Sabemos que el año litúrgico se formó en el tiempo a partir de los dos grandes misterios centrales de la fe cristiana: la Pascua y la Navidad. La importancia de estas dos celebraciones hizo necesario un tiempo de preparación que dispusiera el corazón de los fieles: este es el origen y el sentido de la Cuaresma para la Pascua y del Adviento para la Navidad.
El último de estos cuatro grandes tiempos litúrgicos en aparecer, ha sido el Adviento, probablemente hacia el siglo IV, de manera incipiente, fue afianzándose hacia el VI.
Es un tiempo breve, cuatro domingos entre la Solemnidad de Cristo Rey y la Navidad, donde el tema dominante es la espera gozosa de la venida del Señor. Así, el Adviento se nos presenta en tres dimensiones: el adviento litúrgico, el escatológico y el espiritual.
El adviento litúrgico nos pone en sintonía de la gran celebración de la Navidad. La corona de Adviento con sus cuatro luces nos acompaña en este camino de crecimiento espiritual.
El adviento escatológico nos invita a prepararnos para la segunda venida de Jesús, realidad que reafirmamos en cada celebración eucarística: ¡¡¡Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven Señor Jesús!!!
Y el adviento espiritual nos recuerda que hemos de estar preparados en todo momento para recibir al Señor, que, como dice el Evangelio de este primer domingo del Ciclo A: «vendrá a la hora menos pensada».
Para prepararnos a conciencia, en estos cuatro domingos, la liturgia de la Palabra nos presenta a los grandes protagonistas del Adviento:
El profeta Isaías: que invita al pueblo a la esperanza y a contemplar el signo que Dios quiere dejarnos: la joven embarazada y la esperanza del Emmanuel, Dios con nosotros. En la misma línea, Juan, el Bautista; el precursor, llamado a preparar el corazón en la espera atenta y vigilante del Mesías que está a las puertas. Isabel y Zacarías, los padres del Bautista y la Virgen María y san José, que nos iluminan con su fe en las promesas de Dios.
Tiempo sencillo, tiempo bello donde el llamado a la conversión suena y resuena una vez más: ¡Viene el Señor, preparemos el corazón!
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Compartimos en este posteo la catequesis ofrecida a tres comunidades de la Diócesis de Mar del Plata, destinada a catequistas y agentes de pastoral; con el objetivo de ofrecer recursos y actividades para preparar, en comunidad, la llegada de la Navidad.
Orden del encuentro
Introducción: Venga tu Reino
Narración. Lluvia de ideas
Sentido del adviento: litúrgico, espiritual y escatológico.
La corona del adviento. Consagración del tiempo a Dios.
Isaías: evangelista del antiguo testamento.
Calendario de adviento. Aportes de los participantes.
Cuento: la primera navidad.
Acunando a Niño Dios
1.- Venga tu Reino
“Venga a nosotros tu Reino” es una expresión que, repetidamente, decimos a lo largo del año. Presente en el Padre nuestro; también en variados textos litúrgicos, nos recuerda el tema central de la predicación de Jesús, el Reino de Dios presente entre nosotros y la fe en la segunda venida de Cristo, aquella que afirmamos en el Credo y manifestamos en cada celebración eucarística: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven Señor Jesús!!”.
La canción «Venga tu Reino», compuesta por el padre jesuita Cristóbal Fones, nos invita a ponernos en marcha en una espera activa de la llegada del Señor. «Pon a tu pueblo de pie» es una exhortación a estar atentos y vigilantes.
Venga tu Reino
Somos Pueblo de Dios, Iglesia Peregrina como una gran familia que camina unida venimos a cantar en la fracción del pan que nuestra fuente es el Dios de la Vida
Venga a nosotros tu Reino de Amor pon a tu Pueblo de pie celebraremos contigo, Señor renueva nuestra esperanza celebraremos contigo, Señor una fiesta de nueva alianza
Somos Cuerpo de Cristo, Iglesia que comparte y que alimenta al mundo tan dolido de hambre venimos a cantar en la fracción del pan que nuestro amor es el Dios hecho carne
Somos Templo sagrado del Espíritu Santo como un hogar que acoge alegría y dolor venimos a cantar en la fracción del pan que nuestra fuerza es Dios Consolador.
En este encuentro buscaremos poner en común todo lo que conocemos del Adviento, resignificar ese conocimiento y poder traducirlo en acciones concretas, personales y comunitarias. Para ello, compartimos con los presentes una historia que nos servirá de marco:
Maura, Jennifer y Tadeo se han incorporado a la parroquia Nuestra Señora de las Búsquedas. El párroco, José María Buendía, nos ha encargado que los acompañemos en su ingreso a la comunidad, ayudándolos a adentrarse en el Año litúrgico y así, poder comprender el sentido de cada celebración. El sacerdote los ha animado a prestar un servicio desde la liturgia y por tal motivo requiere de nuestra ayuda. ¿Por dónde comenzamos?
El punto de partida será organizar todo lo que conocemos del Adviento, es decir, por medio de una lluvia de ideas, manifestar cuál es el contenido esencial de este tiempo. Recordemos oraciones, lecturas y canciones propias de este tiempo.
Realizada la lluvia de ideas, nos preguntamos: ¿por qué este texto, lectura o canción pertenecen al Adviento? Trataremos de buscar, aquí, una frase de cada texto recordado que sea representativa de este tiempo litúrgico. En tiras de papel anotamos las frases y las disponemos de tal manera que todos puedan apreciarlas.
¡Qué importante que nuestro lenguaje sea comprendido por los destinatarios: Maura, Jennifer y Tadeo! Hoy, resulta difícil que los lenguajes típicos para comunicar la fe (bíblico, litúrgico o doctrinal) sean comprendidos por muchas personas que se acercan a nuestra comunidades o que escuchan nuestro testimonio de fe. Es importante, pues, que pensemos cómo acercarnos a ellos utilizando un lenguaje enraizado en la vida cotidiana para introducirlos, poco a poco, en la fe cristiana.
3.- Sentido del adviento
¿Qué entendemos cuando pensamos en el Adviento?
Si pensamos en los cuatro domingos que nos preparan a la celebración de la Navidad, hablamos del Adviento litúrgico. Un tiempo de preparación y penitencia que nos dispone, desde su contenido (Palabra de Dios y textos litúrgicos) y, también, desde sus símbolos (el color morado, la corona de adviento, el armado del pesebre, entre otros) a recibir al Niño Dios.
Pero la venida de Cristo es un acontecimiento que puede darse en cualquier momento del año. Son muchas las lecturas que nos invitan a prepararnos para recibir a Jesús “en la hora menos pensada”. Se descubre, ante nosotros, la posibilidad de una experiencia espiritual: el encuentro personal con Jesús, que cambia y transforma nuestra vida. Estar atentos a ese encuentro es disponernos a vivir un adviento espiritual que, insistimos, puede ocurrir en cualquier momento de nuestra vida.
Finalmente, sabemos que, un día, la historia terminará y Jesús vendrá con gloria a reinar para siempre (no olvides que el domingo de Cristo Rey, reflexionamos la parábola del Juicio final -Mt 25-, que nos anticipa ese momento que determinará el final de los tiempos). Es el adviento escatológico. Así lo dice el Credo:
Subió a los cielos. Desde allí, ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
También lo manifestamos en otros textos litúrgicos, por ejemplo:
Así, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.
Plegaria Eucarística III
Entonces, si siempre hemos de estar preparados para recibir al Señor que llama a nuestra puerta, ¿por qué celebramos este tiempo litúrgico? La primera respuesta es sencilla: porque nos disponemos a celebrar la Navidad preparándonos conscientemente (ese es uno de los objetivos de este encuentro). La Navidad, junto con la Pascua, son los dos grandes momentos del año litúrgico porque ponen en el centro de la atención los dos grandes misterios de la fe: la encarnación del Hijo de Dios y su pasión, muerte y resurrección.
