
Dos grandes celebraciones se realizan este día: la Misa Crismal y la Misa vespertina de la Cena del Señor.
La Misa Crismal es la celebración en la cual el Obispo y todo su clero se reúnen para acrecentar la unidad sacerdotal en torno a la celebración de la Eucaristía. En ella, todos los sacerdotes renuevan sus promesas sacerdotales (en consonancia con el espíritu de la Ultima Cena en la cual Jesús instituye el sacramento del Orden Sagrado), además, el Obispo bendice los óleos que serán utilizados para los bautismos, la unción de los enfermos, la confirmación, y la consagración sacerdotal.
Recibe su nombre por el Santo Crisma, óleo utilizado en los tres sacramentos que imprimen carácter: Bautismo, Confirmación y Orden Sagrado.
Por la tarde del jueves tiene lugar la Misa de la Cena del Señor que recuerda la institución de la Eucaristía, del Orden Sagrado. Además, es el día del amor fraterno, cristalizado en el gesto del lavatorio de los pies.
Egeria nos cuenta que en Jerusalén se celebraba la eucaristía hacia las cuatro de la tarde en la cima del Calvario.
La lectura del lavatorio de los pies se incluyó por iniciativa de San Gregorio Magno en el s. VI. Poco tiempo después, el Concilio de Toledo recomendó el lavatorio de los pies cuyo sentido es visualizar el evangelio proclamado y apreciar la intensidad del gesto realizado por Jesús.
También nos relata Egeria la costumbre de visitar las Iglesia levantadas sobre los lugares emblemáticos de la Pasión del Señor después de la misa del jueves. Así pasaban la noche del jueves al viernes: leyendo pasajes de la escritura y cantando salmos.
Dos canciones, una de Alejandro Mayol y, la otra, del padre Néstor Gallego, nos ayudan a profundizar en el espíritu de esta celebración.
«No hay mayor amor» expresa con intensidad el espíritu que acompaña la celebración de la última cena: Cristo sabe que ha llegado su hora y, en virtud de ello, se entrega generosamente: en el servicio a sus discípulos como muestra, ejemplo de lo que tendrán que hacer con el gesto del lavatorio de los pies y sacramentalmente en la partición de pan en la mesa eucarística. Horas después, los discípulos los verán elevarse como vieron elevar el paz consagrado en la cena. En este contexto, Jesús anima y fortalece a sus discípulos: «No tengan miedo, les enviaré mi Espíritu».
La obra pertenece a Alejandro Mayol y forma parte de «La Pasión según san Juan».
No hay mayor amor
La hora se va acercando,
Jesús enseña en el Templo,
nos quiere dejar ejemplo
de serenidad y paciencia;
tal vez no haya mayor ciencia
que el justo valor del tiempo.
Los corazones inquietos
preparan la última cena.
Por otro lado, la condena
se trenza entre funcionarios:
«Un traidor es necesario
para eso están las monedas «.
Llegó el jueves por la tarde,
Jesús reunió a sus amigos:
«los quiero a todos conmigo
en esta noche especial,
me he jugado por los míos…
los amaré hasta el final»
No hay mayor amor
que dar la vida,
no hay mayor amor,
no hay mayor amor…
«Este es mi cuerpo y mi sangre,
todo esto es lo que soy.
Quedo por siempre entre ustedes,
aunque parta no me voy».
«No teman, amigos míos,
si algún tiempo no me ven,
pues si entre ustedes se quieren
me verán a mí también».
«El miedo no es sentimiento
que abriga el que cree en mí.
Recuerden estas palabras:
al mundo yo lo vencí».
«Les enviaré mi Espíritu
que consuele en el dolor,
alentará la esperanza,
traerá fuego al corazón».
El lavatorio de los pies es el gesto que orienta el estilo que el cristiano ha de imprimirle a su vida: la generosidad en el servicio, la cultura del dar por encima de la búsqueda del poder, tener y placer. «Quien quiera saber vivir, que viva para servir» nos enseña esta canción de Néstor Gallego, en la obra La Pasión.
Quien quiera saber vivir…
Sabiendo que se acercaba la hora de la pasión
Jesús con sus doce amigos
por última vez comió;
y en medio de aquella cena,
les quiso mostrar su amor
lavando los pies a todos,
lo mismo que un servidor.
Quien quiera saber vivir,
que viva para servir.
Quien quiera el primer lugar,
que aprenda a ser servicial.
«Señor no te lo permito.
No puedes lavar mis pies».
«Simón, lo que haré contigo,
muy pronto vas a entender.
Tu parte tendrás conmigo,
si dejas lavar tus pies».
«Entonces mi cuerpo entero,
Señor, te lo entregaré».
«Si yo que soy el Maestro
les quise lavar los pies,
fue solo por dar ejemplo
de lo que tendrán que hacer.
En el Reino de los Cielos
las cosas son al revés;
quien quiera ser el primero,
que sirva con sencillez.»
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