Pedagogía y Catequesis: diálogo sobre los problemas centrales de la educación

En el episodio anterior de Haciendo Eco nos enfocamos en los problemas previos de la educación. Ahora, toca hacerlo en los centrales.

Los problemas centrales de la pedagogía entrañan gran profundidad y son indispensables para entender la educación y comprometerse a renovarla.

Hablamos, básicamente, de tres preguntas de peso: ¿A qué persona educamos? ¿Para qué lo hacemos? ¿Qué pasos dar para alcanzar los fines propuestos?

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#tiberíades #emaús #catequesis #odresnuevos #catequistas

El Buen Pastor

Hijo de Dios, Mesías, Cristo, Salvador, Alfa y Omega, Hijo del hombre… todas expresiones que, habitualmente, en nuestro lenguaje de fe, utilizamos para referirnos al Señor Jesús. Sin duda, entre la multiplicidad de expresiones, la del Buen Pastor es de las más populares y asequibles al momento de anunciar a Jesús. Sea que trabajemos con niños o jóvenes, con familias o personas consagradas, hablamos del Buen Pastor destacando, siempre, estas actitudes: presencia, familiaridad, compromiso, seguimiento, acompañamiento…

En este posteo, compartimos una serie de recursos que pueden ayudarnos a pensar la figura del Buen Pastor en nuestra vida de fe, es decir, como discípulos y misioneros de Reino.

«Lost Sheep» es un corto realizado por Lukas Rooney. ¿Qué utilidad pastoral podemos dar a este sencillo y maravilloso corto? Siempre he pensado que los temas y recursos que abordamos y utilizamos en nuestros encuentros de catequesis deben dirigirse, primeramente, hacia nosotros. Esa es la primera utilidad pastoral. Luego sí, otros recibirán como destinatarios aquello que, primero, anidó en nuestro corazón.

Las escenas que el corto nos proporciona, son:

  • Vida en el rebaño, presencia de la oveja tullida.
  • Cercanía del pastor: atento, vigilante.
  • Esquila de las ovejas, incluyendo la imposibilitada.
  • El Pastor tiene en cuenta a todo su rebaño ya que acepta la lana de la pequeña oveja.
  • Decepción de la oveja por su magro aporte.
  • Extravío de la oveja que va en busca de sus sencillos aportes.
  • Presencia de las aves burlonas.
  • La oveja se siente decepcionada: lo poco que ha brindado, se ha perdido.
  • Búsqueda del pastor.
  • La oveja, el precipicio y las aves.
  • La oveja reconoce la voz del pastor.
  • El pastor arriesga su vida para salvar a la oveja.
  • Lucha contra las aves.
  • Rescata a la oveja perdida y la lleva al rebaño.
  • El pastor sana a la oveja devolviéndole la alegría.

Elige una de estas escenas con las que te sientas identificado. Medita en tu corazón el por qué de la elección. Ahora bien, ¿te inspira este relato nuevas actitudes? ¿Has tenido experiencia de sanación por parte del Buen Pastor? Recuerda esas experiencias de acompañamiento donde te has sentido especialmente acompañado, contenido o custodiado en momentos de dificultad. ¿Quién encarnó al Pastor que te devolvió la alegría?

Cuatro son los protagonistas de esta historia: el Pastor, la oveja perdida, el rebaño, las aves burlonas. Intentemos reflexionar posicionándonos en el lugar de estos cuatro protagonistas:

¿Cómo caracterizamos a cada uno de los protagonistas? ¿Qué podemos señalar en cada uno de ellos? Es clara la disponibilidad del Pastor, atento a lo que ocurre con su rebaño pero, de manera especial, vigilante de la más necesitada. Lo vemos arriesgarse por la oveja perdida y, también, solícito ante sus dificultades, que lo lleva a buscar soluciones que allanen el camino.

En la vida cotidiana, ¿me reconozco como pastor, oveja, rebaño o ave? ¿Y en la labor pastoral? Propongo esta distinción ya que, en uno u otro ámbito, podemos asumir diversos roles.