La segunda respuesta que podemos dar es que estos cuatro domingos buscan formar en nuestras conciencias la importancia de crecer en la vida espiritual y estar atentos y preparados para cuando el Señor nos llame a su presencia. Por supuesto, no se trata de vivir con miedo ni ansiedad, sino de vivir al estilo de Jesús. No es una espera pasiva, sino activa:
Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada. ¿Cuál es, entonces, el servidor fiel y previsor, a quien el Señor ha puesto al frente de su personal, para distribuir el alimento en el momento oportuno? Feliz aquel servidor a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo.
Mt 24, 43-46
4.- La corona del adviento.
Se trata de un signo que nos acompaña durante las cuatro semanas previas a la Navidad. Como signo, no es un fin en sí mismo, por el contrario, es un medio que nos ayuda a vivir el Adviento seriamente, con la mirada puesta en el Nacimiento de Jesús.
Cuatro velas y algo de follaje dispuesto en forma circular. Las velas se encienden una por una, cada domingo, iluminando el camino que realizamos hacia la Navidad. A medida que encendemos las velas, la «luz del mundo» se hace presente en nuestras vidas.
«Hoy se enciende una llama» es una linda canción para acompañar la oración frente a la Corona de Adviento. En este mismo enlace, encontrarás una propuesta de oración para cada domingo del adviento.
5.- El profeta Isaías: el evangelista del Antiguo Testamento
Son muchos los protagonistas bíblicos del Adviento. Para empezar, María y José tienen un protagonismo exclusivo. Por su parte, Juan el Bautista nos habla de «preparar el camino del Señor». No olvidemos, también, a Isabel y Zacarías, sus padres. En los relatos bíblicos donde son mencionados, apreciamos actitudes que nos ayudan a disponer el corazón para recibir a Jesús en nuestras vidas: disponibilidad, entrega, confianza… Pero, en este encuentro, queremos destacar a un protagonista que viene de la Antiguo Alianza, al que san Jerónimo denominó «evangelista del Antiguo Testamento.
Hablamos del profeta Isaías, quien, de manera especial durante el Ciclo Litúrgico A, nos acompaña desde la primera lectura de cada domingo. Isaías es el profeta que con mayor claridad habla de Jesús, anticipando su encarnación como, también, su pasión y glorificación.
A continuación, algunos versículos esenciales para este tiempo de preparación:
Vengan, subamos a la montaña del Señor 2, 3
¡Ven, casa de Jacob, y caminemos a la luz del Señor! 2, 5
La joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel 7, 14
Saldrá una rama del tronco de Jesé y un retoño brotará de sus raíces. Sobre él reposará el espíritu del Señor 11, 1-2
¡Regocíjense el desierto y la tierra reseca, alégrese y florezca la estepa! 35, 1
¡Consuelen, consuelen a mi Pueblo, dice su Dios! Hablen al corazón de Jerusalén 40, 1-2
Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios 40, 3
El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. El me envió a llevar la buena noticia a los pobres, a vendar los corazones heridos, a proclamar la liberación a los cautivos y la libertad a los prisioneros, a proclamar un año de gracia del Señor. 61, 1-2
Pero tú, Señor, eres nuestro padre, nosotros somos la arcilla, y tú, nuestro alfarero: ¡todos somos la obra de tus manos 64, 7
¿Cuáles son las actitudes que nos propone el profeta? Hagamos un listado de verbos… Pensemos, ¿en qué acciones concretas podemos cristalizar sus recomendaciones? ¿Qué inspiran en nosotros las palabras de Isaías?
6.- Calendario de adviento
Maura, Jennifer y Tadeo están muy entusiasmados y desean vivir el Adviento con profundidad. Para ello, les ofrecemos preparar el Calendario de Adviento, donde podremos definir algunas acciones que nos preparen a vivir la Navidad al modo de Jesús.
¿Qué acciones podemos sugerirles para vivir intensamente este tiempo? Será importante que las acciones a señalar sean realizables, sencillas y concretas, además, que sean abarcativas, a realizar de manera personal, familiar o comunitaria. Que puedan relacionarse con la vida contemplativa (orar, meditar la Palabra, visitar un santuario) y con la vida activa (visitar a un enfermo, compartir nuestros bienes con los demás, participar de una iniciativa solidaria).
Para descargar un archivo con el calendario para imprimir, pulsa aquí.
7.- Cuento: La primera Navidad
La Primera Navidad (Claudia Bechech)
Todo el cielo estaba alborotado preparando la primera Navidad de la historia; en pocos días más, Dios se haría hombre, y nacería en un pequeño pueblito llamado Belén, ¡y todavía había tanto que hacer!
En medio del revuelo general, el ángel Bernardo Cielolimpio se paseaba nervioso y pensativo:
-No me lo puedo perder. Tengo que estar ahí, cerca de El. Daría hasta mis alas por ver a Jesús recién nacido, pero… ¿cómo?
En una de esas, vio un gran cartel en una esquina del cielo: «El maestro Rogelio Alacorta busca voces para formar parte del coro celestial que anunciará a los hombres el nacimiento de Jesús».
– ¡Esta en mi oportunidad de estar cerca del Niño Jesús! -se dijo Bernardo.
El maestro Alacorta aceptó a Bernardo, pero le advirtió muy serio:
– Muy bien, ya formás parte del coro celestial, pero no faltes a ningún ensayo. Las canciones deben salir perfecto. ¿Entendido?
– Si, maestro. No faltaré -contestó Bernardo que no podía ocultar su alegría.
Pero a pesar de su determinación y de sus enormes ganas, no pudo ensayar ni una sola vez; un día porque llevó hasta su casa a un angelito bebé que se había perdido; otro día, porque se quedó ayudando a los ángeles que estaban preparando la estrella de Belén; otro, porque se encontró con Santiago Nubarrón, con quien estaba peleado, y conversaron hasta amigarse de nuevo; otro más, porque un amigo le pidió ayuda para coser su túnica… Y así, cuando se quiso acordar, era 24 de diciembre, es decir, el último día de ensayo.
Bernardo se ubicó en el coro, pero cuando estaba cantando «Gloria a Dios en las alturas”, se equivocó, y el maestro Alacorta, muy serio, le dijo que, lamentablemente, no podía quedarse en el coro.
Bernardo estaba más que tristísimo y no encontraba consuelo. Ya se acababa el día y comenzaba la noche más buena de todos los tiempos, porque era la noche que vería nacer al Señor.
El ángel secó sus lágrimas y se puso a buscar una nube con buena vista a la tierra para poder por lo menos, espiar el gran acontecimiento. Pero lo paralizó una voz sin palabras, que resonó es su corazón, llamándolo.
Así que… ¡apurate que ya se van todos!
Era Dios Padre, y hacia El se dirigió sin tardar.
– Hola Bernardo, ¿cómo estás?
– Bien, Diosito, gracias.
– Si no me equivoco, tu mayor deseo era ver a Jesús recién nacido, ¿verdad? Bien ahora vas a bajar a ese humilde portal donde mi Hijo va a nacer y al lado del pesebre velarás su sueño.
– ¿Yo… yo…, Señor? ¿Por qué yo?
– Porque en medio de tantos preparativos para el nacimiento de Jesús, vos preparaste lo más importante: tu corazón; ayudando a los que te necesitaban, olvidando peleas, rencores, dejando hasta tus propias cosas para ocuparte de los demás, en una palabra, amando, y así es como yo quiero que, hoy y siempre, preparen la Navidad.
Ahora ya saben: cuando armen el pesebre y pongan ese angelito en la cabecera del Niño Jesús o en el techo del portal, no se olviden que ese es Bernardo Cielolimpio, y que está ahí, cerca del Señor porque preparó la Navidad con un corazón lleno de amor para todos.
