Conversión

Conversión (anónimo)

Volved a Mí. Yo soy tu Dios
y no tengáis ningún temor.
Yo te hablaré de amor y paz
 y te atraeré con suavidad.
Mucho he esperado tu regreso
y hoy yo te prometo darte mi perdón.

Convierte a Mí tu corazón
y así hallarás la salvación.
Yo borraré tu iniquidad
y a Mí tu voz ha de alabar.
Todas tus llagas curaré
y rocío Yo seré
que apague tu maldad.

Confía en Mí, pues Santo soy,
me gozo en ser tu Salvador.
Arráigate muy firme en Mí
y brotarás cual dulce vid.
Y con los cielos cantarás
mis sendas de verdad,
justicia, amor y paz.

Te invitamos a visitar la entrada “Me has hablado en mil canciones” para compartir otras canciones, reflexiones y oraciones. Clic aquí.

#Tiberíades #MeHasHabladoEnMilCanciones

Reconciliación: puente de encuentro

Búsqueda, encuentro, abrazo, perdón… reconciliación. Pero, ¿cómo llegar hasta ella? ¿Existe un camino a la reconciliación?

Hoy, en «Palabras» hacemos catequesis con este bello vocablo que se presenta como «puente de encuentro» ¿Vamos a transitarlo?

“Palabras” es una catequesis breve, sencilla… que pone la mirada en términos que nos permiten profundizar en nuestra fe, mirando la vida desde la óptica del Reino.

Si te gustó este video, te recomendamos otros, como…

“Palabras” para vivir la fe

“Libertad”, don y tarea

“Amarás”. Un mandamiento

“Discernir”. ¿Azúcar o edulcorante?

“Felicidad”. Una búsqueda

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#Tiberíades #Palabras

Volver

Cuaresma

La Cuaresma es presentada de diversos modos: tiempo de conversión, de desierto, de reconciliación… Para muchos, la cuaresma se circunscribe a prácticas externas sin profundidad vital que permitan una real transformación: «Durante la cuaresma está prohibido comer carne», recuerdan.

Si entendemos este tiempo como un cúmulo de ordenanzas sin enmarcarlas en un contexto, este tiempo pierde su fuerza de vida. Todo en la cuaresma (la oración, la limosna, el ayuno, el examen de conciencia) se ordena a bucear en nuestro corazón para hallar allí a un Dios que nos invita a la renovación, que nos propone dejar atrás todo aquello que nos aleja de él y de los demás. Una renovación que nos colme de alegría y haga brillar en nuestro rostro el amor que sentimos en su abrazo misericordioso.

Es un tiempo de desierto, de transitar hasta allí, solos, para revisar la vida y reconciliarnos con nosotros mismos, con los demás y con el Creador. Sí, este tiempo es propicio para perdonarte y perdonar. Este es el tiempo de la misericordia.

Cuaresma: tiempo de volver a Dios.

Volver… ¿con la frente marchita? Volver, para rejuvenecer en el corazón de la mano del Padre.

#Tiberíades #buenosdíastardes #cuaresma #desierto #corazón #volver #perdonar #perdonarse #rejuvenecer #conversión

Acuérdate

Reino

Al preparar la imagen para esta entrada, recordé el poema de Santa Teresita del Niño Jesús, titulado «Acuérdate». Y, si bien, no se refiere expresamente al encuentro de Jesús con el Buen ladrón, no pude evitar la asociación:

¡Acuérdate, Jesús, Verbo de vida,
de que tanto me amaste, que moriste por mí!
También yo quiero amarte con locura,
también por ti vivir y morir quiero yo.
Bien sabes, ¡oh Dios mío!, que lo que yo deseo
es hacer que te amen y ser mártir un día.
Quiero morir de amor.
Señor, de mi deseo ¡acuérdate!

Acuérdate de aquello que dijiste
el día de tu triunfo:
«¡Dichoso el que sin ver en plenitud de gloria
al Hijo del Altísimo, sin embargo creyó!»
Desde la oscura noche de mi fe
yo te amo ya y te adoro.
Para verte, Jesús, espero en paz la aurora».

La esperanza manifiesta del Buen ladrón es la esperanza de todo pecador que, en los intersticios del tiempo, se plantea un cambio radical de vida. Pero, sabe muy bien que el tiempo no alcanza y por ello «desde la oscura noche» pide a Dios «Acuérdate». «Acuérdate de quien clama a ti desde la agonía, deseando el perdón de tantas faltas…».

Es cierto, el ladrón no tiene demasiado tiempo para cristalizar el cambio, pero a Dios no le importa. Le basta un corazón arrepentido: «Hoy estarás conmigo en el paraíso», es su respuesta.

