Pon a tu pueblo de pie

Catequesis sobre el Adviento

Compartimos en este posteo la catequesis ofrecida a tres comunidades de la Diócesis de Mar del Plata, destinada a catequistas y agentes de pastoral; con el objetivo de ofrecer recursos y actividades para preparar, en comunidad, la llegada de la Navidad.

Orden del encuentro

  1. Introducción: Venga tu Reino
  2. Narración. Lluvia de ideas
  3. Sentido del adviento: litúrgico, espiritual y escatológico.
  4. La corona del adviento. Consagración del tiempo a Dios.
  5. Isaías: evangelista del antiguo testamento.
  6. Calendario de adviento. Aportes de los participantes.
  7. Cuento: la primera navidad.
  8. Acunando a Niño Dios

1.- Venga tu Reino

“Venga a nosotros tu Reino” es una expresión que, repetidamente, decimos a lo largo del año. Presente en el Padre nuestro; también en variados textos litúrgicos, nos recuerda el tema central de la predicación de Jesús, el Reino de Dios presente entre nosotros y la fe en la segunda venida de Cristo, aquella que afirmamos en el Credo y manifestamos en cada celebración eucarística: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven Señor Jesús!!”.

La canción «Venga tu Reino», compuesta por el padre jesuita Cristóbal Fones, nos invita a ponernos en marcha en una espera activa de la llegada del Señor. «Pon a tu pueblo de pie» es una exhortación a estar atentos y vigilantes.

Venga tu Reino

Somos Pueblo de Dios, Iglesia Peregrina
como una gran familia que camina unida 
venimos a cantar en la fracción del pan 
que nuestra fuente es el Dios de la Vida 

Venga a nosotros tu Reino de Amor 
pon a tu Pueblo de pie 
celebraremos contigo, Señor 
renueva nuestra esperanza 
celebraremos contigo, Señor 
una fiesta de nueva alianza 

Somos Cuerpo de Cristo, Iglesia que comparte 
y que alimenta al mundo tan dolido de hambre 
venimos a cantar en la fracción del pan 
que nuestro amor es el Dios hecho carne 

Somos Templo sagrado del Espíritu Santo 
como un hogar que acoge alegría y dolor 
venimos a cantar en la fracción del pan 
que nuestra fuerza es Dios Consolador.

Para descargar la letra de «Venga tu Reino», sigue el enlace.

2.- Desafío de Adviento

En este encuentro buscaremos poner en común todo lo que conocemos del Adviento, resignificar ese conocimiento y poder traducirlo en acciones concretas, personales y comunitarias. Para ello, compartimos con los presentes una historia que nos servirá de marco:

Maura, Jennifer y Tadeo se han incorporado a la parroquia Nuestra Señora de las Búsquedas. El párroco, José María Buendía, nos ha encargado que los acompañemos en su ingreso a la comunidad, ayudándolos a adentrarse en el Año litúrgico y así, poder comprender el sentido de cada celebración. El sacerdote los ha animado a prestar un servicio desde la liturgia y por tal motivo requiere de nuestra ayuda. ¿Por dónde comenzamos?

El punto de partida será organizar todo lo que conocemos del Adviento, es decir, por medio de una lluvia de ideas, manifestar cuál es el contenido esencial de este tiempo. Recordemos oraciones, lecturas y canciones propias de este tiempo.

Realizada la lluvia de ideas, nos preguntamos: ¿por qué este texto, lectura o canción pertenecen al Adviento? Trataremos de buscar, aquí, una frase de cada texto recordado que sea representativa de este tiempo litúrgico. En tiras de papel anotamos las frases y las disponemos de tal manera que todos puedan apreciarlas.

¡Qué importante que nuestro lenguaje sea comprendido por los destinatarios: Maura, Jennifer y Tadeo! Hoy, resulta difícil que los lenguajes típicos para comunicar la fe (bíblico, litúrgico o doctrinal) sean comprendidos por muchas personas que se acercan a nuestra comunidades o que escuchan nuestro testimonio de fe. Es importante, pues, que pensemos cómo acercarnos a ellos utilizando un lenguaje enraizado en la vida cotidiana para introducirlos, poco a poco, en la fe cristiana.

3.- Sentido del adviento

¿Qué entendemos cuando pensamos en el Adviento?

