Alabado seas

Emaús Año 2 – Ecos de tu voz – Pág. 115.-

Hoy, en el Día Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, compartimos esta oración del Papa Francisco de la encíclica Laudato Si y que forma parte de uno de los encuentros para jóvenes del itinerario «Emaús».

“No nos servirá describir los síntomas, si no reconocemos la raíz humana de la crisis ecológica. Hay un modo de entender la vida y la acción huma­na que se ha desviado y que contradice la realidad hasta dañarla. ¿Por qué no podemos detenernos a pensarlo?“ LS, 101.- (…)

El hombre descubre que la Casa común ha sido pensada para él; y en él, para toda la humanidad: es un bien común. Así todos bienes de la tierra han de servir para ser gozado por los hombres en una porción suficiente que les permita vivir con dignidad sin alterar, en ello, el equilibrio y la armonía de la Casa común.

Al tratarse de un bien recibido de Dios y destinado a toda la humanidad, conlleva el carácter de herencia común que hay que resguardar en virtud de las nuevas generaciones: es una obligación moral preservar la Casa común para los que vendrán.

Para leer la planificación completa: Emaús – Año 2: “Alabado seas”, pág. 107ss.

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Los discípulos de Emaús

Emaús

Sin dudas, el relato de Lc 24, 13-35 es uno de los más conocidos en los evangelios. Ubicado en la liturgia en el tiempo pascual, pero presente todo el año acompañando jornadas de catequesis, de liturgia, de pastoral, retiros, convivencias, diversos momentos de oración… Es que Emaús atrapa por su dinamismo y por la tensión propia de cada momento.

Emaús simboliza el camino de la vida: aquel que transitamos cargando nuestras angustias y frustraciones, buscando una respuesta que de consuelo a nuestro dolor. En el tránsito, vamos aprendiendo a hacer relectura de la propia historia y encontrar, allí, las huellas del paso de Dios peregrino por nuestras vidas. Sí, Emaús nos enseña a reconocer a ese Dios que camina a nuestro lado.

Y es el camino en el que podemos escuchar esa Palabra que anima y fortalece, que interpela y moviliza; esa Palabra que «hace arder los corazones».

Emaús es camino compartido, presencia amiga y serena: «Quédate con nosotros». Presencia que reconforta. Por eso, podemos decir: «Sí, quédate con nosotros, peregrino. ¡Calma con tu presencia nuestras ansiedades! ¡Domina con tu sabiduría, nuestra tentación que querer controlarlo todo!»

Emaús es mesa compartida. Mesa fraterna de pan partido y ofrecido. Y allí, al calor del hogar, se abren los ojos para contemplar al amigo peregrino y caer en la cuenta que «había algo que impedía reconocerlo».

Emaús es envío, impulso misionero: el Pan y la Palabra transforman, exhortan, movilizan… la alegría del encuentro ha de compartirse. Otros, muchos, esperan un oído atento y una mesa fraterna. El Peregrino nos espera en el camino: ahora, para salir al encuentro de otros que necesitan, como nosotros de la presencia amiga…

…alegría para su tristeza

…consuelo para su dolor

…esperanza para su vida…

Somos peregrinos de la historia, en marcha a una mayor plenitud: en el camino la Palabra indica el sentido; en la mesa, el pan bendito anima y reconforta. Es hora de compartirlo!!!

#Tiberíades #Emaús #camino #mesa #envío

Pironio sobre Emaús (Lc 24, 13-35)

2020-04-24 20.20.54

Fragmento de la reflexión del Cardenal Eduardo Pironio en la ciudad de Mar del Plata, en el año 1974, durante la Semana Santa (martes santo) sobre el evangelio de Lc 24, 13-35: el encuentro de Jesús con los discípulos de Emaús.

