¿Cómo colaborar? Hacé clic aquí… Invitame un cafecito. También pueden hacerlo calificando cada episodio en Spotify o con Me gusta en YouTube. Gracias!!!
Una de las dimensiones propias de la formación de catequistas es el «saber hacer». Habitualmente, son muchos los catequistas que solicitan orientaciones respecto de esta dimensión formativa. Y, ciertamente, es muy necesaria. Hoy, no podemos prescindir del invalorable aporte de las Ciencias de la Educación para el desarrollo de nuestra misión evangelizadora. Reflexionar sobre los problemas clásicos y nuevos de la Educación pueden darnos nuevas perspectivas en la búsqueda de una catequesis nueva para tiempos nuevos. El N° 146 del Directorio para la Catequesis, dice:
Junto con la fidelidad al mensaje de fe, el catequista está llamado a conocer a la persona concreta y el contexto sociocultural en el que vive. Como todos los cristianos, aún más los catequistas «vivan en muy estrecha unión con los demás hombres de su tiempo, y esfuércense en penetrar su manera de pensar y sentir, cuya expresión es la cultura» (GS 62). Este conocimiento llega a través de la experiencia y de la continua reflexión sobre ella, pero también gracias a la preciosa contribución de las ciencias humanas, a la luz de los principios de la doctrina social de la Iglesia. Entre las ciencias debe darse especial importancia a la sicología, la sociología, la pedagogía, las ciencias de la educación y de la comunicación. La Iglesia se siente invitada a dejarse interpelar por estas ciencias por su valioso aporte que dan a la formación de catequistas como a la tarea catequética misma. De hecho, la teología y las ciencias humanas se enriquecen mutuamente.
En esta serie de episodios de Haciendo Eco, temporada 2024, nos centraremos en los problemas clásicos o fundamentales de la Pedagogía y su relación con la acción catequística. Cada uno de los problemas que mencionaremos, podría dar lugar a un episodio exclusivo; pero elegimos abordarlos sintéticamente y en conjunto.
Dentro de la Pedagogía subsisten diversos interrogantes que, con el paso del tiempo, se renuevan y resignifican. Estos problemas son: previos, centrales y secundarios. Dentro de los previos mencionaremos: ¿Qué entendemos por educación? ¿Es posible educar? ¿Es legítimo hacerlo?
Respecto de los problemas centrales, los interrogantes son: ¿Qué persona hemos de educar? ¿Qué finalidad perseguimos con el acto educativo? ¿Qué pasos daremos (método) para alcanzar dicha finalidad?
Finalmente, los problemas secundarios, que focalizan su atención en una variedad de cuestiones propias del sistema escolar (horarios, materiales didácticos, recursos, etc.).
Si quieres leer el contenido del podcast y descargar un archivo pdf, podrás hacerlo a continuación.
Hijo de Dios, Mesías, Cristo, Salvador, Alfa y Omega, Hijo del hombre… todas expresiones que, habitualmente, en nuestro lenguaje de fe, utilizamos para referirnos al Señor Jesús. Sin duda, entre la multiplicidad de expresiones, la del Buen Pastor es de las más populares y asequibles al momento de anunciar a Jesús. Sea que trabajemos con niños o jóvenes, con familias o personas consagradas, hablamos del Buen Pastor destacando, siempre, estas actitudes: presencia, familiaridad, compromiso, seguimiento, acompañamiento…
En este posteo, compartimos una serie de recursos que pueden ayudarnos a pensar la figura del Buen Pastor en nuestra vida de fe, es decir, como discípulos y misioneros de Reino.
«Lost Sheep» es un corto realizado por Lukas Rooney. ¿Qué utilidad pastoral podemos dar a este sencillo y maravilloso corto? Siempre he pensado que los temas y recursos que abordamos y utilizamos en nuestros encuentros de catequesis deben dirigirse, primeramente, hacia nosotros. Esa es la primera utilidad pastoral. Luego sí, otros recibirán como destinatarios aquello que, primero, anidó en nuestro corazón.
Las escenas que el corto nos proporciona, son:
Vida en el rebaño, presencia de la oveja tullida.
Cercanía del pastor: atento, vigilante.
Esquila de las ovejas, incluyendo la imposibilitada.
El Pastor tiene en cuenta a todo su rebaño ya que acepta la lana de la pequeña oveja.
Decepción de la oveja por su magro aporte.
Extravío de la oveja que va en busca de sus sencillos aportes.
Presencia de las aves burlonas.
La oveja se siente decepcionada: lo poco que ha brindado, se ha perdido.
Búsqueda del pastor.
La oveja, el precipicio y las aves.
La oveja reconoce la voz del pastor.
El pastor arriesga su vida para salvar a la oveja.
Lucha contra las aves.
Rescata a la oveja perdida y la lleva al rebaño.
El pastor sana a la oveja devolviéndole la alegría.
Elige una de estas escenas con las que te sientas identificado. Medita en tu corazón el por qué de la elección. Ahora bien, ¿te inspira este relato nuevas actitudes? ¿Has tenido experiencia de sanación por parte del Buen Pastor? Recuerda esas experiencias de acompañamiento donde te has sentido especialmente acompañado, contenido o custodiado en momentos de dificultad. ¿Quién encarnó al Pastor que te devolvió la alegría?
