Notas para pensar la catequesis

Sembrador

La realidad, siempre cambiante, nos interpela. Hoy, más que nunca, resuenen en nuestros oídos las palabras de Pedro: «Estén siempre dispuestos para dar una respuesta a quien les pida cuenta de su esperanza» (1Ped 3, 15). La catequesis se encuentra frente a nuevas exigencias e interpelaciones, ¿qué acentuaciones debe tener en cuenta para acompañar a quienes desean profundizar su fe? Te comparto algunos pensamientos que descubro como importantes respecto a la catequesis en el tiempo que nos toca vivir. No es mi pretensión determinar cuáles son las características que ha de tener la educación en la fe, es sólo un ejercicio para abrir el diálogo y buscar, juntos, el camino.

En mi reflexión, he querido quedarme con estas palabras: catequesis integral, comunitaria, destinada (de manera especial) a los adultos, experiencias y de contenido, lúdica, alegre y mistagógica, que asume la pedagogía de la propuesta, dirigida a la vida, pensada y reflexionada comunitariamente.

  • Catequesis integral: busca poner su atención en todas las dimensiones de la persona, acompañando su desarrollo y crecimiento en la fe.

San Juan Pablo II nos enseña en Ecclesia in America que «la catequesis es un proceso de formación en la fe, la esperanza y la caridad que informa la mente y toca el corazón, llevando a la persona a abrazar a Cristo de modo pleno y completo».

«Informa la mente y toca el corazón». Habla a la inteligencia, estimula a profundizar y comprender las verdades de la fe, invita a dar «razón de la esperanza a todo aquel que la pida». También, habla al corazón, porque llama, permanentemente, a la conversión.

Una catequesis integral no olvida las siete dimensiones que, como forma del ministerio de la palabra, posee: personal (promueve el encuentro personal con Jesucristo), comunitaria (se vive en la Iglesia, reunida en torno a la Palabra), social (llama e invita a un compromiso en la transformación del mundo), Cristocéntrica (reconoce la centralidad de Jesús, el único maestro, Palabra viva de Dios), liberadora (comparte un mensaje de salvación que libera del pecado que oprime), existencial (habla a la vida, ilumina la realidad) y dinámica (no deja de crecer, aún cuando sus pasos sean pequeños).

  • Considerar a la comunidad como fuente, lugar y meta de toda práctica catequística.

Es la comunidad eclesial la que catequiza. El catequista es el rostro visible de esa comunidad. Así, la comunidad de fe es la fuente, lugar y meta: de ella surge la acción evangelizadora, en ella se realiza y hacia ella (pertenencia) se encamina.

¡Qué importante es recordar que el catequista no obra por propia iniciativa, lo hace porque se le ha conferido una misión: anunciar el evangelio!

  • El adulto ha de ser la meta de todo itinerario catequístico,

Para muchos, la catequesis se circunscribe al trabajo realizado con niños en orden a los sacramentos de iniciación, pero el objetivo prioritario ha de ser el adulto.

San Juan Pablo II nos decía en Catechesi Tradendae (n° 43) que la catequesis de adultos «es la forma principal de la catequesis porque está dirigida a las personas que tienen las mayores responsabilidades y la capacidad de vivir el mensaje cristiano bajo su forma plenamente desarrollada».

Es un interesante desafío, para la comunidad catequizadora, crear espacios donde los adultos puedan seguir enriqueciendo su fe, por medio de las diversas formas de catequesis, además del servicio (apostolado) que el adulto pueda prestar en la tarea misionera de la Iglesia.

  • Catequesis que da por superada la tensión contenido-método.

Todavía, hoy, se habla de catequesis doctrinal y vivencial. Es preciso superar esa distinción que pesa en muchos catequistas y comunidades. Al respecto, el Instrumentum laboris del Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional, afirmó que era preciso «evitar la oposición entre catequesis experiencial y de contenido… la experiencia de fe es ya una apertura cognoscitiva a la verdad y el camino de interiorización de los contenidos de la fe conduce a un encuentro vital con Cristo. En esta circularidad original, la comunidad eclesial desempeña un rol insustituible de mediación (Instrumentum Laboris, 191).

