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¿Adoctrinar o educar?

Mucho se habla, hoy, de adoctrinamiento. Si escribimos la palabra en el buscador de Google, aparecerán, entre los primeros resultados: a. peronista, a. religioso, a. de género, a. feminista. O sea, adoctrinamiento religioso, político o ideológico… Fr

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ente a ello, surge una pregunta: ¿todos entenderemos lo mismo cuando hablamos de adoctrinamiento?

Si nos remitimos al diccionario por internet, encontramos la siguiente definición:

  1. Enseñar los principios de una determinada creencia o doctrina, especialmente con la intención de ganar partidarios. «Había adoctrinado a su padre en los principios de la monarquía absoluta; colaboraba en la misión de adoctrinar a los fieles respecto a las creencias»
  2. Dar instrucciones a alguien sobre cómo tiene que comportarse u obrar. Sinónimo: Aleccionar.

En este concepto, me interesa destacar la expresión «con la intención de ganar partidarios», que trataremos más adelante.

Por su parte, en Wikipedia, se nos dice: «conjunto de medidas y prácticas educativas y de propaganda encaminadas a inculcar determinados valores o formas de pensar en los sujetos a los que van dirigidas».

En el contexto del diálogo acerca de la separación entre la Iglesia y el Estado, entró en debate el lugar de la catequesis en la educación escolar. No pocas personas argumentaron que la catequesis, es decir, la educación en la fe, es una maniobra de adoctrinamiento. ¿Es aceptable esta consideración?

Para comenzar a esbozar una respuesta, me gustaría plantear la diferenciación entre «educación» y «amaestramiento». Luego, hacer la distinción con «adoctrinar». Para ello, les comparto un cuento de Jorge Bucay, «El elefante encadenado».

El elefante encadenado (Jorge Bucay)

Cuando yo era chico me encantaban los circos y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí, como a otros, después me enteré que me llamaba la atención el elefante.

Durante la función la enorme bestia hacia despliegue de su peso, tamaño y fuerza descomunal… pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.

Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría con facilidad arrancar la estaca y huir.

El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces ¿Por qué no huye?

Cuando tenía cinco o seis años yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: Si está amaestrado ¿Por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.

Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca…y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: el elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era, ciertamente, muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar y también al otro y al que le seguía… Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree – pobre – que no puede.

El tiene el registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás…jamás….intentó poner a prueba su fuerza otra vez. Y así, terminó encadenado para siempre.

La condición del elefante es el de un ser «amaestrado», no «educado»; esto es, carente de conciencia y libertad. El amaestramiento se concreta cuando el elefante repite una serie de movimientos obligado por una acción externa violenta o amenazante (podemos pensar en el látigo del domador) o por un incentivo (comida o bebida, por ejemplo) que funciona como aliciente. El cuento habla, además, del «registro de su impotencia», es decir, aquello que impide – la estaca – al elefante ser quién es. El amaestramiento lo ha puesto en situación de asumir una condición que no es la suya.

El camino de la educación es totalmente distinto, ya que el acto educativo va en pos de brindar al educando dos componentes básicos de la humanidad: la conciencia y la libertad. Educar para la conciencia de sí mismo es ayudar al otro a reconocerse y, de allí, gobernarse y proyectarse. Nótese que digo «gobernarse» ya que la verdadera educación tiende al autodominio/autonomía (el hombre no necesita del «látigo», se conoce y reconoce y aprende a regirse). Íntimamente unida a la libertad, como capacidad de «hacerse» y  de «despojarse» de todo aquello que le impide ser persona, para sí mismo y para los demás.

El amaestramiento impidió al elefante reconocerse y determinarse. De allí su destino de infelicidad: hacer «piruetas» para conformar y divertir a otros.