A la luz del cuento y teniendo presente el calendario de Adviento, ¿a partir de qué acciones concretas puedes vivir, al modo de Jesús, este tiempo? ¿Cómo prepararnos a recibir al Niño Dios que busca nacer en nuestros corazones?
Juntos, vamos a armar este calendario que podemos compartir en las redes sociales con el hastag #VenSeñorJesús #NavidadEsJesús
8.- Acunando al Niño Dios: María de la esperanza.
Para finalizar este encuentro, nos confiamos en las manos de la Madre de Jesús, contemplada en esta canción como María de la esperanza.
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En 1891, el papa León XIII pública la carta encíclica Rerum Novarum (de las cosas nuevas). Esta encíclica es la que da lugar al desarrollo de la Enseñanza Social de la Iglesia como un cuerpo ordenado de principios, valores y normas que se proponen como orientación en la búsqueda de soluciones frente a la problemática social.
La situación a la cual se enfrenta León XIII es la de la Segunda Revolución Industrial; es decir, cuando los efectos de esta profunda transformación se extienden por toda Europa provocando un fuerte fenómeno de migración del campo a la ciudad en búsqueda de trabajo; circunstancias que dieron lugar a un marcado hacinamiento de familias en las ciudades. En este marco la situación del mundo obrero es de total desprotección: largas jornadas laborales, sin la debida seguridad social y un salario acorde al esfuerzo realizado. La Iglesia se pone de cara al mundo obrero y compromete su acción en la defensa de sus derechos (el influjo de esta encíclica se percibió en nuestro país de la mano de la Juventud Obrera Católica Argentina que, por décadas, acompañó el desarrollo del mundo obrero).
Este fue el punto de partida para el desarrollo de la Enseñanza Social de la Iglesia, es decir, el pensamiento de la Iglesia acerca de la realidad social o, dicho de otra manera, el evangelio de Jesús aplicado a la problemática social.
Es importante que podamos entender esta Enseñanza Social como un conjunto de principios valores y normas que el magisterio de la Iglesia propone como punto de partida en la búsqueda de una solución humana a los problemas sociales.
¿Por qué a la Iglesia le interesa lo político? Es importante entender la política en un sentido amplio, no como búsqueda de poder, no como acción partidaria o militancia sino como la búsqueda de todo ciudadano, grupo o institución del bien común. En ese sentido, en un sentido amplio, la política le interesa a la iglesia porque sabe que puede y debe ofrecer su colaboración en la consecución del bien social (común).
El punto de partida de esta enseñanza social es la Sagrada Escritura, de manera particular en los libros del Pentateuco, los Evangelios y las cartas de Pablo. De numerosos textos bíblicos se pueden hacer múltiples inferencias sociales que han permitido desarrollar, de manera sistemática, orientaciones de carácter dinámico (porque van cambiando según el curso de los acontecimientos) junto a principios inalterables (como el de la dignidad de la persona).
Un ejemplo de esto podemos encontrarlo en el capítulo 58 del libro del profeta Isaías. Isaías escribe 700 años antes de Cristo y señala con mucha fuerza cómo el culto de sus contemporáneos se ha alejado de la justicia. Les dice que su ayuno (práctica religiosa) está separado de la justicia, por lo tanto, esa práctica piadosa no agrada a Dios: “Porque ustedes, el mismo día en que ayunan, se ocupan de negocios y maltratan a su servidumbre. Ayunan para entregarse a pleitos y querellas y para golpear perversamente con el puño. No ayunen como en esos días, si quieren hacer oír su voz en las alturas” (Is 58, 3-4).
El profeta advierte que las prácticas religiosas (lo que llamamos culto) no debe estar alejada de la justicia si, en verdad, buscamos agradar a Dios con nuestras acciones. Y agrega:
“Este es el ayuno que yo amo –dice el Señor-: soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos; compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne (Is 58, 6-7). Es decir, el culto (la oración, la participación en la misa, el rezo del rosario, la visita a un santuario) adquiere sentido en la medida que, en el día a día, intentamos vivir esa fe llevándola a todos los ámbitos de la vida y, especialmente, en el hacer justicia con nuestras acciones.
Gracias a textos como el del profeta Isaías descubrimos la dimensión social de la fe: la importancia de vivir la fe en todo momento (no sólo en el templo o en la comunidad de fe), especialmente, con nuestras acciones (una íntima relación entre la vida y la fe).
En párrafos anteriores hemos dicho que la enseñanza social que se desprende del evangelio debe ser entendida como un conjunto de principios, valores y normas. No estamos presentando una filosofía social ni una ideología alternativa entre el socialismo y el liberalismo. No es la pretensión de esta enseñanza.
Los principios de la Enseñanza Social son cinco:
el bien común: nos referimos al bien de las personas, también a la suma de bienes tanto espirituales como materiales que son alcanzados con la cooperación del conjunto de la sociedad.
el destino universal de los bienes: Dios ha creado la tierra para todos los hombres. Los bienes de la tierra, por tanto, deben llegar a cada ser humano en su justa proporción.
el principio de la subsidiaridad: las sociedades de orden mayor deben ponerse en situación de ayuda de personas, grupos e instituciones de la vida social para que cada una de ellas puedan cumplir su misión.
el principio de la participación: consecuencia directa del principio anterior, llama a tomar parte responsable en la edificación de la sociedad.
la solidaridad: al reconocer la dignidad personal del ser humano, la solidaridad, como virtud social, nos anima a procurar para el prójimo aquello que toda persona merece alcanzar: pan, paz y trabajo.
Cuatro son los valores fundamentales: libertad, caridad, justicia y verdad.
Esta doctrina social se desarrolla a partir de documentos y declaraciones donde se exponen sus contenidos esenciales. Para poder diferenciarlos rápidamente, estos documentos llevan como título/nombre, las primeras palabras del texto en latín. Por ejemplo, el documento del Concilio Vaticano II llamado Gaudium et spes lleva ese nombre porque el texto comienza de esta manera: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo”. O, si nos referimos uno de los últimos documentos sociales, Laudato Si; comienza así: “Alabado seas, mi Señor, cantaba san Francisco de Asís”.
Cada documento es, también, reconocido por una abreviatura que, acompañada de un número, indica el párrafo que se ha citado o se recomienda leer. Siguiendo con los ejemplos mencionados:
Gaudium et spes (GS)
Laudato Si (LS)
¿Cuáles son los contenidos esenciales de la enseñanza social? En primer lugar, la dignidad de la persona humana; entender al hombre y la mujer como un seres sociales con derechos y deberes. En segundo lugar, el rol de la comunidad política, el rol del Estado orientado en la consecución del bien común, la cuestión del trabajo y, de allí, la espiritualidad del trabajador, la importancia de la economía y su relación con la moral, el rol de la empresa en la vida social y de los sindicatos como legítima agrupación de trabajadores. Otra de las temáticas fundamentales es la búsqueda de la paz, el desarrollo y la justicia de la mano de la promoción humana. Finalmente, la cuestión ecológica como tema englobante de toda problemática social.
Algunos de estos documentos, son:
Rerum Novarum (RN). Escrito por León XII en 1891. Versa sobre la cuestión social producto de la Revolución industrial.
Pacem in terris (PT). Su autor, Juan XXIII, escribió sobre la paz y los derechos y deberes humanos. Lo hizo en plena guerra fría (1961).
Populorum Progressio (PP). Escrita por Pablo VI, se centra en el fenómeno del progreso (desarrollo) al que llamó: “el nuevo nombre de la paz” (1968).
Laborem exercens (LE). Sobre el trabajo humano. Su autor, san Juan Pablo II, en 1981.
Centesimus annus (CA). También de Juan Pablo II. Analiza la situación mundial frente a la caída del Muro de Berlín. Publicada en 1991.