El ladrón bien podría decir: «Yo te amo ya y te adoro. Para verte, Jesús, espero en paz la aurora». No sabemos qué crimen cometió el Buen ladrón, sabemos que está en el cielo.

Las hermanas Carmelitas Descalzas de Mar del Plata, musicalizaron el poema de Santa Teresita. Aquí, letra y música para orar…

Acuérdate Jesús, verbo de vida
que tanto me amaste y moriste por mí,
también yo quiero amarte con locura.

Acuérdate de aquello que dijiste
el día de tu triunfo:
«Dichoso el que sin ver en plenitud
de gloria, sin embargo creyó».
Desde la noche oscura de mi fe
yo te amo ya, y te adoro.
Para verte, Jesús, espero en paz la aurora
de que no es mi deseo en esta tierra verte.
¡Acuérdate!

Acuérdate Jesús, de que a pesar de
ser hija yo de la luz, de mi rey
me olvido con frecuencia
de mi miseria inmensa ten piedad,
y en tu infinito amor perdóname,
en las cosas del cielo, Señor, tórname
hábil, muéstrame los secretos que tu
Evangelio esconde y haz que este
libro de oro sea mi gran riqueza,
¡Acuérdate!

Acuérdate Señor, de que tu santa voluntad
es mi dicha y mi único reposo.
Sin temor, en tus brazos me
duermo y abandono, ¡acuérdate!
Si mientras ruge el huracán tú duermes,
yo seguiré sumida en una paz
profunda, mas Jesús, mientras duermes
para tu despertar, prepárame.

“Me has hablado en mil canciones”. Mil canciones para dialogar, reflexionar y rezar… podés buscarlas en el menú “Cinco panes”.

#Tiberíades #acuérdate #santateresita #carmelitas #buenladrón #oración #Me_has_hablado_en_mil_canciones

Las tres «R»

Zaqueo

No. No estoy hablando de las tres acciones, más que necesarias, para el cuidado del medio ambiente: reducir, reutilizar, reciclar. La referencia es a las tres «R» que nos permiten transitar el camino a una vida nueva: recapacitar, reconciliar, renovar.

El encuentro de Jesús con Zaqueo es una muestra de como el hombre puede darle a su vida un «golpe de timón» y orientarla a formas más humanas y fraternas. La inquietud de Zaqueo, de querer ver a Jesús, lo llevó al encuentro que se produce por la inclinación de Jesús de ir hacia las periferias existenciales (allí donde muchos evitan llegar) para rescatar a los que navegan en el mar del dolor, de la culpa, de la frustración, de una vida mediocre.

Entrar en la casa de Zaqueo es entrar en su corazón y comenzar, allí, a dar curso a la gracia de la conversión. La actitud de Jesús de llegarse hasta su casa (sin importarle los comentarios maliciosos), de alojarse allí y compartir, simplemente, la vida permite a Zaqueo recapacitar (reconocer su «baja estatura moral»), abrirse a la reconciliación (el encuentro con los demás desde la enmienda de sus errores) y renovar su vida a la luz del Hombre Nuevo.

La historia de Zaqueo nos inspira… este fin de semana, seguramente, encontraremos un buen árbol para ver, desde allí, a Jesús que viene a nuestro encuentro.

#Tiberíades #Zaqueo #conversión #hombrenuevo #recapacitar #reconciliar #renovar #buenosdíastardes

Padre Nuestro

 

#tiberíades #emaús #padrenuestro #buenosdíastardes #odresnuevos #amén

Escribir en la arena

Arena

Celebración Penitencial “Escribir en la arena”

Esquema de la celebración

1.- Canto inicial: “Conversión” u otro cambio apropiado.

2.- Acto penitencial.

3.- Lectura del Evangelio de Lucas (15, 11-32): parábola del Padre misericordioso.

4.- Aporte del catequista. Recapacitar. Arrepentirse. Reparar. Olvidar.

5.- Examen de conciencia.

6.- Relato “Escribir en la arena”.

7.- Signo: arena y piedra, dos aliados para vivir la cultura del encuentro.

8.- Oración y canto final.

Ambientación: en un lugar cómodo, se dispondrá de un altar con un tapete, una vela encendida y el libro de la Palabra de Dios. Además, sobre una superficie amplia (puede ser una mesa o en el suelo) se colocará un paño (de tela, lona, plástico, etc.) y, sobre él, arena (deberá estar alisada, formando una capa fina en la que sea posible escribir). Dentro de un recipiente, se reservarán piedras pequeñas (una por participante).