«Así es la actuación de los discípulos: primero pesimistas, solidarios en el pesimismo, es decir, que se van contagiando el pesimismo mutuamente, pero que al final sienten, una vez descubierto Jesús, la necesidad de llevar la Pascua, la luz, la resurrección, la felicidad, la vida.Pero pensemos ahora en la actitud de Jesús. Descubrimos tres actitudes en Él para hacer renacer la esperanza en el corazón de los dos discípulos cansados.La primera es una actitud muy sencilla, muy normal, diríamos muy habitual en nosotros. Jesús se acercó a ellos y se puso a hacer el camino con ellos. Es una actitud muy común. Lo que no es común es hacer el camino de tal manera que nos interesemos profundamente del otro. Vamos por la calle haciendo el camino con los demás, caminando codo con codo, pero ignorándonos totalmente. Nos ignoramos mutuamente en nuestra realidad más profunda. Algo así como cuando viajamos en el tren o en el ómnibus y somos muchos los que viajamos, estamos muy juntos, tan juntos que nos pisamos el pie, pero no nos reconocemos en los problemas.

Jesús se puso a caminar con ellos, pero ponerse a caminar con ellos, que es un gesto así común,normal, es un gesto diríamos corriente, significaba para Jesús algo muy especial, significaba penetrar en el misterio de aquellos dos hombres, significaba interiorizarse y hacer suyos sus problemas. Por eso el Señor se acercó y les preguntó: “¿De qué van hablando en el camino y por qué están tristes?”. Es decir, no basta ir haciendo el camino con los demás. De tal manera hay que ir haciéndolo que nosotros interpretemos un poco o descubramos mejor y hagamos nuestro el sufrimiento, el dolor, la cruz, la inquietud, de los hermanos.

¡Qué bien haríamos a nuestros hermanos que sufren, que viven envueltos en el pesimismo, en el desaliento, en el cansancio, si nos acercáramos a ellos y les hiciéramos saber que ellos nos interesan y que sus problemas nos duelen y que llegáramos a decirles: “¿Qué les pasa? ¿Por qué están tristes? ¿Qué es lo que los aflige?”. A veces sin necesidad de decirlo con palabras. Si nuestro gesto de acercamiento al hermano es sincero y fraterno, si nuestro acercamiento a un pobre, a uno que sufre, nace de un corazón verdaderamente evangélico y cristiano, se abre tanto el corazón de quien recibe la visita y nos escucha, que sin que le digamos palabras empieza a decir: “¿Cómo, tú eres el único que no sabes lo que me está pasando?”.

Una primera actitud es abrirse, acercarse al hermano que sufre. Y ese acercamiento al hermano que sufre es un ir entrando en comunión ya, es un entrar en comunidad. Es necesario abrir nuestro corazón a la inquietud, al sufrimiento, al dolor, a la cruz, al problema de los hermanos.

La segunda actitud: desde la Palabra, desde las Escrituras, Cristo interpreta la cruz: “Hombres duros de entendimiento, ¿no sabíais que esto tenía que ocurrir así? ¿Que el Hijo del hombre tenía que pasar todas estas cosas para entrar en la gloria?”. Y empezando desde Moisés, fue explicando todas las Escrituras que se referían a Él.

Cristo sencillamente, mientras iba caminando, les fue explicando la historia de la salvación, les fue explicando un poco el sentido de la cruz y cómo todo era normal, cómo todo eso que parecía absurdo, que parecía imposible, estaba muy bien planeado en Dios hasta en sus detalles. Les fue abriendo el sentido de las Escrituras. Entendieran ellos o no entendieran del todo, no importa.

Cristo les interpreta el dolor y la cruz, desde la esperanza, desde la Palabra, desde la Escritura, desde la fe. Y el corazón de ellos se van encendiendo. Lo dicen ellos al final. Se van encendiendo porque ven que no es simplemente una palabra aprendida, que es palabra saboreada, experimentada: ven que ese Señor, a quien ellos todavía no han descubierto, no les transmite un mensaje aprendido de memoria, sino que les va comunicando una experiencia real. En definitiva les va explicando su propia historia, les va contando su vida. Por eso sienten que su corazón se enardece.

Es una segunda actitud que nosotros tenemos que tomar con nuestros hermanos que viven en la oscuridad, en el sufrimiento: interpretar su dolor, su propio problema, su pobreza, su cruz, desde la Palabra de Dios, desde la fe. Pero no desde una palabra sabiamente aprendida, técnicamente memorizada. ¡Cuántas frases de la Escritura sabemos de memoria! ¡Cómo habremos aprendido el catecismo de una manera estupenda! No, no basta. Tenemos que hablar a los demás desde una experiencia de Dios, desde una experiencia de la cruz y en Dios. Únicamente aquél que ha experimentado a Dios adentro, aquél que ha mordido la cruz, puede hablarle a otro hermano, contarle quién es Dios y qué es la cruz. O sea, únicamente Jesús puede hablar de Jesús. Únicamente cuando nosotros nos dejemos invadir plenamente del Señor y cambiar adentro, la palabra no va a salir de nosotros como una doctrina sino como una vida, como un mensaje, como un testimonio.