Si pensamos en los cuatro domingos que nos preparan a la celebración de la Navidad, hablamos del Adviento litúrgico. Un tiempo de preparación y penitencia que nos dispone, desde su contenido (Palabra de Dios y textos litúrgicos) y, también, desde sus símbolos (el color morado, la corona de adviento, el armado del pesebre, entre otros) a recibir al Niño Dios.

Pero la venida de Cristo es un acontecimiento que puede darse en cualquier momento del año. Son muchas las lecturas que nos invitan a prepararnos para recibir a Jesús “en la hora menos pensada”. Se descubre, ante nosotros, la posibilidad de una experiencia espiritual: el encuentro personal con Jesús, que cambia y transforma nuestra vida. Estar atentos a ese encuentro es disponernos a vivir un adviento espiritual que, insistimos, puede ocurrir en cualquier momento de nuestra vida.

Finalmente, sabemos que, un día, la historia terminará y Jesús vendrá con gloria a reinar para siempre (no olvides que el domingo de Cristo Rey, reflexionamos la parábola del Juicio final -Mt 25-, que nos anticipa ese momento que determinará el final de los tiempos). Es el adviento escatológico. Así lo dice el Credo:

Subió a los cielos.
Desde allí, ha de venir a juzgar
a los vivos y a los muertos.

También lo manifestamos en otros textos litúrgicos, por ejemplo:

Así, Padre,
al celebrar ahora el memorial
de la pasión salvadora de tu Hijo,
de su admirable resurrección y ascensión al cielo,
mientras esperamos su venida gloriosa,
te ofrecemos, en esta acción de gracias,
el sacrificio vivo y santo.

Plegaria Eucarística III

Entonces, si siempre hemos de estar preparados para recibir al Señor que llama a nuestra puerta, ¿por qué celebramos este tiempo litúrgico? La primera respuesta es sencilla: porque nos disponemos a celebrar la Navidad preparándonos conscientemente (ese es uno de los objetivos de este encuentro). La Navidad, junto con la Pascua, son los dos grandes momentos del año litúrgico porque ponen en el centro de la atención los dos grandes misterios de la fe: la encarnación del Hijo de Dios y su pasión, muerte y resurrección.

La segunda respuesta que podemos dar es que estos cuatro domingos buscan formar en nuestras conciencias la importancia de crecer en la vida espiritual y estar atentos y preparados para cuando el Señor nos llame a su presencia. Por supuesto, no se trata de vivir con miedo ni ansiedad, sino de vivir al estilo de Jesús. No es una espera pasiva, sino activa:

Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón,
velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa.
Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada.
¿Cuál es, entonces, el servidor fiel y previsor, a quien el Señor ha puesto al frente de su personal,
para distribuir el alimento en el momento oportuno?
Feliz aquel servidor a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo.

Mt 24, 43-46

4.- La corona del adviento.

Se trata de un signo que nos acompaña durante las cuatro semanas previas a la Navidad. Como signo, no es un fin en sí mismo, por el contrario, es un medio que nos ayuda a vivir el Adviento seriamente, con la mirada puesta en el Nacimiento de Jesús.

Cuatro velas y algo de follaje dispuesto en forma circular. Las velas se encienden una por una, cada domingo, iluminando el camino que realizamos hacia la Navidad. A medida que encendemos las velas, la «luz del mundo» se hace presente en nuestras vidas.

«Hoy se enciende una llama» es una linda canción para acompañar la oración frente a la Corona de Adviento. En este mismo enlace, encontrarás una propuesta de oración para cada domingo del adviento.

5.- El profeta Isaías: el evangelista del Antiguo Testamento

Son muchos los protagonistas bíblicos del Adviento. Para empezar, María y José tienen un protagonismo exclusivo. Por su parte, Juan el Bautista nos habla de «preparar el camino del Señor». No olvidemos, también, a Isabel y Zacarías, sus padres. En los relatos bíblicos donde son mencionados, apreciamos actitudes que nos ayudan a disponer el corazón para recibir a Jesús en nuestras vidas: disponibilidad, entrega, confianza… Pero, en este encuentro, queremos destacar a un protagonista que viene de la Antiguo Alianza, al que san Jerónimo denominó «evangelista del Antiguo Testamento.

