Los símbolos del Espíritu Santo

Los símbolos del Espíritu Santo

La Paloma

En la Biblia, la paloma es símbolo de sencillez y de pureza, pero también de fidelidad y de amor. El Espíritu de Dios baja como una paloma porque trae la pureza y la sencillez y porque confirma nuestra vida en la fidelidad y el amor.

Después soltó una paloma, para ver si las aguas ya habían bajado. Pero la paloma no pudo encontrar un lugar donde apoyarse, y regresó al arca porque el agua aún cubría toda la tierra. Noé extendió su mano, la tomó y la introdujo con él en el arca.
Luego esperó siete días más, y volvió a soltar la paloma fuera del arca. Esta regresó al atardecer, trayendo en su pico una rama verde de olivo. Así supo Noé que las aguas habían terminado de bajar.
Esperó otros siete días y la soltó nuevamente. Pero esta vez la paloma no volvió. Génesis 8, 8-12

“Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia Él”.  Mateo 3, 16

La Nube

En la Biblia, la nube simboliza la presencia de Dios que en le desierto del Éxodo protege con su sombra al pueblo en marcha. Cuando la nube bajaba sobre la Tienda del Encuentro que contenía el Arca de la Alianza, Dios se hacía presente en medio de su pueblo.

“El Señor dijo a Moisés: Yo vendré a encontrarme contigo en medio de una densa nube, para que el pueblo pueda escuchar cuando yo te hable”. Ex 19, 9

«El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios». Lucas, 1, 35

La Luz

Es uno de los símbolos más claros del Espíritu, que ilumina el corazón de os creyentes y disipa las tinieblas del egoísmo y de la ignorancia. El Espíritu es luz, sabiduría, comprensión, discernimiento…

“El sol ya no será tu luz durante el día, ni la claridad de la luna te alumbrará de noche: el Señor será para ti una luz eterna”.  Is 60, 19

El Viento

También llamado “Soplo de Dios”, es símbolo de la acción vivificante y santificadora del Espíritu Santo.  Por el “Soplo de Dios” el hombre cobra vida en la Creación.

“El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu”. Jn 3, 8

«Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban». Hch, 2, 1-2

El Aceite

El aceite, fruto del olivo, es un elemento básico en la vida del pueblo judío: alimento, bálsamo y perfume, base de ungüentos y medicamentos… Pero simboliza sobre todo al Espíritu, que con el óleo perfumado consagra a los reyes, a los profetas y a los sacerdotes.

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres”. Isaías 61, 1

El Agua

El agua en la Biblia no sólo es símbolo de purificación sino sobre todo de vida plena y abundante. Es por eso que representa también a la Palabra de Dios y al Espíritu que como agua fresca da vida a todos los seres.

«Porque derramaré agua sobre el suelo sediento y torrentes sobre la tierra seca; derramaré mi espíritu sobre tu descendencia y mi bendición sobre tus vástagos». Is 44, 3

“El último día, el más solemne de la fiesta, Jesús, poniéndose de pie, exclamó: El que tenga sed, venga a mí, y beba el que cree en mí. Como dice la Escritura: De su seno brotarán manantiales de agua viva.

El se refería al Espíritu que debían recibir los que creyeran en él.” Jn 7, 37-39

Vino y Pan

El vino, símbolo universal de alegría y de fiesta, es para la Biblia, el símbolo de la alegría mesiánica. Con el pan representa el alimento básico de cualquier banquete y en particular el banquete eterno que ofrece el Mesías.

“Ve, entonces, como tu pan con alegría y bebe tranquilamente tu vino, porque a Dios ya le agradaron tus obras”.  Ecl 9, 7

El Arco Iris

El arco iris es uno de los signos de la Alianza que Dios establece con su pueblo prometiendo alejar de él todos los males, así como se dio en los orígenes, después del diluvio universal.

“Cuando cubra de nubes la tierra y aparezca mi arco entre ellas, me acordaré de mi alianza con ustedes y con todos los seres vivientes”. Gn 9, 14-15

El Esplendor

En la Biblia, el Esplendor o Gloria de Dios, es el signo de su presencia llena de ternura y amor. En el Éxodo de liberación, cuando aparece el esplendor de Yavé se manifiesta plenamente su Proyecto de Amor para con su pueblo.