La catequesis es un acto de comunicación que entraña un contenido. Éste ha de dirigirse a la realidad de los catequizandos. El método es una vía de acceso a la realidad (experiencia vital), posibilitando el encuentro entre la Palabra y la Vida, dando lugar a una Vida nueva.

  • Catequesis de niños: fuertemente lúdica, alegre, mistagógica, que introduzca a los niños en los misterios de la fe de la mano de una sana visión de Dios, de la oración y la vida contemplativa/comunitaria.

Son muchos elementos, pero, el principal es que transmita una visión de Dios que responda a la revelada por Jesús: Dios que es Padre, nos ama y camina a nuestro lado, quiere que vivamos una vida feliz.

Para ello, es necesario que el ambiente catequístico sea alegre, signado por el juego, con actividades que provoquen el interés por descubrir el rostro de Dios.

La mistagogía, de la mano de la pedagogía del signo, deberá ir introduciendo lentamente al niño en el misterio de Dios. La oración de alabanza y de acción de gracias pueden marcar el rumbo.

  • Catequesis de jóvenes signada por la pedagogía de la propuesta: que promueva la adhesión a Jesús, en una acción kerigmática permanente, por medio del encuentro, la reflexión, el conocimiento, la oración (lectio divina) y el servicio. El sacramento de la confirmación ha de estar en el centro de la catequesis juvenil.

Encuentro: que permite el diálogo y la experiencia desde la vida compartida en comunidad.

Reflexión y conocimiento: para dar razón de la esperanza, para dialogar con el mundo (que nos interpela, aún en nuestros fundamentos más importantes, por ejemplo, la vida), para evangelizar la cultura (especialmente en el diálogo fe-ciencia y fe-política).

La oración: especialmente, la lectura orante de la Palabra de Dios, que de lugar a un asiduo encuentro con Dios y decante en una fe encarnada, comprometida con la historia.

El servicio: dimensión esencial de la catequesis y necesidad profunda de todo joven que está definiendo su identidad: apertura al otro, especialmente a los pobres.

El sacramento de la Confirmación ha de ofrecerse a adultos y jóvenes que deseen profundizar en el compromiso con la fe: es la oportunidad de reafirmar la opción personal en el seguimiento de Cristo, pasando de una fe heredada a una fe asumida.

  • Catequesis de adultos centrada en la vida, la búsqueda de sentido y el esclarecimiento de grandes interrogantes… una catequesis que apueste por el acompañamiento del discípulo/misionero (Itinerario catequístico permanente).

La comunidad puede ofrecer dos grandes espacios de catequesis permanente: el encuentro mismo de catequesis con adultos y la homilía en la celebración eucarística.

La conversión pastoral ha de llevarnos a renovar prácticas que no alcanzan a responder a la demandas de hombres y mujeres de nuestro tiempo. La parroquia tiene que volver a ser punto de encuentro, diálogo y reflexión.

  • La celebración litúrgica: una catequesis en acto. Esto es, ahondar en la función pedagógica de la Misa. Ello requiere cuidar sus formas, destacar su belleza desde una esmerada preparación: sacerdote, lectores, guías, músicos, ostiarios… Toda la comunidad en función de una celebración que debe propiciar la participación, como nos los ha enseñando en Concilio: «activa, consciente y fructuosa».

Merece recordarse el desafío que los jóvenes nos presentan y que el Papa Francisco manifiesta en Christus Vivit: «Con respecto a los ámbitos de culto y oración, en diversos contextos los jóvenes católicos piden propuestas de oración y momentos sacramentales que incluyan su vida cotidiana en una liturgia fresca, auténtica y alegre» (CV, 224)

  • Cada acción catequística desplegada por la comunidad merece ser pensada, planificada, orada y puesta en práctica con espíritu de servicio, humildad, don de gentes, empatía y devoción; comunidad traspasada por la alegría de la resurrección.

El III Congreso Catequístico Nacional nos compartía 25 certezas propias de la catequesis en la Argentina. Una de ellas nos recuerda que la renovación eclesial exige «creatividad pastoral y catequística en fidelidad al Evangelio». Pidamos al Espíritu la audacia necesaria para desplegar una pastoral renovada, creativa al servicio del Reino.