Hablamos del profeta Isaías, quien, de manera especial durante el Ciclo Litúrgico A, nos acompaña desde la primera lectura de cada domingo. Isaías es el profeta que con mayor claridad habla de Jesús, anticipando su encarnación como, también, su pasión y glorificación.

A continuación, algunos versículos esenciales para este tiempo de preparación:

Vengan, subamos a la montaña del Señor 2, 3

¡Ven, casa de Jacob, y caminemos a la luz del Señor! 2, 5

La joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel 7, 14

Saldrá una rama del tronco de Jesé y un retoño brotará de sus raíces. Sobre él reposará el espíritu del Señor 11, 1-2

¡Regocíjense el desierto y la tierra reseca, alégrese y florezca la estepa! 35, 1

¡Consuelen, consuelen a mi Pueblo, dice su Dios! Hablen al corazón de Jerusalén 40, 1-2

Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios 40, 3

El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. El me envió a llevar la buena noticia a los pobres, a vendar los corazones heridos, a proclamar la liberación a los cautivos y la libertad a los prisioneros, a proclamar un año de gracia del Señor. 61, 1-2

Pero tú, Señor, eres nuestro padre, nosotros somos la arcilla, y tú, nuestro alfarero: ¡todos somos la obra de tus manos 64, 7

¿Cuáles son las actitudes que nos propone el profeta? Hagamos un listado de verbos… Pensemos, ¿en qué acciones concretas podemos cristalizar sus recomendaciones? ¿Qué inspiran en nosotros las palabras de Isaías?

6.- Calendario de adviento

Maura, Jennifer y Tadeo están muy entusiasmados y desean vivir el Adviento con profundidad. Para ello, les ofrecemos preparar el Calendario de Adviento, donde podremos definir algunas acciones que nos preparen a vivir la Navidad al modo de Jesús.

¿Qué acciones podemos sugerirles para vivir intensamente este tiempo? Será importante que las acciones a señalar sean realizables, sencillas y concretas, además, que sean abarcativas, a realizar de manera personal, familiar o comunitaria. Que puedan relacionarse con la vida contemplativa (orar, meditar la Palabra, visitar un santuario) y con la vida activa (visitar a un enfermo, compartir nuestros bienes con los demás, participar de una iniciativa solidaria).

Para descargar un archivo con el calendario para imprimir, pulsa aquí.

7.- Cuento: La primera Navidad

La Primera Navidad (Claudia Bechech)

Todo el cielo estaba alborotado preparando la primera Navidad de la historia; en pocos días más, Dios se haría hombre, y nacería en un pequeño pueblito llamado Belén, ¡y todavía había tanto que hacer!

En medio del revuelo general, el ángel Bernardo Cielolimpio se paseaba nervioso y pensativo:

-No me lo puedo perder. Tengo que estar ahí, cerca de El. Daría hasta mis alas por ver a Jesús recién nacido, pero… ¿cómo?

En una de esas, vio un gran cartel en una esquina del cielo: «El maestro Rogelio Alacorta busca voces para formar parte del coro celestial que anunciará a los hombres el nacimiento de Jesús».

– ¡Esta en mi oportunidad de estar cerca del Niño Jesús! -se dijo Bernardo.

El maestro Alacorta aceptó a Bernardo, pero le advirtió muy serio:

– Muy bien, ya formás parte del coro celestial, pero no faltes a ningún ensayo. Las canciones deben salir perfecto. ¿Entendido?

– Si, maestro. No faltaré -contestó Bernardo que no podía ocultar su alegría.

Pero a pesar de su determinación y de sus enormes ganas, no pudo ensayar ni una sola vez; un día porque llevó hasta su casa a un angelito bebé que se había perdido; otro día, porque se quedó ayudando a los ángeles que estaban preparando la estrella de Belén; otro, porque se encontró con Santiago Nubarrón, con quien estaba peleado, y conversaron hasta amigarse de nuevo; otro más, porque un amigo le pidió ayuda para coser su túnica… Y así, cuando se quiso acordar, era 24 de diciembre, es decir, el último día de ensayo.

Bernardo se ubicó en el coro, pero cuando estaba cantando «Gloria a Dios en las alturas”, se equivocó, y el maestro Alacorta, muy serio, le dijo que, lamentablemente, no podía quedarse en el coro.

