
#Tiberíades #Mehashabladoenmilcanciones

#Tiberíades #Mehashabladoenmilcanciones
Nos dice José María Rodríguez Olaizola: «La Pasión es la historia en la que todos estamos. Nos vemos reflejados en tantos personajes, en sus tensiones, miedos, esperanzas y sus dosis de fracaso. A veces somos Pedro, María, Magdalena, Pilatos o Caifás. Y Jesús, siempre en el centro, haciéndonos repensarlo todo».
Esta sencilla presentación, nos invita a considerar cuál es nuestro lugar en la pasión de Cristo.
Si deseas descargar la presentación, haz clic aquí.
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Este año, 2021, en el mes de septiembre, cumplo cuarenta años acompañando,
con mi guitarra y mi voz, las celebraciones en la comunidad de la parroquia N.S.
del Huerto. Ciertamente es una alegría poder celebrar todos estos años de
servicio.
Pero, llegado a este punto, surgió la necesidad de compartir una experiencia
que motive a los jóvenes músicos de mi comunidad a tomar la posta. La
renovación es imperiosa. Por eso este «manual» combina, sin pretensión
editorial alguna, consejos, sugerencias y una guía de celebraciones por tiempo
litúrgico, sin dejar de compartir gustos musicales, historias y anécdotas…
Podés descargar el archivo en formato pdf en el siguiente enlace…
https://drive.google.com/file/d/1xuCcq6A1dv7H_cQop6-u5lNARPRpiJtW/preview
Muchas pandemias han asolado a la humanidad. En 1493, el poblado de Chiavari, en Italia, se vio envuelto en una epidemia de cólera. Una mujer, que había logrado quedar a salvo de la enfermedad, mandó a pintar en un huerto la imagen de Nuestra Señora en acción de gracias. Muy pronto ese lugar se transformó en santuario, lugar de encuentro entre la Madre (del Huerto) y sus hijos.
Hoy, somos nosotros quienes elevamos nuestra plegaria en este tiempo difícil y complejo que nos toca vivir. La pandemia del coronavirus se ha llevado a muchos de nuestros familiares, amigos, compañeros, vecinos… Hoy, elevamos una oración por todos ellos y por el pronto fin de esta situación de confinamiento y dolor.
¿Por qué rezar por aquellos que han muerto? Una de las últimas palabras de Jesús en la cruz, fueron: «Padre, en tus manos encomiendo mí Espíritu». En el último instante de vida, Jesús nos recuerda que el alma es inmortal y, tras la muerte regresa a su origen: Dios, fuente y dador de vida. Sí. De Dios salimos y a Dios hemos de volver. Por ello rezamos por las personas que han fallecido: para que su alma encuentre reposo en Dios.
Esta oración es un momento de gratitud en el recuerdo de todas aquellas personas que han fallecido desde el comienzo de la pandemia, una plegaria confiada de que ya están gozando del encuentro con Dios y de profunda esperanza que esta situación pronto cesará, permitiéndonos parir un mundo nuevo: más sensible, más cercano, más humano.
(Sobre un tapete, encendemos una vela junto al libro de la Palabra de Dios).
Nos dice la Palabra de Dios:
Pero nosotros llevamos ese tesoro en recipientes de barro, para que se vea bien que este poder extraordinario no procede de nosotros, sino de Dios. Estamos atribulados por todas partes, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados. Siempre y a todas partes, llevamos en nuestro cuerpo los sufrimientos de la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.
2Cor 4, 7-10.13-14.7-18
Pero teniendo ese mismo espíritu de fe, del que dice la Escritura: Creí, y por eso hablé, también nosotros creemos, y por lo tanto, hablamos. Y nosotros sabemos que aquel que resucitó al Señor Jesús nos resucitará con él y nos reunirá a su lado junto con ustedes.
Nuestra angustia, que es leve y pasajera, nos prepara una gloria eterna, que supera toda medida. Porque no tenemos puesta la mirada en las cosas visibles, sino en las invisibles: lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es eterno.
Meditamos las palabras del apóstol y compartimos estas intenciones. A cada una de ellas, decimos:
«Llevamos este tesoro en vasijas de barro».