Cuatro son los protagonistas de esta historia: el Pastor, la oveja perdida, el rebaño, las aves burlonas. Intentemos reflexionar posicionándonos en el lugar de estos cuatro protagonistas:
¿Cómo caracterizamos a cada uno de los protagonistas? ¿Qué podemos señalar en cada uno de ellos? Es clara la disponibilidad del Pastor, atento a lo que ocurre con su rebaño pero, de manera especial, vigilante de la más necesitada. Lo vemos arriesgarse por la oveja perdida y, también, solícito ante sus dificultades, que lo lleva a buscar soluciones que allanen el camino.
En la vida cotidiana, ¿me reconozco como pastor, oveja, rebaño o ave? ¿Y en la labor pastoral? Propongo esta distinción ya que, en uno u otro ámbito, podemos asumir diversos roles.
Pastor
¿Cómo es mi estilo de acompañamiento?
¿Me muestro solícito y disponible ante quien requiera de mi presencia y ayuda?
¿Intento responder en forma creativa a las necesidades de los demás? Si no lo he hecho, ¿podría hacerlo?
Oveja perdida
¿He transitado momentos de lejanía y dificultad?
¿Qué o quién me ayudaron a volver al rebaño?
¿Cómo se sanaron las heridas?
Rebaño
El resto del rebaño parece indiferente ante la oveja extraviada. ¿Y yo?
¿Soy indiferente ante el dolor o las carencias de los demás?
Aves
El rol de las aves es crítico… ¿Tengo actitudes que me asemejan a ellas?
Estas son algunos interrogantes que surgieron al momento de trabajar con «Lost Sheep». Antes o después de su proyección, no dejemos de leer el Evangelio que da sentido a nuestra tarea catequística. En este caso, la elección recayó sobre este texto:
Nos dice el Evangelio de Juan (10, 1-10)
Jesús dijo: «En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños». Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba. Entonces Jesús les dijo de nuevo: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon. Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto. El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia».
Estos son algunos recursos para trabajar la figura del Buen Pastor. ¿Conocés otros? Videos, canciones, cuentos o relatos… Te agradecemos nos hagas llegar el dato en los comentarios.
Si este posteo te resultó de utilidad, agradecemos, también, que lo compartas entre tus contactos.
Arle Glaser, músico y catequista rosarino creó, para el jubileo de la misericordia, esta hermosa canción en el que la figura del Buen Pastor ocupa un lugar relevante.
Generalmente pensamos la figura del Buen Pastor asociada a la labor sacerdotal. No hay dudas de ello. Pero, todo agente de pastoral es, en el ejercicio de su responsabilidad misionera, un Pastor que acompaña, anima, guía y sostiene. Al Pastor se lo reconoce por su cayado, símbolo de su misión y, también, de su autoridad fundada, no en el poder, sino en el servicio.
«Misericordiosos como el Padre» nos inspira esa actitud cercanía, de entrega, de servicio. Ciertamente, somos las ovejas del rebaño; pero no olvidemos que, tantas veces, hemos de asumir el rol del Buen Pastor. Pastores al estilo de Jesús.
Te invitamos a visitar la entrada «Me has hablado en mil canciones», una selección de piezas musicales para la evangelización y la catequesis.
Mucho se habla, hoy, de adoctrinamiento. Si escribimos la palabra en el buscador de Google, aparecerán, entre los primeros resultados: a. peronista, a. religioso, a. de género, a. feminista. O sea, adoctrinamiento religioso, político o ideológico… Fr
ente a ello, surge una pregunta: ¿todos entenderemos lo mismo cuando hablamos de adoctrinamiento?
Si nos remitimos al diccionario por internet, encontramos la siguiente definición:
Enseñar los principios de una determinada creencia o doctrina, especialmente con la intención de ganar partidarios. «Había adoctrinado a su padre en los principios de la monarquía absoluta; colaboraba en la misión de adoctrinar a los fieles respecto a las creencias»
Dar instrucciones a alguien sobre cómo tiene que comportarse u obrar. Sinónimo: Aleccionar.
En este concepto, me interesa destacar la expresión «con la intención de ganar partidarios», que trataremos más adelante.
Por su parte, en Wikipedia, se nos dice: «conjunto de medidas y prácticas educativas y de propaganda encaminadas a inculcar determinados valores o formas de pensar en los sujetos a los que van dirigidas».
En el contexto del diálogo acerca de la separación entre la Iglesia y el Estado, entró en debate el lugar de la catequesis en la educación escolar. No pocas personas argumentaron que la catequesis, es decir, la educación en la fe, es una maniobra de adoctrinamiento. ¿Es aceptable esta consideración?
Para comenzar a esbozar una respuesta, me gustaría plantear la diferenciación entre «educación» y «amaestramiento». Luego, hacer la distinción con «adoctrinar». Para ello, les comparto un cuento de Jorge Bucay, «El elefante encadenado».
