Escribir en la arena

Arena

Celebración Penitencial “Escribir en la arena”

Esquema de la celebración

1.- Canto inicial: “Conversión” u otro cambio apropiado.

2.- Acto penitencial.

3.- Lectura del Evangelio de Lucas (15, 11-32): parábola del Padre misericordioso.

4.- Aporte del catequista. Recapacitar. Arrepentirse. Reparar. Olvidar.

5.- Examen de conciencia.

6.- Relato “Escribir en la arena”.

7.- Signo: arena y piedra, dos aliados para vivir la cultura del encuentro.

8.- Oración y canto final.

Ambientación: en un lugar cómodo, se dispondrá de un altar con un tapete, una vela encendida y el libro de la Palabra de Dios. Además, sobre una superficie amplia (puede ser una mesa o en el suelo) se colocará un paño (de tela, lona, plástico, etc.) y, sobre él, arena (deberá estar alisada, formando una capa fina en la que sea posible escribir). Dentro de un recipiente, se reservarán piedras pequeñas (una por participante).

Guía: Comenzamos esta celebración, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Guía: Hermanos: la cuaresma es el tiempo oportuno para evaluar nuestra relación con Dios y con familiares, amigos y compañeros. Un tiempo de desierto que invita al silencio, la reflexión, el ensimismamiento. Comencemos esta celebración cantando…

Acto penitencial: Para comenzar, reconozcamos que, tantas veces, nos equivocamos y nos alejamos del amor de Dios.

  • Señor, ten piedad de nosotros.
  • Cristo, ten piedad de nosotros.
  • Señor, ten piedad de nosotros.

Evangelio: Jesús quiere mostrarnos cuál es el verdadero rostro de Dios invitándonos a confiar en su infinita misericordia. Dios, que es Padre, quiere darnos vida en abundancia. Dejémonos interpelar por su Palabra.

Aporte del catequista.

Recapacitar. Arrepentirse. Reparar. Olvidar.

En la parábola podemos observar que el cambio en el hijo menor comienza cuando es capaz de recapacitar, de darse cuenta en qué había transformado su vida y como despilfarró lo mejor de su juventud (herencia = dones, capacidades, integridad, respeto, dignidad). Cuando es capaz de caer en la cuenta de que su actitud (orgullo y vanidad) lo hundía cada vez más en la tristeza, surge el arrepentimiento. El dolor por haber pecado, por haber pensado que, lejos de su Padre tenía futuro.

El dolor mismo (arrepentimiento) impulsa la necesidad de reparación. Este aspecto no se ve con claridad en la parábola, pero, en la dinámica del perdón, se presenta como necesario: en definitiva, el regreso del hijo menor, ¿no será, acaso, un intento de reparación?

El último paso lo da el Padre. El olvido. Al abrazar al su Hijo desecho por el pecado, no se preocupa tanto por lo que ha hecho, sino por lo que hará. Por eso es necesaria la fiesta, experimentar la alegría de saberse perdonado. Así podrá reconstruir desde las ruinas.

Pidamos a Dios que en esta cuaresma, podamos asumir la dinámica del perdón: recapacitar, arrepentirse, reparar y olvidar.

Examen de conciencia: Hacer un examen de conciencia no significa rendirnos ante la culpa. Es evaluar la vida, ver cómo marcha, preguntarnos si vamos en el rumbo que Dios nos propone. Escuchemos con atención las preguntas que se nos van a proponer y experimentemos el llamado que Dios Padre nos hace a una vida nueva.

El examen de conciencia ha sido descargado de la página es.catholic.net.

Tu familia:

 Comentas que tus padres no te comprenden y consideras que se quedaron en el tiempo, pero…

  • ¿Te has puesto en su lugar para comprenderlos?
  • ¿Cumples tus obligaciones (estudio, tareas, horarios, etc) aquello que está reservado para ti?
  • ¿Colaboras en tu familia para que haya paz, amor y buenas relaciones?
  • ¿Eres obediente a tus padres y respetas a los mayores?
  • ¿Les exiges a tus padres más de lo que pueden darte?
  • Cuándo intentan hablar contigo, ¿estás dispuesto a escucharles?
  • ¿Te aprovechas de tus hermanos para endosarles el trabajo que tienes que hacer?
  • ¿Envidias y tienes celos de tus hermanos?