(En un lugar apropiado, junto al libro de la Palabra, podemos disponer una Cruz y la vela encendida. Preparamos otros cirios para que puedan ser encendidos por los participantes)
La memoria nos permite renovar, en nuestros corazones, la presencia de aquellos que han partido. En el recuerdo, manifestamos nuestro amor, reconocimiento, admiración. También, permitimos que el dolor se canalice, se ofrezca a Dios transformándose en plegaria, también en acción. Vamos a recordar los nombres de familiares, amigos, compañeros, vecinos que han partido a la casa de Dios en este tiempo, desde el comienzo de la pandemia… (Escribimos los nombres en un afiche, cartulina o cuaderno).
El sacerdote jesuita José María Rodríguez Olaizola es autor de un texto, musicalizado por Cristóbal Fones, sj que hace mención a la herida recibida por san Ignacio de Loyola en Pamplona y que diera inicio a su proceso de conversión. Esa herida lo acompañó toda la vida pero, también, lo impulsó a amar y servir a Dios en todas las cosas.
Al final de la vida llegaremos
José María Rodríguez Olaizola
con la herida convertida en cicatriz.
El amor pasará varias facturas.
El camino nos dejará mil huellas.
Con la misma pared tropezaremos.
Alguna decepción nos hará mella.
Mas somos hijos de un Dios enamorado.
Sedientos buscadores de respuestas.
Somos pura ambición que Tú sembraste,
para que así tu reino floreciera.
Lucharemos a muerte con el ego.
Sentiremos que el tiempo nos aprieta.
Guardaremos derrotas en la entraña.
Perderemos la música y la fiesta.
Y, con todo, seguiremos bailando.
Porque así somos, humanos en tu estela.
Portadores de un fuego inextinguible.
Creyentes en un mundo sin fronteras.
Somos fragilidad entusiasmada,
soñadores que no se desesperan.
Nunca renunciaremos al mañana,
aunque en el hoy nos toque la tormenta.
Y si acaso se agrietan los motivos
por los que un día elegimos tu bandera,
agrietados seguiremos caminando,
que tu evangelio es ahora nuestra tierra.
El cardenal Pironio enseñaba en un retiro titulado «El Padre nos espera»: «¡Qué bueno es llegar al Padre con las manos vacías, pero escritas con los nombres de las personas que hayamos amado».
Damos gracias a Dios por el paso de todas estas personas por nuestras vidas y nos comprometemos a seguir trabajando para que las heridas de cada hombre y mujer de nuestro tiempo comiencen a sanar y cicatrizar y, así, inaugurar un tiempo nuevo para toda la humanidad.
A María, nuestra Madre, a quien una espada atravesó su corazón, le confiamos nuestras vidas.
«Virgen del Huerto, Madre querida, tuya es mi vida, ruega por mi. Y cuando logre dejar este suelo llévame al cielo cerca de ti». Amén
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#Tiberíades #Oración #Pandemia

Los acontecimientos de la pasión, muerte y resurrección de Cristo están muy bien documentados por los Evangelios, de manera especial, su pasión y muerte. Son tantos los detalles en los que reparar que, cuando buscamos en los evangelios alguna referencia en particular, nos podemos perder. Aquí ofrecemos una crónica detallada, junto a la cita bíblica correspondiente, para leer/meditar/reflexionar el paso de Jesús.