“Moisés dijo: Por favor, muéstrame tu gloria. El Señor le respondió: Yo haré pasar junto a ti toda mi bondad y pronunciaré delante de ti el nombre del Señor, porque yo concedo mi favor a quien quiero concederlo y me compadezco de quien quiero compadecerme”. Ex 33, 18-19

El Fuego

La llama viva del fuego es el símbolo de la fuerza y del ardor apasionado del amor de Dios que se propaga en el corazón de los hombres. Es por eso que acompaña las manifestaciones de la presencia de Dios en medio de su pueblo.

“Allí se le apareció (a Moisés) el Angel del Señor en una llama de fuego, que salía de en medio de una zarza”. Ex 3, 2

«Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse». Hch 2, 3-4

El Rocío

El rocío, que en la noche cubre los áridos valles y refresca la vegetación, es símbolo de la presencia discreta y reconfortante del Espíritu en nuestra vida. La llegada de la salvación definitiva es animada con el rocío del Espíritu que alivia nuestra espera.

¡Destilen, cielos, desde lo alto, y que las nubes derramen la justicia! ¡Qué se abra la tierra y produzca la salvación, y que también haga germinar la justicia! Isaías 45, 8.

La Mano

En la Biblia, la mano o el dedo de Dios, simbolizan la fuerza de su Espíritu que obra en la creación y en la historia humana. Dios abre su mano y su Espíritu se manifiesta como poder vivificador.

“Entonces el Señor Dios modeló con arcilla del suelo a todos los animales del campo y a todos los pájaros del cielo”.  Gn 2, 19

«Cuando los Apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que los samaritanos habían recibido la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. Estos, al llegar, oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo. Porque todavía no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente estaban bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo» Hechos 8, 14-17.

Un Sello

El día de nuestro bautismo, la unción con el Santo Crisma, sella nuestra pertenencia a Dios. El Espíritu Santo deja en nosotros una «marca» indeleble que indica nuestra consagración a Dios.

En él, ustedes, los que escucharon la Palabra de al verdad, la Buena Noticia de la salvación, y creyeron en ella, también han sido marcados con un sello por el Espíritu Santo prometido. Ef 1, 13

En esta presentación podrás apreciar todos los símbolos mencionados…

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#Tiberíades #Cinco_Panes #EspírituSanto

Rostro

Rostro

Dicen los Obispos argentinos en Navega Mar Adentro:

  1. «Jesucristo nos revela la vida íntima de Dios, el misterio más profundo de nuestra fe: que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Jesús nos invita permanentemente a entrar en esta comunión de amor. El corazón religioso e inquieto del hombre busca el rostro de Dios. Muchos en nuestro pueblo podemos identificarnos con aquellas antiguas plegarias: Yo busco tu rostro, Señor (Sal 27, 8). Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente, ¿cuándo iré a contemplar el rostro de Dios? (Sal 42, 3). En este mundo nadie ha visto jamás a Dios, pero Jesús ve al Padre y manifiesta su rostro: el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre (Jn 1,18). Es el Hijo enviado que contempla al Padre y vino al mundo para manifestarlo.
  1. Cristo es también el rostro divino del hombre. En su rostro filial se contempla el rostro del hombre que camina hacia el Padre, llamado a su vocación suprema: la intimidad de la vida trinitaria. Cristo revela al hombre su auténtica dignidad como persona. En Cristo, que muestra la misericordia del Padre, se nos manifiesta la verdad, el sentido y la misión de toda persona humana. Nuestro origen, y por tanto, nuestra dignidad están en Dios, el Padre de Nuestro Señor Jesucristo. Por eso, la fe cristiana es un potencial que sana, afianza y promueve la dignidad del hombre».

#Tiberíades #Jesús #Rostro #Padre #Espíritu_Santo

 

Ricos

 

Paloma

El esposo: “Sabes querida. Voy a trabajar duro y algún día seremos ricos”.

La esposa: “Ya somos ricos, querido. Nos tenemos el uno al otro. Tal vez algún día, también, tengamos dinero”.

Anthony de Mello.- El canto del pájaro.- Sal terrae

#Tiberíades

Tu vara y tu bastón

Bastón

¡Qué significativo resulta celebrar el domingo del Buen Pastor en este contexto de emergencia sanitaria! Es la oportunidad para reafirmar nuestra fe en Jesús, amigo y pastor, que camina a nuestro lado y nos conduce al encuentro con el Padre.