Guía: Comenzamos esta celebración, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Guía: Hermanos: la cuaresma es el tiempo oportuno para evaluar nuestra relación con Dios y con familiares, amigos y compañeros. Un tiempo de desierto que invita al silencio, la reflexión, el ensimismamiento. Comencemos esta celebración cantando…

Acto penitencial: Para comenzar, reconozcamos que, tantas veces, nos equivocamos y nos alejamos del amor de Dios.

  • Señor, ten piedad de nosotros.
  • Cristo, ten piedad de nosotros.
  • Señor, ten piedad de nosotros.

Evangelio: Jesús quiere mostrarnos cuál es el verdadero rostro de Dios invitándonos a confiar en su infinita misericordia. Dios, que es Padre, quiere darnos vida en abundancia. Dejémonos interpelar por su Palabra.

Aporte del catequista.

Recapacitar. Arrepentirse. Reparar. Olvidar.

En la parábola podemos observar que el cambio en el hijo menor comienza cuando es capaz de recapacitar, de darse cuenta en qué había transformado su vida y como despilfarró lo mejor de su juventud (herencia = dones, capacidades, integridad, respeto, dignidad). Cuando es capaz de caer en la cuenta de que su actitud (orgullo y vanidad) lo hundía cada vez más en la tristeza, surge el arrepentimiento. El dolor por haber pecado, por haber pensado que, lejos de su Padre tenía futuro.

El dolor mismo (arrepentimiento) impulsa la necesidad de reparación. Este aspecto no se ve con claridad en la parábola, pero, en la dinámica del perdón, se presenta como necesario: en definitiva, el regreso del hijo menor, ¿no será, acaso, un intento de reparación?

El último paso lo da el Padre. El olvido. Al abrazar al su Hijo desecho por el pecado, no se preocupa tanto por lo que ha hecho, sino por lo que hará. Por eso es necesaria la fiesta, experimentar la alegría de saberse perdonado. Así podrá reconstruir desde las ruinas.

Pidamos a Dios que en esta cuaresma, podamos asumir la dinámica del perdón: recapacitar, arrepentirse, reparar y olvidar.

Examen de conciencia: Hacer un examen de conciencia no significa rendirnos ante la culpa. Es evaluar la vida, ver cómo marcha, preguntarnos si vamos en el rumbo que Dios nos propone. Escuchemos con atención las preguntas que se nos van a proponer y experimentemos el llamado que Dios Padre nos hace a una vida nueva.

El examen de conciencia ha sido descargado de la página es.catholic.net.

Tu familia:

 Comentas que tus padres no te comprenden y consideras que se quedaron en el tiempo, pero…

  • ¿Te has puesto en su lugar para comprenderlos?
  • ¿Cumples tus obligaciones (estudio, tareas, horarios, etc) aquello que está reservado para ti?
  • ¿Colaboras en tu familia para que haya paz, amor y buenas relaciones?
  • ¿Eres obediente a tus padres y respetas a los mayores?
  • ¿Les exiges a tus padres más de lo que pueden darte?
  • Cuándo intentan hablar contigo, ¿estás dispuesto a escucharles?
  • ¿Te aprovechas de tus hermanos para endosarles el trabajo que tienes que hacer?
  • ¿Envidias y tienes celos de tus hermanos?

Tus amigos/as:

  • ¿Te aprovechas de ellos para tus conveniencias?
  • ¿Los criticas cuando otros los critican?
  • ¿Los defiendes cuando otros los acusan de falsedades?
  • ¿Te haces el ciego y el olvidadizo para no ayudarles?
  • ¿Cumples la palabra que das?
  • ¿Dices mentiras de alguno de ellos/as?
  • ¿Los tratas como te gustaría que te trataran a ti cuando cometen un error?
  • ¿Los envidias cuando tienen algo que tú no tienes?

Tu trabajo/estudio:

  • ¿Estudias y trabajas porque te obligan o porque quieres ser responsable y formarte?
  • ¿Estudias responsablemente, cumpliendo con tus tareas?
  • ¿Te has puesto en el lugar del profesor para comprenderle y entenderle?
  • ¿Eres valiente para hacer una crítica con razones que la justifiquen?
  • Si hay un problema en el curso, ¿colaboras para solucionarlo o te limitas a criticar destructivamente?

Tú mismo:

  1. ¿Eres amable, cercano, sensible y alegre con los que te rodean?
  2. ¿Has sido soberbio y egoísta?
  3. ¿Te sientes lejos de alguien por disputas y peleas?
  4. ¿Eres humilde para pedir ayuda a tus amigos, padres, catequistas, profesores?
  5. ¿Buscas vivir en verdad?
  6. ¿Has pecado de pensamiento, obra y omisión?
    ¿Analizas a menudo cómo eres y cómo vas?
  7. ¿Te haces compromisos para cambiar?
  8. ¿Has procurado mantener tus pensamientos limpios y puros?
  9. ¿Te has dejado llevar tras los deseos de tu cuerpo, mal uso de la sexualidad, exceso de bebida y el alimento?