Inicio de la Pasión de Cristo
Entrada de Jesús en Jerusalén. Lc 19, 29-44
Expulsión de los vendedores del Templo. Mc 11, 15-19
Unción de Jesús en Betania. Mt 26, 6-13
Traición de Judas. Mt 26, 14-16
Sucesos anteriores a la cruz
La última cena. Lc. 22,14
Getsemaní. Mt 26,36
El arresto. Jn 18,12
Jesús ante Caifás. Lc 22,54
Negaciones de Pedro. Mt 26, 69-75
Jesús ante Pilato. Mc 15,1
Muerte de Judas. Mt 27, 3-10
Jesús ante Herodes. Lc 23, 6-10
Vuelta a Pilato. Lc 23, 11
Pilato libera a Barrabás. Lc 23, 17-21
Sentencia. Lc 23, 23-24
Crucifixión. Lc 23,33
Jesús en la cruz
Llegada al Gólgota. Mc 15,25
Primera palabra. «Padre perdónales…» Lc 23,34
Los soldados parten sus vestiduras. Mc 15,24
Los que pasaban se burlan de él. Mt 23,39-40
Los príncipes de los sacerdotes se burlan de él. Mc 15,31
Los soldados se burlan de él. Lc 23, 36-37
Uno de los ladrones le desafía. Lc 23, 39
Otro de los ladrones le implora. Lc 23, 40-42
Segunda palabra: «Hoy estarás conmigo en el Paraíso» Lc 23,43
Tercera palabra: «Madre, he aquí tu hijo.» Jn 19, 26-27
Se hacen tinieblas. Mc 15,33
Cuarta palabra: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Mt 27,46
Quinta palabra: «Tengo sed.» Jn 19,28
Sexta palabra: «Todo se ha consumado» Jn 19,30
Séptima palabra: «Padre, en tu manos encomiendo mi Espíritu.» Lc 23,46
Sucesos posteriores a la cruz
La tierra tiembla y se parte el velo del Templo. Mt 27,51
Se abren las tumbas. Mt 27,52
El centurión confiesa que Jesús es hijo de Dios. Mt 27,54
La multitud regresa compungida. Lc 23,48
Quiebran las piernas a los dos ladrones. Jn 19, 31-32
Traspasan el costado de Jesús. Jn 19,34
Jesús es puesto en el sepulcro. Jn 19,38-42
El sepulcro es sellado y guardado. Mt 27,66
Orden de las apariciones en la resurrección
A María Magdalena. Mc 16,9
A las mujeres. Mt 28,9
A Pedro. 1 Cor 15,5
A dos discípulos camino de Emaús. Lc 14,15-31
A los diez discípulos. Jn 20,19-24
A Tomás. Jn 20,26-28
A los discípulos, en el mar de Tiberíades. Jn 21,1-24
A los once, en Galilea. Mt 28,16-17
A quinientos hermanos juntos. 1 Cor 15,6
A Santiago. 1 Cor 15,7
A los once, en la Ascensión. Hech 1, 1-9
A Pablo. Hech 9,1-5 y 1 Cor 15,8
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Para ir al especial de Semana Santa con Jesús, hacé click aquí.
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La celebración del Domingo de Ramos marca el inicio de la Semana Santa. ¿Qué sucede con Jesús después de esta entrada triunfal y antes de la celebración de la Última Cena? Sabemos que Jesús enseña en el Templo, que visita Betania y dialoga muy profundamente con sus discípulos. Así lo van indicando las lecturas propuestas para estos tres días de la Semana Mayor.
El lunes, Jesús visita Betania, donde residían Lázaro, María y Marta. Betania está muy cerca de Jerusalén, por lo que se cree que Jesús intenta alejarse un poco del bullicio que representa Jerusalén en fecha cercana a la Pascua.
En Betania, Jesús es ungido por María con un ungüento de nardo puro. El signo es elocuente y es Jesús mismo quien lo destaca:
En tiempos de Jesús, el cuerpo de un difunto era cuidadosamente preparado antes de la sepultura: se lavaba, se ungía con ungüentos, especialmente mirra (¿recuerdan el regalo de los magos de oriente en el pesebre de Belén?) y áloe. También, los aromas podían dejarse cerca del cuerpo, sobre la piedra en la que era depositado. Así lo narra el evangelio de Juan (19, 39-40):
“Fue también Nicodemo, el mismo que anteriormente había ido a verlo de noche, y trajo una mezcla de mirra y áloe, que pesaba unos treinta kilos. Tomaron entonces el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas, agregándole la mezcla de perfumes, según la costumbre de sepultar que tienen los judíos”.
Por su parte, Judas protesta por la actitud de María: piensa que el perfume podría venderse para distribuir el dinero entre los pobres. Allí, Juan nos deja un dato importante: Judas se hacía cargo de la administración de los bienes que recibían Jesús y sus apóstoles. Bienes que, al parecer, Judas solía apropiarse. La inconformidad de Judas con lo que sucede en torno a Jesús se hace evidente. En estos días de Semana Santa, su figura comienza a tener mayor relevancia.