#tiberíades #emaús #buenosdíastardes #odresnuevos #creatividad #pastoralrenovada

Orando desde el modo de Jesús

Tu Modo

Comienza un nuevo tiempo de labor y, después de un descanso reparador, nos presentamos ante Ti, Señor, poniendo en tus manos nuestras vidas con su realidad de sueños y anhelos, de dudas y certezas, de temores y seguridades.

Y, como nos ponemos en tus manos, sabemos que muchos otros estarán en las nuestras. Sí, Señor, muchos niños y adolescentes serán puestos en nuestras manos. Es la tarea que hemos elegido, es la vocación a la que hemos respondido.

Por ello, al comenzar este tiempo escolar, queremos reflexionar sobre tu modo, tu estilo de amar a los demás y encontrar en él un horizonte, un faro que guíe nuestras acciones para que cada uno de nosotros pueda guiar a los demás. Si, dejarnos guiar para aprender a guiar.

Dice el Evangelio de Juan (13, 12-15)

“Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: «¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy. Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes”.

Nos has dado un ejemplo, Señor Jesús, para que aprendamos que tu modo puede ser nuestro modo de relacionarnos con otros, de acompañar, animar, fortalecer, enseñar… Queremos que tus formas sean espejo donde poder mirarnos, contemplar tu vida, fortalecer nuestras opciones…

Tu modo

Jesús, al contemplar en tu vida
el modo que Tú tienes de tratar a los demás
me dejo interpelar por tu ternura,
tu forma de amar nos mueve a amar;
tu trato es como el agua cristalina
que limpia y acompaña el caminar.

Jesús, enséñame tu modo
de hacer sentir al otro más humano,
que tus pasos sean mis pasos;
mi modo de proceder.

Jesús, hazme sentir con tus sentimientos,
mirar con tu mirada, comprometer mi acción,
donarme hasta la muerte por el reino,
defender la vida hasta la cruz,
amar a cada uno como amigo,
y en la oscuridad llevar tu luz.

Jesús, enséñame tu modo
de hacer sentir al otro más humano,
que tus pasos sean mis pasos;
mi modo de proceder.

Jesús, yo quiero ser compasivo con quien sufre,
buscando la justicia, compartiendo nuestra fe,
que encuentre una auténtica armonía
entre lo que creo y quiero ser,
mis ojos sean fuente de alegría,
que abrace tu manera de ser.

Jesús, enséñame tu modo
de hacer sentir al otro más humano,
que tus pasos sean mis pasos;
mi modo de proceder.

Quisiera conocerte, Jesús, tal como eres.
Tu imagen sobre mí es lo que transformará
mi corazón en uno como el tuyo
que sale de sí mismo para dar;
capaz de amar al Padre y los hermanos,
que va sirviendo al reino en libertad.

Jesús, enséñame tu modo
de hacer sentir al otro más humano,
que tus pasos sean mis pasos;
mi modo de proceder.
Enséñame tu modo, Señor!!!

“Tu modo” – Francis Adão, SJ. Traducción: Cristóbal Fones, SJ (De la obra Ite inflammate omnia).

¿Cuál es el modo de Jesús? ¿Qué hay en sus formas, actitudes y dichos que han despertado en tantas mujeres y hombres el deseo de imitarlo? ¿Qué exigencias se hacen presentes en su actuar que han hecho que otros se alejen de él o teman seguirlo? ¿Qué tiene Jesús que sus dichos y hechos nos siguen interpelando? ¿Qué hay en su imagen que nos cautiva y llena el corazón de la necesidad de amar?

Cerramos los ojos por unos instantes y nos preguntamos… ¿qué forma de Jesús nos interpela? ¿Qué, en su estilo, anhelamos para nuestras vidas? Cada una de estas palabras pueden ayudarnos a reflexionar sobre lo que somos y el compromiso de trabajar para alcanzar aquello que deseamos ser…

Ternura: que no es debilidad, sino amabilidad en el trato.

Transparencia: para mostrarnos como somos, sin caer en la tentación de los dobleces.

Cordialidad: para hacer sentir al otro más humano.

Mirar desde la misericordia y no desde la descalificación.

Donarse: entregarse, ofrecerse, esto es, dar lo mejor de nosotros en el trato con los demás…

Defender la vida en cada momento, en cada acción.

Amistad: mano tendida y abierta al otro.

Iluminar: saber orientar, ayudar a descubrir obstáculos, animar a otros al cambio…

Compasivo: saber perdonar y acompañar desde la paciencia.

