¿Qué notas nos ayudarán a definir la identidad del catequista? El Papa Francisco nos regaló cinco términos que definen claramente el ser y el quehacer del catequista. En este podcast, celebramos la vocación y misión de los catequistas con un invitación a reflexionar brevemente en estas condiciones que nos describen.
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Mucho se habla, hoy, de adoctrinamiento. Si escribimos la palabra en el buscador de Google, aparecerán, entre los primeros resultados: a. peronista, a. religioso, a. de género, a. feminista. O sea, adoctrinamiento religioso, político o ideológico… Fr
ente a ello, surge una pregunta: ¿todos entenderemos lo mismo cuando hablamos de adoctrinamiento?
Si nos remitimos al diccionario por internet, encontramos la siguiente definición:
Enseñar los principios de una determinada creencia o doctrina, especialmente con la intención de ganar partidarios. «Había adoctrinado a su padre en los principios de la monarquía absoluta; colaboraba en la misión de adoctrinar a los fieles respecto a las creencias»
Dar instrucciones a alguien sobre cómo tiene que comportarse u obrar. Sinónimo: Aleccionar.
En este concepto, me interesa destacar la expresión «con la intención de ganar partidarios», que trataremos más adelante.
Por su parte, en Wikipedia, se nos dice: «conjunto de medidas y prácticas educativas y de propaganda encaminadas a inculcar determinados valores o formas de pensar en los sujetos a los que van dirigidas».
En el contexto del diálogo acerca de la separación entre la Iglesia y el Estado, entró en debate el lugar de la catequesis en la educación escolar. No pocas personas argumentaron que la catequesis, es decir, la educación en la fe, es una maniobra de adoctrinamiento. ¿Es aceptable esta consideración?
Para comenzar a esbozar una respuesta, me gustaría plantear la diferenciación entre «educación» y «amaestramiento». Luego, hacer la distinción con «adoctrinar». Para ello, les comparto un cuento de Jorge Bucay, «El elefante encadenado».
El elefante encadenado (Jorge Bucay)
Cuando yo era chico me encantaban los circos y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí, como a otros, después me enteré que me llamaba la atención el elefante.
Durante la función la enorme bestia hacia despliegue de su peso, tamaño y fuerza descomunal… pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.
Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría con facilidad arrancar la estaca y huir.
El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces ¿Por qué no huye?
Cuando tenía cinco o seis años yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: Si está amaestrado ¿Por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.
Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca…y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.
Hace algunos años descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: el elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.
Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era, ciertamente, muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar y también al otro y al que le seguía… Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree – pobre – que no puede.
El tiene el registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás…jamás….intentó poner a prueba su fuerza otra vez. Y así, terminó encadenado para siempre.
La condición del elefante es el de un ser «amaestrado», no «educado»; esto es, carente de conciencia y libertad. El amaestramiento se concreta cuando el elefante repite una serie de movimientos obligado por una acción externa violenta o amenazante (podemos pensar en el látigo del domador) o por un incentivo (comida o bebida, por ejemplo) que funciona como aliciente. El cuento habla, además, del «registro de su impotencia», es decir, aquello que impide – la estaca – al elefante ser quién es. El amaestramiento lo ha puesto en situación de asumir una condición que no es la suya.
El camino de la educación es totalmente distinto, ya que el acto educativo va en pos de brindar al educando dos componentes básicos de la humanidad: la conciencia y la libertad. Educar para la conciencia de sí mismo es ayudar al otro a reconocerse y, de allí, gobernarse y proyectarse. Nótese que digo «gobernarse» ya que la verdadera educación tiende al autodominio/autonomía (el hombre no necesita del «látigo», se conoce y reconoce y aprende a regirse). Íntimamente unida a la libertad, como capacidad de «hacerse» y de «despojarse» de todo aquello que le impide ser persona, para sí mismo y para los demás.
El amaestramiento impidió al elefante reconocerse y determinarse. De allí su destino de infelicidad: hacer «piruetas» para conformar y divertir a otros.