Evangelium Vitae (EV). El evangelio de la vida, escrito, también por san Juan Pablo II (1995).
Deus caritas est (DCE). Sobre el amor ligado a la justicia, de Benedicto XVI.
Laudato Si (LS). Del Papa Francisco. Sin dudas, la encíclica social de mayor importancia (¡la nueva Rerum Novarum!) ya que engloba todas las cuestiones sociales en una sola: la ambiental. Fue publicada en 2005.
Fratelli tutti (FT). Escrita, también por el Papa Francisco. Aborda el tema de la fraternidad universal y la amistad social. Escrita en 2020.
Como se anticipó, la doctrina social de la Iglesia se inspira fundamentalmente en las Sagradas Escrituras pero, también, en la contribución de los padres de la Iglesia, los aportes de la teología y el mismo magisterio de la iglesia de 2000 años.
El método de trabajo de esta enseñanza consiste en tres momentos o en tres etapas denominadas así: ver, juzgar y actuar.
Ver: la realidad. Analizar cuáles son las causas y consecuencias de la problemática social que se está abordando. Se trata de hacer un diagnóstico de la realidad para saber cuáles son los desafíos a los cuales nos enfrentamos.
Juzgar: nos preguntamos qué dice la palabra de Dios frente al problema social que estamos analizando. Cuáles son los elementos de juicio que nos permitan profundizar en la cuestión y comenzar a allanar el camino para su pronta solución.
Actuar: donde se proponen directrices de acción para hallar una solución humana a los problemas sociales.
Finalmente, ¿cuál es el objetivo de esta enseñanza? Promover la edificación de una nueva civilización (una nueva cultura) que tenga al amor como origen y meta. En 1987, se celebró en Buenos Aires la primera Jornada Mundial de la Juventud con la presencia de san Juan Pablo II. La canción que acompañó esas jornadas se tituló “Nueva civilización” (también conocida por el nombre de “Un nuevo sol”). Esta composición sintetiza con mucha claridad los principios esenciales de esta enseñanza social. Como se puede apreciar, la dignidad de la persona está en el centro de toda acción social, todo se enfoca hacia el logro del bien común de la mano del trabajo y la promoción que posibilitan un auténtico desarrollo.
El estribillo de la canción tiene que ver con el conflicto bélico entre Argentina y Gran Bretaña por la soberanía de las Islas Malvinas. Ese año, 1982, el papa Juan Pablo II visitó por primera vez nuestro país dejando un mensaje a la juventud argentina que decía: “No dejen que el odio marchite esa capacidad de entendimiento que todos llevan dentro. Hagan, con sus manos unidas, junto a la juventud latinoamericana, una cadena de unión más fuerte que las cadenas de la guerra. Así serán jóvenes constructores de un mundo mejor. Así serán cristianos”. Aquellas palabras inspiraron la composición de esta canción, un verdadero himno y programa de acción, para todo seguidor de Jesús.
1. Una tierra que no tiene fronteras
sino manos que juntas formarán
una cadena más fuerte
que la guerra y que la muerte.
Lo sabemos, el camino es el amor.
2. Una patria más justa y más fraterna
donde todos construyamos la unidad,
donde nadie es desplazado
porque todos son llamados.
Lo sabemos, el camino es el amor.
UN NUEVO SOL SE LEVANTA
SOBRE LA NUEVA CIVILIZACIÓN QUE NACE HOY.
UNA CADENA MÁS FUERTE
QUE EL ODIO Y QUE LA MUERTE;
LO SABEMOS, EL CAMINO ES EL AMOR.
3. La justicia es la fuerza de la paz,
el amor, quien hace perdonar;
la verdad, la fuerza que nos da liberación.
Lo sabemos, el camino es el amor.
4. El que tiene comparte su riqueza
y el que sabe no impone su verdad;
el que manda entiende
que el poder es un servicio.
Lo sabemos, el camino es el amor.
5. El que cree contagia con su vida
y el dolor se cubre con amor
porque el hombre se siente
solidario con el mundo.
Lo sabemos, el camino es el amor.
6. El progreso se alcanza con trabajo
y que el hombre se pueda realizar:
que a la casa del pobre
llegue el pan y la alegría.
Lo sabemos, el camino es el amor
7. Es mi hermano aquél que está a mi lado,
todos hijos del Dios que nos creó,
porque él ha venido
a la tierra para unirnos.
Lo sabemos, el camino es el amor.
Himno de la Jornada Mundial de la Juventud Buenos Aires 1987 Autores: Alberto Croce y Eugenio Perpetua Intérprete: Athenas Venica
El cristiano está llamado a pasar por el mundo siendo “sal y luz de la tierra”, “levadura en la masa”, comprometiendo su acción cotidiana en la edificación de la sociedad humana optando, siempre, por la concordia y el encuentro. Ser ciudadano ejemplar no es una opción para el cristiano, es un deber. Para ello, cuenta con esta enseñanza social.
Consignas de trabajo
1.- La enseñanza social y las Sagradas Escrituras. Lee atentamente estos textos y extrae qué tipo de enseñanza, de carácter social, puedes inferir de ellos. Exprésalos en una breve oración.
Parábola de la levadura en la masa (Mt, 13, 33)
Después les dijo esta otra parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa».
Parábola del rico y el pobre Lázaro (Lc 16, 19-31)
Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimo y cada día hacía espléndidos banquetes. A su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro, que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamer sus llagas. El pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. El rico también murió y fue sepultado. En la morada de los muertos, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él. Entonces exclamó: «Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en el agua y refresque mi lengua, porque estas llamas me atormentan».
«Hijo mío, respondió Abraham, recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro, en cambio, recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento. Además, entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo. De manera que los que quieren pasar de aquí hasta allí no pueden hacerlo, y tampoco se puede pasar de allí hasta aquí».
El rico contestó: «Te ruego entonces, padre, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos: que él los prevenga, no sea que ellos también caigan en este lugar de tormento». Abraham respondió: «Tienen a Moisés y a los Profetas; que los escuchen». «No, padre Abraham, insistió el rico. Pero si alguno de los muertos va a verlos, se arrepentirán». Pero Abraham respondió: «Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán».».
La multiplicación de los panes (Jn 6, 1-15)
Después de esto, Jesús atravesó el mar de Galilea, llamado Tiberíades. Lo seguía una gran multitud, al ver los signos que hacía curando a los enfermos. Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él y dijo a Felipe: «¿Dónde compraremos pan para darles de comer?». El decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer. Felipe le respondió: «Doscientos denarios no bastarían para que cada uno pudiera comer un pedazo de pan».
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: «Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?». Jesús le respondió: «Háganlos sentar». Había mucho pasto en ese lugar. Todos se sentaron y eran uno cinco mil hombres. Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron. Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: «Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada». Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada. Al ver el signo que Jesús acababa de hacer, la gente decía: «Este es, verdaderamente, el Profeta que debe venir al mundo». Jesús, sabiendo que querían apoderarse de él para hacerlo rey, se retiró otra vez solo a la montaña.
El primero es el servidor (Mc 9, 33-35)
Llegaron a Cafarnaúm y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: «¿De qué hablaban en el camino?». Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande. Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: «El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos».
Obras de misericordia (Mt 25, 34-40)
«Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver».
Los justos le responderán: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?».
Y el Rey les responderá: «Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo».
El trabajo, motivo de felicidad (Sal 128, 1-2)
¡Feliz el que teme al Señor y sigue sus caminos! Comerás del fruto de tu trabajo, serás feliz y todo te irá bien.
2.- Principios y valores de la DSI. Resuelve el crucigrama a partir de los textos del magisterio social que encontrarás a continuación.
Esta enseñanza social no se trata de una posición intermedia entre socialismo y liberalismo.
Principio de la DSI que llama a intervenir comprometidamente en la vida social.
Primer documento de la enseñanza social de la Iglesia.