Justo: buscar la justicia en cada una de las acciones

Comprometido con su vocación

Coherente: que hace lo que dice y dice lo que hace.

Alegre: el gozo de saberse amado por Dios lo acompaña en el día a día…

Servicial: atento, dispuesto…

Jesús, que esta oración nos acompañe en este tiempo de preparación y planificación. Que tus formas nos ayuden a ser maestros al servicio del tu Reino aprendiendo a educar según tu modo.

Cantamos… “Jesús al contemplar en tu vida…”.

Si querés descargar un archivo pdf con el texto de la oración, hacé click aquí.

“Me has hablado en mil canciones”. Mil canciones para dialogar, reflexionar y rezar… podés buscarlas en el menú “Cinco panes”.

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Brillar

Luz

Nos es el brillo de una estrella, ni de acciones que deslumbran por su espectacularidad… brillar es emitir una señal, como el incesante latido del corazón que marca el compás de la vida, brillar es emitir una luz que contrasta con el entorno…

El brillo que nos propone Jesús es el de una vida coherente. No es el de grandes lecciones de moralidad, es la luz que brota de un corazón que se ha dejado tocar por el amor, descubriendo que otro estilo de vida es posible. Y, por ello, brilla. Brilla porque no se enceguece con posesiones, ni se deja seducir por el poder ni se concibe centro del mundo… brilla porque descubre que en el encuentro con el otro (que es otro Cristo) está la felicidad y por eso anhela que otros lo puedan experimentar: es el amor de Dios.

Sal y Luz

(Maxi Larghi)

Luz del mundo deja de ocultarte en lo profundo
Sal de la tierra,
Cuida tu sabor nunca lo pierdas.

Anuncia la palabra,
con obras es tú vida la que habla
Ayuda a tus hermanos,
Que el mundo necesita de tus manos.

Sal y luz, luz y sal.
Mezclado entre la gente esta Jesús en la ciudad
Mostrará la verdad,
No habrá noche en tu vida será siempre un despertar.

Luz, si tu iluminas,
No puede ocultarse la ciudad sobre la cima
Sal excelente,
Mirando hacia el cielo, con los pies en el presente.
Y aunque quizás tropieces, no olvides que Jesús cayó tres veces
Levántate y camina, que con tu andar el mundo se ilumina

Sal y luz, luz y sal.
Mezclado entre la gente esta Jesús en la ciudad
Mostrará la verdad,
No habrá noche en tu vida será siempre un despertar.

Si al cielo caminas tu amor ilumina,
Si al cielo caminas tu amor ilumina.

“Me has hablado en mil canciones”. Mil canciones para dialogar, reflexionar y rezar… podés buscarlas en el menú “Cinco panes”.

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Iluminar

Iluminar

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El cuarto rey mago

Artabán

Encontré en el sitio www.forosdelavirgen.org esta historia a la que hice algunos agregados. Te la comparto junto a una breve reflexión.

La historia del otro Rey Mago

En las montañas de la antigua Persia vivía Artabán, cuyo estudio de los planetas y las estrellas le llevó a predecir el nacimiento del Rey de Reyes. Vendió su casa y cada posesión y compró un gran zafiro azul como un fragmento del cielo nocturno, un rubí sin defectos, más rojo que un rayo de sol y una perla lustrosa tan pura como el pico de una montaña de nieve en el crepúsculo. Él pretendía llevarlos como homenaje al rey.
Antes de que los pájaros hubieran plenamente despertado a su fuerte canto matinal, antes de que la niebla blanca hubiera comenzado a levantarse perezosamente en la llanura, el otro sabio estaba en la silla de montar. Caminó con rapidez a lo largo del camino real, que bordeaba la base del monte Orontes, hacia el oeste…
A continuación se dirigió a Jerusalén donde él había arreglado para reunirse con otros tres hombres sabios o magos, para encontrar el recién nacido. Artabán lleva sus regalos para el niño bajo su capa: el zafiro, el rubí y la perla.
A lo largo de la historia se encuentra en situaciones difíciles y sus dones le proporcionan los medios necesarios para remediarlos. Esas situaciones retrasan su encuentro con los otros magos que lo aventajan en el camino.