Bernardo estaba más que tristísimo y no encontraba consuelo. Ya se acababa el día y comenzaba la noche más buena de todos los tiempos, porque era la noche que vería nacer al Señor.

El ángel secó sus lágrimas y se puso a buscar una nube con buena vista a la tierra para poder por lo menos, espiar el gran acontecimiento. Pero lo paralizó una voz sin palabras, que resonó es su corazón, llamándolo.

Así que… ¡apurate que ya se van todos!

Era Dios Padre, y hacia El se dirigió sin tardar.

– Hola Bernardo, ¿cómo estás?

– Bien, Diosito, gracias.

– Si no me equivoco, tu mayor deseo era ver a Jesús recién nacido, ¿verdad? Bien ahora vas a bajar a ese humilde portal donde mi Hijo va a nacer y al lado del pesebre velarás su sueño.

– ¿Yo… yo…, Señor? ¿Por qué yo?

– Porque en medio de tantos preparativos para el nacimiento de Jesús, vos preparaste lo más importante: tu corazón; ayudando a los que te necesitaban, olvidando peleas, rencores, dejando hasta tus propias cosas para ocuparte de los demás, en una palabra, amando, y así es como yo quiero que, hoy y siempre, preparen la Navidad.

– Gracias, Diosito. Muchísimas gracias -dijo Bernardo emocionadísimo.

– De nada m’hijito. Y que lo disfrutes.

Ahora ya saben: cuando armen el pesebre y pongan ese angelito en la cabecera del Niño Jesús o en el techo del portal, no se olviden que ese es Bernardo Cielolimpio, y que está ahí, cerca del Señor porque preparó la Navidad con un corazón lleno de amor para todos.

A la luz del cuento y teniendo presente el calendario de Adviento, ¿a partir de qué acciones concretas puedes vivir, al modo de Jesús, este tiempo? ¿Cómo prepararnos a recibir al Niño Dios que busca nacer en nuestros corazones?

Juntos, vamos a armar este calendario que podemos compartir en las redes sociales con el hastag #VenSeñorJesús #NavidadEsJesús

8.- Acunando al Niño Dios: María de la esperanza.

Para finalizar este encuentro, nos confiamos en las manos de la Madre de Jesús, contemplada en esta canción como María de la esperanza.

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#VenSeñorJesús #NavidadEsJesús

Con corazón de padre

Por medio de la Carta Apostólica Patris Corde, el Papa Francisco nos invita a celebrar un año santo dedicado al Custodio del Señor, con motivo de los 150 años de la declaración de San José como Patrono de la Iglesia Universal.

Patris Corde nos ayuda a reconocer el don de la paternidad que se realiza desde el amor, la ternura, la obediencia, la acogida, la valentía, el trabajo… «Nadie nace padre, sino que se hace. Y no se hace sólo por traer un hijo al mundo, sino por hacerse cargo de él responsablemente. Todas las veces que alguien asume la responsabilidad de la vida de otro, en cierto sentido ejercita la paternidad respecto a él» (Patris Corde, 7).

Sabemos poco de José, pero lo que los evangelios nos enseñan, nos permite apreciar su entrega generosa a la voluntad y el rol cumplido en función de «custodiar» la vida del Redentor.

«José vio a Jesús progresar día tras día «en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres» (Lc 2,52). Como hizo el Señor con Israel, así él “le enseñó a caminar, y lo tomaba en sus brazos: era para él como el padre que alza a un niño hasta sus mejillas, y se inclina hacia él para darle de comer” (cf. Os 11,3-4).

Jesús vio la ternura de Dios en José: «Como un padre siente ternura por sus hijos, así el Señor siente ternura por quienes lo temen» (Sal 103,13).

En la vida oculta de Nazaret, bajo la guía de José, Jesús aprendió a hacer la voluntad del Padre. Dicha voluntad se transformó en su alimento diario (cf. Jn 4,34). Incluso en el momento más difícil de su vida, que fue en Getsemaní, prefirió hacer la voluntad del Padre y no la suya propia[16] y se hizo «obediente hasta la muerte […] de cruz» (Flp 2,8). Por ello, el autor de la Carta a los Hebreos concluye que Jesús «aprendió sufriendo a obedecer» (5,8)». Patris Corde, 2.-

«Todos estos acontecimientos muestran que José «ha sido llamado por Dios para servir directamente a la persona y a la misión de Jesús mediante el ejercicio de su paternidad; de este modo él coopera en la plenitud de los tiempos en el gran misterio de la redención y es verdaderamente “ministro de la salvación”». Patris Corde, 3.-

Papa Francisco.- Patris corde.-

Compartimos una bella canción de Daniel Poli, que nos invita a reconocer en José al inspirador de muchas enseñanzas de Jesús: por su cercanía, sus consejos, la experiencia compartida, su coherencia e integridad de esposo, padre y trabajador.