Uno de los valores de la DSI que refiere sobre la posibilidad de elegir u optar.
Documento del papa Juan XXIII sobre la paz en el mundo.
Enseñanza que propone la Iglesia.
Principio fundamental de esta enseñanza social que procura ser alcanzado con la cooperación del conjunto de la sociedad.
Una de las fuentes de consulta de la enseñanza social.
En el mundo, el cristiano debe ser ejemplar.
Otro de los valores de la DSI que busca la igualdad, la equidad, la distribución.
Cuestión englobante de toda la problemática social.
La enseñanza social es un conjunto de…
Valor de la DSI. Amor.
Quinto principio de la enseñanza social.
Fuente principal de esta enseñanza.
Ponerse en situación de ayuda a fin de que personas, grupos e instituciones puedan cumplir su misión.
Principio que recuerda la justa distribución de los bienes.
Además de principios, la enseñanza social es un conjunto de…
Segundo momento del método de la DSI.
Documento del Papa Francisco sobre la amistad social.
Primer momento del método de la DSI.
3.- Analizando “Nueva civilización”. Identifica en el texto de la canción los principios y valores de la enseñanza social. ¿Qué otros temas, propios de esta enseñanza, quedan reflejados, también? ¿Cuál es la estrofa que, mayormente, pueda responder a las necesidades que, como argentinos, tenemos en la actualidad?
Al comenzar el tiempo de Adviento y encaminarnos a la celebración de la Navidad, compartimos entradas nuevas y de años anteriores sobre estos dos tiempos litúrgicos. En cada entrada, encontrarán oraciones, reflexiones, canciones para vivir con alegría y esperanza la llegada del Emmanuel, Dios con nosotros.
Entradas publicadas en 2018/2019
Adviento. Breve catequesis sobre este tiempo litúrgico.
Contemplando el pesebre. Reflexión inspirada en la Carta Apostólica del Papa Francisco sobre el valor del pesebre.
Sagrada Familia itinerante. Un pesebre singular y el llamado a encontrar a la Sagrada Familia en tantos inmigrantes y refugiados que peregrinan buscando un lugar digno donde vivir en paz.
Sinterklass. La historia de san Nicolás de Bari y su relación con la Navidad.
La corona de Adviento es un símbolo claro y sencillo que nos ayuda a ponernos en sintonía con la Navidad. Cuatro velas dispuestas en forma circular que se encienden semana a semana a partir del primer domingo de este tiempo especial y, lo más importante, la disposición dentro del hogar de prepararse para recibir en los corazones la visita del Niño Jesús que viene a reinar.
Hoy, les compartimos una bella canción para acompañar el encendido de cada vela de la corona y una propuesta de oración para que este símbolo pueda, realmente, cumplir su misión de «preparar el camino del Señor».
La canción se llama «Hoy se enciende una llama» y está interpretada por el grupo Ictys. Son cuatro estrofas; cada una de ellas corresponde a cada semana del Adviento. Esperamos que les guste!!!
Haciendo un pesebre en nuestro corazón
Oración al encender la corona de Adviento: podrán rezar esta oración a lo largo de las cuatro semanas frente a la corona de adviento.
Primera semana de Adviento
Comenzamos cantando «Hoy se enciende una llama» (podemos cantarla completa o solamente la estrofa que corresponde a la semana de Adviento que estemos transitando).
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén!!!
Te damos gracias, Señor, por encontrarnos reunidos frente a la Corona de Adviento. Hoy, nos ponemos en camino hacia la Navidad: queremos celebrar con gozo el nacimiento del Niño Dios. ¡Qué nuestros corazones sean el pesebre donde el Niño vuelva a nacer!
Lectura del Evangelio según san Marcos:
«Estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos. «¡Estén prevenidos!»».
Mc 13, 35-37
Te pedimos, Señor, que este tiempo de Adviento no pase desapercibido en nuestra familia. Que, atentos y vigilantes, podamos brindar el tiempo necesario para preparar los corazones a la Navidad. Este tiempo es una oportunidad para crecer en la fe y la caridad. Por eso, al encender la primera vela de esta corona, te decimos: ¡Aquí estamos Señor, con nuestras lámparas encendidas! Danos valor y perseverancia para esperar tu llegada.
Rezamos Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
Segunda semana de Adviento
Cantamos «Hoy se enciende una llama» (podemos cantarla completa o solamente la estrofa que corresponde a la segunda semana de Adviento).
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén!!!
Te damos gracias, Señor, por encontrarnos reunidos frente a la Corona de Adviento. Al iniciar la segunda semana, sabemos que estás más cerca, nuestros corazones se preparan para recibirte. ¡Ven a nacer aquí, en nuestro corazón/pesebre!
Lectura del Evangelio según san Marcos:
«¡Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice su Dios! Hablen al corazón de Jerusalén… Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios!»
Is 40, 1-3
Gracias, Señor, por venir a nuestro encuentro y consolar nuestros corazones doloridos a causa de tantas cosas que nos inquietan: el distanciamiento social, la enfermedad, la ausencia de seres queridos, la pobreza, la exclusión… Eres nuestro consuelo porque vienes a traer la paz. Una paz activa que busca la justicia y promueve la fraternidad. ¡Señor, al encender la segunda vela de esta corona, manifestamos nuestro compromiso de ser consuelo para los demás!
Rezamos Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
Tercera semana de Adviento
Cantamos «Hoy se enciende una llama» (podemos cantarla completa o solamente la estrofa que corresponde a la segunda semana de Adviento).
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén!!!
Una vez más nos reunimos en tu nombre. Vamos transitando este tiempo con alegría y confianza: tu cercanía es garantía de fidelidad. ¡Gracias, Señor, por venir a nuestro encuentro!
Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
Jn 1, 6-7
Te pedimos, Señor, oídos atentos para escuchar la voz del que viene en tu nombre. Gracias porque has enviado a tu mensajero: esa persona que nos ayuda a descubrir la fe, escuchar la Palabra, oír tu voz… Que en esta tercera semana de Adviento, nos atrevamos a convertirnos en mensajeros y compartir con los demás que estás llegando para reinar en los corazones. Por eso, al encender la tercera vela de esta corona, te decimos: ¡Aquí estamos, Señor, somos tus mensajeros! Envíanos!!!
Rezamos Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
Cuarta semana de Adviento
Cantamos «Hoy se enciende una llama» (podemos cantarla completa o solamente la estrofa que corresponde a la segunda semana de Adviento).
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén!!!
Se acerca la Navidad. Las familias se preparan para encontrarse y celebrar. ¡Cuánta necesidad de encuentro festivo y fraternal tiene la familia humana! ¡Señor, que en cada hogar haya un lugar para ti! ¡Que se multipliquen los corazones/pesebre donde puedas nacer para transformar!
«No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».
Lc 1, 30-33
Al encender la cuarta vela del Adviento, percibimos esa luz con mayor intensidad. La llegada del Niño está, cada vez, más cerca. Que al llegar, encuentre corazones humildes que sepan acogerlo. ¡Niño Jesús, María y José, aquí, en nuestra casa/posada hemos preparados nuestros corazones/pesebre para recibirlos! ¡Sean bienvenidos en nuestro hogar!
Rezamos Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
Para culminar, te invitamos a cantar/escuchar «Corazón pesebre».
Para volver al especial de Adviento, clic aquí.
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¿Qué podrás encontrar en esta serie de posteos sobre la Semana Santa? He querido reunir una serie de textos y recursos que puedan acompañar la reflexión y oración personal. Recursos que sirvan, también, para compartir, especialmente con aquellas personas no muy familiarizadas con el espíritu de esta celebración.
Este “especial” de Semana Santa no pretende abarcar todos los temas que esta semana rica en contenido y expresiones nos propone. Dios mediante, con el paso del tiempo, se podrá enriquecer con otros aportes. En esta ocasión, he seleccionado algunas oraciones, canciones y curiosidades sobre la Semana Mayor del pueblo cristiano para que sirvan de compañía en estos días tan importantes para nuestra fe.