El primer regalo

Después de muchas semanas de viaje difícil y de frustrantes retrasos, una noche, vio a un hombre tendido en la carretera. Su cara ojerosa, pálida piel y dificultad para respirar, llevaban la marca de la fiebre mortal. Sin embargo, cuando se volvió para irse el hombre le pidió ayuda. Artabán vaciló pero se puso sin demoraba a atender a un extraño moribundo, incluso con el riesgo de perder a sus tres amigos: si él se iba ahora el hombre seguramente moriría.
Se volvió hacia el enfermo y lo asistió con cuidado, dejando con él todo lo que tenía de pan y vino, y su reserva de hierbas curativas.
“No tengo nada que darle a cambio”, dijo el hombre agradecido – “… sólo esto: nuestros profetas han decretado que el Mesías nacería en Belén, no en Jerusalén. Que el Señor te lleve en condiciones de seguridad a ese lugar, porque has tenido compasión de los enfermos”.
Artabán se apresuró a reanudar su viaje, deseoso de encontrarse con sus amigos y decirles que deben ir a Belén no a Jerusalén. Sin embargo, cuando se llega al punto de encuentro, el Templo de las Siete Esferas sólo encontró este mensaje: “Ya no podemos esperar más, síguenos a través del desierto”.
Artabán se sentó en el suelo y se cubrió la cabeza con desesperación. “¿Cómo puedo cruzar el desierto sin comida y con un caballo desgastado? Debo regresar a Babilonia, vender mi zafiro y comprar varios camellos y provisiones para el viaje”.
Así, dio marcha atrás a Babilonia, vendió el zafiro, compró camellos y las provisiones para el viaje. Mantiene la esperanza de que, puesto que sus tres amigos iban dirigidos por error a Jerusalén, llegarán a Belén en el momento en que él también está llegando. Pero no es así.
El desvío a Babilonia a comprar provisiones le ha llevado demasiado tiempo. En el momento en que Artabán llega a Belén no encuentra ninguna señal de un Rey recién nacido ni de sus amigos. Llega tres días después de que los sabios han entregado sus regalos de oro, incienso y mirra a los pies de Jesús. María y José ya han huido llevando al niño Jesús a Egipto.

El segundo regalo

Artabán se entera de todo esto por una joven madre de la ciudad, que le ofrece hospitalidad en su casa. Pero, de repente, una salvaje confusión y alboroto en las calles del pueblo, chillidos y lamentos de las voces de las mujeres. Un estruendo de trompetas, un choque de espadas, y un grito desesperado: “Los soldados los soldados de Herodes están matando a nuestros hijos”.
El rostro de la joven madre se puso pálido de terror. Tomó a su hijo contra su pecho y se agachó inmóvil en el rincón más oscuro de la habitación, cubriéndolo entre los pliegues de su túnica, para que no se despertara y llorara.
Artabán fue rápido y se puso en la puerta de la casa. Sus anchos hombros llenaban el portal de lado a lado, y el pico de su gorra blanca tocaba el dintel. Los soldados llegaron corriendo por la calle con las manos ensangrentadas y espadas que goteaban. A la vista del extraño en su vestido dudaron con sorpresa.
El capitán de la banda se acercó al umbral y lo empujó a un lado. Pero Artabán no se movió. Su cara estaba tan tranquila como si estuviera observando las estrellas. Y mirando al soldado en silencio por un instante le dijo en voz baja: “Estoy solo en este lugar, y estoy esperando para dar esta joya al capitán prudente que me deje en paz”, mostrando el rubí que brillaba en el hueco de su mano como una gran gota de sangre.
El capitán estaba sorprendido por el esplendor de la gema. Las pupilas de sus ojos se expandieron por el deseo, y las líneas de la codicia se enmarcaron alrededor de los labios. Él extendió su mano y tomó el rubí. “¡Marchen adelante!”, gritó a sus hombres, “no hay ningún un niño aquí”.
Artabán suspiró: “Ahora dos de mis dones han acabado; ya han pasado al hombre lo que estaba destinado para Dios. ¿Voy a ser digno de ver el rostro del Rey?”
Pero la mujer, llorando de alegría, dijo suavemente: “Por haber salvado la vida de mi pequeña, que el Señor te bendiga y te guarde y te conceda la paz”. Y Artabán reanudó su viaje, pasando años en la búsqueda del niño de Belén.