Y es, también, la oportunidad de pensar, desde una memoria agradecida, en todas aquellas personas que, a lo largo de nuestra vida, nos sirvieron de apoyo… Pensar y agradecer en quienes, en diversos momentos de la historia personal, nos permitieron apoyarnos en sus hombros para mantenernos; en quienes nos llevaron de la mano y buscaron conducirnos cuando no podíamos hacerlo o aquellos que brindaron un abrazo para contener lágrimas y aliviar el dolor. En cada una de esas personas se hizo (y se hace) presente el Buen Pastor.

Celebrar este domingo, implica reconocer que no estamos solos en el camino de la vida. Que, a cada paso, necesitamos de la mano amiga que nos invita a seguir andando. Y, también, que en tantas ocasiones, somos nosotros los que ofrecemos ese consuelo, apoyo, seguridad…

Vamos de camino… el Buen Pastor camina a nuestro lado. Recemos con las palabras del salmista:

“No temeré ningún mal, porque tú estás conmigo:

tu vara y tu bastón me infunden confianza”

(Salmo 23, 4)

Una bella canción de Javier Brú, nos ayuda a reflexionar en el llamado que Dios nos hace: ser apoyo y sostén para el que camina a nuestro lado.

El Buen Pastor

El que no entra por la puerta no es pastor

salta la cerca el bandido o el ladrón.

Las ovejas en su aprisco

solo atienden a la voz de su pastor.

Del extraño las ovejas huirán;

el pastor por nombre a todas llamará

y afuera él irá delante

y su voz escucharán y seguirán.

Y yo soy quien da la vida por salvar a sus ovejas.

Al hablar me reconocen y yo las conozco a ellas

porque yo soy su pastor, el buen pastor.

 

Y nadie nunca podrá arrebatarlas de mi mano.

Yo soy uno con el Padre y él me las ha encomendado

Porque yo soy su pastor, el buen pastor.

Todo el que antes a ellas vino fue un ladrón

a quien solo su salario le importó

Llegó el lobo haciendo estragos

y el bandido a mi rebaño abandonó.

Tengo ovejas que no son de este redil

pero al escuchar mi voz querrán venir

formando un solo rebaño

con un único pastor a quien seguir

Y yo soy quien da la vida por salvar a sus ovejas.

Soy su puerta a verdes prados a donde me siguen ellas,

porque yo soy su pastor, el buen pastor.

 

Así el padre lo ha querido, cuando mi vida haya dado.

Obtendrán la vida eterna y yo la habré recuperado,

porque yo soy su pastor, el buen pastor.

Y yo soy quien da la vida por salvar a sus ovejas.

Al hablar me reconocen y yo las conozco a ellas

porque yo soy su pastor, el buen pastor.

 

Y nadie nunca podrá arrebatarlas de mi mano.

Yo soy uno con el Padre y él me las ha encomendado

Porque yo soy su pastor, el buen pastor.

#Tiberíades #BuenosDíasTardes #BuenPastor #Javier Brú

Oración de mi sacerdocio

Angelelli

Escrita en 1974, en Roma, con motivo de sus 25 años como sacerdote. Cada línea va delineando el perfil de un hombre identificado profundamente con su tierra y su gente. Rostro de una Iglesia de «cara al mundo», que comparte sus luchas y la búsqueda de justicia y bien común.

#Tiberíades #Angelelli #MártiresRiojanos

 

Los discípulos de Emaús

Emaús

Sin dudas, el relato de Lc 24, 13-35 es uno de los más conocidos en los evangelios. Ubicado en la liturgia en el tiempo pascual, pero presente todo el año acompañando jornadas de catequesis, de liturgia, de pastoral, retiros, convivencias, diversos momentos de oración… Es que Emaús atrapa por su dinamismo y por la tensión propia de cada momento.

Emaús simboliza el camino de la vida: aquel que transitamos cargando nuestras angustias y frustraciones, buscando una respuesta que de consuelo a nuestro dolor. En el tránsito, vamos aprendiendo a hacer relectura de la propia historia y encontrar, allí, las huellas del paso de Dios peregrino por nuestras vidas. Sí, Emaús nos enseña a reconocer a ese Dios que camina a nuestro lado.

Y es el camino en el que podemos escuchar esa Palabra que anima y fortalece, que interpela y moviliza; esa Palabra que «hace arder los corazones».

Emaús es camino compartido, presencia amiga y serena: «Quédate con nosotros». Presencia que reconforta. Por eso, podemos decir: «Sí, quédate con nosotros, peregrino. ¡Calma con tu presencia nuestras ansiedades! ¡Domina con tu sabiduría, nuestra tentación que querer controlarlo todo!»