Pastor

  • ¿Cómo es mi estilo de acompañamiento?
  • ¿Me muestro solícito y disponible ante quien requiera de mi presencia y ayuda?
  • ¿Intento responder en forma creativa a las necesidades de los demás? Si no lo he hecho, ¿podría hacerlo?

Oveja perdida

  • ¿He transitado momentos de lejanía y dificultad?
  • ¿Qué o quién me ayudaron a volver al rebaño?
  • ¿Cómo se sanaron las heridas?

Rebaño

  • El resto del rebaño parece indiferente ante la oveja extraviada. ¿Y yo?
  • ¿Soy indiferente ante el dolor o las carencias de los demás?

Aves

  • El rol de las aves es crítico… ¿Tengo actitudes que me asemejan a ellas?

Estas son algunos interrogantes que surgieron al momento de trabajar con «Lost Sheep». Antes o después de su proyección, no dejemos de leer el Evangelio que da sentido a nuestra tarea catequística. En este caso, la elección recayó sobre este texto:

Nos dice el Evangelio de Juan (10, 1-10)

Jesús dijo: «En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba. Entonces Jesús les dijo de nuevo: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon. Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto. El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia».

Canciones sobre el Buen Pastor

Parábola de la oveja perdida (Valivan)

Misericordiosos como el Padre (Ariel Glaser)

El Buen Pastor (Javier Bru)

Estos son algunos recursos para trabajar la figura del Buen Pastor. ¿Conocés otros? Videos, canciones, cuentos o relatos… Te agradecemos nos hagas llegar el dato en los comentarios.

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#Tiberíades

El Espíritu y la comunidad

Para comenzar la semana, les proponemos una oración al Espíritu Santo que nos hace comunidad…

#Buenos_días_buenas_tardes

Nuestra Señora de la Misión

Para comenzar esta semana, te proponemos esta oración del Beato Eduardo Francisco Pironio, a Nuestra Señora de la Misión.

#Buenos_días_buenas_tardes

Árbol sureño

Yérgueme como un álamo joven

que nació enamorado del cielo.

Tiéndeme al amor de lo alto,

súrcame de tu savia en ascenso

y dibújame tu trayectoria

de árbol-flecha, flexible en el viento.

No soy lenga ni ñire que alternan

su acuarela otoñal verde y ocre;

ni ciprés con su copa de lágrima,

maitén grácil, ni sólido coihue.

Soy tu árbol feliz y callado

y tú sólo conoces mi nombre.

Cúrame de antiguos aislamientos,

dame reconocerme en el bosque.

¿Para qué las parcelas y cercos

si son tuyos los verdes y el monte?

Fúndeme en tu paisaje fraterno,

tu montaña, que amas y conoces.

Sé la vida escondida en mi vida,

nútreme en lo profundo y secreto

y sostén mis manos de raíces,

las que aferran tu esencia de suelo.

Líbrame del incendio que llega

y aniquila la savia y los sueños.

Hazme, oh Dios, murmurar con tu brisa

mi concierto de hojitas y sombras;

y hacia ti, oh Tropismo de mi alma,

estirar mi casi inmóvil copa.

Yo te amo enraizado en silencios,

lugar último, que el mundo ignora.

En el claro, a los pies de mi sombra,

el ciervito asustado se esconde

y respira consuelo el cansado

y los pájaros silban tu Nombre.

El lugar de mi alma es tu Alma,

arbolito sureño en tu bosque.

Eduardo Meana

Te invitamos a visitar la entrada «Me has hablado en mil canciones», una selección de piezas musicales para la evangelización y la catequesis.

#Tiberíades

Misericordiosos como el Padre

Arle Glaser, músico y catequista rosarino creó, para el jubileo de la misericordia, esta hermosa canción en el que la figura del Buen Pastor ocupa un lugar relevante.

