Pedro Casaldáliga, sacerdote claretiano, es conocido por su labor misionera en São Félix do Araguaia, en el Mato Grosso. Cuarenta años trabajando allí como misionero incansable, ligado a los más pobres del Brasil han dejado una huella en la lucha por «esa justicia largamente esperada».
Nacido en Barcelona, a Casaldáliga lo animaba una espiritualidad profundamente encarnada que se expresaba, entre otras formas, por medio de la poesía, que le sirvió de modo de expresión: oración, denuncia, bandera.
Su vida es símbolo. Un obispo que asume la pobreza como estilo de vida.
Compartimos tres de sus poemas hechos canción. En primer lugar, «Mi fuerza y mi fracaso», musicalizado por la Hermana Adriana Blanco e interpretado por las Misioneras Diocesanas en su obra «Te hiciste Palabra y canto».
Mi fuerza y mi fracaso
Mi fuerza y mi fracaso eres Tú,
mi herencia y pobreza eres Tú,
Tú, mi justicia Jesús
mi guerra y mi paz
mi libre libertad.
Mi muerte y mi vida, Tú,
palabra de mis gritos,
silencio de mi espera,
testigo de mis sueños,
cruz de mi cruz, Tú.
Perdón de mis pecados
razón de mi esperanza
mi fuerza prometida, Tú, Jesús.
«Paz armada» es un poema dedicado a la vida de hombres y mujeres célibes por la causa del Reino de Dios. Musicalizado por Cristóbal Fones, forma parte de su obra «Tejido a tierra».
Paz armada
Será una paz armada, compañeros,
será toda la vida esta batalla,
que el cráter de la carne sólo calla
cuando la muerte acalla sus braceros.Sin lumbre en el hogar y el sueño mudo,
sin hijos las rodillas y la boca.
A veces sentiréis que el hielo os toca;
la soledad os besará a menudo.No es que dejéis el corazón sin bodas;
habréis de amarlo todo, todos, todas;
discípulos de aquél que amó primero.Perdida por el Reino y conquistada,
será una paz tan libre como armada,
será el amor amado a cuerpo entero.
El último poema está dedicado a la Eucaristía y su dimensión social: pan partido y entregado a los hombres.
Mi cuerpo es mi comida
Mis manos, esas manos y Tus manos
hacemos este Gesto, compartida
la mesa y el destino, como hermanos.
Las vidas en Tu muerte y en Tu vida.
Unidos en el pan los muchos granos,
iremos aprendiendo a ser la unida
Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos.
Comiéndote sabremos ser comida.
El vino de sus venas nos provoca.
El pan que ellos no tienen nos convoca
a ser Contigo el pan de cada día.
Llamados por la luz de Tu memoria,
marchamos hacia el Reino haciendo historia,
fraterna y subversiva Eucaristía.
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