Te invito a que recorras las diversas entradas, que puedas dejar tu comentario y compartir con otras personas su contenido. ¡Dios te conceda una intensa y profunda Semana Santa!
Esta entrada se irá actualizando desde su publicación hasta el domingo de Pascua.
Semana Santa
Sabías qué…?
Antiguamente la Semana Santa recibía el nombre de “Semana mayor” o “Semana grande” y comienza a organizarse, como celebración anual, alrededor del siglo II.
Los relatos más antiguos y detallados acerca de cómo se celebraban estos días en Tierra Santa se los debemos a una peregrina española llamada Egeria o Eteria que recorrió Palestina, Siria, Egipto, Mesopotamia y Constantinopla en el siglo IV, dejando su testimonio escrito en la obra “Itinerarium ad Loca Sancta”.
La Semana Santa comienza el Domingo de Ramos y culmina el Domingo de Resurrección. Dentro de esta semana se destaca el Triduo Pascual: las celebraciones que congregan a los cristianos el jueves, viernes y sábado santo.
La Pascua judía recuerda la liberación del pueblo hebreo de manos de los egipcios. La noche de pascua, después de comer el cordero asado, el pueblo abandonó la tierra de esclavitud, en noche de luna llena, camino a la tierra prometida. La pasión de Cristo se da en el marco de esta celebración, dando lugar a la nueva alianza: el gran pacto de amor entre Dios y los hombres, sellado por el sacrificio de Cristo en la cruz.
La fecha de la Pascua cambia todos los años. ¿Por qué? Porque, como dijimos, tiene su origen en la Pascua judía que se celebra el día 14 del mes de Nisán (uno de los meses de 29 días del calendario lunar). Al pasar esta fecha al calendario solar es donde se producen las variaciones. Para evitar que la Pascua cristiana coincida con la judía, en el Concilio de Nicea (año 325), la Iglesia determinó que la fiesta de la Pascua se celebrara el domingo posterior a la luna llena del equinoccio de primavera (hablamos del hemisferio norte). Por tal motivo, la Pascua puede celebrarse entre el 22 de marzo y el 25 de abril. El cálculo de la fecha recibe el nombre de computus.
En las lecturas del Antiguo Testamento propuestas para esta semana, ocupa un lugar preferencial el profeta Isaías (aquel a quien San Jerónimo llamó el “evangelista” del Antiguo Testamento) por ser el autor del Poema del Servidor Sufriente donde anticipa el sacrificio redentor de Jesús: “El castigo que nos da la paz recayó sobre él y por sus heridas fuimos sanados” (Is 53, 5).
En los próximos días iremos sumando aportes que sirvan de reflexión para vivir con intensidad la Pascua de Jesús. En el sumario se irán sumando enlaces para poder acceder a los distintos materiales de este especial de Semana Santa.
No olvides dejar tus comentarios a continuación. Si te gustó la entrada, puedes compartirla con otras personas: es sumar esfuerzos a la evangelización. Gracias!!!
La Exhortación “Querida Amazonia” puede parecer, a primera vista, extraña a nosotros, lejana a nuestra realidad. Pero el Papa Francisco ha querido llamar nuestra atención sobre diversas cuestiones tomando como eje este lugar fundamental del planeta y dejar que la Amazonia misma, irradie su encanto sobre cada ser humano a la vez que provoque la reflexión sobre la necesidad de cuidarnos mutuamente y cuidar la casa común, de la cual somos responsables.
Tal vez, las relaciones entre los hombres y el Amazonas se parezcan a las de Dios y su pueblo, al estilo de las descriptas por el profeta Isaías (5, 2-4):
“Voy a cantar en nombre de mi amigo el canto de mi amado a su viña. Mi amigo tenía una viña en una loma fértil. La cavó, la limpió de piedras y la plantó con cepas escogidas; edificó una torre en medio de ella y también excavó un lagar. El esperaba que diera uvas, pero dio frutos agrios. Y ahora, habitantes de Jerusalén y hombres de Judá, sean ustedes los jueces entre mi viña y yo. ¿Qué más se podía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? Si esperaba que diera uvas, ¿por qué dio frutos agrios?”
El canto del profeta es un llamado a la conversión, como lo hace, incesantemente, desde otros pasajes. Un llamado a volver a Dios, sabiendo reconocer que la viña es la Creación entera, que debe recomponer sus relaciones: con Dios, los hombres y la naturaleza.
El papa Francisco explica que la conversión ecológica (llamado que hiciera a todos los cristianos en Laudato Si) implica dejar brotar en la relación con el medio ambiente todas las consecuencias del encuentro con Jesucristo. La Amazonia, la viña que el Creador ha preparado para los hombres se encuentra amenazada, desde lo social, lo ecológico, lo cultural y lo eclesial. Es necesario reavivar el sueño de Dios para esta tierra.
Nos dice el Papa Francisco (Querida Amazonia, 7):
“Sueño con una Amazonia que luche por los derechos de los más pobres, de los pueblos originarios, de los últimos, donde su voz sea escuchada y su dignidad sea promovida.
Sueño con una Amazonia que preserve esa riqueza cultural que la destaca, donde brilla de modos tan diversos la belleza humana.
Sueño con una Amazonia que custodie celosamente la abrumadora hermosura natural que la engalana, la vida desbordante que llena sus ríos y sus selvas.
Sueño con comunidades cristianas capaces de entregarse y de encarnarse en la Amazonia, hasta el punto de regalar a la Iglesia nuevos rostros con rasgos amazónicos”.
Reflexionamos juntos…
¿Por qué hablar de la Amazonia, una tierra importante pero lejana a nuestra realidad?
“Dirijo esta Exhortación a todo el mundo. Por un lado, lo hago para ayudar a despertar el afecto y la preocupación por esta tierra que es también “nuestra” e invitarles a admirarla y a reconocerla como un misterio sagrado; por otro lado, porque la atención de la Iglesia a las problemáticas de este lugar nos obliga a retomar brevemente algunas cuestiones que no deberíamos olvidar y que pueden inspirar a otras regiones de la tierra frente a sus propios desafíos” (Querida Amazonia, 5).
En nuestra realidad, en el entorno donde habitamos, podemos hacer replicar cada uno de estos sueños…
En lo social… Dice el Papa: “Nuestro sueño es el de una Amazonia que integre y promueva a todos sus habitantes para que puedan consolidar un buen vivir” (Querida Amazonia, 8).
¿Cómo podemos sumarnos a este sueño?
¿Cuál es nuestro aporte al desarrollo de cada uno de los habitantes de nuestro suelo?
Integrar y promover… ¿qué acciones están a nuestro alcance que permitan la integración y la promoción humana?
En lo cultural… Dice el Papa: “Promover la Amazonia no significa colonizarla culturalmente sino ayudar a que ella misma saque lo mejor de sí” (Querida Amazonia, 28).
¿Cómo podemos sumarnos a este sueño?
En la familia, en el trabajo, en la escuela, en la comunidad parroquial, ¿cómo podemos ayudar a sacar lo mejor de sí en cada uno de nuestros conciudadanos?
Esto exige saber respetar la diversidad, ¿estamos dispuestos a ello?
En lo ecológico… Dice el Papa: “El Señor, que primero cuida de nosotros, nos enseña a cuidar a nuestros hermanos y hermanas, y del ambiente que cada día Él nos regala. Esta es la primera ecología que necesitamos” (Querida Amazonia, 41).
¿Cómo podemos sumarnos a este sueño?
Cuidar del otro… comenzar por nuestro hogar, por el sitio que cada día nos recibe… ¿qué acciones pondremos en marcha para cuidar/respetar a los demás y al ambiente donde nos movemos?