¿Por qué hay sacerdotes–ustedes lo han experimentado en el confesionario o en el encuentro personal–o, sin ser sacerdotes, por qué hay personas que al decir una simple palabra lo iluminan todo y lo pacifican? Porque esa palabra más que una expresión es una vida, más que una doctrina es una Persona y esa Persona tiene un nombre y ese nombre es Cristo.

Entonces una segunda actitud con los que están así desalentados, pesimistas, tristes: desde la palabra de Dios meditada y saboreada adentro iluminar su cruz; ubicar la cruz en el plan de Dios.

La tercera actitud: partir el pan. Partir el pan es el símbolo de la Eucaristía y en la Eucaristía está Jesús que se da y que permanece. Los discípulos, cuando Cristo les parte el pan, enseguida lo reconocen. Y lo reconocen no por la manera material de partir el pan sino porque recuerdan la celebración litúrgica,recuerdan que partir el pan es la Eucaristía. Entonces dicen: “Este es Jesús”. El encuentro en la Eucaristía es signo de la donación de la vida. Entonces ellos se dicen: “Este es Aquél que se dio, Este es Aquél que se entregó”. Partir el pan es darse, es entregarse, Jesús que parte el pan. No hay más que uno que parte el pan,que se da y que se entrega de veras: ese es Cristo. Lo reconocen enseguida.

Esta es la tercera actitud nuestra: partir el pan. Partir el pan es entrar en comunión con los hermanos en la Eucaristía, es sentirnos Asamblea de Dios en la liturgia. Por eso la liturgia es tan esperanzada y tan fuente de esperanza para los cristianos. Pero partir el pan es entregarnos, dar nuestra amistad, nuestro amor,nuestro cariño, nuestra comprensión, dar todo lo que nosotros somos, podemos y valemos. Yo lo he repetido muchas veces: no hemos aprendido a amar, aun cuando hayamos dado todas las cosas, si no nos hemos dado a nosotros mismos. Darse en la sencillez de lo cotidiano, y no sólo en grandes solemnidades. Darse aun cuando nos cueste muchísimo sonreír. Pero sonreír no artificialmente y en superficialidad, sino con una sonrisa que nace de una comprensión muy honda y de la seguridad de que el Señor está. Es la sonrisa que nace adentro y es signo de que Dios está, de que Dios es amor, de que Dios nos comunica la paz.

Dar a los demás significa, cuando uno está cansado y no puede más,pensar de esta manera: “Sin embargo, hay alguien que puede menos que yo. Estoy enfermo y no doy más; ¿pero no tendré un poco de fuerza para salir e ir a visitar a alguien que está más enfermo que yo? Es que yo estoy viviendo un momento de cruz. ¿No será la manera para que adentro se me ilumine la esperanza acercarme a mi hermano, que también está desalentado, y decirle una palabra que lo aliente, que lo confirme en la esperanza?”. Eso es darnos, eso es partir el pan.

#Tiberíades #Emaús #Pironio

Crónica de la Pascua

Cruz

Los acontecimientos de la pasión, muerte y resurrección de Cristo están muy bien documentados por los Evangelios, de manera especial, su pasión y muerte. Son tantos los detalles en los que reparar que, cuando buscamos en los evangelios alguna referencia en particular, nos podemos perder. Aquí ofrecemos una crónica detallada, junto a la cita bíblica correspondiente, para leer/meditar/reflexionar el paso de Jesús.