El tercer regalo

Viaja a Egipto y oye de un rabino que de la ciudad de Alejandría, que el Mesías probablemente se encuentre entre los humildes y despreciados del mundo. Y Artabán viaja a través de todas las tierras de la diáspora judía, con la esperanza de encontrar algún rastro de este niño que ha nacido para ser rey.
Vagó durante 33 años en busca de la pequeña familia de Belén. Desgastado y cansado, enfermo ahora y a punto de morir, había venido por última vez a Jerusalén.
Había visitado a menudo la ciudad santa antes, y había buscado en todos sus suburbios y casuchas, y en las atestadas cárceles, sin encontrar ningún rastro de la familia de los nazarenos que había huido de Belén hace mucho tiempo.
Pero ahora parecía como si debía hacer un esfuerzo más, y algo en su corazón le decía que por fin podría tener éxito. Era la temporada de la Pascua. La ciudad estaba llena de extraños. Los hijos de Israel, esparcidos en tierras lejanas de todo el mundo, habían regresado al templo para la gran fiesta y había una confusión de lenguas en las calles.
Pero en este día hubo una agitación singularmente visible en la multitud. El cielo estaba velado con un abatimiento portentoso. Una marea secreta estaba caminando en una sola dirección. El ruido de las sandalias y el sonido de miles de pies descalzos fluían sin cesar a lo largo de la calle que conduce a la puerta de Damasco.
Artabán se unió a un grupo de personas de su propio país, los judíos partos que habían subido para celebrar la Pascua, y les preguntó la causa del tumulto, y donde se dirigían. “Vamos al lugar llamado Gólgota, fuera de los muros de la ciudad, donde habrá una ejecución. ¿No has oído lo que ha sucedido? Dos ladrones famosos van a ser crucificados, y con ellos otro, llamado Jesús de Nazaret, un hombre que ha hecho muchas obras maravillosas entre la gente, de modo que le quieren mucho. Sin embargo, los sacerdotes y los ancianos han dicho que él debe morir, porque se decía a sí mismo Hijo de Dios. Y Pilato le ha enviado a la cruz, porque dijo que él era el rey de los Judíos”.
Estas palabras familiares cayeron sobre el corazón cansado de Artabán. Le habían llevado durante toda la vida sobre la tierra y el mar. Y ahora venían a él oscuramente y misteriosamente como un mensaje de desesperación. El Rey estaba a punto de perecer y Artabán, tal vez, también.
¿Podría ser el mismo que había nacido en Belén hacía treinta y tres años, cuyo parto había aparecido en la estrella en el cielo y de cuya venida de los profetas habían hablado? El corazón de Artabán venció la aprehensión, que es la dudosa la emoción de la vejez.Pero dijo dentro de sí:
“Los caminos de Dios son más extraños que los pensamientos de los hombres, y puede ser que haya encontrada al Rey al fin, en manos de sus enemigos: es el momento de ofrecer mi perla por su rescate antes de que muera”.
Así que el anciano siguió a la multitud con pasos lentos y dolorosos hacia la puerta de Damasco. Más allá de la entrada, una tropa de soldados macedonios llegó por la calle arrastrando una niña con vestido roto y el pelo despeinado.
El mago se detuvo para mirarla con compasión, se escapó de repente de las manos de sus verdugos, y se arrojó a sus pies: “Ten piedad de mí -exclamó- y sálvame, por el bien del Dios de la pureza. Mi padre era un comerciante de Partia, pero él está muerto y me han tomado por sus deudas para ser vendida como esclava. Sálvame de la peor de las muertes”.
Artabán tembló. Era el viejo conflicto en su alma, que había llegado a él en el palmeral de Babilonia y en la casa en Belén. Conflicto entre la expectativa de la fe y el impulso del amor. Dos veces el regalo que había consagrado al Señor había sido extraído de sus manos al servicio de la humanidad sufriente. Esta era la tercera prueba, el período de prueba definitiva, la elección final e irrevocable. ¿Era su gran oportunidad, o su última tentación?