En lo eclesial… Dice el Papa: “El camino continúa, y la tarea misionera, si quiere desarrollar una Iglesia con rostro amazónico, necesita crecer en una cultura del encuentro hacia una «pluriforme armonía». Pero para que sea posible esta encarnación de la Iglesia y del Evangelio debe resonar, una y otra vez, el gran anuncio misionero” (QA, 61).
¿Cómo podemos sumarnos a este sueño?
¿Cómo renovar, en nosotros y en nuestras comunidades, el gran anuncio de la vida en Cristo?
Entregamos nuestros sueños a Dios. Los personales y los comunitarios. Y nos sumamos a esta iniciativa del Santo Padre para que el cuidado de la Amazonia nos comprometa en el cuidado y promoción de nuestro entorno, en la caridad, la búsqueda de la justicia, el fomento del desarrollo y la búsqueda de la paz.
Oración del Papa Francisco a María, Madre de la vida
Madre de la vida,
en tu seno materno se fue formando Jesús,
que es el Señor de todo lo que existe.
Resucitado, Él te transformó con su luz
y te hizo reina de toda la creación.
Por eso te pedimos que reines, María,
en el corazón palpitante de la Amazonia.
Muéstrate como madre de todas las creaturas,
en la belleza de las flores, de los ríos,
del gran río que la atraviesa
y de todo lo que vibra en sus selvas.
Cuida con tu cariño esa explosión de hermosura.
Pide a Jesús que derrame todo su amor
en los hombres y en las mujeres que allí habitan,
para que sepan admirarla y cuidarla.
Haz nacer a tu hijo en sus corazones
para que Él brille en la Amazonia,
en sus pueblos y en sus culturas,
con la luz de su Palabra,
con el consuelo de su amor,
con su mensaje de fraternidad y de justicia.
Que en cada Eucaristía
se eleve también tanta maravilla
para la gloria del Padre.
Madre, mira a los pobres de la Amazonia,
porque su hogar está siendo destruido por intereses mezquinos.
¡Cuánto dolor y cuánta miseria, cuánto abandono
y cuánto atropello en esta tierra bendita,
desbordante de vida!
Toca la sensibilidad de los poderosos
porque aunque sentimos que ya es tarde
nos llamas a salvar lo que todavía vive.
Madre del corazón traspasado
que sufres en tus hijos ultrajados
y en la naturaleza herida,
reina tú en la Amazonia junto con tu hijo.
Reina para que nadie más
se sienta dueño de la obra de Dios.
En ti confiamos, Madre de la vida
no nos abandones en esta hora oscura.
Amén.
Si querés descargar un archivo con la oración, hacé click aquí.
Isaías es uno de los protagonistas del Adviento. A tal punto que, san Jerónimo lo llamaba «el evangelista del Antiguo Testamento» ya que es quien con mayor claridad anuncia la persona de Jesús, tanto en orden a la Navidad (al hablarnos del Emmanuel) como a la Pascua (al presentarnos al Servidor sufriente).
El profeta Isaías vivió 700 años antes de Cristo. En su libro, nos propone una serie de signos que sirven de guía para nuestra vida de fe. En orden al Adviento, quisiera destacar cuatro de ellos: el camino, la luz, la joven, la montaña.
Resulta para todos muy clara la comparación de la vida humana con un camino. Vivir es transitar una senda. Hay un punto de partida y, también, de llegada. El profeta nos invita a «allanar el camino» (40, 3), esto es, examinar por dónde estamos transitando. Los caminos de la vida son diversos, muchos sencillos, otros escarpados… cada tramo del camino tiene una exigencia propia… no todo camino conduce a la felicidad, al encuentro con Dios. Por eso, el profeta nos habla de un camino santo (35, 8), el camino de la esperanza: «Yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando. ¿No se dan cuenta? Sí, pondré un camino en el desierto» Is 43, 19
El segundo de los signos es la luz. Isaías es quien afirma: «El pueblo que andaba en tinieblas ha visto una gran luz» (9, 1). El camino que propone el profeta es un camino luminoso, es el camino de la verdad, por ello comienza su libro diciendo: «Caminemos a la luz del Señor» (2, 5). En la oscuridad (el miedo, las frustraciones, el error, el invididualismo) se alza, como un faro, una señal de esperanza…
En el camino, guiados por la luz del Señor, emerge otro signo. Si la luz engendra la confianza y aplaca los miedos, este signo da lugar a la esperanza: «Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emmanuel» (7, 14). Es el signo de la vida, que siempre se impone, la que engendra nuestra esperanza. Es imposible no relacionar con estos textos con el prólogo del Evangelio de Juan, cuando afirma: «En ella (la Palabra) estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres» (Jn 1, 4).
Finalmente, la montaña es el lugar del encuentro del hombre con Dios. Isaías nos regala la imagen del monte santo donde se concretará el encuentro de todos los pueblos en comunión con su Creador. Así, nos revela el sueño de Dios: hemos salido de él y nos encontraremos en la santa montaña para vivir la fraternidad universal.
El camino, la luz, la joven embarazada y la montaña. Signos que nos ayudan a reflexionar y vivir el Adviento camino a la Navidad de la mano del profeta que con mayor claridad nos habló de la llegada de nuestra esperanza: Dios con nosotros!!!
Sabemos que el año litúrgico se formó en el tiempo a partir de los dos grandes misterios centrales de la fe cristiana: la Pascua y la Navidad. La importancia de estas dos celebraciones hizo necesario un tiempo de preparación que dispusiera el corazón de los fieles: este es el origen y el sentido de la Cuaresma para la Pascua y del Adviento para la Navidad.
El último de estos cuatro grandes tiempos litúrgicos en aparecer, ha sido el Adviento, probablemente hacia el siglo IV, de manera incipiente, fue afianzándose hacia el VI.
Es un tiempo breve, cuatro domingos entre la Solemnidad de Cristo Rey y la Navidad, donde el tema dominante es la espera gozosa de la venida del Señor. Así, el Adviento se nos presenta en tres dimensiones: el adviento litúrgico, el escatológico y el espiritual.
El adviento litúrgico nos pone en sintonía de la gran celebración de la Navidad. La corona de Adviento con sus cuatro luces nos acompaña en este camino de crecimiento espiritual.
El adviento escatológico nos invita a prepararnos para la segunda venida de Jesús, realidad que reafirmamos en cada celebración eucarística: ¡¡¡Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven Señor Jesús!!!
Y el adviento espiritual nos recuerda que hemos de estar preparados en todo momento para recibir al Señor, que, como dice el Evangelio de este primer domingo del Ciclo A: «vendrá a la hora menos pensada».
Para prepararnos a conciencia, en estos cuatro domingos, la liturgia de la Palabra nos presenta a los grandes protagonistas del Adviento:
El profeta Isaías: que invita al pueblo a la esperanza y a contemplar el signo que Dios quiere dejarnos: la joven embarazada y la esperanza del Emmanuel, Dios con nosotros. En la misma línea, Juan, el Bautista; el precursor, llamado a preparar el corazón en la espera atenta y vigilante del Mesías que está a las puertas. Y la Virgen María y san José, que nos iluminan con su fe en las promesas de Dios.
Tiempo sencillo, tiempo bello donde el llamado a la conversión suena y resuena una vez más: Viene el Señor, preparemos el corazón!!!
La Corona de Adviento no es sólo un adorno que puede acompañar a los muchos otros que visten los hogares en el camino hacia la Navidad. La Corona es un signo que puede ayudarnos a preparar el corazón y celebrar la Navidad junto a su principal protagonista: Jesús.