En este punto, es necesario recordar dos planteos educativos a los que se denomina, tradicionalmente dentro de la Pedagogía, «problemas previos de la educación»: acerca de la posibilidad de educar y la legitimidad de la educación en sí. Se trata de dos cuestiones que resultan obvias para muchas personas, pero que, puestas de relieve en este contexto, abren un interesante debate acerca de la práctica educativa.
¿Es posible educar? Claro que sí, pero, preguntémonos primero, para qué educar. Si la respuesta es «para formar personas con recta conciencia y uso de su libertad», está claro que, aunque difícil, educar es posible.
Por otro lado, ¿es legitimo educar? ¿Es legítimo avanzar en el estado de inocencia de un niño para colmarlo con pensamientos, normas y doctrinas de las que no tiene conciencia aún? Nuevamente aparece la pregunta que nos hicimos en el párrafo anterior: ¿para qué educar? Y la misma respuesta nos lleva a afirmar que sí, es legítimo educar: si la acción desplegada ayuda al niño (o joven) a reconocerse como persona valiosa con capacidad para la autodeterminación, es afirmativa la respuesta. Por tanto, es en la intención donde se revela la posibilidad y la legitimidad del acto educativo. Porque el camino, bien puede ser el del elefante encadenado que, en lugar de recibir educación, recibió amaestramiento.
La tarea evangelizadora no puede confundirse con «propaganda» o con «proselitismo» (la intención de ganar partidarios o adeptos sin importar los medios usados) ya que ésta, para ser fiel al evangelio que busca promover, cuenta con la libertad como elemento fundamental. La evangelización es propuesta, invitación, exhortación a asumir un estilo de existencia basado en la vida y mensaje de Jesús de Nazaret. La fe, por tanto, se propone, nunca se impone.
El adoctrinamiento, en sí mismo, no sería malo si quedara circunscrito a la enseñanza de una doctrina. Pero, en el uso y abuso de la acción, el adoctrinamiento ha quedado ligado a la falta de un pensamiento crítico, elemento indispensable para la toma de conciencia y el uso de la libertad. La catequesis (educación en la fe) ha de alentar el desarrollo de un pensamiento crítico que asume las verdades de la fe, no desde una posición pasiva, sino desde un diálogo original, creativo, edificante que permite al educando / catequizando crecer en la conciencia de sí y encontrar herramientas para conquistar la verdadera libertad. Por ello, es muy importante en catequesis animar al catequizando a asumir su fe más que a heredarla sin comprensión, interés o decisión…
Educar (en la fe, para la vida político/social, para el ejercicio de la ciudadanía) siempre entraña una enorme responsabilidad. La legitimidad del acto educativo se afirma cuando el educador promueve en el educando las diversas capacidades que le permitirán asumir su identidad, responder a su vocación específica y desplegar todas las cualidades que Dios, Divino Maestro, le ha otorgado.
Como dijo un sacerdote jesuita, educar es difícil, bello y posible.
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Para dar comienzo a nuestros encuentros de Filosofía, proyecto de aula titulado «Ir de camino», propuse a mis estudiantes escuchar dos temas de Supertramp y que ellos nos guiaran en una reflexión sobre el sentido y finalidad de la escuela.
La consigna fue la siguiente: luego de escuchar ambas canciones, debían señalar la frase que más haya llamado su atención o que consideraran más importante. Luego, la compartirían a la clase indicando el por qué de la elección.
Posteriormente, se les propuso una nueva pregunta:
¿Cómo debería ser, según tus criterios, la escuela que responda a tus expectativas? Plantea similitudes y diferencias entre la escuela que concurres y la ideal.
Finalmente, ¿qué deberías poner de tu parte para acercarte a ese ideal?
School
Rick Davies y Roger Hodgson
Puedo verte por la mañana cuando vas a la escuela. No olvides tus libros, sabes que tienes que aprender la regla de oro, el profesor te dice que pares de jugar y sigas con tu trabajo y seas tan bueno como Johnnie, sabes que nunca elude sus deberes.
Él está progresando.
Después que termina la escuela, estás jugando en el parque. No vuelvas demasiado tarde, no dejes que oscurezca. Te dicen que no pierdas el tiempo en descubrir de qué se trata la vida y crezcas para ser como ellos, no te dejarán arreglar las cosas. Y estás lleno de dudas.
