hecho inspiró esta bella canción centrada en la pobreza y la esperanza de un tiempo mejor. Esa esperanza define la Navidad.
La Navidad de Luis
Toma Luis, mañana es Navidad
un pan dulce y un poco de vino
ya que no puedes comprar.
Toma Luis. llévalo a tu casa
y podrás junto con tu padre
la Navidad festejar.
Mañana no vengas a trabajar
que el pueblo estará de fiesta
y no habrá tristezas.
Señora, gracias por lo que me da
pero yo no puedo esto llevar
porque mi vida no es de Navidad.
Señora, cree que mi pobreza
llegará al final comiendo pan
el día de Navidad.
Mi padre me dará algo mejor
me dirá que Jesús es como yo
y entonces así podré seguir viviendo.