Sólo una cosa estaba clara en la oscuridad de su mente, era inevitable. ¿Y lo inevitable no proviene de Dios? Sólo una cosa estaba segura, que rescatar a esta chica indefensa sería un verdadero acto de amor. ¿Y no es el amor la luz del alma?
Tomó la perla de su pecho. Nunca había parecido tan luminosa, tan radiante, tan llena de lustre vivo. La puso en la mano de la esclava: “¡Este es tu rescate, hija! Es el último de mis tesoros que he tenido guardado para el Rey”.
Mientras hablaba, la oscuridad del cielo se espesó y temblores corrieron a través de la tierra. Las paredes de las casas se sacudieron de un lado a otro. Nubes de polvo llenaban el aire. Los soldados huyeron aterrorizados, tambaleándose como borrachos.
Artabán estaba estremecido. ¿Para qué tenía que vivir? Había regalado el último vestigio de su tributo para el rey. Se había extinguido la última esperanza de encontrarlo. La búsqueda había terminado y había fallado. Pero, incluso en ese pensamiento había paz. No era renuncia. No era sumisión. Era algo más profundo. Él sabía que todo estaba bien, porque había hecho lo mejor que podía. Había sido fiel a la luz que le había sido dada.
El final del relato de van Dyke, afirma: “Una nueva y prolongada sacudida de la Tierra arrancó una pesada losa del techo que golpeó al anciano en la sien. Quedo tendido y la sangre manaba de su herida. La joven se inclino sobre él, temerosa de que hubiera muerto. Se oyó una voz que llego a través del crepúsculo, pero la muchacha no alcanzo a entender lo que decía.
Los labios del anciano se movieron como respondiendo, y la joven esclava le oyó decir en la lengua de Partia: “Señor, ¿Cuándo te vimos hambriento, te dimos de comer; o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte? Durante treinta y tres años te busqué, pero jamás he llegado a contemplar tu rostro, ni venido en tu auxilio, Rey mío”.
Artabán calló y aquella dulce voz se hizo oír de nuevo, muy tenue y a lo lejos. Pero al parecer esta vez, la joven también comprendió sus palabras: “En verdad te digo que cuanto hiciste a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mi me lo hiciste”. Una expresión de radiante calma, gozo y maravilla, ilumino el semblante de Artabán. Escapó de sus labios un largo y último suspiro de alivio. Su peregrinaje había concluido y sus ofrendas habían sido aceptadas. El otro rey mago había encontrado al Rey”.
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Siempre me conmovió la historia del cuarto Rey Mago. La conocí al ver la película inspirada en el relato de van Dyke e interpretada por Martin Sheen, Tiempo después, encontré el relato que Mamerto Menapace hace de esta historia en el libro “Entre el brocal y la fragua”. En este caso, Mamerto se hace eco de una leyenda rusa con algunas diferencias al relato de Henry Van Dyke.
Al leer el relato, tres parábolas se hacen fuertemente presente: primero, la parábola del tesoro. Artabán va desprendiéndose de lo que tiene y ganando, por ello, a Jesús y su Reino.
Segundo: la parábola del Buen Samaritano. Sin dudas, en Artabán, se da ese movimiento del corazón que lo hace conmover frente al sufrimiento ajeno.
Finalmente, la parábola del juicio final: llegar al encuentro con Dios y mostrarle el nombre y los rostros de las personas que hemos amado.
Los Reyes Magos nos dejan una muy profunda enseñanza: teniendo noticias del nacimiento de Jesús, se ponen en marcha, sin excusas, para conocerlo y adorarlo. La leyenda del cuarto Rey Mago es la historia de cada hombre y mujer que, movidos por el amor, buscan sin cesar el amor de Dios y lo hacen dejándose conmover por la realidad humana; son los que han aprendido a ver en el rostro humano el rostro de Dios y lo han adorado desde la caridad manifiesta. Lindo programa de vida: sólo hace falta divisar la estrella y ponernos en camino…
#tiberíades #reyesmagos #cuartoreymago #artabán