Tus amigos/as:

  • ¿Te aprovechas de ellos para tus conveniencias?
  • ¿Los criticas cuando otros los critican?
  • ¿Los defiendes cuando otros los acusan de falsedades?
  • ¿Te haces el ciego y el olvidadizo para no ayudarles?
  • ¿Cumples la palabra que das?
  • ¿Dices mentiras de alguno de ellos/as?
  • ¿Los tratas como te gustaría que te trataran a ti cuando cometen un error?
  • ¿Los envidias cuando tienen algo que tú no tienes?

Tu trabajo/estudio:

  • ¿Estudias y trabajas porque te obligan o porque quieres ser responsable y formarte?
  • ¿Estudias responsablemente, cumpliendo con tus tareas?
  • ¿Te has puesto en el lugar del profesor para comprenderle y entenderle?
  • ¿Eres valiente para hacer una crítica con razones que la justifiquen?
  • Si hay un problema en el curso, ¿colaboras para solucionarlo o te limitas a criticar destructivamente?

Tú mismo:

  1. ¿Eres amable, cercano, sensible y alegre con los que te rodean?
  2. ¿Has sido soberbio y egoísta?
  3. ¿Te sientes lejos de alguien por disputas y peleas?
  4. ¿Eres humilde para pedir ayuda a tus amigos, padres, catequistas, profesores?
  5. ¿Buscas vivir en verdad?
  6. ¿Has pecado de pensamiento, obra y omisión?
    ¿Analizas a menudo cómo eres y cómo vas?
  7. ¿Te haces compromisos para cambiar?
  8. ¿Has procurado mantener tus pensamientos limpios y puros?
  9. ¿Te has dejado llevar tras los deseos de tu cuerpo, mal uso de la sexualidad, exceso de bebida y el alimento?

Con Dios:

  • ¿Te acuerdas de Él sólo en los momentos difíciles?
  • ¿Tienes confianza en Él?
  • ¿Hablas con Él de tus cosas?
  • ¿Participas en la Misa del domingo?
  • ¿Te preocupas de conocerlo más y más mediante la lectura de la Palabra de Dios?
  • ¿Le hablas y lo consideras como un Padre bueno que te ayuda?
  • ¿Cómo puedes mejorar tu relación con Dios?
  • ¿Y con tu familia y amigos?
  • Dios te llama a una vida nueva, ¿qué respuesta tienes para darle?

Relato “Escribir en la arena” (Cartas del desierto – Guillermo Pareja Herrera): escucharemos un texto que nos ayudará a gestar entre nosotros la cultura del encuentro y la reconciliación.

Escribir en la arena

Hubo dos amigos que vivieron en el desierto. Un día, iban caminando, y, en medio de la charla, surgió una discusión que terminó en golpes. El amigo que quedó ofendido y lastimado tomó una cañita y escribió en la arena: “Hoy, mi amigo me ha ofendido y golpeado”. Siguieron su camino. Cuando el sol se hallaba en el mediodía, encontraron una reserva de agua y se dieron un baño, pero, de pronto, el amigo ofendido comenzó a ahogarse. El amigo que lo había golpeado vino en su auxilio y lo salvó de morir. Pasado el susto, el amigo ofendido tomó una punta metálica y grabó en una piedra estas palabras: “Hoy, mi amigo me ha salvado la vida”. Sorprendido, el amigo ofensor preguntó: – ¿A qué se debe que hayas escrito esas palabras? Su amigo le respondió: – Las ofensas las escribo en la arena para que el viento las borre y se las lleve. Las bondades y los favores los grabo en piedra para nunca olvidarme de que los he recibido.