Mientras te acunó en mis brazos entre lágrimas de amor,
es que a veces no comprendo este pobre corazón
y pensar que había pensado abandonarla en secreto
de no hacer sido por el Ángel y de lo que dijo en aquel sueño.
Si todavía me cuesta creer que se haya fijado en mí el cielo,
espero sepas comprenderme, yo solo soy un pobre carpintero.

Aquí cuidando de tu madre y contigo aquí en mis brazos,
soy más feliz que el hombre más feliz que la Tierra haya pisado
rero está tan fría esta noche y estamos tan lejos de casa.
Ay! Dios qué raros son tus planes, dije a la noche estrellada.
Hubiera querido darte un palacio y no este agujero
pero Tú sabes no hay lugar para el hijo del carpintero.

Y te cantaré canciones de nuestro pueblo y su cansancio,
inclinado ante la cuna que haré con mis propias manos.
Cuando crezcas cada noche te contaré historias de sembradores,
de semillas de tierra fértil, de ovejas perdidas y de pastores.
De un hombre que encontró un tesoro y por él lo dejó todo
y así sabrás cuanto te quiero y aquel que hombre es este carpintero

Y te veré crecer despacio en cada primavera,
te hablaré de nuestro Dios, te enseñaré lo que pueda.
Este es el hombre que soy, eso es todo lo que puedo darte,
no tengo oro ni plata, solo un corazón para amarte,
el que solo entiende de clavos y madera
y que por Ti daría, daría su vida entera.
Es que por Ti daría mi vida entera.

#Tiberíades #MeHasHabladoEnMilCanciones #Daniel Poli #José #PatrisCorde

Sagrada Familia itinerante

Huida

¿Qué nos dicen las imágenes de Navidad, especialmente, las de la Sagrada Familia? ¿Qué idea nos transmiten? El arte, en sus distintas expresiones, nos ha ayudado a hacernos una idea acerca de los sucesos de Navidad. Son imágenes típicas las de María y José camino de Belén a lomo de burro, la soledad del pesebre en la espera silenciosa de la llegada del Niño, la visita de pastores y magos con su colorido y romanticismo, las de la huida a Egipto y, finalmente, la vida en Nazaret. Cada una de estas imágenes, como decíamos, ha formado en nosotros aquello que concebimos como Navidad.

Para muchos, el pesebre tiene toques de romanticismo: un hombre y una mujer a la espera de un nacimiento, en un lugar poco apropiado, pero lleno de ternura. Sin embargo, esta concepción ha de estar lejos de aquella primera navidad y, muy probablemente, cierta angustia debe haber acompañado a la Sagrada Familia en su búsqueda de un lugar seguro donde dar a luz a Jesús. Esto es, sin duda, la búsqueda de todo ser humano: una vivienda digna que se transforme en hogar, santuario de la vida y comunidad de personas.

En estos días fueron muchas las imágenes de Navidad surgidas de la contemplación de la realidad presente. O sea, cómo el tiempo que nos toca vivir, con sus desafíos y obstáculos, nos ayudan a acercarnos a la realidad de esta Familia de Dios que, dos mil años atrás, se vio forzada a ser Familia itinerante.

Para esta reflexión, quisiera acompañarme de algunas de esas imágenes, presentes en las redes sociales, que me hicieron pensar la Navidad desde otro lugar. Quisiera comenzar por una obra de Bansky, el artista callejero londinense, del que no se conoce su identidad y que ha sorprendido a la opinión pública con obras realizadas furtivamente en espacios públicos con fuertes críticas al capitalismo y al estilo consumista de vida. Una de sus últimas obras apareció, días atrás, en un hotel de Belén (hotel conocido por tener «la peor vista del mundo» al estar situado frente al muro levantado por los israelíes para separar su territorio del Palestino, precisamente, donde se encuentra Belén, la ciudad de David…). Allí, instaló un pesebre, cuyo fondo es el mencionado muro de división, atravesado por un disparo de mortero, logrando formar una «estrella». En el mismo muro, pueden observarse dos palabra: love y peace (amor y paz).