En este punto, es necesario recordar dos planteos educativos a los que se denomina, tradicionalmente dentro de la Pedagogía, «problemas previos de la educación»: acerca de la posibilidad de educar y la legitimidad de la educación en sí. Se trata de dos cuestiones que resultan obvias para muchas personas, pero que, puestas de relieve en este contexto, abren un interesante debate acerca de la práctica educativa.

¿Es posible educar? Claro que sí, pero, preguntémonos primero, para qué educar. Si la respuesta es «para formar personas con recta conciencia y uso de su libertad», está claro que, aunque difícil, educar es posible.

Por otro lado, ¿es legitimo educar? ¿Es legítimo avanzar en el estado de inocencia de un niño para colmarlo con pensamientos, normas y doctrinas de las que no tiene conciencia aún? Nuevamente aparece la pregunta que nos hicimos en el párrafo anterior: ¿para qué educar? Y la misma respuesta nos lleva a afirmar que sí, es legítimo educar: si la acción desplegada ayuda al niño (o joven) a reconocerse como persona valiosa con capacidad para la autodeterminación, es afirmativa la respuesta. Por tanto, es en la intención donde se revela la posibilidad y la legitimidad del acto educativo. Porque el camino, bien puede ser el del elefante encadenado que, en lugar de recibir educación, recibió amaestramiento.

La tarea evangelizadora no puede confundirse con «propaganda» o con «proselitismo» (la intención de ganar partidarios o adeptos sin importar los medios usados) ya que ésta, para ser fiel al evangelio que busca promover, cuenta con la libertad como elemento fundamental. La evangelización es propuesta, invitación, exhortación a asumir un estilo de existencia basado en la vida y mensaje de Jesús de Nazaret. La fe, por tanto, se propone, nunca se impone.

El adoctrinamiento, en sí mismo, no sería malo si quedara circunscrito a la enseñanza de una doctrina. Pero, en el uso y abuso de la acción, el adoctrinamiento ha quedado ligado a la falta de un pensamiento crítico, elemento indispensable para la toma de conciencia y el uso de la libertad. La catequesis (educación en la fe) ha de alentar el desarrollo de un pensamiento crítico que asume las verdades de la fe, no desde una posición pasiva, sino desde un diálogo original, creativo, edificante que permite al educando / catequizando crecer en la conciencia de sí y encontrar herramientas para conquistar la verdadera libertad. Por ello, es muy importante en catequesis animar al catequizando a asumir su fe más que a heredarla sin comprensión, interés o decisión…

Educar (en la fe, para la vida político/social, para el ejercicio de la ciudadanía) siempre entraña una enorme responsabilidad. La legitimidad del acto educativo se afirma cuando el educador promueve en el educando las diversas capacidades que le permitirán asumir su identidad, responder a su vocación específica y desplegar todas las cualidades que Dios, Divino Maestro, le ha otorgado.

Como dijo un sacerdote jesuita, educar es difícil, bello y posible.

Puedes escuchar el podcast en YouTube o en Spotify. Si lo deseas, puedes descargar un archivo pdf con el texto del podcast para compartir.

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Gracias!!!

#tiberíades #emaús #catequesis #odresnuevos #catequistas

Redes 2024

«Redes» es un proyecto de educación popular destinado a la formación inicial de
catequistas. Valiéndose de medios digitales accesibles, invita a los participantes a
reflexionar sobre la base de doce verbos que orientan el actuar del catequista,
discípulo y misionero al servicio de la vivencia, transmisión y compromiso de la fe.

La formación que ofrece el proyecto «Redes» es básica, puerta de acceso a otras
propuestas pedagógicas: «La formación es un proceso permanente que… ayuda al
bautizado a tomar forma, es decir, a desvelar su identidad más profunda, que es la de
hijo de Dios en una relación de profunda comunión con los demás» (DPC, 131).
«Redes» es un proceso comunitario de crecimiento en el servicio. Busca «tender
puentes» afirmando, así, la importancia del diálogo en comunidad para una formación
sólida.