“No hagas esto y no hagas aquello”. ¿Qué están tratando de hacer?
Hacer de ti un buen muchacho. ¿Saben dónde está? No critiques, son viejos y sabios. Haz lo que te dicen. No querrás que el diablo salga y te quite tus ojos.
Tal vez me equivoco al esperar que pelees. O tal vez estoy loco, no sé diferenciar el bien del mal. Pero mientras aún esté vivo, tengo que decir esto: siempre depende de ti si quieres ser así ¿Quieres ver eso, quieres ver de esa manera? Estás progresando.
La canción lógica
Rick Davies y Roger Hodgson
Cuando era joven, parecía que la vida era maravillosa, un milagro, oh, era hermosa, mágica. Y todos los pájaros en los árboles, bueno, cantaban tan felizmente, oh, animadamente, oh, alegremente, mirándome.
Pero entonces, me mandaron lejos, para enseñarme cómo ser una persona sensata, razonable, responsable, práctica. Y entonces, me mostró un mundo en el que yo podría ser de fiar, desapegado, intelectual, cínico.
Hay momentos en los que todo el mundo duerme, en los que las preguntas
van por caminos demasiado profundos para un hombre sencillo. ¿Me dirás por favor, por favor,
qué es lo que hemos aprendido? Sé que suena absurdo, pero por favor, dime quién soy.
Ahora, vigila lo que dices, o dirás que eres un radical, un liberal, un fanático, criminal. No des tu firma (por ninguna causa) queremos sentir que eres aceptable, respetable, presentable, un vegetal.
Pero por la noche, cuando todo el mundo duerme, las preguntas van por caminos demasiado profundos para un hombre sencillo. ¿Me dirás por favor, por favor,
qué es lo que hemos aprendido? Sé que suena absurdo, pero por favor, dime quién soy…
Ambas canciones plantean interrogantes profundos sobre la escuela y la educación. En el diálogo con los estudiantes se habló tanto de la necesidad de educar para el futuro sin descuidar las necesidades del tiempo presente.
Personalmente, pienso en la importancia que reviste educar para la toma de conciencia de sí mismo (¿quién soy?), del reconocimiento de la propia identidad, del don de la libertad que es, a su vez, tarea. Sin una adecuada y profunda educación personalista, el desarrollo de habilidades y el abordaje de contenidos, carece de importancia. Luego, sí, mirando al futuro, dotar a los estudiantes de recursos que les permitan desarrollar una carrera y desempeñarse activamente en el mundo del trabajo. Sueño con una educación humanista que favorezca, tanto, la inteligencia intrapersonal como la interpersonal y ayude a desarrollar habilidades y capacidades para crecer y sumar su esfuerzo en la construcción de la sociedad.
¿Cuál es tu aporte? ¿Cuál es tu mirada? Espero tus comentarios.
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Somos originales, cada uno de nosotros es único e irrepetible y, desde las notas típicas de nuestras personalidad, construimos una identidad: un estilo propio de ser en el mundo.
Somos originales, cada uno de nosotros es único e irrepetible y, desde las notas típicas de nuestras personalidad, construimos una identidad: un estilo propio de ser en el mundo.
Seguir a Jesús significa asumir su estilo peculiar de vida desde la propia originalidad, sin renunciar a quienes somos, pero haciendo propio este estilo fundado en el amor, viviéndolo desde las características propias y fundantes de nuestra personalidad.
Ese estilo de vida puede pensarse a partir de tres realidades: la vida de oración (que cimienta su relación con el Padre), la vida comunitaria (que nos abre a la experiencia de encuentro y crecimiento con los demás) y la vía de la caridad (que nos impulsa al compromiso en la promoción de los más pobres y excluidos).
Te invito a ver esta sencilla catequesis… Identidad, un estilo peculiar.
“Palabras” es una catequesis breve, sencilla… que pone la mirada en términos que nos permiten profundizar en nuestra fe, mirando la vida desde la óptica del Reino.
Si te gustó este video, te recomendamos otros, como…
En la búsqueda de conocer lo que Dios tiene preparado para cada uno de nosotros, venimos de reconocer nuestras limitaciones. Pero esto no alcanza. Es menester dar gracias al Creador por los dones y talentos que ha puesto en cada uno de nosotros.