«Cicatriz de Belén» (Scar of Bethlehem) es el título de la obra (se trata de un juego de palabras, ya que, el artista, juega con los términos scar/cicatriz y star/estrella) y es una clara alusión a la situación política reinante en uno de los lugares más santos del planeta: el del nacimiento del Salvador. De manera especial, la crítica se dirige hacia ese muro de división que acentúa diferencias, que promueve la segregación y el odio al distinto. Y justo en Belén, donde ha nacido Jesús, el «puente» que une a los hombres con Dios y a los hombres entre sí.

¿Qué puede decirnos la obra de Bansky, más allá del significado que el propio autor ha querido dar? Sin duda, recordar que todavía existen en el mundo muchos muros de división y que la cultura del encuentro tiene mucho trabajo por delante.

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Por otro lado, las amenazas a las que se ven sometidas tantas familias. Ese disparo de mortero, que nunca puede ser una referencia como sí lo es la estrella, es un llamado de atención a trabajar para alivianar el peso que tantas familias deben sobrellevar: el de la injusticia, la falta de trabajo, el dolor de la guerra, la falta de oportunidades… Es el caso de las familias inmigrantes que huyen del espanto de la violencia en busca de una tierra de paz. Así lo reflejan ests obras de Agustín de la Torre y Kelly Latimore, respectivamente.

 

Más que nunca resuena, hoy, el relato de la huida de la Sagrada Familia a Egipto. El texto de Mateo es escueto, pero claro y contundente: Herodes no quiere competidores y busca al Niño para matarlo (¿el disparo de mortero en la obra de Bansky?), allí comienza la huida. No sabemos en qué poblado egipcio se afincaron y cuánto tiempo vivieron allí (probablemente, dos años…) pero podemos imaginar muchas dificultades. A la muerte de Herodes regresan a Belén y, de allí, a Nazaret. Allí comienza otro período de la Sagrada Familia.

De Nazaret a Belén, de Belén a Egipto, de Egipto a Belén y de Belén a Nazaret. Esta itinerancia es rasgo de una familia en búsqueda permanente de mejores condiciones de vida, que recibe la vida naciente, la custodia y protege porque sabe que es su bien más preciado y que no renuncia, por comodidad o temor, a la voluntad de Dios. ¿Cuánto habrán influido estas experiencias en el Niño Dios? Este carácter itinerante, ¿no habrá calado hondo en Jesús llevándolo, casi treinta años después, a salir a los caminos y anunciar la presencia de Dios entre los hombres: aquellos que por los caminos buscaban un lugar donde estar a resguardo y vivir con sencillez la vida que Dios les ha regalado.

Pasa la Sagrada Familia entre nosotros. Pasa buscando mejores condiciones para recibir y resguardar la vida. La huida es Egipto es el llamado de Dios a trabajar juntos para hacer de este mundo un hogar seguro y agradable para todos los hombres. La empresa es muy grande como lo es el testimonio de la Familia de Nazaret.

#SagradaFamilia #NavidadEsJesús #Egipto #Tiberíades #buenosdiastardes

Tiempo de Dios, tiempo del hombre

Navidad

«Le llegó el tiempo…». El tiempo justo, la hora señalada es aquel momento en se concretan los anhelos de los hombres:

  • A María le llegó el tiempo de ser Madre, y dió a luz.
  • A José, el tiempo de ser padre: custodio de la vida naciente.
  • A los pastores: el tiempo de la alegría, el renacer de la esperanza…
  • A los Magos, la señal que invita a la marcha y reconocer nuevos caminos…

Navidad: tiempo del hombre. Tiempo para descubrir una nueva realidad: la del encuentro, la de la vida plena, la del abrazo y la reconciliación, la de la justicia largamente esperada, la del hombre nuevo.

Navidad: tiempo de Dios que quiere estar cerca del hombre y se hace pequeño para que éste lo tome en sus brazos.

Navidad: tiempo de Dios y de los hombres, que se encuentran en un abrazo de paz.

Feliz Navidad!!!