Generalmente pensamos la figura del Buen Pastor asociada a la labor sacerdotal. No hay dudas de ello. Pero, todo agente de pastoral es, en el ejercicio de su responsabilidad misionera, un Pastor que acompaña, anima, guía y sostiene. Al Pastor se lo reconoce por su cayado, símbolo de su misión y, también, de su autoridad fundada, no en el poder, sino en el servicio.

«Misericordiosos como el Padre» nos inspira esa actitud cercanía, de entrega, de servicio. Ciertamente, somos las ovejas del rebaño; pero no olvidemos que, tantas veces, hemos de asumir el rol del Buen Pastor. Pastores al estilo de Jesús.

Te invitamos a visitar la entrada «Me has hablado en mil canciones», una selección de piezas musicales para la evangelización y la catequesis.

#Tiberíades

Parábola de la Oveja Perdida

Valivan han creado esta gran canción sobre la historia del Buen Pastor y la oveja perdida. Aquí compartimos la letra y el video oficial.

#Me_has_hablado_en_mil_canciones #Tiberíades

¿Dónde escuchar Haciendo Eco?

Haciendo Eco está disponible un varias plataformas. Haz clic en la imagen para ingresar a la plataforma de tu preferencia.

¿Adoctrinar o educar?

Mucho se habla, hoy, de adoctrinamiento. Si escribimos la palabra en el buscador de Google, aparecerán, entre los primeros resultados: a. peronista, a. religioso, a. de género, a. feminista. O sea, adoctrinamiento religioso, político o ideológico… Fr

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ente a ello, surge una pregunta: ¿todos entenderemos lo mismo cuando hablamos de adoctrinamiento?

Si nos remitimos al diccionario por internet, encontramos la siguiente definición:

  1. Enseñar los principios de una determinada creencia o doctrina, especialmente con la intención de ganar partidarios. «Había adoctrinado a su padre en los principios de la monarquía absoluta; colaboraba en la misión de adoctrinar a los fieles respecto a las creencias»
  2. Dar instrucciones a alguien sobre cómo tiene que comportarse u obrar. Sinónimo: Aleccionar.

En este concepto, me interesa destacar la expresión «con la intención de ganar partidarios», que trataremos más adelante.

Por su parte, en Wikipedia, se nos dice: «conjunto de medidas y prácticas educativas y de propaganda encaminadas a inculcar determinados valores o formas de pensar en los sujetos a los que van dirigidas».

En el contexto del diálogo acerca de la separación entre la Iglesia y el Estado, entró en debate el lugar de la catequesis en la educación escolar. No pocas personas argumentaron que la catequesis, es decir, la educación en la fe, es una maniobra de adoctrinamiento. ¿Es aceptable esta consideración?

Para comenzar a esbozar una respuesta, me gustaría plantear la diferenciación entre «educación» y «amaestramiento». Luego, hacer la distinción con «adoctrinar». Para ello, les comparto un cuento de Jorge Bucay, «El elefante encadenado».

El elefante encadenado (Jorge Bucay)

Cuando yo era chico me encantaban los circos y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí, como a otros, después me enteré que me llamaba la atención el elefante.

Durante la función la enorme bestia hacia despliegue de su peso, tamaño y fuerza descomunal… pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.

Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría con facilidad arrancar la estaca y huir.

El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces ¿Por qué no huye?

Cuando tenía cinco o seis años yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: Si está amaestrado ¿Por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.

Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca…y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: el elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era, ciertamente, muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar y también al otro y al que le seguía… Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree – pobre – que no puede.

El tiene el registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás…jamás….intentó poner a prueba su fuerza otra vez. Y así, terminó encadenado para siempre.

La condición del elefante es el de un ser «amaestrado», no «educado»; esto es, carente de conciencia y libertad. El amaestramiento se concreta cuando el elefante repite una serie de movimientos obligado por una acción externa violenta o amenazante (podemos pensar en el látigo del domador) o por un incentivo (comida o bebida, por ejemplo) que funciona como aliciente. El cuento habla, además, del «registro de su impotencia», es decir, aquello que impide – la estaca – al elefante ser quién es. El amaestramiento lo ha puesto en situación de asumir una condición que no es la suya.