«Redes» se inspira en el mandato de Jesús a sus discípulos a orillas del mar de
Tiberíades: «Echen las redes y encontrarán» (Jn 21, 6). La convicción, clara y sostenida,
de que la tarea del catequistas consiste en «echar las redes al mar»: salir al encuentro
de los demás y, con la palabra y la acción, presentarse como testigos del amor de Dios.

Características del proyecto

  • Organizado con el auspicio de la Escuela Universitaria de Teología de la Diócesis de Mar del Plata, en su departamento de extensión. (Para más información, clickea aquí)
  • Doce encuentros virtuales publicados cada quince días
  • Tres encuentros virtuales: en el inicio del proceso, promediando el mismo y al final, como cierre y evaluación.
  • Plataforma: Whatsapp. El uso extendido de esta aplicación, sumado a la posibilidad de compartir archivos de textos, audios y videos, la convierte en un medio sencillo, apto para el gran público.

Esquema de cada encuentro

  • Video presentación de cada tema exponiendo, brevemente, los conceptos más importantes.
  • Material de lectura en archivo PDF.
  • Encuentro planificado en cuatro momentos siguiendo los pasos del método catequístico.
  • Podcast con el contenido esencial del encuentro
  • Formulario de Google para la revisión de contenidos / resolución de actividades.

El itinerario formativo es gratuito. Al finalizar el proceso, el alumno podrá contribuir voluntariamente con el proyecto.

Temario

El contenido previsto se organiza a partir de doce verbos que recorren la experiencia de
fe del discípulo misionero: desde el encuentro fundante con Jesús, pasando por la vida
comunitaria, la evangelización y las exigencias de la catequesis hasta llegar a la
identidad del catequista y la necesidad de renovar, permanentemente, su relación con
Jesús.

Cada tema se organiza teniendo presente las dimensiones de la formación del
catequista: ser, saber ser con, saber, saber hacer. En cada encuentro, el catequista
encontrará: el punto de partida desde la experiencia cotidiana, la centralidad de la
Palabra de Dios, los aportes del Magisterio de la Iglesia, la vida de oración en diversas
formas y expresiones, una metodología de trabajo (aprender haciendo).

Los temas a desarrollar, son:

1.- Encontrar. El encuentro con Cristo: punto de partida.
2.- Compartir. Apóstol: saber ser con los otros.
3.- Escuchar. La Palabra de Dios: como María, a los pies de Jesús.
4.- Orar. El diálogo con Dios: la fortaleza de la oración.
5.- Evangelizar. La dicha de la Iglesia: anunciar el Evangelio.
6.- Resonar. Educar en la fe: el desafío de la catequesis.
7.- Crecer. Madurar la fe: las tareas de la catequesis.
8.- Beber. Las fuentes de la catequesis: su riqueza y contenido.
9.- Comunicar. El arte de expresar el evangelio.
10.- Acompañar. La Pedagogía de Dios: un estilo de educación.
11.- Guiar. El encuentro de catequesis: vida, fe, vida nueva.
12.- Ser. La identidad del catequista: maestro, educador y testigo.

Descarga la fundamentación, el temario y la metodología del proyecto aquí.

Inscripción. Comienza el 10 de abril.

#Tiberíades #Redes

Creí y por eso hablé

¿Qué camino hemos de tomar en la evangelización y catequesis escolar? ¿Cuáles son las acentuaciones que definen la catequesis escolar en el tiempo que nos toca transitar? Inspirado por la lectura de “Catequesis para la vida”, pienso en siete, a saber:

  1. Acercarnos y tocar los centros vitales y de interés
  2. Un lenguaje nuevo
  3. Breve, ameno y lúdico
  4. Semillas del Verbo
  5. El valor del testimonio
  6. El primer anuncio como primero y principal
  7. La Palabra y el catequista

En el octavo episodio de nuestro podcast, abordamos estas acentuaciones a la catequesis escolar. Si te gusta nuestra propuesta, te agradecemos que la compartas.