Inicio de la Pasión de Cristo

Entrada de Jesús en Jerusalén. Lc 19, 29-44

Expulsión de los vendedores del Templo. Mc 11, 15-19

Unción de Jesús en Betania. Mt 26, 6-13

Traición de Judas. Mt 26, 14-16

Sucesos anteriores a la cruz

La última cena. Lc. 22,14

Getsemaní. Mt 26,36

El arresto. Jn 18,12

Jesús ante Caifás. Lc 22,54

Negaciones de Pedro. Mt 26, 69-75

Jesús ante Pilato. Mc 15,1

Muerte de Judas. Mt 27, 3-10

Jesús ante Herodes. Lc 23, 6-10

Vuelta a Pilato. Lc 23, 11

Pilato libera a Barrabás. Lc 23, 17-21

Sentencia. Lc 23, 23-24

Crucifixión. Lc 23,33
Jesús en la cruz

Llegada al Gólgota. Mc 15,25

Primera palabra. «Padre perdónales…» Lc 23,34

Los soldados parten sus vestiduras. Mc 15,24

Los que pasaban se burlan de él. Mt 23,39-40

Los príncipes de los sacerdotes se burlan de él. Mc 15,31

Los soldados se burlan de él. Lc 23, 36-37

Uno de los ladrones le desafía. Lc 23, 39

Otro de los ladrones le implora. Lc 23, 40-42

Segunda palabra: «Hoy estarás conmigo en el Paraíso» Lc 23,43

Tercera palabra: «Madre, he aquí tu hijo.» Jn 19, 26-27

Se hacen tinieblas. Mc 15,33

Cuarta palabra: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Mt 27,46

Quinta palabra: «Tengo sed.» Jn 19,28

Sexta palabra: «Todo se ha consumado» Jn 19,30

Séptima palabra: «Padre, en tu manos encomiendo mi Espíritu.» Lc 23,46

Sucesos posteriores a la cruz

La tierra tiembla y se parte el velo del Templo. Mt 27,51

Se abren las tumbas. Mt 27,52

El centurión confiesa que Jesús es hijo de Dios. Mt 27,54

La multitud regresa compungida. Lc 23,48

Quiebran las piernas a los dos ladrones. Jn 19, 31-32

Traspasan el costado de Jesús. Jn 19,34

Jesús es puesto en el sepulcro. Jn 19,38-42

El sepulcro es sellado y guardado. Mt 27,66

Orden de las apariciones en la resurrección

A María Magdalena. Mc 16,9

A las mujeres. Mt 28,9

A Pedro. 1 Cor 15,5

A dos discípulos camino de Emaús. Lc 14,15-31

A los diez discípulos. Jn 20,19-24

A Tomás. Jn 20,26-28

A los discípulos, en el mar de Tiberíades. Jn 21,1-24

A los once, en Galilea. Mt 28,16-17

A quinientos hermanos juntos. 1 Cor 15,6

A Santiago. 1 Cor 15,7

A los once, en la Ascensión. Hech 1, 1-9

A Pablo. Hech 9,1-5 y 1 Cor 15,8

 

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Para ir al especial de Semana Santa con Jesús, hacé click aquí.

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Santos y amigos

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Por el Bautismo todos los cristianos hemos sido llamados a una vida nueva: somos santos por la gracia bautismal, santidad que es preciso construir diariamente.

Ser santo no significa hacer cosas extraordinarias o fuera de lo común, ser santo es vivir las pequeñas cosas de todos los días como si fueran grandes. Dicho de otra manera: hacer grandes las pequeñas cosas que día a día nos tocan vivir.

Para leer la planificación completa: Emaús – Año 1: “A ser santos”, pág. 37ss.

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Ser o hacer

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Pensar en el Proyecto de Vida, el reconocer virtudes y defectos, instala a los jóvenes en una perspectiva vocacional. ¿Qué haré de mi vida? ¿cuál será mi profesión?, son algunas de las preguntas que se plantean quienes se encuentran en el comienzo de la adolescencia tardía: el tiempo de plantearse seriamente el futuro.

El pensar la vocación, muchas veces lleva a considerarla como sinónimo de profesión. Este encuentro busca plantear la diferencia y la necesaria conexión entre una y otra.

El objetivo es que los jóvenes reconozcan las diferencias y la complementariedad entre vocación y profesión.

Para leer la planificación completa: Emaús – Año 1: “Ser o hacer”, pág. 34ss.

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Los yuyos de mi tierra

«Soy la Iglesia que canta» es el primer CD grabado por las Hermanas Misioneras Diocesanas en la década de los años 90. Entre las bellas melodías originales o textos y poemas musicalizados, encontramos «Los yuyos de mi tierra», del padre Mamerto Menapace, palabra inspirada en el pasaje de los peregrinos de Emaús.