«Curriculum vitae» busca, como objetivo, que el joven reconozca los dones que Dios le ha otorgado y los disponga en el servicio a los demás, y desde el servicio y la entrega, se constituya en luz en sus ambientes cotidianos.
Para leer la planificación completa: Emaús – Año 1: “Curriculum vitae”, pág. 31ss.
Mi casa era un abrazo con aromas,
afuera el mar oleaba en adoquines,
por suerte había chapas que, en la siesta,
hacían que llover o fuera triste…
Y hablo de mi casa, nunca nuestra,
mudándonos de barrio, sin opciones,
a la hora de movernos, ¡qué increíble
imaginar un mundo en los camiones!…
La casa, ningún living, de una pieza,
de los despertadores tan temidos,
soñando que, tal vez, quizá no suene
para ir a mi otra escuela de bandidos…
Jamás podré elogiar a mi pobreza,
tan sólo es el cristal de mi pasado,
que suena, como copa, en esta noche
y abraza con su vino destapado…
Mi hermano heredándome la pilcha,
aquella que vistió también a un primo,
así fue que aprendimos el secreto
de compartir los parches y el camino…
El carnaval y el tango fueron cuna,
mi vieja me cantó «Duerme, negrito»,
y en mi segundo hogar, el Gallinero,
mi viejo me soñó como Angelito…
“Al olor del hogar” es una canción que logra magníficamente describir la sensación que provocan los aromas, la nostalgia y la memoria. O dicho de otra manera, recuperar, a través del olfato, la condición del ser niño, la ternura de un tiempo vivido entre ollas y sartenes, entre jardines y floreros, la eterna mudanza como estilo de vida, aprendiendo a situarse y adaptarse a nuevos barrios y realidades.
El autor de “Al olor del hogar” se encarga de aclarar que no elogia la pobreza vivida, pero ésta es parte de su vida; tan importante, que se constituye en “cristal de su pasado” con el cual poder observar / analizar / recuperar en la memoria los rasgos característicos de un tiempo noble que lo modeló, que le dio identidad, que lo configuró como persona en un aprendizaje conjunto, donde, conjugar el verbo “compartir” era moneda corriente.
En el recuerdo no hay vergüenza, hay honor y dignidad. La pobreza y, en ella, la sencillez, el compartir los bienes, la austeridad, la sobriedad, son rasgos de su identidad. Se reconocen y se valoran.
«Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza». Lc 9, 58
En estos días ha estado rondando en mi mente este cuento/relato al pensar qué es lo que debemos reconstruir en nuestra sociedad. Junto a él, la frase de Isaías…
Una edición especial (Anónimo)
Años atrás, un sacerdote es enviado por su obispo como párroco a una comunidad aborigen. Entusiasmado con la tarea encomendada, se encaminó a su nueva parroquia. Allí fue muy bien recibido por un grupo numerosos de fieles. En diálogo con los suyos, constató que no tenían acceso a la lectura de la Palabra de Dios por no disponer de una traducción en el idioma de la comunidad. Ese fue el motivo que lo impulsó a realizar una traducción de la Biblia.
Se puso manos a la obra en su objetivo, después de mucho esfuerzo quiso hacer la edición para que sus fieles pudieran leer la Buena Noticia en su propia lengua. Buscó juntar el dinero con rifas, almuerzos comunitarios y todo aquello que se pone en marcha al momento de necesitar solventar una acción. Pero algo imprevisto ocurrió. Una fuerte lluvia dejó a una parte de su comunidad en situación de desamparo. Sin dudarlo, el sacerdote destinó todo lo recaudado para aliviar el dolor de sus hermanos.
Hombre perseverante, volvió a la carga en su objetivo y, nuevamente, con mucho esfuerzo, logró juntar el dinero necesario para realizar la edición anhelada, pero otro imprevisto lo sacudió: un alud había castigado a un sector de la comunidad, dejando sin hogar a muchas familias. Y otra vez, sin duda alguna, destinó lo recaudado al servicio de sus hermanos.