Para terminar esta visita a Betania, el relato afirma que muchos otros se acercaron a casa de los amigos de Jesús con la intención de ver a Lázaro, que había resucitado. Algunas autoridades pensaron, también, en eliminarlo.

Mientras tanto, se va tejiendo una oscura trama que derivará en la detención de Jesús. Los relatos del martes y miércoles santo se refieren a ello. Jesús anuncia nuevamente su pasión y agrega: “uno de ustedes me entregará” (Jn 13, 21). ¿Qué sucedió con Judas? ¿Desilusión, discrepancias con el resto? Es difícil saberlo. Una cosa es cierta: se trata de un alma atormentada que pactó en treinta monedas la entrega del Maestro creyendo encontrar allí satisfacción y, luego, cuando cayó en la cuenta de su error, terminó con su vida. ¿Por qué no confió en la misericordia de Dios? Dice la canción de Alejandro Mayol:
“Nada son treinta monedas / mal comerciante sos vos
la vida vale más que eso / vale la sangre de Dios.
Sólo hay Judas un pecado / que jamás tiene perdón,
creer que Dios no es más grande / que tu desesperación”.
En estos días, Jesús da instrucciones a sus discípulos para que preparen la Pascua. La lectura del día martes, además de mencionar la traición de Judas, recuerda el anticipo que Jesús hace de las negaciones de Pedro:
“Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿a dónde vas?».
Jesús le respondió: «Adonde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás».
Pedro le preguntó: «¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti».
Jesús le respondió: «¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces» (Jn 13, 36-38).
Finalmente, y para responder al título de esta entrada, Jesús pasa tiempo en el Templo enseñando. Su actitud es un verdadero elogio del educador. El Señor sabe que conspiran contra Él, sin embargo, no abandona la misión de enseñar y ello lo recordará cuando sea juzgado por el Sumo Sacerdote:
«He hablado abiertamente al mundo; siempre enseñé en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada en secreto. ¿Por qué me interrogas a mí? Pregunta a los que me han oído qué les enseñé. Ellos saben bien lo que he dicho» (Jn 18, 20-21).
El final se acerca. “Herirán al pastor y se dispersarán las ovejas” (Mc 14, 27). Sin embargo, el Pastor busca, aun en la persecución, animar al rebaño, darle fortaleza y sostenerlo en la esperanza. Da una lección de coherencia: su enseñanza está respaldada por su vida. Sin duda, es lo que vivimos en cada Semana Santa.
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La Semana Santa y la música popular
#Tiberíades #SemanaSantaConJesús

Esta celebración comienza con una bendición y posterior procesión con los ramos de olivo. Los ramos recuerdan el gesto con el que el Señor es bienvenido en Jerusalén y expresan la victoria de Cristo y la alegría de recibirlo, por eso cantamos: “¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”.
La palabra “Hosanna”, que ocupa un importante lugar en esta celebración, significa: “¡Danos la salvación!”. Es una manifestación de alegría y confianza en Jesús, hijo de Dios, que viene a reinar en nuestros corazones.
Según Egeria, hacia el s. IV en Jerusalén, el obispo y sus fieles se reunían cerca de Betfagé y, desde allí, comenzaban la procesión de Ramos hacia la una de la tarde. Llegaban al Monte de los Olivos hacia las tres. En cada parada cantaban y leían fragmentos bíblicos. A las cinco de la tarde emprendían la entrada en Jerusalén donde concluía la celebración en la Basílica de la Resurrección.
Los ramos bendecidos se guardan hasta el año siguiente en el que son quemados y con sus restos se da inicio a la cuaresma con la tradicional imposición de la ceniza en la frente y el llamado a la conversión: “Conviértete y cree en el Evangelio”.
La multitud que aclama a Jesús en su entrada mesiánica no es la que, días después, pedirá su crucifixión. Así lo enseña el papa Benedicto XVI al afirmar que quienes vivan a Cristo son los que están entrando con Él en Jerusalén: “Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se agitó diciendo: ¿Quién es este? Y las multitudes decían: Este es el profeta Jesús de Nazaret de Galilea” (Mt 21, 10-11).
