
La celebración del Domingo de Ramos marca el inicio de la Semana Santa. ¿Qué sucede con Jesús después de esta entrada triunfal y antes de la celebración de la Última Cena? Sabemos que Jesús enseña en el Templo, que visita Betania y dialoga muy profundamente con sus discípulos. Así lo van indicando las lecturas propuestas para estos tres días de la Semana Mayor.
El lunes, Jesús visita Betania, donde residían Lázaro, María y Marta. Betania está muy cerca de Jerusalén, por lo que se cree que Jesús intenta alejarse un poco del bullicio que representa Jerusalén en fecha cercana a la Pascua.
En Betania, Jesús es ungido por María con un ungüento de nardo puro. El signo es elocuente y es Jesús mismo quien lo destaca:
En tiempos de Jesús, el cuerpo de un difunto era cuidadosamente preparado antes de la sepultura: se lavaba, se ungía con ungüentos, especialmente mirra (¿recuerdan el regalo de los magos de oriente en el pesebre de Belén?) y áloe. También, los aromas podían dejarse cerca del cuerpo, sobre la piedra en la que era depositado. Así lo narra el evangelio de Juan (19, 39-40):
“Fue también Nicodemo, el mismo que anteriormente había ido a verlo de noche, y trajo una mezcla de mirra y áloe, que pesaba unos treinta kilos. Tomaron entonces el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas, agregándole la mezcla de perfumes, según la costumbre de sepultar que tienen los judíos”.
Por su parte, Judas protesta por la actitud de María: piensa que el perfume podría venderse para distribuir el dinero entre los pobres. Allí, Juan nos deja un dato importante: Judas se hacía cargo de la administración de los bienes que recibían Jesús y sus apóstoles. Bienes que, al parecer, Judas solía apropiarse. La inconformidad de Judas con lo que sucede en torno a Jesús se hace evidente. En estos días de Semana Santa, su figura comienza a tener mayor relevancia.
Para terminar esta visita a Betania, el relato afirma que muchos otros se acercaron a casa de los amigos de Jesús con la intención de ver a Lázaro, que había resucitado. Algunas autoridades pensaron, también, en eliminarlo.

Mientras tanto, se va tejiendo una oscura trama que derivará en la detención de Jesús. Los relatos del martes y miércoles santo se refieren a ello. Jesús anuncia nuevamente su pasión y agrega: “uno de ustedes me entregará” (Jn 13, 21). ¿Qué sucedió con Judas? ¿Desilusión, discrepancias con el resto? Es difícil saberlo. Una cosa es cierta: se trata de un alma atormentada que pactó en treinta monedas la entrega del Maestro creyendo encontrar allí satisfacción y, luego, cuando cayó en la cuenta de su error, terminó con su vida. ¿Por qué no confió en la misericordia de Dios? Dice la canción de Alejandro Mayol:
“Nada son treinta monedas / mal comerciante sos vos
la vida vale más que eso / vale la sangre de Dios.
Sólo hay Judas un pecado / que jamás tiene perdón,
creer que Dios no es más grande / que tu desesperación”.
En estos días, Jesús da instrucciones a sus discípulos para que preparen la Pascua. La lectura del día martes, además de mencionar la traición de Judas, recuerda el anticipo que Jesús hace de las negaciones de Pedro:
“Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿a dónde vas?».
Jesús le respondió: «Adonde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás».
Pedro le preguntó: «¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti».
Jesús le respondió: «¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces» (Jn 13, 36-38).
Finalmente, y para responder al título de esta entrada, Jesús pasa tiempo en el Templo enseñando. Su actitud es un verdadero elogio del educador. El Señor sabe que conspiran contra Él, sin embargo, no abandona la misión de enseñar y ello lo recordará cuando sea juzgado por el Sumo Sacerdote:
«He hablado abiertamente al mundo; siempre enseñé en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada en secreto. ¿Por qué me interrogas a mí? Pregunta a los que me han oído qué les enseñé. Ellos saben bien lo que he dicho» (Jn 18, 20-21).
El final se acerca. “Herirán al pastor y se dispersarán las ovejas” (Mc 14, 27). Sin embargo, el Pastor busca, aun en la persecución, animar al rebaño, darle fortaleza y sostenerlo en la esperanza. Da una lección de coherencia: su enseñanza está respaldada por su vida. Sin duda, es lo que vivimos en cada Semana Santa.
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