Por tercera vez se dispuso a alcanzar su meta y lo logró. Feliz, se dirigió a su obispo para mostrarle el fruto del esfuerzo: la Biblia en la lengua de su comunidad. Cuando su superior lo recibió, le dijo:
– ¡Qué lindo! Me parece una gran iniciativa, pero, para serle sincero, me gustaron mucho más las otras dos ediciones anteriores.
Encuentro para adultos preparado por el Secretariado Diocesano de Catequesis de Mar del Plata en el año 2018.
No resulta novedoso hablar de Jesús en nuestra cultura “occidental y cristiana”. La persona de Jesús, su vida y mensaje están ampliamente difundidos entre nosotros: ciudades que llevan el nombre del Señor, imágenes y monumentos en diversos espacios (sagrados o públicos), la presencia de la Cruz en distintos ámbitos, diversas festividades a lo largo del año calendario, algunas consagrando días feriados, educación religiosa impartida en colegios confesionales y catequesis parroquial…
Esta presencia de la persona de Jesús, de sus dichos y hechos, ¿influyen en forma determinante en nuestra vida? ¿Hacen de nosotros una nación cristiana? Nuestra fe, ¿ha llegado a traducirse en hechos concretos?
Benedicto XVI nos dice en Deus caritas est:
“No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o
una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento,
con una Persona, que da un nuevo horizonte a
la vida y, con ello, una orientación decisiva”
El encuentro con Jesús no debe considerarse como algo mágico, es la posibilidad de reconocer a Otro que, por la fuerza de su presencia y mensaje, da a nuestra vida un nuevo sentido. Hay “un antes y un después” del encuentro personal con Jesús donde se descubre que Dios nos llama a vivir plenamente la vida, a reconocer que somos “una misión en esta tierra” (EG, 272), a encontrar el profundo sentido de la vida y un camino para transitarla. Decíamos, no es algo mágico que hace desaparecer problemas y obstáculos; por el contrario, permite mirar y afrontar la realidad cotidiana con la fuerza de la fe, con una renovada esperanza y con una encendida caridad que nos impulsa a tender profundos vínculos con la humanidad.
¿Cómo posibilitar ese encuentro? ¿Cómo crear las condiciones para que cada persona pueda experimentar la cercanía de Jesús y el poder sanador de su mensaje?
Si te interesa el encuentro completo, hacé click en el enlace para descargarlo de Google Drive:
Leí esta frase en Facebook, en el muro de Walter Michel. Quise compartirlo / rebloguearlo.
«Si cualquier domingo se clausuraran todos los cines, todas las canchas de fútbol, todos los hipódromos y todos los televisores, el noventa por ciento de los porteños estarían neurotizados porque tendrían que encontrarse consigo mismo. Y para la mayoría de las personas encontrarse consigo mismo es experimentar el vacío. Es encontrarse con la carencia de interioridad. Jesús precisamente nos viene a decir eso: ‘Toda bienaventuranza es un llamado a los hombres a vivir desde el fondo de sí mismos’. Y no desde la superficie. A buscar, no el camino del placer, sino el camino de la alegría. El camino del placer es el camino cómodo, con satisfacciones intensas pero cada vez menos profundas y más deteriorantes. En cambio, el camino de la alegría que en Cristo, está unido permanentemente a la cruz, al renunciamiento, a la purificación, es el ensanchamiento del corazón. Es el camino de la creación, de la fecundidad.»
Cuando vi esta imagen por primera vez, me sonreí. Pensé: ¡dónde vino a caer esa semillita! Pasaron los años y, en un contexto de abandono y suciedad, esa planta continuó su camino. Puedo asegurarte que, en aquella zona, pasaron vientos, lluvias, tormentas y el árbol sigue allí… así es que se me presentó esta idea, esta verdad: la vida siempre termina imponiéndose.
Allí, donde encuentra un pequeño lugar para cobijarse, la vida siempre se impone. No a fuerza de violencia, no desde la prepotencia, el orgullo o la vanidad… por el contrario, lo hace desde el atractivo que la vida misma tiene. Y cuando se presenta a nosotros con esa presencia renovadora, provoca la necesidad y la urgencia de comprometerse en su cuidado y protección.
Gracias al Autor de la vida por tanta maravilla que nos consuela!!!