Coplas de Yaraví

Los signos son elocuentes: una quena, arcilla blanda, semilla, leña seca. Y la finalidad de cada uno revela una misión: abrirse al amor de Dios en el servicio a los hermanos.

Ser música de Dios para lleva a todos un mensaje de esperanza.

Arcilla que se deja modelar, que reconocer ser obra en manos del gran Artesano.

Semilla que encierra en su pequeñez la fuerza de un misterio que cae en tierra para dar fruto.

Leña seca que se deja arder para brindar cobijo.

Un sencillo y bello programa de vida.

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Los símbolos del Espíritu Santo

Los símbolos del Espíritu Santo

La Paloma

En la Biblia, la paloma es símbolo de sencillez y de pureza, pero también de fidelidad y de amor. El Espíritu de Dios baja como una paloma porque trae la pureza y la sencillez y porque confirma nuestra vida en la fidelidad y el amor.

Después soltó una paloma, para ver si las aguas ya habían bajado. Pero la paloma no pudo encontrar un lugar donde apoyarse, y regresó al arca porque el agua aún cubría toda la tierra. Noé extendió su mano, la tomó y la introdujo con él en el arca.
Luego esperó siete días más, y volvió a soltar la paloma fuera del arca. Esta regresó al atardecer, trayendo en su pico una rama verde de olivo. Así supo Noé que las aguas habían terminado de bajar.
Esperó otros siete días y la soltó nuevamente. Pero esta vez la paloma no volvió. Génesis 8, 8-12

“Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia Él”.  Mateo 3, 16

La Nube

En la Biblia, la nube simboliza la presencia de Dios que en le desierto del Éxodo protege con su sombra al pueblo en marcha. Cuando la nube bajaba sobre la Tienda del Encuentro que contenía el Arca de la Alianza, Dios se hacía presente en medio de su pueblo.

“El Señor dijo a Moisés: Yo vendré a encontrarme contigo en medio de una densa nube, para que el pueblo pueda escuchar cuando yo te hable”. Ex 19, 9

«El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios». Lucas, 1, 35

La Luz

Es uno de los símbolos más claros del Espíritu, que ilumina el corazón de os creyentes y disipa las tinieblas del egoísmo y de la ignorancia. El Espíritu es luz, sabiduría, comprensión, discernimiento…

“El sol ya no será tu luz durante el día, ni la claridad de la luna te alumbrará de noche: el Señor será para ti una luz eterna”.  Is 60, 19

El Viento

También llamado “Soplo de Dios”, es símbolo de la acción vivificante y santificadora del Espíritu Santo.  Por el “Soplo de Dios” el hombre cobra vida en la Creación.

“El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu”. Jn 3, 8

«Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban». Hch, 2, 1-2

El Aceite

El aceite, fruto del olivo, es un elemento básico en la vida del pueblo judío: alimento, bálsamo y perfume, base de ungüentos y medicamentos… Pero simboliza sobre todo al Espíritu, que con el óleo perfumado consagra a los reyes, a los profetas y a los sacerdotes.

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres”. Isaías 61, 1

El Agua

El agua en la Biblia no sólo es símbolo de purificación sino sobre todo de vida plena y abundante. Es por eso que representa también a la Palabra de Dios y al Espíritu que como agua fresca da vida a todos los seres.

«Porque derramaré agua sobre el suelo sediento y torrentes sobre la tierra seca; derramaré mi espíritu sobre tu descendencia y mi bendición sobre tus vástagos». Is 44, 3

“El último día, el más solemne de la fiesta, Jesús, poniéndose de pie, exclamó: El que tenga sed, venga a mí, y beba el que cree en mí. Como dice la Escritura: De su seno brotarán manantiales de agua viva.

El se refería al Espíritu que debían recibir los que creyeran en él.” Jn 7, 37-39

Vino y Pan

El vino, símbolo universal de alegría y de fiesta, es para la Biblia, el símbolo de la alegría mesiánica. Con el pan representa el alimento básico de cualquier banquete y en particular el banquete eterno que ofrece el Mesías.

“Ve, entonces, como tu pan con alegría y bebe tranquilamente tu vino, porque a Dios ya le agradaron tus obras”.  Ecl 9, 7

El Arco Iris

El arco iris es uno de los signos de la Alianza que Dios establece con su pueblo prometiendo alejar de él todos los males, así como se dio en los orígenes, después del diluvio universal.