Somos afortunados amigos. Los vientos del desierto son nuestros aliados. Todo lo que nos duela, todo lo que nos ofenda o lastime escribámoslo en la arena. Tengamos una piedra en nuestro jardín para escribir, en ella, las muchas bondades que la vida nos concede, si nos detenemos y sabemos ver…

Sabemos que Dios obra como el amigo ofendido, olvida rápidamente nuestras faltas. Tenemos fe de que Dios Padre siempre nos perdona cuando recapacitamos y reconocemos el error cometido. Ahora, ¿obramos nosotros de la misma manera? Podemos pensar si somos como el Hijo menor o como el Hijo mayor… Pero, la gracia de Dios nos ayuda a ser como el Padre…

Signo/Gesto: Los invitamos a acercarnos aquí, donde está la arena y escribir sobre ella alguna ofensa recibida que tengamos que perdonar, para hacer con otros lo que Dios Padre obra en nosotros: “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Al acercarnos y escribir en la arena, recibiremos una piedra para que nos recuerde siempre el amor que Dios nos tiene y las gracias que, día a día, nos regala.

Mientras nos acercamos a escribir en la arena, cantamos…

Para finalizar, rezamos juntos Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Cantamos…

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¿Quién eres tú, Jesús?

Jesús

Encuentro para adultos preparado por el Secretariado Diocesano de Catequesis de Mar del Plata en el año 2018.

No resulta novedoso hablar de Jesús en nuestra cultura “occidental y cristiana”. La persona de Jesús, su vida y mensaje están ampliamente difundidos entre nosotros: ciudades que llevan el nombre del Señor, imágenes y monumentos en diversos espacios (sagrados o públicos), la presencia de la Cruz en distintos ámbitos, diversas festividades a lo largo del año calendario, algunas consagrando días feriados, educación religiosa impartida en colegios confesionales y catequesis parroquial…

Esta presencia de la persona de Jesús, de sus dichos y hechos, ¿influyen en forma determinante en nuestra vida? ¿Hacen de nosotros una nación cristiana? Nuestra fe, ¿ha llegado a traducirse en hechos concretos?

Benedicto XVI nos dice en Deus caritas est:

“No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o

una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento,

con una Persona, que da un nuevo horizonte a

la vida y, con ello, una orientación decisiva

El encuentro con Jesús no debe considerarse como algo mágico, es la posibilidad de reconocer a Otro que, por la fuerza de su presencia y mensaje, da a nuestra vida un nuevo sentido. Hay “un antes y un después” del encuentro personal con Jesús donde se descubre que Dios nos llama a vivir plenamente la vida, a reconocer que somos “una misión en esta tierra” (EG, 272), a encontrar el profundo sentido de la vida y un camino para transitarla. Decíamos, no es algo mágico que hace desaparecer problemas y obstáculos; por el contrario, permite mirar y afrontar la realidad cotidiana con la fuerza de la fe, con una renovada esperanza y con una encendida caridad que nos impulsa a tender profundos vínculos con la humanidad.

¿Cómo posibilitar ese encuentro? ¿Cómo crear las condiciones para que cada persona pueda experimentar la cercanía de Jesús y el poder sanador de su mensaje?

Si te interesa el encuentro completo, hacé click en el enlace para descargarlo de Google Drive:

Planificación en formato Word

Presentación con imágenes para proyectar

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Tierra

Libre de pecado
MSC Perú

«El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra». ¿Es una frase, acaso, que buscar acallar voces o una invitación a reflexionar sobre la propia vida: opciones y costumbres?

Es claro que, a muchas personas, nos resulta más fácil hablar de los demás que de nosotros mismos. De esta forma, la máxima de Jesús es una invitación a dejar de señalar el pecado de los demás y alzar voces condenatorias… No es propio del hombre juzgar a los hombres… si, ayudar a descubrir qué nos hace más hombres, qué acciones elevan nuestra dignidad y nos orientan en el camino de la salvación. Es lo que Jesús propone a la mujer: «Vete en paz y no peques de ahora en adelante».