Emaús es mesa compartida. Mesa fraterna de pan partido y ofrecido. Y allí, al calor del hogar, se abren los ojos para contemplar al amigo peregrino y caer en la cuenta que «había algo que impedía reconocerlo».

Emaús es envío, impulso misionero: el Pan y la Palabra transforman, exhortan, movilizan… la alegría del encuentro ha de compartirse. Otros, muchos, esperan un oído atento y una mesa fraterna. El Peregrino nos espera en el camino: ahora, para salir al encuentro de otros que necesitan, como nosotros de la presencia amiga…

…alegría para su tristeza

…consuelo para su dolor

…esperanza para su vida…

Somos peregrinos de la historia, en marcha a una mayor plenitud: en el camino la Palabra indica el sentido; en la mesa, el pan bendito anima y reconforta. Es hora de compartirlo!!!

#Tiberíades #Emaús #camino #mesa #envío

Pironio sobre Emaús (Lc 24, 13-35)

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Fragmento de la reflexión del Cardenal Eduardo Pironio en la ciudad de Mar del Plata, en el año 1974, durante la Semana Santa (martes santo) sobre el evangelio de Lc 24, 13-35: el encuentro de Jesús con los discípulos de Emaús.

«Así es la actuación de los discípulos: primero pesimistas, solidarios en el pesimismo, es decir, que se van contagiando el pesimismo mutuamente, pero que al final sienten, una vez descubierto Jesús, la necesidad de llevar la Pascua, la luz, la resurrección, la felicidad, la vida.Pero pensemos ahora en la actitud de Jesús. Descubrimos tres actitudes en Él para hacer renacer la esperanza en el corazón de los dos discípulos cansados.La primera es una actitud muy sencilla, muy normal, diríamos muy habitual en nosotros. Jesús se acercó a ellos y se puso a hacer el camino con ellos. Es una actitud muy común. Lo que no es común es hacer el camino de tal manera que nos interesemos profundamente del otro. Vamos por la calle haciendo el camino con los demás, caminando codo con codo, pero ignorándonos totalmente. Nos ignoramos mutuamente en nuestra realidad más profunda. Algo así como cuando viajamos en el tren o en el ómnibus y somos muchos los que viajamos, estamos muy juntos, tan juntos que nos pisamos el pie, pero no nos reconocemos en los problemas.

Jesús se puso a caminar con ellos, pero ponerse a caminar con ellos, que es un gesto así común,normal, es un gesto diríamos corriente, significaba para Jesús algo muy especial, significaba penetrar en el misterio de aquellos dos hombres, significaba interiorizarse y hacer suyos sus problemas. Por eso el Señor se acercó y les preguntó: “¿De qué van hablando en el camino y por qué están tristes?”. Es decir, no basta ir haciendo el camino con los demás. De tal manera hay que ir haciéndolo que nosotros interpretemos un poco o descubramos mejor y hagamos nuestro el sufrimiento, el dolor, la cruz, la inquietud, de los hermanos.

¡Qué bien haríamos a nuestros hermanos que sufren, que viven envueltos en el pesimismo, en el desaliento, en el cansancio, si nos acercáramos a ellos y les hiciéramos saber que ellos nos interesan y que sus problemas nos duelen y que llegáramos a decirles: “¿Qué les pasa? ¿Por qué están tristes? ¿Qué es lo que los aflige?”. A veces sin necesidad de decirlo con palabras. Si nuestro gesto de acercamiento al hermano es sincero y fraterno, si nuestro acercamiento a un pobre, a uno que sufre, nace de un corazón verdaderamente evangélico y cristiano, se abre tanto el corazón de quien recibe la visita y nos escucha, que sin que le digamos palabras empieza a decir: “¿Cómo, tú eres el único que no sabes lo que me está pasando?”.

Una primera actitud es abrirse, acercarse al hermano que sufre. Y ese acercamiento al hermano que sufre es un ir entrando en comunión ya, es un entrar en comunidad. Es necesario abrir nuestro corazón a la inquietud, al sufrimiento, al dolor, a la cruz, al problema de los hermanos.

La segunda actitud: desde la Palabra, desde las Escrituras, Cristo interpreta la cruz: “Hombres duros de entendimiento, ¿no sabíais que esto tenía que ocurrir así? ¿Que el Hijo del hombre tenía que pasar todas estas cosas para entrar en la gloria?”. Y empezando desde Moisés, fue explicando todas las Escrituras que se referían a Él.

