En Gaudete et exsultate, el Papa Francisco nos regala una bella y profunda reflexión sobre lo que él denomina el «gran protocolo de la misericordia» contenido en la parábola del Juicio final del evangelio de Mateo (25, 31-46): «…Jesús vuelve a detenerse en una de estas bienaventuranzas, la que declara felices a los misericordiosos. Si buscamos esa santidad que agrada a los ojos de Dios, en este texto hallamos precisamente un protocolo sobre el cual seremos juzgados: «Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme» (Gaudete et exsultate, 96).
Y, en la recientemente publicada, Fratelli Tutti, ns enseña: «Para los cristianos, las palabras de Jesús tienen también otra dimensión trascendente; implican reconocer al mismo Cristo en cada hermano abandonado o excluido (cf. Mt 25,40.45). En realidad, la fe colma de motivaciones inauditas el reconocimiento del otro, porque quien cree puede llegar a reconocer que Dios ama a cada ser humano con un amor infinito y que «con ello le confiere una dignidad infinita». A esto se agrega que creemos que Cristo derramó su sangre por todos y cada uno, por lo cual nadie queda fuera de su amor universal. Y si vamos a la fuente última, que es la vida íntima de Dios, nos encontramos con una comunidad de tres Personas, origen y modelo perfecto de toda vida en común. La teología continúa enriqueciéndose gracias a la reflexión sobre esta gran verdad». Fratelli Tutti, 85
Celebramos la fiesta de Cristo Rey, un Cristo que es victorioso por el amor que dispensa a la humanidad. El que «siendo rico se hizo pobre» nos demuestra que el poder siempre es servicio y no, como se cree comúnmente, concentración de privilegios. El Señor demuestra toda su gloria en la capacidad de darse y en la invitación a seguir sus pasos.
Te invito a profundizar e esta parábola de la mano de una bella canción interpretada por el padre Cristóbal Fones y dejar que sus estrofas nos interpelen y enseñen a reconocer a Jesús a nuestro alrededor
Diseño en canva.com sobre ilustración de Julián García
Quise reunir en este blog las canciones que, en el día a día, me ayudan en la «vivencia, transmisión y compromiso de la fe». Por ello, las agrupé bajo el título de «Me has hablado en mil canciones», no sólo con el objetivo de disponer de recursos para la evangelización. Más aún, compartir un lenguaje que puede ayudarnos a escuchar la voz de Dios que nos llama.
Si querés conocer más canciones, podés hacer clic en el siguiente enlace.
«Jesús llama felices a los pobres de espíritu, que tienen el corazón pobre, donde puede entrar el Señor con su constante novedad».
Gaudete et exsultate, 68
Bienaventurados, dichosos, felices. ¡Toda persona camina en la búsqueda de ese estado que llamamos felicidad! Pero, lo sabemos bien, no todos entendemos a la felicidad de la misma manera. A lo largo de la historia han prevalecido criterios muy disimiles al momento de afirmar que una persona es «dichosa». En el Sermón de la Montaña, Jesús invierte los criterios, vigentes tanto en su tiempo como en el nuestro, que ligan a la felicidad con el tener, el poder y el placer. Su propuesta es revolucionaria porque en el Reino de Dios son los pobres, los que saben que necesitan de Dios y de los demás, los verdaderamente bienaventurados. Sí, y con ellos, los de corazón puro, los que buscan la paz, los que esperan, los que luchan…
Sabemos que los santos, más que «hacedores de milagros» o protagonistas de biografías extraordinarias, son los que han vivido, desde la simplicidad de los días, este estilo de vida que propone el Señor. Al celebrar el día de Todos los santos y santas de Dios, destacamos a aquellos que creyeron en la palabras de Jesús y aprendieron a traducirlas en acciones en la vida cotidiana. Nos enseña el Papa Francisco:
«Para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos. Muchas veces tenemos la tentación de pensar que la santidad está reservada solo a quienes tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias, para dedicar mucho tiempo a la oración. No es así. Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. ¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales».
Gaudete et exsultate, 14.-
Son numerosas las canciones que nos recuerdan las Bienaventuranzas, invitándonos a sumirlas como estilo de vida. Algunas reproducen con mucha fidelidad las palabras de Jesús, otras las actualizan, pero todas animar a encarnar este estilo de vida, como leímos en las palabras del Papa, desde la sencillez de la vida cotidiana. Aquí van algunas de esas canciones…
«Reaccionar con humilde mansedumbre, esto es santidad».
Gaudete et exsultate, 74
«Bienaventurados», de Daniel Poli. Incluida, originalmente, en el disco «Por su nombre» y reversionada en su última obra «Con los pies en la tierra».
Bienaventurados
Bienaventurados los que luchan
para mantener intacto el corazón.
En la multitud de rostros sin rumbo
van con hambre y sed de alguna razón.
Bienaventurado quien busca respuestas
en un mundo que ni quiere preguntar.
Aunque todo trate de apagar sus voces
gritan que hay caminos, que hay una verdad.