Pero, por otro lado, la enseñanza nos confronta con nuestra propia limitación… reconocernos tierra, barro, polvo, es decir, fragilidad. ¡Tantas veces necesitamos restaurar la propia vida!

Frente a la tentación a juzgar, Jesús nos plantea la posibilidad de revisar nuestra vida y descubrir lo que somos: limitados y, desde la propia limitación, su paz y su gracia son invitación a renovar nuestra existencia.

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¿Por qué el dolor?

Dolor

Encuentro para adultos preparado por el Secretariado Diocesano de Catequesis de Mar del Plata en el año 2018.

La pregunta por el dolor, o mejor, por el sentido del sufrimiento ha acompañado a la historia de la humanidad. Sin dudas, es uno de los interrogantes que más incide en la fe de las personas. La experiencia catequística enseña que muchos catequizandos se acercan a Dios porque han hallado una respuesta a su dolor. Como afirma el salmista: “Busqué al Señor: él me respondió y me libró de todos mis temores. Este pobre hombre invocó al Señor: él lo escuchó y los salvó de sus angustias” (Sal 34, 5.7).

Pero en otros casos, la respuesta no ha sido satisfactoria y esto produce el alejamiento. Dice Primo Corbelli en el texto “¿En qué Dios creemos?”: «Cuando murió mi padre con tan solo 22 años me dijeron que Dios lo necesitaba a su lado. ¿Más que yo? ¿Para qué necesitaba Dios, que todo lo tiene, a un pobre obrero de 22 años? ¡Yo sí que lo necesitaba a mi lado y lo necesitaba mi madre!». ¡Qué importante es tener en cuenta, en la evangelización y la catequesis, que las respuestas “armadas” no sirven, invariablemente, para todos!

¿Es necesario hablar de estas cuestiones en la catequesis? Reflexionar sobre el dolor, el sufrimiento o la muerte no debe considerarse una pérdida de tiempo, algo que “ha de hablarse más adelante” o temas reservados para “sabios y filósofos”. Un itinerario catequístico que responda a la realidad de sus catequizandos permitirá esclarecer el misterio de la vida, la muerte, el dolor… Y, para ello, la Iglesia nos enseña a poner la mirada en Jesucristo, en su Pasión y Resurrección.

Si te interesa el encuentro completo, hacé click en el enlace para descargarlo de Google Drive:

Planificación del encuentro en Word

Presentación con imágenes para proyectar

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Retorno

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Ilustraciones: Nicoletta Bertelle

Días atrás, al regresar de un viaje, en el camino observaba, una y otra vez, la señal vial que indica la posibilidad de «Retorno». Hacia la izquierda del camino se va abriendo paso una senda hasta desembocar en un descanso que permite el giro y emprender el regreso.

La imagen, por repetida, llevó mis pensamientos a asociar la señal con la maravillosa parábola del Padre misericordioso (o la del Hijo que regresa).

Son muchas las razones por la cuales una persona usa el «retorno» en la ruta: siguió de largo al lugar donde se dirigía, equivocó el camino o, simplemente, regresa porque ya es hora de hacerlo… Retornar es corregir el rumbo y llevarlo hacia donde nos sentimos seguros.

Cuando viajamos, una de las sensaciones más fuertes que surgen es la incertidumbre: no saber fehacientemente con qué nos encontraremos en el camino y que nos espera al llegar a destino. Y más allá que el viajar pueda estar ligado al gozo, al descanso o la diversión, en cierto momento surge el deseo de volver.

Volver, regresar, retornar… experimentar el tránsito por el camino conocido donde, sabemos, alguien nos espera con los brazos abiertos y dispuesto a escuchar, comprender y perdonar.

Ese es el consuelo cuando la ruta se hace larga o pesada, cuando la mochila pesa y es necesario un descanso. Volver, regresar, retornar… así es la vida del hombre que sabe que del Padre ha salido y a Él necesita, siempre, retornar.

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Neurotizados

PADRECARLOSMUGICA

Leí esta frase en Facebook, en el muro de Walter Michel. Quise compartirlo / rebloguearlo.