También se llama a esta celebración Domingo de la Pasión. Junto con el texto de la entrada mesiánica en Jerusalén se lee la lectura de la Pasión para subrayar que el triunfo de Jesús no está asociado a una victoria política ni a una conquista social: el camino de la Vida conlleva asumir la cruz. Así lo afirma san Pablo al decir en la carta a los Filipenses (2, 8-9):
“Se humilló hasta aceptar por obediencia
la muerte y muerte de cruz.
Por eso, Dios lo exaltó
y le dio el Nombre que está sobre todo nombre”.

El padre Osvaldo Catena es el autor de “Arriba nuestros ramos”, sin dudas, la canción más utilizada este domingo.
La composición, tanto por su mensaje como por su música, resulta ideal para acompañar la bendición y procesión de ramos. El estribillo invita a expresar la alegría por la llegada del Señor: Bendito el que viene en nombre del Señor. Manifiesta dos cualidades de Jesús: esperanza de los hombres y liberador.
En la primera estrofa, con sencillas palabras, recuerda la entrada triunfal en Jerusalén. Y destaca que “el pueblo humilde lo salió a recibir”. Desde la humildad se encuentran el rey y su pueblo. Uno manifiesta su vocación de servidor (que va a quedar claramente expresada en todas las lecturas de la Misa), otro, el pueblo, la necesidad de Dios: ¡Hosanna! (¡Sálvanos, Señor! ¡Danos la salvación!).
En la segunda estrofa, la presencia de los niños es singular. La niñez, en tiempos de Jesús, era apreciada pero se vivía en circunstancias muy duras. Muchos niños perdían a sus padres a consecuencia de la pobreza y las enfermedades. Eran, sin dudas, pobres. Por ello se los llama anawin: los pobres del Señor. Son ellos los que reconocer a Jesús liberador.
La bendición y procesión de ramos no es un simple acto conmemorativo: busca actualizar esa llegada victoriosa de Jesús a nuestra realidad. Cristo se hace presente, hoy, para reinar en nuestros corazones: “Hoy, también, nosotros, te queremos recibir”. Pero la entrada triunfal no debe comprenderse desde el exitismo: el camino que va marcando Jesús es el de la cruz. Una semana antes, había mostrado a sus discípulos la gloria en el monte Tabor. Ahora, señala el camino hacia el Calvario. El triunfo de Jesús no se da en la victoria política o social, se da en la cruz. Te invito a contemplar esta imagen de Marcello Ceratto donde asocia el monte Tabor con el monte Calvario:

Finalmente, la canción sintetiza el sentido de la Semana Santa. Una invitación a “revivir”, esto es, actualizar sacramentalmente, los misterios que dan origen a nuestra fe: la muerte ha sido vencida, el triunfo de Jesús es nuestro triunfo.
Arriba nuestros ramos
Arriba nuestros ramos
cantando al Señor.
Bendito el que viene
en nombre del Señor:
Jesús nuestra esperanza,
Jesús liberador.
Era un domingo,
allá en Jerusalén,
cuando en un burrito,
Jesús entra a padecer.
Todo el pueblo humilde
lo salió a recibir;
y con entusiasmo
comenzaron a decir:
Pero el mejor canto
que Jesús quiso escuchar,
fue el canto puro
de los niños del lugar.
Ellos saludaban
a Jesús liberador,
Cristo el esperado
de los pobres del Señor.
Hoy también nosotros
te queremos recibir
y por tu camino
serte fieles hasta el fin.
Cristo nos conduces
hacia el reino de la luz,
marcas una huella
la sangre de tu cruz.
Llegan ya los días
de la Pascua del Señor:
Cristo con su muerte
nos da vida y salvación.
Juntos revivamos
el misterio de la cruz
y compartiremos
el triunfo de Jesús.