Que bailen y canten de alegría,
los que siembran de luces la oscuridad,
sentenciando al odio, matando mentiras,
felices los que están tramando la paz.
Felices los de corazón humildeporque recibirán la tierra que Dios les ha prometido.Que se alegren los que tienen hambre y sed de justiciaporque Dios hará que se cumplan sus deseos.Dichosos los que tienen compasión de otros,porque Dios tendrá compasión de ellos.Felices los de corazón limpio,porque ellos verán a Dios.Felices los que trabajan por la paz,porque Dios los llamará sus Hijos.
Bienaventurados los que saben
que todo no es cuestión de comprar o vender,
y conocen cosas que no tiene precio,
saben que hay medidas que jamás miden bien.
Bienaventurados los que lloran
esperando el día que los verá reír.
No puede matarse un sueño de justicia
como un amanecer no se puede impedir.
Que se alegren los que son perseguidos
por herir de luz tanta oscuridad,
por cantar la rebelión de la esperanza,
felices los que están tramando la paz.
«Saber llorar con los demás, esto es santidad».
Gaudete et exsultate, 76
Las Hermanas Misioneras Diocesanas, en el CD «Soy la Iglesia que canta» comparten una alegre versión, fiel al texto de Mateo 5, 1-12 que incluye, en su estribillo, la invitación a vivir las bienaventuranzas para «dar a conocer» el estilo de vida de Jesús.
Las bienaventuranzas
Felices los de espíritu de pobre,
de ellos es el Reino de los Cielos.
Felices los que ahora están sufriendo,
van a recibir un profundo consuelo.
Felices los que con paciencia esperan,
de ellos será la tierra en herencia;
felices los hambrientos de justicia,
van a ser saciados y tendrán la vida.
Esta es tu Buena NuevaJesús manso é corazón.Este es el Evangelioen el que quiero creer.Enseñame a vivirlopara darlo a conocer,dame tu mirada nuevahacé más honda mi fe.
Felices los que tienen compasión,
en Dios van a encontrar mucho perdón.
Felices los de corazón limpio,
en sus vidas ellos van a ver a Dios.
Felices todos los que buscan paz,
porque hijos de Dios los llamarán.
Felices los perseguidos por buenos,
para ellos es el Reino de los Cielos.
Felices cuando por Mi los persigan,
alégrense y muéstrense contentos,
ya saben que así sufren los profetas,
van a recibir el premio en el cielo.
Felices los que creen en el Señor
que cumple sus promesas con amor.
Cantemos con alegría y cariño
al Buen Padre que nos regaló a su Hijo.
«Buscar la justicia con hambre y sed, esto es santidad».
Gaudete et exsultate, 79
Jesús, el nuevo Moisés; las Bienaventuranzas, el estilo de vida que nos propone en la Nueva Alianza. «Ven, sube a la montaña», del padre Osvaldo Catena insiste en grabar la ley del Reino de Dios en los corazones. El mensaje del Señor es, más que para ser enseñando; practicado, vivido y asumido en el día a día de nuestra existencia.
Ven, sube a la montaña
Ven, sube a la montaña, a recibir la Ley del Reino,
Jesús quiere grabarla sobre tu corazón.
Felices los humildes, su herencia es el Señor,
felices los que lloran, tendrán consolación.
Felices los pacientes, el Cielo poseerán,
los que aman la justicia en Dios se saciarán.
Felices los sinceros, porque verán a Dios,
los misericordiosos, porque obtendrán perdón.
Felices los que luchan por construir la paz,
a ellos pertenece el Reino Celestial.
«Mirar y actuar con misericordia, esto es santidad».
Gaudete et exsultate, 82
Finalmente, «Dichosos» de Salomé Arricibita. Fiel a su estilo, presenta letras extensas cantadas con un fraseo particular que permite que, cada frase, pueda expresarse con belleza y claridad.
Dichosos
Dichosos los que lloran
porque su consuelo se hará realidad.
Dichosos los que sufren
porque la tierra será su heredad.
Dichosos los que son pobres de espíritu
porque suyo es el Reino de Dios.
Dichosos los hambrientos de justicia
pues se saciarán sin condición.
Dichosos serán, dichosos serán
dichosos seremos si no somos "dueños"
y vivimos en paz (bis)
Dichosos los misericordiosos
porque ellos tendrán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón
porque de ellos será la gloria.
Dichosos los que trabajan por la paz
porque los llamarán Hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos
porque de ellos es el Reino del Amor.
Dichosos serán, dichosos serán
dichosos seremos si no somos "dueños"
y vivimos en paz (bis).
Dichosos vosotros cuando os insulten
y os persigan por mi causa
estad alegres, no tengáis miedo porque yo soy vuestra casa.
Dichosos vosotros cuando os insulten
y os persigan por mi causa
estad alegres, no tengáis miedo porque yo soy vuestra casa.
Dichosos serán, dichosos serán
dichosos seremos si no somos "dueños"
y vivimos en paz (bis).
«Sembrar paz a nuestro alrededor, esto es santidad».