«Si cualquier domingo se clausuraran todos los cines, todas las canchas de fútbol, todos los hipódromos y todos los televisores, el noventa por ciento de los porteños estarían neurotizados porque tendrían que encontrarse consigo mismo. Y para la mayoría de las personas encontrarse consigo mismo es experimentar el vacío. Es encontrarse con la carencia de interioridad. Jesús precisamente nos viene a decir eso: ‘Toda bienaventuranza es un llamado a los hombres a vivir desde el fondo de sí mismos’. Y no desde la superficie. A buscar, no el camino del placer, sino el camino de la alegría. El camino del placer es el camino cómodo, con satisfacciones intensas pero cada vez menos profundas y más deteriorantes. En cambio, el camino de la alegría que en Cristo, está unido permanentemente a la cruz, al renunciamiento, a la purificación, es el ensanchamiento del corazón. Es el camino de la creación, de la fecundidad.»

Padre Carlos Mugica, Mártir

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La vida se hizo visible

Lo que existía desde el principio…

lo que hemos oído…

lo que hemos visto con nuestros ojos…

lo que hemos contemplado…

y lo que hemos tocado

con nuestras manos

acerca de la Palabra de Vida,

es lo que les anunciamos.

Porque la Vida se hizo visible, y nosotros la vimos y somos testigos…

y les anunciamos la Vida eterna,

que existía junto al Padre

y que se nos ha manifestado.

Lo que hemos visto y oído,

se lo anunciamos también a ustedes,

para que vivan en comunión con nosotros.

Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo.

Les escribimos esto para que nuestra alegría sea completa.

1Jn 1, 1-4

La vida se hizo visible cuando el Hijo de Dios “acampó entre nosotros”.

Lo había anticipado el profeta: “La Joven está embarazada y dará a luz un niño a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que significa: Dios con nosotros”.

“Un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado” Is 9, 5

La Pascua es la Fiesta de la Vida que se asocia a la Encarnación del Hijo de Dios. “Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna” Jn 3, 16.

La Pascua es el triunfo de la Vida: Dios vence la muerte y nos promete una Vida eterna.

Vos y yo, cada uno de nosotros somos “una vida que se hizo visible”.

Amados por Dios desde siempre, “amanecimos” a la tierra desde el vientre de nuestra Madre.

Somos una vida que se hizo beso y abrazo, amor y bendición.

Somos una vida que se hizo historia, tránsito, huella en el camino.

Somos una vida que se hizo amistad, mano tendida, compañía en el andar.

Somos una vida que se hizo vida: amor expresado en cuerpo y alma, fruto bendito.

Somos una vida que ha transitado primaveras y hoy ofrece frutos de sabiduría y comprensión.

Somos una vida que habrá de caer en tierra para transformarse en vida nueva: vivir la Pascua, la propia Pascua.

La vida se hizo visible; cada uno de nosotros goza de ello: don maravilloso, quehacer constante…

Damos gracias a Dios…

por amarnos y pensarnos desde toda la eternidad…

Damos gracias a Dios…

por nuestros padres,

por su amor y entrega  generosa…

Damos gracias a Dios…

por nuestros amigos y amigas

que comparten con nosotros

el camino de la vida…

Damos gracias a Dios…

por nuestros educadores, aquellos que tallaron en nuestros corazones el deseo de hacer el bien…

Damos gracias a Dios…

por cada mano ofrecida, por cada abrazo, por cada beso…

Oramos con las palabras de la Madre Teresa…

La vida es una oportunidad, aprovéchala;

la vida es belleza, admírala;

la vida es beatitud, saboréala,

la vida es un sueño, hazlo realidad.

La vida es un reto, afróntalo;

la vida es un juego, juégalo,

la vida es preciosa, cuídala;

la vida es riqueza, consérvala;

la vida es un misterio, descúbrelo.

La vida es una promesa, cúmplela;

la vida es amor, gózalo;

la vida es tristeza, supérala;

la vida es un himno, cántalo;

la vida es una tragedia, domínala.