A poner los zapatos…

Reyes

En la noche del 5 de enero, multitudes de niños y niñas prepararán sus zapatos para recibir a los Reyes Magos, esperando ansiosos, un regalo que les alegre el día.

Ha pasado el tiempo y, muchos años después de vivir intensamente esa noche de enero, me pregunto quiénes son estos ilustres visitantes para mí… Tres catequistas. Eso alcanzo a ver en la persona de los Magos venidos de Oriente.

Para profundizar en el por qué de esta respuesta, te invito a distinguir lo que aportan los evangelios de los contenidos posteriores incorporados por la tradición.

  • Sólo Mateo habla de los «Magos venidos de Oriente». El relato de Mt 2, 1-12 es breve, pero bello y sugerente.
  • Mateo no menciona sus nombres. ¿De dónde surgen, entonces? Son mencionados en el Evangelio Armenio de la Infancia (un texto apócrifo escrito en el S. VI): «…he aquí que los magos de Oriente, que habían salido de su país hacía nueve meses, y que llevaban consigo un ejército numeroso, llegaron a la ciudad de Jerusalén. El primero era Melkon, rey de los persas; el segundo, Gaspar, rey de los indios; y el tercero, Baltasar, rey de los árabes».
  • ¿Son tres o doce? La creencia acerca de que fueron tres los magos que visitaron a Jesús, se arraiga en el hecho que le ofrecieron tres regalos, es lo que afirma Mateo. En iglesia de oriente se habla de más visitantes, algunos llegan a doce…
  • ¿Son reyes o magos? En evangelio habla de «magos», pero no al estilo de Harry Potter, sino, conocedores de los astros, familiarizados en la contemplación de la estrellas. La expresión «reyes» surge del salmo 72: «Que se inclinen ante él las tribus del desierto, y sus enemigos muerdan el polvo; que los reyes de Tarsis y de las costas lejanas le paguen tributo. Que los reyes de Arabia y de Sebá le traigan regalos; que todos los reyes le rindan homenaje y lo sirvan todas las naciones» (72, 9-11).
  • Los regalos, ¿encierran un significado? El oro es para el Rey, el incienso para Dios y la mirra para el hombre que ha de morir… Sin duda, los tres regalos hacen referencia a la identidad del Niño: Dios que viene a reinar y a dar la vida por la humanidad.
  • La estrella que guía a los Magos no debe contemplarse como fenómeno astronómico sino como señal de Dios que guía a los hombres al encuentro con el Niño. Como los ángeles guían a los pastores hacia el pesebre, la estrella es la guía de los magos que vienen de Oriente.
  • Finalmente, el nombre de esta fiesta es de la Epifanía, que significa «manifestación». En la persona de los pastores, Jesús se da a conocer al pueblo de Israel. En el encuentro con los «Magos venidos de Oriente», Jesús se manifiesta a toda la humanidad.

¿Por qué hablamos de tres catequistas? Sin duda, los Magos (más allá de lo que generan en los niños que, cada año, esperan ansiosos su visita) nos ayudan a conocer al Niño que acaba de nacer. Y más aún, a relacionarnos con ese Niño cuya misión es redimir a la humanidad.

Los Magos descubren una señal de Dios y, sin dudarlo, se ponen en marcha: «Hemos visto su estrella y hemos venido a adorarlo». Allí encontramos una primera referencia catequística: tienen ansias de Dios y salen, decididamente, a buscarlo.

En la visita al Niño, realizan dos acciones: se postran ante él y le entregan sus dones. Inclinarse y entregar. Los Magos nos ayudan a reconocer la grandeza de Dios que «siendo rico se hizo pobre», como afirma la liturgia. Dios se hace pequeño para que el hombre pueda abrazarlo y entregarle lo más preciado que disponen las personas: la propia vida.

En sus regalos, los Magos nos ayudan a reconocer la identidad del Niño Dios (como ya se explicó anteriormente). Una verdadera catequesis de signos que nos adentran en el misterio más profundo que, tiempo después, Pablo explicará con estas palabras: «Cristo, que era de condición divina…

Finalmente, los Magos nos recuerdan el valor del encuentro y cómo éste impulsa la conversión: ellos vuelven por otro camino, porque es imposible seguir transitando la misma huella después de haber conocido al Señor. Este es el «detalle» que los hace verdaderos catequistas: descubrir la señal de Dios, seguirla y dejarse transformar por el encuentro con una persona que da un nuevo sentido a la vida.

Esta noche, ¿preparamos los zapatos? Claro que sí. Porque tenemos la convicción de que en su visita el regalo más importante que tienen para dejarnos es esa señal que los movilizó desde Oriente y que hoy ha de ponernos en marcha a nosotros: «Hemos visto su estrella y hemos venido a adorarlo».

Feliz día de Reyes!!!

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