Con Dios:

  • ¿Te acuerdas de Él sólo en los momentos difíciles?
  • ¿Tienes confianza en Él?
  • ¿Hablas con Él de tus cosas?
  • ¿Participas en la Misa del domingo?
  • ¿Te preocupas de conocerlo más y más mediante la lectura de la Palabra de Dios?
  • ¿Le hablas y lo consideras como un Padre bueno que te ayuda?
  • ¿Cómo puedes mejorar tu relación con Dios?
  • ¿Y con tu familia y amigos?
  • Dios te llama a una vida nueva, ¿qué respuesta tienes para darle?

Relato “Escribir en la arena” (Cartas del desierto – Guillermo Pareja Herrera): escucharemos un texto que nos ayudará a gestar entre nosotros la cultura del encuentro y la reconciliación.

Escribir en la arena

Hubo dos amigos que vivieron en el desierto. Un día, iban caminando, y, en medio de la charla, surgió una discusión que terminó en golpes. El amigo que quedó ofendido y lastimado tomó una cañita y escribió en la arena: “Hoy, mi amigo me ha ofendido y golpeado”. Siguieron su camino. Cuando el sol se hallaba en el mediodía, encontraron una reserva de agua y se dieron un baño, pero, de pronto, el amigo ofendido comenzó a ahogarse. El amigo que lo había golpeado vino en su auxilio y lo salvó de morir. Pasado el susto, el amigo ofendido tomó una punta metálica y grabó en una piedra estas palabras: “Hoy, mi amigo me ha salvado la vida”. Sorprendido, el amigo ofensor preguntó: – ¿A qué se debe que hayas escrito esas palabras? Su amigo le respondió: – Las ofensas las escribo en la arena para que el viento las borre y se las lleve. Las bondades y los favores los grabo en piedra para nunca olvidarme de que los he recibido.

Somos afortunados amigos. Los vientos del desierto son nuestros aliados. Todo lo que nos duela, todo lo que nos ofenda o lastime escribámoslo en la arena. Tengamos una piedra en nuestro jardín para escribir, en ella, las muchas bondades que la vida nos concede, si nos detenemos y sabemos ver…

Sabemos que Dios obra como el amigo ofendido, olvida rápidamente nuestras faltas. Tenemos fe de que Dios Padre siempre nos perdona cuando recapacitamos y reconocemos el error cometido. Ahora, ¿obramos nosotros de la misma manera? Podemos pensar si somos como el Hijo menor o como el Hijo mayor… Pero, la gracia de Dios nos ayuda a ser como el Padre…

Signo/Gesto: Los invitamos a acercarnos aquí, donde está la arena y escribir sobre ella alguna ofensa recibida que tengamos que perdonar, para hacer con otros lo que Dios Padre obra en nosotros: “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Al acercarnos y escribir en la arena, recibiremos una piedra para que nos recuerde siempre el amor que Dios nos tiene y las gracias que, día a día, nos regala.

Mientras nos acercamos a escribir en la arena, cantamos…

Para finalizar, rezamos juntos Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Cantamos…

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Retorno

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Ilustraciones: Nicoletta Bertelle

Días atrás, al regresar de un viaje, en el camino observaba, una y otra vez, la señal vial que indica la posibilidad de «Retorno». Hacia la izquierda del camino se va abriendo paso una senda hasta desembocar en un descanso que permite el giro y emprender el regreso.

La imagen, por repetida, llevó mis pensamientos a asociar la señal con la maravillosa parábola del Padre misericordioso (o la del Hijo que regresa).

Son muchas las razones por la cuales una persona usa el «retorno» en la ruta: siguió de largo al lugar donde se dirigía, equivocó el camino o, simplemente, regresa porque ya es hora de hacerlo… Retornar es corregir el rumbo y llevarlo hacia donde nos sentimos seguros.

Cuando viajamos, una de las sensaciones más fuertes que surgen es la incertidumbre: no saber fehacientemente con qué nos encontraremos en el camino y que nos espera al llegar a destino. Y más allá que el viajar pueda estar ligado al gozo, al descanso o la diversión, en cierto momento surge el deseo de volver.

Volver, regresar, retornar… experimentar el tránsito por el camino conocido donde, sabemos, alguien nos espera con los brazos abiertos y dispuesto a escuchar, comprender y perdonar.

Ese es el consuelo cuando la ruta se hace larga o pesada, cuando la mochila pesa y es necesario un descanso. Volver, regresar, retornar… así es la vida del hombre que sabe que del Padre ha salido y a Él necesita, siempre, retornar.

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