“Cuando cubra de nubes la tierra y aparezca mi arco entre ellas, me acordaré de mi alianza con ustedes y con todos los seres vivientes”. Gn 9, 14-15

El Esplendor

En la Biblia, el Esplendor o Gloria de Dios, es el signo de su presencia llena de ternura y amor. En el Éxodo de liberación, cuando aparece el esplendor de Yavé se manifiesta plenamente su Proyecto de Amor para con su pueblo.

“Moisés dijo: Por favor, muéstrame tu gloria. El Señor le respondió: Yo haré pasar junto a ti toda mi bondad y pronunciaré delante de ti el nombre del Señor, porque yo concedo mi favor a quien quiero concederlo y me compadezco de quien quiero compadecerme”. Ex 33, 18-19

El Fuego

La llama viva del fuego es el símbolo de la fuerza y del ardor apasionado del amor de Dios que se propaga en el corazón de los hombres. Es por eso que acompaña las manifestaciones de la presencia de Dios en medio de su pueblo.

“Allí se le apareció (a Moisés) el Angel del Señor en una llama de fuego, que salía de en medio de una zarza”. Ex 3, 2

«Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse». Hch 2, 3-4

El Rocío

El rocío, que en la noche cubre los áridos valles y refresca la vegetación, es símbolo de la presencia discreta y reconfortante del Espíritu en nuestra vida. La llegada de la salvación definitiva es animada con el rocío del Espíritu que alivia nuestra espera.

¡Destilen, cielos, desde lo alto, y que las nubes derramen la justicia! ¡Qué se abra la tierra y produzca la salvación, y que también haga germinar la justicia! Isaías 45, 8.

La Mano

En la Biblia, la mano o el dedo de Dios, simbolizan la fuerza de su Espíritu que obra en la creación y en la historia humana. Dios abre su mano y su Espíritu se manifiesta como poder vivificador.

“Entonces el Señor Dios modeló con arcilla del suelo a todos los animales del campo y a todos los pájaros del cielo”.  Gn 2, 19

«Cuando los Apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que los samaritanos habían recibido la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. Estos, al llegar, oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo. Porque todavía no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente estaban bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo» Hechos 8, 14-17.

Un Sello

El día de nuestro bautismo, la unción con el Santo Crisma, sella nuestra pertenencia a Dios. El Espíritu Santo deja en nosotros una «marca» indeleble que indica nuestra consagración a Dios.

En él, ustedes, los que escucharon la Palabra de al verdad, la Buena Noticia de la salvación, y creyeron en ella, también han sido marcados con un sello por el Espíritu Santo prometido. Ef 1, 13

En esta presentación podrás apreciar todos los símbolos mencionados…

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Agradecimiento

Samaritano II

Ser agradecido es una virtud. Sin duda, aprendemos a ser agradecidos en  la medida en que tomamos conciencia del enorme valor del otro en nuestras vidas. Claro, hay cosas o situaciones que, por su envergadura, difícilmente podemos equiparar a la hora de pensar en una retribución… ¿Cómo retribuir a nuestros padres por la vida recibida? Cierto que, alguien, podría contestar: «Bien, retribuimos en la medida en que honramos nuestra vida…». Suena interesante, pero, creo, el nudo no está por allí, porque los dones entregados se ofrecen desde un total desprendimiento de sí y no reclaman (ni necesitan) de retribución… Se entregan y se viven con intensidad… Por ello, ante un favor o un don recibido, no se devuelven, pero se agradecen. ¿Por qué? Porque el agradecimiento es una sencilla muestra de que el cariño, el respeto o el amor que movilizaron la acción ha llegado al corazón y ha dado lugar a una transformación.

Esto que describimos, sucedió con el leproso samaritano. La bondad de Jesús llegó a su corazón y esa bondad inició en él una profunda transformación. ¿En los otros? Hubo un obstáculo, una cerrazón… para ellos habrá que esperar una nueva oportunidad. Mientras tantos, sigamos la huella del samaritano… ¿a quién tenés que decir «gracias», hoy?

Si querés escuchar una canción inspirada en este pasaje del Evangelio de Lucas (17, 11-19), seguí el enlace… Gracias, Señor

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