
Te invitamos a conocer más canciones en la entrada «Me has hablado en mil canciones«.
#Tiberíades #Me_has_hablado_en_mil_canciones

Te invitamos a conocer más canciones en la entrada «Me has hablado en mil canciones«.
#Tiberíades #Me_has_hablado_en_mil_canciones
Este año, 2021, en el mes de septiembre, cumplo cuarenta años acompañando,
con mi guitarra y mi voz, las celebraciones en la comunidad de la parroquia N.S.
del Huerto. Ciertamente es una alegría poder celebrar todos estos años de
servicio.
Pero, llegado a este punto, surgió la necesidad de compartir una experiencia
que motive a los jóvenes músicos de mi comunidad a tomar la posta. La
renovación es imperiosa. Por eso este «manual» combina, sin pretensión
editorial alguna, consejos, sugerencias y una guía de celebraciones por tiempo
litúrgico, sin dejar de compartir gustos musicales, historias y anécdotas…
Podés descargar el archivo en formato pdf en el siguiente enlace…
https://drive.google.com/file/d/1xuCcq6A1dv7H_cQop6-u5lNARPRpiJtW/preview
Pedro Casaldáliga, sacerdote claretiano, es conocido por su labor misionera en São Félix do Araguaia, en el Mato Grosso. Cuarenta años trabajando allí como misionero incansable, ligado a los más pobres del Brasil han dejado una huella en la lucha por «esa justicia largamente esperada».
Nacido en Barcelona, a Casaldáliga lo animaba una espiritualidad profundamente encarnada que se expresaba, entre otras formas, por medio de la poesía, que le sirvió de modo de expresión: oración, denuncia, bandera.
Su vida es símbolo. Un obispo que asume la pobreza como estilo de vida.
Compartimos tres de sus poemas hechos canción. En primer lugar, «Mi fuerza y mi fracaso», musicalizado por la Hermana Adriana Blanco e interpretado por las Misioneras Diocesanas en su obra «Te hiciste Palabra y canto».
Mi fuerza y mi fracaso eres Tú,
mi herencia y pobreza eres Tú,
Tú, mi justicia Jesús
mi guerra y mi paz
mi libre libertad.
Mi muerte y mi vida, Tú,
palabra de mis gritos,
silencio de mi espera,
testigo de mis sueños,
cruz de mi cruz, Tú.
Perdón de mis pecados
razón de mi esperanza
mi fuerza prometida, Tú, Jesús.
«Paz armada» es un poema dedicado a la vida de hombres y mujeres célibes por la causa del Reino de Dios. Musicalizado por Cristóbal Fones, forma parte de su obra «Tejido a tierra».
Será una paz armada, compañeros,
será toda la vida esta batalla,
que el cráter de la carne sólo calla
cuando la muerte acalla sus braceros.Sin lumbre en el hogar y el sueño mudo,
sin hijos las rodillas y la boca.
A veces sentiréis que el hielo os toca;
la soledad os besará a menudo.No es que dejéis el corazón sin bodas;
habréis de amarlo todo, todos, todas;
discípulos de aquél que amó primero.Perdida por el Reino y conquistada,
será una paz tan libre como armada,
será el amor amado a cuerpo entero.
El último poema está dedicado a la Eucaristía y su dimensión social: pan partido y entregado a los hombres.
Mis manos, esas manos y Tus manos
hacemos este Gesto, compartida
la mesa y el destino, como hermanos.
Las vidas en Tu muerte y en Tu vida.
Unidos en el pan los muchos granos,
iremos aprendiendo a ser la unida
Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos.
Comiéndote sabremos ser comida.
El vino de sus venas nos provoca.
El pan que ellos no tienen nos convoca
a ser Contigo el pan de cada día.
Llamados por la luz de Tu memoria,
marchamos hacia el Reino haciendo historia,
fraterna y subversiva Eucaristía.
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Jesús parte el pan… son varios los textos evangélicos que utilizan esta expresión (como el de este domingo). Partir el pan indica la irrenunciable vocación de hacer de esta tierra una tierra de comunión, donde la alegría mesiánica se expresa en la mesa compartida, «en el vino que alegra y el pan que reconforta».
Partir el pan indica un «aprender a dar y aprender a darse». El gesto, propio de Jesús, es revolucionario porque pone a las cosas (bienes materiales y también los espirituales) en situación de ser compartidos. Al partir el pan, Jesús nos recuerda que el Creador ha hecho la tierra para todos y, como antiguamente alimentó al pueblo hebreo con el maná, hoy nos alimenta con su Cuerpo y su Sangre: «pan de vida y cáliz de salvación». Pero, también, es el propio Cristo quien se ofrece, se brinda, se entrega, se regala… así se hace efectiva la comunión, en la oblatividad del amor que, no sólo comparte los bienes, también se comparte… Un hermoso programa para nuestro tiempo.
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María Montessori es mundialmente conocida por sus enormes aportes a la pedagogía, de manera particular, el conocido método destinado a la educación de niños que lleva su nombre. En sus innumerables obras, hubo, también, lugar para la fe. En La chiamata, obra pedagógica de carácter religioso, afirmó sobre la Eucaristía:
La Santa Misa no es solo un memorial. Así puede parecerle solo a quien no penetra en los misterios. Entonces sí, puede parecer un rito que se realiza para recordar a Jesucristo que está muerto; desaparecido de la tierra como hombre vivo. Ese es el recuerdo: la imagen de Jesús crucificado es como un signo siempre presente en el centro de la mesa: y alrededor arden cirios encendidos. Parece justamente un piadoso recuerdo de su muerte.
Pero no se trata de una cosa tan simple.
No asistimos a la misa tan solo para conmemorar la Pasión de Cristo y realizar un acto piadoso, un deber perpetuo.
Allí no hay muerte.
Aquella muerte es vida.
En la misa se esconde un misterio profundo: algo sobrenatural, sorprendente, ¡un milagro sin igual! En cierto momento Jesús desciende vivo sobre el altar; es invisible, pero está realmente presente: porque su cuerpo, su sangre, su divinidad se transforman en el pan y en el vino.
Viene por nosotros.
Cuando vamos a misa no vamos a conmemorar a Jesús: vamos a reunirnos con él, ¡a recibirlo!
Cristo está presente y vivo, y no nos abandonará nunca.
Este es nuestro consuelo, nuestra esperanza, incluso nuestra fe: este es el milagroso misterio de la misa.
No somos huérfanos, no estamos solos sobre la tierra: Jesús nunca nos abandonó cuando subió a los cielos; y lo dijo: «No os dejaré huérfanos».
Sí; al salir de la Santa Misa podemos gritar como la Magdalena consolada: «¡Está vivo! ¡Le he hablado!».
Fuente: http://www.religiónenlibertad.com
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Memorial. Sacrificio. Banquete. Anuncio. Impulso evangelizador. Todas estas palabras sintetizan la importancia de la Eucaristía que, hoy, podemos explicar en una vieja canción: «Jesucristo, danos de este pan».
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