
Te comparto una serie de datos extraídos de un formulario de opinión respondido por 48 alumnos de 4° año de la Escuela Parroquial Nuestra Señora del Camino. El mismo fue propuesto al comenzar a desarrollar el tema «Adolescencia, cultura juvenil y fe» durante el mes de julio de 2020.
El formulario se organizó en dos grandes temáticas:
- El mundo y sus problemas: destinado a conocer cómo ven los adolescentes el mundo que les rodea, las problemáticas sociales que, mayormente les preocupa, qué efectos está generando en ellos este tiempo de confinamiento, entre otras.
- Adolescencia, educación y fe: buscando reconocer las temáticas educativas que requieren los alumnos en su formación humana y las resonancias de la fe en sus vidas.
El mundo y sus problemas

Apreciamos con claridad tres temas que se diferencian de los demás: pobreza, violencia y deterioro del Medio Ambiente. Luego, la falta de educación y la desigualdad; finalmente la desocupación. No se especifica qué otros problemas resultan ser preocupantes.
La cuestión ambiental ha encontrado en diversas generaciones juveniles una fuerte resonancia. Los adolescentes del siglo XXI son mayormente conscientes del creciente deterioro ambiental y han desarrollado gestos y conductas más amigables con el medio circundante.
Respecto de la violencia, el trabajo educativo realizado en los últimos años ha permitido reconocer diversas formas de violencia hasta entonces ocultas o invisibilizadas. No sólo se reconoce la violencia física. Hablamos, además, de la económica, política, institucional, familiar, de género, psicológica…
Históricamente, las diversas generaciones juveniles han tenido, frente al escándalo de la pobreza, una clara sensibilidad. En este relevamiento, ha quedado confirmada tal posición.

La pandemia, el confinamiento social, las medidas sanitarias y de distanciamiento no han dejado al mundo indiferente. No sorprende que «Inquietud» haya sido la sensación más señalada. Cuando no hay seguridad, cuando lo que damos por supuesto se derrumba o desaparece, gana la inquietud por el futuro. Las otras dos sensaciones: miedo y confusión. Ambas se han mencionado y reflexionado en encuentros virtuales.
Si bien comenzamos afirmando que esta situación no nos ha dejado indiferentes, el 6,3 % de este pequeño universo destacó que sí. ¿Cuál puede ser el motivo? ¿Tener las necesidades básicas satisfechas? ¿No ser los responsables del sustento, equilibrio y orden familiar? Estas son algunos de los interrogantes que surgen en la lectura de los datos.

Al hablar de problemáticas adolescentes surgen en los primeros lugares tres prácticas, lamentablemente, presentes desde hace tiempo: el bullying, la adicción a las drogas y la violencia de género. Pero, no es menor el dato afirmado por el 35,4% de los adolescentes encuestados que mencionan el sexting/viralización de contenido íntimo y las dificultades que plantean los noviazgos tóxicos donde se viven muy diversas formas de violencia.
El grooming (acoso informático perpetrado por adultos que falsean su identidad para relacionarse con menores) no tuvo mucha repercusión. ¿Será porque los adolescentes no registran como peligroso/complejo la relación establecida con desconocidos por medio de las redes sociales? ¿Se niega la existencia de este tipo de acoso?
Adolescencia, educación y fe

No resulta una novedad que los adolescentes destaquen a los amigos como receptores de sus inquietudes pues, para ellos, son una grata compañía. Por su parte, que el 62,5% reconozca a los padres como interlocutores válidos es importante, aunque deberíamos lograr que este porcentaje suba.
El 16,7% mencionó buscar respuestas en internet por encima de la consulta a un profesional (12,5%) o a un docente (6,3%). El dato es elocuente: ¿qué falta para que, como educadores, seamos receptores de las preguntas e inquietudes de los alumnos más allá de los asuntos escolares? ¿Confianza, seguridad? Y de parte de los alumnos, ¿vergüenza, tal vez, de plantear determinadas cuestiones?