Cristo sencillamente, mientras iba caminando, les fue explicando la historia de la salvación, les fue explicando un poco el sentido de la cruz y cómo todo era normal, cómo todo eso que parecía absurdo, que parecía imposible, estaba muy bien planeado en Dios hasta en sus detalles. Les fue abriendo el sentido de las Escrituras. Entendieran ellos o no entendieran del todo, no importa.

Cristo les interpreta el dolor y la cruz, desde la esperanza, desde la Palabra, desde la Escritura, desde la fe. Y el corazón de ellos se van encendiendo. Lo dicen ellos al final. Se van encendiendo porque ven que no es simplemente una palabra aprendida, que es palabra saboreada, experimentada: ven que ese Señor, a quien ellos todavía no han descubierto, no les transmite un mensaje aprendido de memoria, sino que les va comunicando una experiencia real. En definitiva les va explicando su propia historia, les va contando su vida. Por eso sienten que su corazón se enardece.

Es una segunda actitud que nosotros tenemos que tomar con nuestros hermanos que viven en la oscuridad, en el sufrimiento: interpretar su dolor, su propio problema, su pobreza, su cruz, desde la Palabra de Dios, desde la fe. Pero no desde una palabra sabiamente aprendida, técnicamente memorizada. ¡Cuántas frases de la Escritura sabemos de memoria! ¡Cómo habremos aprendido el catecismo de una manera estupenda! No, no basta. Tenemos que hablar a los demás desde una experiencia de Dios, desde una experiencia de la cruz y en Dios. Únicamente aquél que ha experimentado a Dios adentro, aquél que ha mordido la cruz, puede hablarle a otro hermano, contarle quién es Dios y qué es la cruz. O sea, únicamente Jesús puede hablar de Jesús. Únicamente cuando nosotros nos dejemos invadir plenamente del Señor y cambiar adentro, la palabra no va a salir de nosotros como una doctrina sino como una vida, como un mensaje, como un testimonio.

¿Por qué hay sacerdotes–ustedes lo han experimentado en el confesionario o en el encuentro personal–o, sin ser sacerdotes, por qué hay personas que al decir una simple palabra lo iluminan todo y lo pacifican? Porque esa palabra más que una expresión es una vida, más que una doctrina es una Persona y esa Persona tiene un nombre y ese nombre es Cristo.

Entonces una segunda actitud con los que están así desalentados, pesimistas, tristes: desde la palabra de Dios meditada y saboreada adentro iluminar su cruz; ubicar la cruz en el plan de Dios.

La tercera actitud: partir el pan. Partir el pan es el símbolo de la Eucaristía y en la Eucaristía está Jesús que se da y que permanece. Los discípulos, cuando Cristo les parte el pan, enseguida lo reconocen. Y lo reconocen no por la manera material de partir el pan sino porque recuerdan la celebración litúrgica,recuerdan que partir el pan es la Eucaristía. Entonces dicen: “Este es Jesús”. El encuentro en la Eucaristía es signo de la donación de la vida. Entonces ellos se dicen: “Este es Aquél que se dio, Este es Aquél que se entregó”. Partir el pan es darse, es entregarse, Jesús que parte el pan. No hay más que uno que parte el pan,que se da y que se entrega de veras: ese es Cristo. Lo reconocen enseguida.

Esta es la tercera actitud nuestra: partir el pan. Partir el pan es entrar en comunión con los hermanos en la Eucaristía, es sentirnos Asamblea de Dios en la liturgia. Por eso la liturgia es tan esperanzada y tan fuente de esperanza para los cristianos. Pero partir el pan es entregarnos, dar nuestra amistad, nuestro amor,nuestro cariño, nuestra comprensión, dar todo lo que nosotros somos, podemos y valemos. Yo lo he repetido muchas veces: no hemos aprendido a amar, aun cuando hayamos dado todas las cosas, si no nos hemos dado a nosotros mismos. Darse en la sencillez de lo cotidiano, y no sólo en grandes solemnidades. Darse aun cuando nos cueste muchísimo sonreír. Pero sonreír no artificialmente y en superficialidad, sino con una sonrisa que nace de una comprensión muy honda y de la seguridad de que el Señor está. Es la sonrisa que nace adentro y es signo de que Dios está, de que Dios es amor, de que Dios nos comunica la paz.

Dar a los demás significa, cuando uno está cansado y no puede más,pensar de esta manera: “Sin embargo, hay alguien que puede menos que yo. Estoy enfermo y no doy más; ¿pero no tendré un poco de fuerza para salir e ir a visitar a alguien que está más enfermo que yo? Es que yo estoy viviendo un momento de cruz. ¿No será la manera para que adentro se me ilumine la esperanza acercarme a mi hermano, que también está desalentado, y decirle una palabra que lo aliente, que lo confirme en la esperanza?”. Eso es darnos, eso es partir el pan.