Los yuyos de mi tierra

Achicate, hermano, no busqués la loma,

andá por los bajos, pisá el trebolar.

No temás el charco que el agua es playita,

y el barro del campo no sabe ensuciar.

Si querés altura, mirá las estrellas,

donde anida el rumbo que conduce a Dios.

No negués tu rostro al ala del viento,

ni cubrás tu frente por no ver el sol.

No vendás distancia por comprar sosiego,

no dejés taperas después de acampar.

Tené fe en la huella, buscá el horizonte,

de seguro un día lo habrás de alcanzar.

Florecé a los vientos como lo hace el cardo,

que llegado a seco libera el pompón.

No apurés la historia, no arriés tus banderas,

confiá en tus hermanos como ellos en vos.

Vení, matearemos despacito, juntos,

me hablarás de lucha, te hablaré de fe,

y al final del día nos daremos cuenta

de que en igual senda andamos tal vez.

Cuando el sol se vaya y la tarde caiga,

se abrirán los ojos al partir el pan.

Y entonces sabremos que por el camino

nos venía arriando el Dios de la Paz.

“Me has hablado en mil canciones”. Mil canciones para dialogar, reflexionar y rezar… podés buscarlas en el menú “Cinco panes”.

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Escalera al cielo

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Hablar de Proyecto de Vida en el cristiano es fijar la mirada en Cristo y todas las acciones y esfuerzos orientarlos hacia El. Proyectar la vida significa descubrir qué nos tiene preparado Dios que, sin duda, nos asegura la felicidad: «Desde que Cristo entró en su existencia, Pablo considera como basura todas las ventajas anteriores en que apoyaba su vida, porque ninguna de ellas le alcanza la salvación» (Biblia de Iniciación Cristiana).

¿Cuál es la meta? La definitiva unión con Cristo.

Para leer la planificación completa: Emaús – Año 1: “Escalera al cielo”, pág. 24ss.

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Con los ojos de la fe

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Este encuentro marca una transición entre la iniciación a la vida comunitaria (primera parte) y proyecto de vida (segunda parte).

En el mismo nos planteamos el siguiente objetivo: aprender a mirar la realidad (nuestra propia realidad) a la luz de la Palabra de Dios. Este tema se desarrollará más ampliamente en la segunda etapa de este itinerario catequístico. Aquí lo presentamos a modo de anticipo.

En realidad, todo encuentro catequístico apunta a este mismo objetivo: siempre se intenta iluminar la experiencia vital con la luz enriquecedora de la Palabra. Con este encuentro se pretende iniciar a la comunidad de jóvenes en una actitud contemplativa de la realidad, en el marco de la oración con la Palabra de Dios.

Para leer la planificación completa: Emaús – Año 1: “Con los ojos de la fe”, pág. 22ss.

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Un sólo cuerpo

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La comunidad cristiana se enriquece por los dones que el Espíritu Santo distribuye en cada uno de sus miembros. Esto es una de las grandes riquezas de la vida comunitaria: como cada uno contribuye al crecimiento de los demás.

Recibir un don del Espíritu implica una grave responsabilidad: “La fe se fortalece dándola” nos dice el Papa en “Redemptoris Missio”.  Como la fe, cualquier otro don se fortalece en la medida que es puesto al servicio de los demás.

A pesar de la diversidad, la comunidad forma, en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, un solo Cuerpo. La unidad no implica la cercanía física, sino la comunión dada por la fe en Cristo, la fracción del pan y la caridad vivida.

La diversidad exige apertura y aceptación: todos hacemos el Cuerpo de Cristo, cada uno desde el lugar donde fue llamado, aportando los dones que del Espíritu ha recibido. Al respecto, nos dice el Papa: “En la medida en que un carisma dirija mejor su mirada al corazón del Evangelio, más eclesial será su ejercicio. En la comunión, aunque duela, es donde un carisma se vuelve auténtica y misteriosamente fecundo. Si vive este desafío, la Iglesia puede ser un modelo para la paz en el mundo” (EG, 130).

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Para leer la planificación completa: Emaús – Año 1: “Un solo cuerpo”, pág. 18ss.

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