El camino de la educación es totalmente distinto, ya que el acto educativo va en pos de brindar al educando dos componentes básicos de la humanidad: la conciencia y la libertad. Educar para la conciencia de sí mismo es ayudar al otro a reconocerse y, de allí, gobernarse y proyectarse. Nótese que digo «gobernarse» ya que la verdadera educación tiende al autodominio/autonomía (el hombre no necesita del «látigo», se conoce y reconoce y aprende a regirse). Íntimamente unida a la libertad, como capacidad de «hacerse» y  de «despojarse» de todo aquello que le impide ser persona, para sí mismo y para los demás.

El amaestramiento impidió al elefante reconocerse y determinarse. De allí su destino de infelicidad: hacer «piruetas» para conformar y divertir a otros.

En este punto, es necesario recordar dos planteos educativos a los que se denomina, tradicionalmente dentro de la Pedagogía, «problemas previos de la educación»: acerca de la posibilidad de educar y la legitimidad de la educación en sí. Se trata de dos cuestiones que resultan obvias para muchas personas, pero que, puestas de relieve en este contexto, abren un interesante debate acerca de la práctica educativa.

¿Es posible educar? Claro que sí, pero, preguntémonos primero, para qué educar. Si la respuesta es «para formar personas con recta conciencia y uso de su libertad», está claro que, aunque difícil, educar es posible.

Por otro lado, ¿es legitimo educar? ¿Es legítimo avanzar en el estado de inocencia de un niño para colmarlo con pensamientos, normas y doctrinas de las que no tiene conciencia aún? Nuevamente aparece la pregunta que nos hicimos en el párrafo anterior: ¿para qué educar? Y la misma respuesta nos lleva a afirmar que sí, es legítimo educar: si la acción desplegada ayuda al niño (o joven) a reconocerse como persona valiosa con capacidad para la autodeterminación, es afirmativa la respuesta. Por tanto, es en la intención donde se revela la posibilidad y la legitimidad del acto educativo. Porque el camino, bien puede ser el del elefante encadenado que, en lugar de recibir educación, recibió amaestramiento.

La tarea evangelizadora no puede confundirse con «propaganda» o con «proselitismo» (la intención de ganar partidarios o adeptos sin importar los medios usados) ya que ésta, para ser fiel al evangelio que busca promover, cuenta con la libertad como elemento fundamental. La evangelización es propuesta, invitación, exhortación a asumir un estilo de existencia basado en la vida y mensaje de Jesús de Nazaret. La fe, por tanto, se propone, nunca se impone.

El adoctrinamiento, en sí mismo, no sería malo si quedara circunscrito a la enseñanza de una doctrina. Pero, en el uso y abuso de la acción, el adoctrinamiento ha quedado ligado a la falta de un pensamiento crítico, elemento indispensable para la toma de conciencia y el uso de la libertad. La catequesis (educación en la fe) ha de alentar el desarrollo de un pensamiento crítico que asume las verdades de la fe, no desde una posición pasiva, sino desde un diálogo original, creativo, edificante que permite al educando / catequizando crecer en la conciencia de sí y encontrar herramientas para conquistar la verdadera libertad. Por ello, es muy importante en catequesis animar al catequizando a asumir su fe más que a heredarla sin comprensión, interés o decisión…

Educar (en la fe, para la vida político/social, para el ejercicio de la ciudadanía) siempre entraña una enorme responsabilidad. La legitimidad del acto educativo se afirma cuando el educador promueve en el educando las diversas capacidades que le permitirán asumir su identidad, responder a su vocación específica y desplegar todas las cualidades que Dios, Divino Maestro, le ha otorgado.

Como dijo un sacerdote jesuita, educar es difícil, bello y posible.

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