#Tiberíades #Emaús #Pironio

Tiempo de esperanza

Oración Pironio

Meditación del Cardenal Eduardo Pironio,en Mar del Plata, en el año 1974, en el contexto de la Semana Santa (martes santo):

«Ustedes me dirán: “¿Y usted habla todavía de esperanza?”. Ciertamente que sí. Precisamente porque hace más falta que nunca. Porque se nos va secando adentro la esperanza y vemos que las posibilidades afuera van siendo quizás menores. Por eso hace falta gritar a los hombres que Cristo resucitó. Pero no sólo tenemos que esperar nosotros, no sólo tenemos que ser nosotros hombres de esperanza, y es en lo que yo quiero insistir más esta noche, sino que tenemos que ser artífices de esperanza, es decir, testigos de esperanza, que logren infundir, no artificialmente, por supuesto, sino realmente, constructivamente, la esperanza en los hombres, en los pueblos, en la sociedad.

Ser hombres de esperanza: ser para los hombres que caminan en la desilusión y en la sensación del fracaso y del cansancio, los hombres que saben dar un grito de esperanza cierta y creadora: “Cristo resucitó”.

En medio de la noche, cuando todo es oscuridad, es cuando hay que gritar más fuerte que la mañana se acerca, que la luz está, que Cristo vive. No se trata entonces, siendo hombres nuevos como vamos a ser todos en la noche de la Vigilia Pascual, de sentirnos personalmente felices nosotros, renovados por dentro y seguros de decir: ahora me siento inmensamente feliz, ahora creo, ahora espero, me siento tranquilo. No.

Al salir de la Vigilia Pascual, después de haber encendido otra vez el cirio y mostrarlo en mis manos,como un símbolo de mi vida iluminada de nuevo en Cristo, tengo que volver a casa. Alguien habrá quedado en casa tal vez más pesimista y tengo que gritarle la esperanza, esa misma noche quizás tengo que encontrarme con alguien por el camino o al día siguiente o en la semana–en la escuela, en la oficina, en el mercado, en la calle–alguien que se siente un poco pesimista, como derrotado y tengo que decirle: “Ha resucitado Cristo, estamos en la semana de Pascua”. Pero no superficialmente, no gritar simplemente“resucitó Cristo” y que las cosas sigan como antes. “Resucitó Cristo, entonces yo he cambiado, entonces todos cambiamos, entonces tenemos que comprometernos a cambiar la historia”.

Canción de la esperanza

No me robarán la esperanza,
no me la romperán;
vengan a cantarla conmigo,
vengan a cantar.

Creo que detrás de la bruma
el sol espera.
Creo que en esta noche oscura
duermen estrellas.

Creo en los ocultos volcanes
sin ver sus fuegos.
Creo que esta nave perdida
llega a su puerto.

No me robarán la esperanza,
no me la romperán;
vengan a cantarla conmigo,
vengan a cantar.

Creo en el hombre razonable
y no en la fuerza,
pienso que la paz es simiente
bajo la tierra.

Creo en la nobleza del hombre
de Dios imagen
y en la voluntad
de los hombres que se levantan.

No me robarán la esperanza,
no me la romperán.
El árbol que lo han herido
pronto renacerá.

Letra: Esteban Gumucio – Música: Andrés Opazo

Interpretación: Cristóbal Fones, sj (De la obra «Tú, mi hermano» – Cristóbal Fones canta a Esteban Gumucio).

#Tiberíades #Me_has_hablado_en_mil_canciones

La vida de Pi

La vida de Pi

«La vida de Pi», una película de Ang Lee, narra la singular historia de Pi, un niño dotado de una profunda inclinación a la vida espiritual que, en un momento de su vida, resultará fundamental para encontrar sentido a su sufrimiento y propósito a su vida.

Es una historia interesante para reflexionar sobre la fe, la presencia de Dios en nuestras vidas, el diálogo con otras religiones, la relación entre la fe y la ciencia, entre otros.

En esta presentación que compartimos, encontrarás diálogos y preguntas para la reflexión. Esperamos que sea de utilidad.

Si la entrada resultó de tu agrado, te pedimos que la compartas. Gracias!!!

#Tiberíades #Cinco panes #La_vida_de_Pi