Escucha «Haciendo Eco» en Spotify

Si lo deseas, puedes descargar el contenido del podcast en archivo PDF, con un anexo de textos bíblicos y del magisterio para profundizar: Creí y por eso hablé.

#Haciendo_Eco

Tiempo de la Creación 2023

Al comenzar el Tiempo de la Creación 2023 ponemos en manos de Dios todas las acciones que, a lo largo y ancho del mundo se llevan a cabo en resguardo de nuestra Casa común, don de Dios confiado a la humanidad.
El lema de este año del Tiempo de la Creación, es: «¡Qué la justicia y la paz fluyan!».
El profeta Amos clama: “¡Pero corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo”! (Amos 5: 24) y por eso estamos llamados a unirnos al río de la justicia y la paz, a asumir la justicia climática y ecológica, y a hablar con y por las comunidades más afectadas por la injusticia climática y la pérdida de biodiversidad.

Como pueblo de Dios, debemos trabajar juntos en favor de toda la Creación, como parte de ese caudaloso río de paz y justicia.
Gloria al Padre, y al Hijo y el Espíritu Santo…

Oración por el Tiempo de la Creación 2023

#Tiberíades #TiempodelaCreación

Jesús, te seguiré (Parte 1)

«Jesús, te seguiré» es el título que quise darle a la planificación de catequesis escolar destinada a alumnos de 4° año secundaria de la Escuela Parroquial Nuestra Señora del Camino.

Se trata de un conjunto de encuentros centrados en la vida de un grupo de adolescentes en cambio constantes, colmados de interrogantes y búsquedas. Partiendo, siempre, de la vida de los interlocutores, buscamos en Jesús una enseñanza que, como un gran faro, de orientación a la vida, provocando nuevas actitudes, mas humanas, más cristianas.

A continuación, los temas abordados destacando el núcleo central del mensaje que buscamos anunciar.

Para preparar estos encuentros, nos hemos inspirado en el libro «Proyecto pastoral para preadolescentes» (Mariana Fuentes – Raúl Lutz – Editorial Claretiana) del que tomamos algunos títulos y textos bíblicos.

#Tiberíades #JesúsTeSeguiré #Jesusenelcamino

Jesús, aproximación a su vida y mensaje

Material didáctico en construcción

Comparte este recurso con tus contactos para que el mensaje de Jesús llegue a todos.

#Tiberíades #JesúsTeSeguiré #jesusenelcamino

Verdades para vivir

¿Por qué seguir a Jesús? ¿Qué encontramos en su vida que nos impulsa a su seguimiento? La enseñanza de Jesús es, siempre, actual. Con este juego intentamos poner al grupo de catequizando en contacto con la enseñanza del Señor a partir de frases conocidas y no tanto…

Si el recurso te gustó, te agradecemos que lo compartas.

#Jesústeseguiré

El tiempo de los grandes catecismos y el giro antropológico

Episodio N° 4. El tiempo de los grandes catecismos y el giro antropológico

Seguramente todos han oído hablar del catecismo de las preguntas y respuestas. Quienes se educaron en la fe en los años sesenta o antes, aprendieron las nociones fundamentales a partir de un pequeño “librito” que, ordenadamente, exponía en preguntas y respuestas las verdades a aprender. En cada encuentro, el catequista exponía el contenido que, el catequizando, debía memorizar para la semana siguiente. Así, gradualmente, se avanzaba en las cien preguntas propuestas por el catecismo.

Este modelo centrado en la intelectualización de la fe, tiene su origen en el período histórico de la Reforma y el Concilio de Trento. Dada las enormes disputas tras la dolorosa ruptura entre católicos y protestantes, se consideró que debía profundizarse en el conocimiento de la fe para responder a las exigencias del momento. La defensa de la fe exigía una sólida formación doctrinal. Este es el tiempo de los grandes catecismos, que llevarán el nombre de “doctrina cristiana”. En este contexto se crearán las Escuelas de la Doctrina Cristiana y los catequistas y misioneros comenzarán a denominarse “doctrineros”. Toda una definición.