Gaudete et exsultate, 89
«Me has hablado en mil canciones» es una recopilación de obras musicales para promover el diálogo y la oración. A la vez, es una pequeña acción destinada a promover el arte católico en favor de la nueva evangelización.
Para ir al listado de canciones (en construcción), presiona aquí: Me has hablado en mil canciones.
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En la noche del 5 de enero, multitudes de niños y niñas prepararán sus zapatos para recibir a los Reyes Magos, esperando ansiosos, un regalo que les alegre el día.
Ha pasado el tiempo y, muchos años después de vivir intensamente esa noche de enero, me pregunto quiénes son estos ilustres visitantes para mí… Tres catequistas. Eso alcanzo a ver en la persona de los Magos venidos de Oriente.
Para profundizar en el por qué de esta respuesta, te invito a distinguir lo que aportan los evangelios de los contenidos posteriores incorporados por la tradición.
Sólo Mateo habla de los «Magos venidos de Oriente». El relato de Mt 2, 1-12 es breve, pero bello y sugerente.
Mateo no menciona sus nombres. ¿De dónde surgen, entonces? Son mencionados en el Evangelio Armenio de la Infancia (un texto apócrifo escrito en el S. VI): «…he aquí que los magos de Oriente, que habían salido de su país hacía nueve meses, y que llevaban consigo un ejército numeroso, llegaron a la ciudad de Jerusalén. El primero era Melkon, rey de los persas; el segundo, Gaspar, rey de los indios; y el tercero, Baltasar, rey de los árabes».
¿Son tres o doce? La creencia acerca de que fueron tres los magos que visitaron a Jesús, se arraiga en el hecho que le ofrecieron tres regalos, es lo que afirma Mateo. En iglesia de oriente se habla de más visitantes, algunos llegan a doce…
¿Son reyes o magos? En evangelio habla de «magos», pero no al estilo de Harry Potter, sino, conocedores de los astros, familiarizados en la contemplación de la estrellas. La expresión «reyes» surge del salmo 72: «Que se inclinen ante él las tribus del desierto, y sus enemigos muerdan el polvo; que los reyes de Tarsis y de las costas lejanas le paguen tributo. Que los reyes de Arabia y de Sebá le traigan regalos; que todos los reyes le rindan homenaje y lo sirvan todas las naciones» (72, 9-11).
Los regalos, ¿encierran un significado? El oro es para el Rey, el incienso para Dios y la mirra para el hombre que ha de morir… Sin duda, los tres regalos hacen referencia a la identidad del Niño: Dios que viene a reinar y a dar la vida por la humanidad.
La estrella que guía a los Magos no debe contemplarse como fenómeno astronómico sino como señal de Dios que guía a los hombres al encuentro con el Niño. Como los ángeles guían a los pastores hacia el pesebre, la estrella es la guía de los magos que vienen de Oriente.
Finalmente, el nombre de esta fiesta es de la Epifanía, que significa «manifestación». En la persona de los pastores, Jesús se da a conocer al pueblo de Israel. En el encuentro con los «Magos venidos de Oriente», Jesús se manifiesta a toda la humanidad.
¿Por qué hablamos de tres catequistas? Sin duda, los Magos (más allá de lo que generan en los niños que, cada año, esperan ansiosos su visita) nos ayudan a conocer al Niño que acaba de nacer. Y más aún, a relacionarnos con ese Niño cuya misión es redimir a la humanidad.
Los Magos descubren una señal de Dios y, sin dudarlo, se ponen en marcha: «Hemos visto su estrella y hemos venido a adorarlo». Allí encontramos una primera referencia catequística: tienen ansias de Dios y salen, decididamente, a buscarlo.
En la visita al Niño, realizan dos acciones: se postran ante él y le entregan sus dones. Inclinarse y entregar. Los Magos nos ayudan a reconocer la grandeza de Dios que «siendo rico se hizo pobre», como afirma la liturgia. Dios se hace pequeño para que el hombre pueda abrazarlo y entregarle lo más preciado que disponen las personas: la propia vida.
En sus regalos, los Magos nos ayudan a reconocer la identidad del Niño Dios (como ya se explicó anteriormente). Una verdadera catequesis de signos que nos adentran en el misterio más profundo que, tiempo después, Pablo explicará con estas palabras: «Cristo, que era de condición divina…
Finalmente, los Magos nos recuerdan el valor del encuentro y cómo éste impulsa la conversión: ellos vuelven por otro camino, porque es imposible seguir transitando la misma huella después de haber conocido al Señor. Este es el «detalle» que los hace verdaderos catequistas: descubrir la señal de Dios, seguirla y dejarse transformar por el encuentro con una persona que da un nuevo sentido a la vida.
Esta noche, ¿preparamos los zapatos? Claro que sí. Porque tenemos la convicción de que en su visita el regalo más importante que tienen para dejarnos es esa señal que los movilizó desde Oriente y que hoy ha de ponernos en marcha a nosotros: «Hemos visto su estrella y hemos venido a adorarlo».