Recibimos con alegría la elección de León XIV como sucesor de Pedro. En sus primeros días como Sumo Pontífice, el Santo Padre se refirió a León XIII y su legado social condensado en la encíclica Rerum Novarum.
En estos días, las redes sociales se poblaron con referencias a la encíclica mencionada y al magisterio social ordenado a partir de aquella. En Tiberíades queremos sumarnos a la iniciativa de difundir la Doctrina Social de la Iglesia con este sencillo posteo que repasa, sintéticamente, las encíclicas sociales que, a partir de Rerum novarum dieron lugar a un cuerpo doctrinal ordenado y sistemático que entendemos como el Evangelio de Jesús aplicado a la vida social.
Es importante aclarar que el Magisterio social no acaba en los documentos pontificios. Otros documentos surgidos del Concilio Vaticano II (como la Constitución Gaudium et Spes) o del Pontificio Consejo Justicia y Paz (el llamado Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia) engrosan la lista de las diversas enseñanzas propuestas por la Iglesia como motivo de reflexión frente a la problemática social. Este posteo pone su mirada en los aportes de los Papas que, desde León XIII en adelante buscaron responder desde el Evangelio a los desafíos de su tiempo. Un pequeño aporte para el conocimiento y difusión de esta enseñanza.
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Por medio de la Carta Apostólica Patris Corde, el Papa Francisco nos invita a celebrar un año santo dedicado al Custodio del Señor, con motivo de los 150 años de la declaración de San José como Patrono de la Iglesia Universal.
Patris Corde nos ayuda a reconocer el don de la paternidad que se realiza desde el amor, la ternura, la obediencia, la acogida, la valentía, el trabajo… «Nadie nace padre, sino que se hace. Y no se hace sólo por traer un hijo al mundo, sino por hacerse cargo de él responsablemente. Todas las veces que alguien asume la responsabilidad de la vida de otro, en cierto sentido ejercita la paternidad respecto a él» (Patris Corde, 7).
Sabemos poco de José, pero lo que los evangelios nos enseñan, nos permite apreciar su entrega generosa a la voluntad y el rol cumplido en función de «custodiar» la vida del Redentor.
«José vio a Jesús progresar día tras día «en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres» (Lc 2,52). Como hizo el Señor con Israel, así él “le enseñó a caminar, y lo tomaba en sus brazos: era para él como el padre que alza a un niño hasta sus mejillas, y se inclina hacia él para darle de comer” (cf. Os 11,3-4).
Jesús vio la ternura de Dios en José: «Como un padre siente ternura por sus hijos, así el Señor siente ternura por quienes lo temen» (Sal 103,13).
En la vida oculta de Nazaret, bajo la guía de José, Jesús aprendió a hacer la voluntad del Padre. Dicha voluntad se transformó en su alimento diario (cf. Jn 4,34). Incluso en el momento más difícil de su vida, que fue en Getsemaní, prefirió hacer la voluntad del Padre y no la suya propia[16] y se hizo «obediente hasta la muerte […] de cruz» (Flp 2,8). Por ello, el autor de la Carta a los Hebreos concluye que Jesús «aprendió sufriendo a obedecer» (5,8)». Patris Corde, 2.-
«Todos estos acontecimientos muestran que José «ha sido llamado por Dios para servir directamente a la persona y a la misión de Jesús mediante el ejercicio de su paternidad; de este modo él coopera en la plenitud de los tiempos en el gran misterio de la redención y es verdaderamente “ministro de la salvación”». Patris Corde, 3.-
Papa Francisco.- Patris corde.-
Compartimos una bella canción de Daniel Poli, que nos invita a reconocer en José al inspirador de muchas enseñanzas de Jesús: por su cercanía, sus consejos, la experiencia compartida, su coherencia e integridad de esposo, padre y trabajador.
Mientras te acunó en mis brazos entre lágrimas de amor, es que a veces no comprendo este pobre corazón y pensar que había pensado abandonarla en secreto de no hacer sido por el Ángel y de lo que dijo en aquel sueño. Si todavía me cuesta creer que se haya fijado en mí el cielo, espero sepas comprenderme, yo solo soy un pobre carpintero.
Aquí cuidando de tu madre y contigo aquí en mis brazos, soy más feliz que el hombre más feliz que la Tierra haya pisado rero está tan fría esta noche y estamos tan lejos de casa. Ay! Dios qué raros son tus planes, dije a la noche estrellada. Hubiera querido darte un palacio y no este agujero pero Tú sabes no hay lugar para el hijo del carpintero.
Y te cantaré canciones de nuestro pueblo y su cansancio, inclinado ante la cuna que haré con mis propias manos. Cuando crezcas cada noche te contaré historias de sembradores, de semillas de tierra fértil, de ovejas perdidas y de pastores. De un hombre que encontró un tesoro y por él lo dejó todo y así sabrás cuanto te quiero y aquel que hombre es este carpintero
Y te veré crecer despacio en cada primavera, te hablaré de nuestro Dios, te enseñaré lo que pueda. Este es el hombre que soy, eso es todo lo que puedo darte, no tengo oro ni plata, solo un corazón para amarte, el que solo entiende de clavos y madera y que por Ti daría, daría su vida entera. Es que por Ti daría mi vida entera.
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