“El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz: sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz” (9, 1). Así nos habla el profeta Isaías, invitándonos a poner nuestra mirada en el pesebre y en la “luz del mundo” que viene a nosotros para mostrarnos el camino hacia Dios. La Corona de Adviento nos permite trabajar, espiritual y simbólicamente, esta verdad de la Navidad, encendiendo, domingo a domingo del Adviento, una vela hasta llegar a la celebración del 25 de diciembre, el nacimiento de Jesús, “luz del mundo”.
La Corona de Adviento es una oportunidad de reunir a la familia para orar y reflexionar en torno al misterio de la encarnación. La propuesta que aquí se realiza es muy sencilla, basta disponer cuatro velas, una por cada domingo del Adviento y detenerse unos instantes en torno al libro del profeta Isaías, de manera particular, al símbolo de la luz, muy presente en este tiempo. También, se puede disponer de una quinta vela para encender en la Nochebuena.
Primer Domingo de Adviento
“Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios!” (40, 3). Si, como anuncia el profeta, nosotros, familia reunida, queremos preparar la venida de Jesús a nuestro hogar. Queremos que la Navidad sea una Navidad en Jesús, por eso, Señor, nos reunimos frente al Pesebre y la Corona de Adviento y encendemos la primera vela.
Lectura del libro del profeta Isaías:
“¡Vengan, subamos a la montaña del Señor, a la Casa del Dios de Jacob! El nos instruirá en sus caminos y caminaremos por sus sendas». Porque de Sión saldrá la Ley y de Jerusalén, la palabra del Señor. El será juez entre las naciones y árbitro de pueblos numerosos Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas. No levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la guerra. ¡Ven, casa de Jacob. y caminemos a la luz del Señor!” (2, 3-5).
Señor, queremos caminar en la luz, si. Son muchas las oscuridades que nos acechan, vemos día a día como los hombres se alejan de Ti cayendo en la oscuridad del dolor, de los vicios, del desencuentro, de la violencia, del poder… Creemos firmemente que vienes a traernos tu luz, que vienes a poner fin a la tristeza y encender en los corazones de la humanidad, la alegría de tu presencia.
A cada oración, respondemos: “Caminemos a la luz del Señor”.
Prepara nuestros corazones para recibirte…
Que podamos abrir las puertas de nuestro hogar…
Que por nuestras acciones podamos ser luz para los demás…
Signos de tu presencia en el mundo…
Haznos vivir una Navidad al modo de Jesús…
Nos ponemos al amparo de tu Madre, Nuestra Señora de la Esperanza, diciendo: “Dios te salve, María”.
Segundo Domingo de Adviento
“Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios!” (40, 3). Nuevamente nos reunimos, Señor, en tu presencia. Te damos gracias por la vida que nos regalas. Seguimos caminando hacia la luz, por ello, encendemos la segunda vela de esta corona.
Lectura del libro del profeta Isaías:
“Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel “ (7, 14).
“Y ahora, ha hablado el Señor, el que me formó desde el seno materno para que yo sea su Servidor, para hacer que Jacob vuelva a él y se le reúna Israel. Yo soy valioso a los ojos del Señor y mi Dios ha sido mi fortaleza. El dice: «Es demasiado poco que seas mi Servidor para restaurar a las tribus de Jacob y hacer volver a los sobrevivientes de Israel; yo te destino a ser la luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los confines de la tierra» (49, 5-6).
Señor, nos has regalado un signo: la vida, tu vida, nuestra propia vida. ¡Qué regalo inmenso el despertar cada mañana para alabarte y sentir la llamada a una vida en abundancia! Gracias por hacernos valiosos, por ayudarnos a reconocer que toda vida vale. Gracias porque nos haces partícipes de la misión de tu Hijo Jesús: llevar la salvación a todos los hombres.
A cada oración, respondemos: “Somos valiosos a los ojos del Señor”.
Porque cada vida es don de Dios, descubrimos que…
Porque toda vida vale, decimos…
Porque la vida es don y tarea, anunciamos…
Porque somos una misión en la tierra…
Saludamos a la Madre de la Dulce Espera, que lleva el signo de nuestra Salvación: Dios te salve, María.
Tercer Domingo de Adviento
“Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios!” (40, 3). Caminamos hacia la luz descubriendo cuánto valemos para ti, Señor. Seguimos haciendo nuestro Adviento, por eso encendemos la tercera vela de esta corona.
Lectura del libro del profeta Isaías:
“Este es el ayuno que yo amo -oráculo del Señor-: soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos; compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne. Entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar; delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor. Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: «¡Aquí estoy!». Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna; si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como al mediodía” (58, 6-10).
Señor, tú te preparas para nacer en el silencio, lejos de las luces y el ruido, lejos del consumismo y de la cultura del tener. En el pesebre hay silencio… silencio de un corazón que ha venido preparándose para recibirte en sus brazos, para recibir tu solidaridad, tu entrega amorosa, tu querer compartir la vida con toda la humanidad…
Señor, que este tiempo nos transforme: que nuestro corazón se convierta a la sencillez y la humildad del pesebre. Que entendamos que la Navidad es solidaridad, justicia y paz.
A cada oración, respondemos: “Este es el ayuno que amo”.
Danos un nuevo corazón, capaz de abrirse a los demás…
Un corazón generoso, que sepa compartir…
Compromete nuestras manos en la lucha por la justicia…
Haz que seamos en nuestra familia instrumentos de tu paz…
Madre de los Pobres, reza con nosotros: Dios te salve, María…
Cuarto Domingo de Adviento
“Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios!” (40, 3). Llegamos a la cuarta semana del Adviento. Hemos querido preparar el corazón y nuestro hogar para recibirte. Hoy, demos un paso más y encendemos la cuarta vela de esta corona.
Lectura del libro del profeta Isaías:
“¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz y la gloria del Señor brilla sobre ti! Porque las tinieblas cubren la tierra y una densa oscuridad, a las naciones, pero sobre ti brillará el Señor y su gloria aparecerá sobre ti. El sol ya no será tu luz durante el día, ni la claridad de la luna te alumbrará de noche: el Señor será para ti una luz eterna y tu Dios será tu esplendor. Tu sol no se pondrá nunca más y tu luna no desaparecerá, porque el Señor será para ti una luz eterna y se habrán cumplido los días de tu duelo” (60, 1-2.19-20).
Señor, sabemos que quieres habitar en nuestros corazones. Durante estas semanas, hemos preparado el corazón para recibirte, la Navidad está cerca y queremos celebrarla a tu modo. Enciende en nosotros, Señor, la llama de la caridad, pues sólo así entendemos la Navidad: el encuentro amoroso entre Dios y la humanidad. Ven a nosotros, Señor. Ven a transformar nuestras vidas. Ven y cumple tu promesa, habita entre nosotros…
La Corona en la Nochebuena
Llegamos a la noche esperada. La corona de Adviento nos ha servido de guía, signo que nos ha permitido reunirnos en familia, abrir el corazón, escuchar tu Palabra, disponernos a la llegada de Jesús.
Encendemos las cuatro velas de la Corona de Adviento y, luego, la quinta que está en el centro…
“Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. La soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre: «Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz». Su soberanía será grande, y habrá una paz sin fin para el trono de David y para su reino; él lo establecerá y lo sostendrá por el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará todo esto” (9, 5-6).
Esta es la noche esperada, Señor. Ven, hoy, a nuestras vidas. Ven a nacer en nuestro hogar. Queremos que seas la luz que guíe nuestras acciones. Al encender las luces de esta corona, nos comprometemos a ser luz para los demás: desde el afecto, la cercanía, el consejo, la oración…
A cada intención, respondemos: “Un niño nos ha nacido”.
Para vivir en la presencia de Dios…
Para crecer en el amor y la unidad…
Para construir un Reino de Justicia y Paz…
Para anunciar el valor de la vida…
Con alegría, saludamos a nuestras Madre, Nuestra Señora de Belén, diciendo: Dios te salve, María…
Si querés descargar una copia en archivo pdf, hacé clic aquí: Corona de Adviento