El elefante encadenado (Jorge Bucay)
Cuando yo era chico me encantaban los circos y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí, como a otros, después me enteré que me llamaba la atención el elefante.
Durante la función la enorme bestia hacia despliegue de su peso, tamaño y fuerza descomunal… pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.
Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría con facilidad arrancar la estaca y huir.
El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces ¿Por qué no huye?
Cuando tenía cinco o seis años yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: Si está amaestrado ¿Por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.
Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca…y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.
Hace algunos años descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: el elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.
Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era, ciertamente, muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar y también al otro y al que le seguía… Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree – pobre – que no puede.
El tiene el registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás…jamás….intentó poner a prueba su fuerza otra vez. Y así, terminó encadenado para siempre.
La condición del elefante es el de un ser «amaestrado», no «educado»; esto es, carente de conciencia y libertad. El amaestramiento se concreta cuando el elefante repite una serie de movimientos obligado por una acción externa violenta o amenazante (podemos pensar en el látigo del domador) o por un incentivo (comida o bebida, por ejemplo) que funciona como aliciente. El cuento habla, además, del «registro de su impotencia», es decir, aquello que impide – la estaca – al elefante ser quién es. El amaestramiento lo ha puesto en situación de asumir una condición que no es la suya.
El camino de la educación es totalmente distinto, ya que el acto educativo va en pos de brindar al educando dos componentes básicos de la humanidad: la conciencia y la libertad. Educar para la conciencia de sí mismo es ayudar al otro a reconocerse y, de allí, gobernarse y proyectarse. Nótese que digo «gobernarse» ya que la verdadera educación tiende al autodominio/autonomía (el hombre no necesita del «látigo», se conoce y reconoce y aprende a regirse). Íntimamente unida a la libertad, como capacidad de «hacerse» y de «despojarse» de todo aquello que le impide ser persona, para sí mismo y para los demás.
El amaestramiento impidió al elefante reconocerse y determinarse. De allí su destino de infelicidad: hacer «piruetas» para conformar y divertir a otros.
En este punto, es necesario recordar dos planteos educativos a los que se denomina, tradicionalmente dentro de la Pedagogía, «problemas previos de la educación»: acerca de la posibilidad de educar y la legitimidad de la educación en sí. Se trata de dos cuestiones que resultan obvias para muchas personas, pero que, puestas de relieve en este contexto, abren un interesante debate acerca de la práctica educativa.
¿Es posible educar? Claro que sí, pero, preguntémonos primero, para qué educar. Si la respuesta es «para formar personas con recta conciencia y uso de su libertad», está claro que, aunque difícil, educar es posible.
Por otro lado, ¿es legitimo educar? ¿Es legítimo avanzar en el estado de inocencia de un niño para colmarlo con pensamientos, normas y doctrinas de las que no tiene conciencia aún? Nuevamente aparece la pregunta que nos hicimos en el párrafo anterior: ¿para qué educar? Y la misma respuesta nos lleva a afirmar que sí, es legítimo educar: si la acción desplegada ayuda al niño (o joven) a reconocerse como persona valiosa con capacidad para la autodeterminación, es afirmativa la respuesta. Por tanto, es en la intención donde se revela la posibilidad y la legitimidad del acto educativo. Porque el camino, bien puede ser el del elefante encadenado que, en lugar de recibir educación, recibió amaestramiento.
La tarea evangelizadora no puede confundirse con «propaganda» o con «proselitismo» (la intención de ganar partidarios o adeptos sin importar los medios usados) ya que ésta, para ser fiel al evangelio que busca promover, cuenta con la libertad como elemento fundamental. La evangelización es propuesta, invitación, exhortación a asumir un estilo de existencia basado en la vida y mensaje de Jesús de Nazaret. La fe, por tanto, se propone, nunca se impone.
El adoctrinamiento, en sí mismo, no sería malo si quedara circunscrito a la enseñanza de una doctrina. Pero, en el uso y abuso de la acción, el adoctrinamiento ha quedado ligado a la falta de un pensamiento crítico, elemento indispensable para la toma de conciencia y el uso de la libertad. La catequesis (educación en la fe) ha de alentar el desarrollo de un pensamiento crítico que asume las verdades de la fe, no desde una posición pasiva, sino desde un diálogo original, creativo, edificante que permite al educando / catequizando crecer en la conciencia de sí y encontrar herramientas para conquistar la verdadera libertad. Por ello, es muy importante en catequesis animar al catequizando a asumir su fe más que a heredarla sin comprensión, interés o decisión…
Educar (en la fe, para la vida político/social, para el ejercicio de la ciudadanía) siempre entraña una enorme responsabilidad. La legitimidad del acto educativo se afirma cuando el educador promueve en el educando las diversas capacidades que le permitirán asumir su identidad, responder a su vocación específica y desplegar todas las cualidades que Dios, Divino Maestro, le ha otorgado.
Como dijo un sacerdote jesuita, educar es difícil, bello y posible.
Puedes escuchar el podcast en YouTube o en Spotify. Si lo deseas, puedes descargar un archivo pdf con el texto del podcast para compartir.