Típico del mundo adolescente es la búsqueda de una libertad que se entiende como autodeterminar su vida. Experiencia que lograrán con el paso del tiempo, alcanzada la estabilización psíquica y la capacidad de sostener los valores que elige.
Es en el mundo adolescente donde la empatía ha alcanzado un lugar importante. Son ellos los que han aprendido a abrirse a la diversidad sin prejuicios.
¿Qué otros valores, creen, deberíamos promover entre los adolescentes?

Al analizar este punto, me sorprendió que ningún alumno mencione el tema sexualidad. Dicho esto en un tiempo donde la ESI (y/o los medios de comunicación) ha puesto el tema en un lugar central, resulta significativo.
Un 50% de los alumnos señaló la necesidad de reflexionar sobre su proyecto de vida, su vocación. Se reafirma, así, la necesidad de una orientación, del valor que tiene pensar qué tipo de vida edificar, más allá de la elección de una carrera u oficio.
Reclaman ser destinatarios de una educación intra e interpersonal: «Saber quién soy» y «Aprender a reconocer mis emociones» fueron señaladas por el 20,8%. La catequesis, en el conocimiento de sí y la relación con los demás, tiene mucho que aportar.

Es importante el porcentaje que señaló la conveniencia de proponer el modelo de Jesús como guía del adolescente. En el trabajo realizado con este grupo, hasta el momento, la persona de Jesús ha ocupado un importante lugar al momento de hablar de consuelo, esperanza, guía y sostén. Estos datos invitan a profundizar el kerigma y buscar espacios de encuentro personal de los alumnos con Jesús.

Es significativo apreciar como destacan los encuestados la importancia de «Una guía, un camino a seguir» (en segundo lugar), detrás de «Paz, tranquilidad» (¿propias del desarrollo de una espiritualidad?).
También destacamos la cantidad de alumnos que señalaron «Un ideal para mi vida» y «Sentido de la vida» (10,4%). Podemos relacionar estos datos con el punto anterior donde se manifestó la necesidad de un proyecto de vida.

Al observar estos datos en su conjunto, podemos preguntarnos: ¿cómo acompañar la formación de adolescentes generando espacios de confianza, diálogo y aprendizaje?
A partir de este relevamiento, buscaremos trabajar para poner en diálogo la cultura juvenil (o adolescente) con la fe. Recordando el concepto de cultura, entendida como modos diversos de relación (del hombre con Dios, los demás hombres y la naturaleza), nos planteamos un acompañamiento que considere los siguientes puntos:
- La relación con Dios a través de la oración (especialmente, la lectura orante de la Palabra) y el canto (la música entendida como lenguaje privilegiado para la comunicación de la fe).
- La relación con el hombre en dos perspectivas: con uno mismo y con los demás. Respecto de la primera: autoconocimiento (emociones, valores, talentos), vocación y proyecto de vida. Acerca de la segunda: amistad, noviazgo, familia y sociedad.
- En cuanto a la relación con la naturaleza: la conciencia acerca del cuidado y respeto por la Casa común y el llamado a la conversión ecológica.
Uniendo estos tres «modos de relación», afrontaremos problemáticas vigentes (que, también, se señalaron en el formulario) como: racismo, intolerancia, violencia de género, destrucción del medio ambiente, etc. Uniremos la descripción de estas situaciones a la Pasión de Cristo, encontrando en los mismos relatos evangélicos:
- Como el hombre se relaciona con sus tentaciones, debilidades, temores y frustraciones.
- La ruptura del hombre en su relación con Dios y los demás.
- El error, el arrepentimiento y las posibilidades de reconciliación.
- El significado último del dolor y sufrimiento humanos.
«La catequesis, siguiendo el ejemplo de Jesús, ayuda a iluminar e interpretar las experiencias de la vida a la luz del Evangelio. El ser humano de hoy experimenta situaciones fragmentarias de las que él mismo lucha por captar el sentido verdadero. Ello puede incluso conducirle a una vida separada entre lo que cree y lo que vive. La relectura de la existencia con ojos de fe le ayuda a tener una mirada sabia e integral. Si la catequesis descuida esa relación entre experiencia humana y mensaje revelado, cae en el peligro de yuxtaposiciones artificiales o en la incomprensión de la verdad. Directorio para la Catequesis». 199.-
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