Te recomendamos visitar: Semana Santa con Jesús
#Tiberíades #SemanaSantaConJesús

¿Qué podrás encontrar en esta serie de posteos sobre la Semana Santa? He querido reunir una serie de textos y recursos que puedan acompañar la reflexión y oración personal. Recursos que sirvan, también, para compartir, especialmente con aquellas personas no muy familiarizadas con el espíritu de esta celebración.
Este “especial” de Semana Santa no pretende abarcar todos los temas que esta semana rica en contenido y expresiones nos propone. Dios mediante, con el paso del tiempo, se podrá enriquecer con otros aportes. En esta ocasión, he seleccionado algunas oraciones, canciones y curiosidades sobre la Semana Mayor del pueblo cristiano para que sirvan de compañía en estos días tan importantes para nuestra fe.
Te invito a que recorras las diversas entradas, que puedas dejar tu comentario y compartir con otras personas su contenido. ¡Dios te conceda una intensa y profunda Semana Santa!

Sabías qué…?
La Semana Santa en la música popular
Todo el contenido en una canción
La Cena del Señor
En el huerto de los Olivos
La visita a las Siete Iglesias
Sabías qué…?
Luz
Palabra
Agua
Pan
Sabías qué…?
Esta entrada se irá actualizando desde su publicación hasta el domingo de Pascua.

Antiguamente la Semana Santa recibía el nombre de “Semana mayor” o “Semana grande” y comienza a organizarse, como celebración anual, alrededor del siglo II.
Los relatos más antiguos y detallados acerca de cómo se celebraban estos días en Tierra Santa se los debemos a una peregrina española llamada Egeria o Eteria que recorrió Palestina, Siria, Egipto, Mesopotamia y Constantinopla en el siglo IV, dejando su testimonio escrito en la obra “Itinerarium ad Loca Sancta”.
La Semana Santa comienza el Domingo de Ramos y culmina el Domingo de Resurrección. Dentro de esta semana se destaca el Triduo Pascual: las celebraciones que congregan a los cristianos el jueves, viernes y sábado santo.
La Pascua judía recuerda la liberación del pueblo hebreo de manos de los egipcios. La noche de pascua, después de comer el cordero asado, el pueblo abandonó la tierra de esclavitud, en noche de luna llena, camino a la tierra prometida. La pasión de Cristo se da en el marco de esta celebración, dando lugar a la nueva alianza: el gran pacto de amor entre Dios y los hombres, sellado por el sacrificio de Cristo en la cruz.
La fecha de la Pascua cambia todos los años. ¿Por qué? Porque, como dijimos, tiene su origen en la Pascua judía que se celebra el día 14 del mes de Nisán (uno de los meses de 29 días del calendario lunar). Al pasar esta fecha al calendario solar es donde se producen las variaciones. Para evitar que la Pascua cristiana coincida con la judía, en el Concilio de Nicea (año 325), la Iglesia determinó que la fiesta de la Pascua se celebrara el domingo posterior a la luna llena del equinoccio de primavera (hablamos del hemisferio norte). Por tal motivo, la Pascua puede celebrarse entre el 22 de marzo y el 25 de abril. El cálculo de la fecha recibe el nombre de computus.
En las lecturas del Antiguo Testamento propuestas para esta semana, ocupa un lugar preferencial el profeta Isaías (aquel a quien San Jerónimo llamó el “evangelista” del Antiguo Testamento) por ser el autor del Poema del Servidor Sufriente donde anticipa el sacrificio redentor de Jesús: “El castigo que nos da la paz recayó sobre él y por sus heridas fuimos sanados” (Is 53, 5).
En los próximos días iremos sumando aportes que sirvan de reflexión para vivir con intensidad la Pascua de Jesús. En el sumario se irán sumando enlaces para poder acceder a los distintos materiales de este especial de Semana Santa.
No olvides dejar tus comentarios a continuación. Si te gustó la entrada, puedes compartirla con otras personas: es sumar esfuerzos a la evangelización. Gracias!!!
#Tiberíades #SemanaSanta #Pascua #TriunfoDeJesús
La vida del hombre se va haciendo de vínculos: de sangre o amistad. Vida compartida, camino andado y desandado. Y, en este peregrinar, cada tanto, se hace presente el temor frente a la muerte, el dolor ante las ausencias… La fe va tallando en nosotros la serena confianza en el reencuentro: «En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes. Yo voy a prepararles un lugar. Y cuando haya ido y les haya reparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes» (Jn 14, 2-3).