La aparición de diversos catecismos es el elemento característico de esta época. Así, se abandona el esquema bíblico (presente desde la época apostólica y el catecumenado) por una sistematización escolástica. Son muy conocidos y respetados los aportes de los santos Canisio y Belarmino, el catecismo de los párrocos (surgido en Trento y publicado por Pío V) y en los países de habla hispana, los de Ripalda y Astete.

Este esquema catequístico se extenderá en la evangelización de América Latina. Aquí es prácticamente imposible sistematizar los estilos y método utilizados por los numerosos misioneros que llegaron a estas tierras. Sí, es necesario destacar la acción de Santo Toribio de Mogrovejo, obispo de Lima (el territorio argentino quedaba comprendido dentro de su jurisdicción) desde el año 1581. A su llegada a Lima convoca, inmediatamente, a un Concilio provincial, conocido como Concilio Limense III. Fruto de las sesiones de este Concilio, serán publicados en diversas lenguas autóctonas una serie de catecismos que, en un lenguaje sencillo y claro, introducían a los pueblos latinoamericanos en la vida de la fe.

En distintos momentos llegaron a publicarse obras en español, quichua y aymará:

  • «Cartilla de la Doctrina Christiana»
  • «Cathecismo breve para los rudos y occupados»
  • «Plática breve en que se contiene la suma de lo que ha de saber el que se haze christiano»
  • «Cathecismo mas largo para los que son capaces y para que lo aprendan los muchachos de escuela»
  • »Confesionario para los curas de indios»
  • «Tercero Cathecismo”
  • “Exposición de la Doctrina Christiana por sermones»

Sin duda, este es uno de los primeros grandes intentos de inculturación de la fe en América Latina (otros dos ejemplos que no son mencionados por Baca Paunero en su artículo pero, creo, necesario compartir son los de Bernardino de Sahagún y Fray Luis Bolaños. El primero es el creador de un catecismo realizado a partir de pictogramas aztecas; el segundo, tradujo el catecismo limense al guaraní, lo que le permitió evangelizar la Mesopotamia argentina y el Paraguay).

En 1899 se celebra en Roma el Concilio Plenario de América Latina donde se prescribe que cada nación deberá poseer un catecismo para la instrucción del Pueblo de Dios. De manos de san Pío X llegará el “Compendio de la Doctrina Cristiana” y una organización catequística que se extenderá hasta el Concilio Vaticano II.

Sin duda, instrumentos como los diversos catecismos mencionados han aportado mucho a la formación en la fe a lo largo de los siglos. La solidez doctrinal es uno de ellos. Pero, en comparación con otros momentos, lamentamos la pérdida de una formación más amplia que integre todas las dimensiones de la persona. Esta cuestión se presentará con claridad en el Vaticano II y el famoso “giro antropológico” impulsado en sus sesiones.

De esta etapa, es justo señalar la necesidad de estar atento a la realidad y saber responder a los desafíos que esta presenta, especialmente, si se hace con un lenguaje renovado: vital, creíble, que responda a los interrogantes más profundos de la persona. ¿No será que, hoy, necesitamos de una catequesis que suscite interrogantes al estilo de Jesús en lugar de formular preguntas acompañándolas de sus respectivas respuestas? Este pasaje que sigue a continuación es toda una muestra del valor de la pedagogía de la pregunta:

“Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?».

Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas».

«Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?». Mt 16, 13-15

“¿Quién dicen que soy?”. Una profunda pregunta para ejercitar, juntos, el arte de la pregunta y, también, el de la atenta escucha.

Sigamos andando, sigamos haciendo eco.

#Tiberíades #Haciendo eco