Saludo

#navidad #paz #encuentro #tiberíades #María #José #pastores #magos

Contemplando el pesebre

Pesebre

En estos días, el Papa Francisco nos ha compartido una Carta Apostólica, titulada Admirabile signum, sobre el significado y el valor del pesebre. Compartimos esta reflexión, preparada para un retiro de Adviento, inspirada en las palabras del Papa.

El pesebre, un signo del amor de Dios

Puntualmente, el día 8 de diciembre, cada familia arma su pesebre y árbol de Navidad. «Es la tradición», se afirma. Pero, ¿por qué armar un pesebre?

Sabemos que la costumbre de armar un «nacimiento, pesebre o belén» aparece hacia el año 1223 cuando san Francisco de Asís pide a un habitante del Greccio que le ayude a armar un pesebre para celebrar, allí, la Navidad. El hombre dispuso lo necesario (algo de heno, un buey y un asno) y, en ese contexto, toda la comunidad se reunió a celebrar, en la Misa, el nacimiento de Jesús. Los presentes se vieron colmados de alegría por la forma en que se preparó la celebración y uno de ellos manifestó haber visto al Niño Jesús recostado sobre el pesebre… Así se dió inició a la tradición de representar el nacimiento de Jesús con un «pesebre viviente» o con figuras que permitan visualizar la escena narrada en los evangelios.

Hoy, con el paso del tiempo, es posible dar con muy diversas formas de preparar el pesebre. Una de ellas es representar a los protagonistas de la Navidad con los rasgos típicos de cada zona, región o país… Se manifiesta así, como el Hijo de Dios se encarna en la vida de los pueblos y toma rasgos de los hombres de cada continente.

Pero el «belén» no es sólo un elemento decorativo. Al tratarse de un signo, comunica un mensaje. En primer lugar, al permitirnos visualizar la escena de la primera Navidad, nos hace partícipes de ella: la Navidad sucede hoy. Así, podemos experimentar la llegada del Hijo de Dios a nuestras vidas. La escena del pesebre nos indica actitudes que favorecen esa apertura: humildad, sabiduría, recogimiento, esperanza…

Protagonistas del pesebre

Un texto del profeta Isaías inspiró la presencia de animales en torno al Niño Jesús, «envuelto en pañales y recostado en un pesebre». Dice el profeta: «El buey conoce a su amo y el asno, el pesebre de su dueño; ¡pero Israel no conoce, mi pueblo no tiene entendimiento!» (Is 1, 3). Junto a la estrella de Belén, los animales representan la creación entera que reconoce la presencia del Creador, en contraposición con aquellos que negaron refugio la pareja peregrina: «Pero no había lugar para ellos en el albergue».

La presencia de los pastores es un anticipo de la predilección de Jesús frente a los pobres. Al cuidado de rebaños que no les pertenecían, vivían en la pobreza, en la intemperie… La noche de la Navidad los sorprende con una Buena Noticia: el nacimiento del Salvador. Los pastores se alegran con la llegada de la Vida, a quien reciben desde su humildad y sencillez.

Los magos llegados de Oriente, entre el misterio y la curiosidad, revelan en sus regalos la identidad del recién nacido: oro para el Rey, incienso para Dios y mirra para quien ha de morir… Nos ayudan a comprender la Navidad desde la perspectiva de la Pascua. El Niño que acaba de nacer entregará su vida en la cruz por toda la humanidad.

Finalmente, María y José. En ellos contemplamos la confianza puesta en las promesas de Dios. María que regala su SI a Dios para ser la madre del redentor y José que asume con entereza el papel de custodio de la vida naciente.

Navidad sucede hoy

Si nos detenemos a leer el texto del nacimiento de Jesús (Lc 2, 1-12 y Mt 2, 1-12), podemos contemplar a la humanidad entera, con sus luces y sombras:

  • los habitantes de Belén y su negativa a recibir a la Sagrada Familia,
  • el dueño del establo que los cobija,
  • los pastores que acuden, presurosos, para alegrarse y esperanzarse frente al recién nacido,
  • los magos y su búsqueda de Dios,
  • Herodes, temeroso de perder su poder,
  • la corte del rey que no desconocían la llegada del Mesías y sin embargo no salen a su encuentro…
  • María y José, entregados a la voluntad de Dios, comprometidos en el cuidado del Niño.