La vida es camino, es salir de Dios para volver a Él. La muerte, tan sólo un paso… Un solo paso para el reencuentro…
Si después de estos años vividos
quisiera el destino dejarme soñar,
volvería a rodearme de amigos
y seres queridos que ya no están más.
Sentimientos que llevo conmigo
que muy dentro mío no pueden callar,
todos ellos enhebran secretos
que han ido tejiendo este dulce cantar.
Algún día me iré como todos,
sabe Dios cómo y cuándo será:
sólo sé y este canto es testigo
que vamos camino de la eternidad.
Como el fuego que muere en cenizas
transcurre la vida, se pasa el dolor;
qué misterio el de tantas ausencias
que quedan prendidas en el corazón.
Cuando cierre mis ojos un día
será una alegría volverme a encontrar
con amigos y seres queridos
que me han precedido en la dicha final.
«Algén día». Letra y música: Néstor Gallego. Forma parte de la obra «Amigos».

«Me has hablado en mil canciones». Mil canciones para dialogar, reflexionar y rezar… podés buscarlas en el menú «Cinco panes».
#tiberíades #cincopanes #Me_has_hablado_en_mil_canciones #difuntos #cielo #reencuentro #vidaeterna #resurrección
Pironio y Angelelli. Dos hombres, dos consagrados. Uno Siervo de Dios; el otro, Beato, Mártir… Ambos profundamente comprometidos con la fe, la iglesia, la patria y la justicia.
Como hombres de Dios, intercambiaron correspondencia. Esta es la carta que el Cardenal Pironio dirige a monseñor Angelelli en respuesta a una misiva que éste enviara desde La Rioja contándole el dolor por los asesinatos de Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville. Nótese la fecha de la respuesta de Pironio… Para conocer más a estos «amigos de Dios para los hombres»…
Roma, 4 de agosto de 1976
Exmo. Y Rvmo. Monseñor Enrique Angelelli
Obispo de La rioja
Mi querido Angelelli:
El misterio de la Pascua –con todo lo que tiene de cruz y de Esperanza- se ha clavado en tu iglesia particular y en el corazón sensible de su pastor. Por eso van estas líneas. Quiero estar a tu lado, en silencio como María, tratando de compartir tu pasión, asegurarte mi amistad y ofrecerte mi oración.
Es inútil que te diga cosas. Tú las sabes y las hemos conversado juntos tantas veces. La muerte en tu Diócesis de dos sacerdotes –tuyos y míos, porque eran religiosos- me hace pensar en la Pascua: en la pacificación por la sangre de la cruz, como diría San Pablo a los Colosenses, o en la comunión en Cristo de los dos pueblos separados, mediante la muerte que derriba el muro de enemistad para hacer de él el verdadero Hombre Nuevo. (Ef, 2).
La Pascua es siempre fecunda, con la fecundidad del grano de trigo que muere para que fructifiquen las espigas (Jn12, 24) y con la seguridad de que cada día es Pascua entre nosotros: porque cada día Cristo prolonga su pasión en la historia y el gozo de su resurrección. Cristo vive, mi querido Angelelli. Es inútil que los hombres pretendan ignorarlo. Lo importante es que nosotros lo anunciemos con la palabra, lo testifiquemos con la vida y lo confirmemos con el gozo de la sangre derramada.
Ayer precisamente leíamos en el evangelio de la misa: “Ánimo, soy yo, no tengan miedo”. Con la sencillez de un hermano y de un amigo te aseguro la presencia del señor resucitado. No tengas miedo. Vive la serenidad y el gozo de la esperanza.
Roma –que tú conoces piedra a piedra y que amas tan hondamente con tu corazón de Obispo- nos enseña que la Iglesia se plantó en la fe y el amor de los apóstoles y fué amasada con su sangre.
Desde aquí te envío un abrazo fraterno, extensivo a tus sacerdotes y religiosas, y mi bendición en Cristo y María Santísima».
Eduardo Cardenal Pironio
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