La vida es aventura, vívela;

la vida es felicidad, merécela;

la vida es vida, defiéndela.

Amén

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Cultivar la paciencia

Higuera
Ilustración: Bernadette Lopez

«Este chico no tiene remedio».

«Personas como ésta, no cambian más».

«No se puede tolerar la mala conducta: un alumno debe saber comportarse».

Podríamos seguir escribiendo frases que expresan la falta de paciencia a la hora de educar y acompañar en el crecimiento / desarrollo, pero las mencionadas bien «pintan» la situación.

¿Es cierto que hay personas que «no tienen remedio»? ¿Verdaderamente hay quienes no pueden cambiar? Un alumno, ¿debe «saber» comportarse? En la parábola de la higuera que no da fruto (Lc 13, 6-9), escuchamos decir: «Hace tres años que vengo a esta higuera en busca de frutos y no los encuentro. Córtala. ¿Para qué malgastar la tierra?». Pero el trabajador es capaz de ver más allá… hay confianza en su mirada y su labor sabe del valor de la espera: «Yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante».

Esta lectura subraya dos notas de la pedagogía de Jesús: la confianza y la paciencia. La primera permite «soñar con el otro», vislumbrar el camino que puede seguir y todo lo que es capaz de dar. La segunda, permite esperar el tiempo oportuno sin dejar de trabajar para que el fruto llegue y sea abundante. 

En definitiva, ¿no nos sentimos dichosos al saber que Dios actúa en nosotros con su infinita paciencia y cada vez que recurrimos a su perdón nos renueva la confianza regalándonos la alegría de estar cerca suyo? Entonces… ¿por qué no obrar de la misma forma con los demás?

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Llamar la atención

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Te comparto unas líneas de este sencillo y profundo aporte de Richard Gaillardetz: «Ser anuncio. Espiritualidad del Evangelizador», publicado por Editorial Claretiana.

Todo ser viviente, consciente, que respira, ha tenido alguna experiencia de Dios, por velada o confusa que haya sido. Ningún ser humano que haya caminado conscientemente por esta tierra ha sido Inocente de la gracia de Dios. Todo ha sido tocado por la gracia aún cuando tenemos que aceptar la posibilidad de que, en el profundo santuario de su corazón pueda darle las espaldas a Dios.

Nuestra primera tarea no es llevar hacia Dios a gente radicalmente desconocedora del Misterio sobre él sino más bien ayudarlos a descubrir en sus vidas su presencia porque aún no lo han notado.

[…]

Imaginemos que estamos sentados en la sala de espera del dentista. Estás hojeando una revista sobre perros mientras una música suena de fondo y a la cual no le estás prestando atención.

En efecto, si después de ir a sala de espera alguien te preguntara si había música, le responderías con total candor: «No, no escuché nada». Pero si mientras estás en la sala entra otro paciente, se sienta a tu lado y te pregunta: «¿Cómo se llama esta canción?», recién entonces, por primera vez, te das cuenta que hay música de fondo.

Esta es una responsabilidad básica del ministerio pastoral: llamar la atención de la gente sobre la presencia santa de Dios, con frecuencia relegada a la música e fondo de nuestras vidas.

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La vida siempre se impone

Árbol

Cuando vi esta imagen por primera vez, me sonreí. Pensé: ¡dónde vino a caer esa semillita! Pasaron los años y, en un contexto de abandono y suciedad, esa planta continuó su camino. Puedo asegurarte que, en aquella zona, pasaron vientos, lluvias, tormentas y el árbol sigue allí… así es que se me presentó esta idea, esta verdad: la vida siempre termina imponiéndose.

Allí, donde encuentra un pequeño lugar para cobijarse, la vida siempre se impone. No a fuerza de violencia, no desde la prepotencia, el orgullo o la vanidad… por el contrario, lo hace desde el atractivo que la vida misma tiene. Y cuando se presenta a nosotros con esa presencia renovadora, provoca la necesidad y la urgencia de comprometerse en su cuidado y protección.

Gracias al Autor de la vida por tanta maravilla que nos consuela!!!

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