Hoy, cada uno de nosotros tiene un lugar frente al pesebre. La navidad puede pasar desapercibida o bien encandilarnos con sus luces; o ser una oportunidad de abrirnos a la realidad de un Dios que quiere habitar en nosotros y nos llama a tender puentes de encuentro con la humanidad toda. El Niño Jesús reúne en torno al pesebre las diversas realidades humanas. Todas ellas encuentran lugar en Belén y la oportunidad de vivir la fraternidad universal.

En un pobre pesebre

En un pobre pesebre, Dios vino a nacer

y en medio de la noche brilló el amanecer.

En un pobre pesebre, en la casa del pan,

volvió a nacer la vida, la guerra se hizo paz.

En un pobre pesebre, María y José

adoran a su Niño, nacido allá en Belén.

Los magos y pastores también van a adorar

al Niño-Dios nacido en un pobre portal.

Al comenzar

nuestro tercer milenio

hemos de rezar

para que vuelvas a nacer

en nuestra humanidad;

hemos de luchar

para que vuelvas a brillar

en nuestra oscuridad.

En el pobre pesebre de nuestro corazón,

queremos que tú nazcas, tú que eres nuestro Dios.

Ese pobre pesebre ya no estará en Belén:

será en nuestras almas en donde has de nacer.

«En un pobre pesebre» es un tema del padre Jorge Leiva, de la diócesis de Gualeguaychú. La canción forma parte de la obra «Rumbo al tercer milenio», publicada por San Pablo en el año 1997. Las canciones de esta obra giran en torno a tres ejes: celebración, conversión y compromiso. Su fuente de inspiración ha sido la Carta apostólica Mientras se aproxima el Tercer Milenio con el que san Juan Pablo II, llamó a la humanidad a celebrar los 2000 años del nacimiento de Jesús.

“Me has hablado en mil canciones”. Mil canciones para dialogar, reflexionar y rezar… podés buscarlas en el menú “Cinco panes”.

#Tiberíades #NavidadEsJesús #pesebre #María #José #pastores #magos #nacimiento

Adviento

Viene

Sabemos que el año litúrgico se formó en el tiempo a partir de los dos grandes misterios centrales de la fe cristiana: la Pascua y la Navidad. La importancia de estas dos celebraciones hizo necesario un tiempo de preparación que dispusiera el corazón de los fieles: este es el origen y el sentido de la Cuaresma para la Pascua y del Adviento para la Navidad.

El último de estos cuatro grandes tiempos litúrgicos en aparecer, ha sido el Adviento, probablemente hacia el siglo IV, de manera incipiente, fue afianzándose hacia el VI.

Es un tiempo breve, cuatro domingos entre la Solemnidad de Cristo Rey y la Navidad, donde el tema dominante es la espera gozosa de la venida del Señor. Así, el Adviento se nos presenta en tres dimensiones: el adviento litúrgico, el escatológico y el espiritual.

El adviento litúrgico nos pone en sintonía de la gran celebración de la Navidad. La corona de Adviento con sus cuatro luces nos acompaña en este camino de crecimiento espiritual.

El adviento escatológico nos invita a prepararnos para la segunda venida de Jesús, realidad que reafirmamos en cada celebración eucarística: ¡¡¡Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven Señor Jesús!!!

Y el adviento espiritual nos recuerda que hemos de estar preparados en todo momento para recibir al Señor, que, como dice el Evangelio de este primer domingo del Ciclo A: «vendrá a la hora menos pensada».

Para prepararnos a conciencia, en estos cuatro domingos, la liturgia de la Palabra nos presenta a los grandes protagonistas del Adviento:

El profeta Isaías: que invita al pueblo a la esperanza y a contemplar el signo que Dios quiere dejarnos: la joven embarazada y la esperanza del Emmanuel, Dios con nosotros. En la misma línea, Juan, el Bautista; el precursor, llamado a preparar el corazón en la espera atenta y vigilante del Mesías que está a las puertas. Y la Virgen María y san José, que nos iluminan con su fe en las promesas de Dios.

Tiempo sencillo, tiempo bello donde el llamado a la conversión suena y resuena una vez más: Viene el Señor, preparemos el corazón!!!

#tiberíades #buenosdíastardes #adviento #NavidadEsJesús