
La catequesis ocupa un lugar importante en la vida de la Iglesia, eso se demuestra al tomar contacto con las muy diversas iniciativas, a lo largo de toda la Iglesia universal, que buscan promover, alentar, orientar y fortalecer el quehacer catequístico. En este contexto, queremos resaltar, hoy, el valor del Directorio Catequístico.
El Concilio Vaticano II, en el documento dedicado a los Obispos, Christus Dominus, solicitó la composición de un directorio para la catequesis. Dice el texto:
«Decreta también el sagrado Concilio que se compongan directorios generales sobre la cura de almas para uso de los Obispos y párrocos, de forma que se les propongan métodos determinados para el más fácil y adecuado ejercicio de su cargo pastoral.
Compónganse … un Directorio sobre la instrucción catequética del pueblo cristiano, en que se trate de los principios y ordenación fundamentales de dicha instrucción y de la elaboración de los libros que hacen al caso”. (Nº 44).
¿Por qué un directorio? Un directorio de catequesis tiene la misión de orientar esa acción, brindarle motivos de reflexión para que, en este caso, la tarea catequística esté respaldada por sólidos fundamentos: principios, normas, criterios de juicio, entre otros.
El directorio es una herramienta teológico-pastoral que pone al catequista en situación de «pensar la catequesis»: reconocer el lugar de esta acción pastoral en el contexto de la labor misionera de la Iglesia y tener en claro la naturaleza, finalidad y tareas del ministerio catequístico. Además, encontrar orientaciones acerca de los contenidos de la catequesis, los destinatarios de la educación en la fe y las formas de organizar el servicio catequístico en cada Iglesia particular.
Esta solicitud pastoral del Concilio encontró respuesta en la Iglesia Argentina que, a poco de haber terminado las sesiones conciliares, publicó un directorio de carácter nacional para orientar y ordenar la catequesis en el territorio argentino. Así expresan los obispos, en el año 1967, la finalidad del directorio nacional:
«Su finalidad es promover una unidad fundamental, deseada y alentada por la Conferencia Episcopal, en el estudio y la práctica de la catequesis; además, alentar la renovación de la pastoral catequística a la luz del Concilio Vaticano II v de la renovación teológica y pastoral» (N° 3).
Cuatro años después, es la Congregación para el Clero (en ese momento, encargada de la catequesis), quien presenta el primer directorio general:
«Este Directorio presenta los principios fundamentales teológico-pastorales del Magisterio de la Iglesia y especialmente del Concilio Ecuménico Vaticano II, con los cuales se puede dirigir y ordenar mejor la acción pastoral del ministerio de la palabra» (DCG 1971, 1).
¿Cuántos directorios se han publicado? Hasta el momento, son tres las publicaciones. El primero, de 1971, fue renovado años después, a la luz del Catecismo de la Iglesia Católica (publicado en 1992). Lleva el nombre de Directorio General para la Catequesis y data del año 1997.
Con el Papa Francisco comenzó una profunda renovación de la Curia Romana, en los organismos (dicasterios) que acompañan y sirven al Papa en el gobierno de la Iglesia universal. La catequesis pasó del ámbito de la Congregación para el Clero al Pontificio Consejo para la promoción de la Nueva Evangelización. Es este dicasterio, el responsable de la publicación, Directorio para la Catequesis, presentado días atrás que, en sus páginas, asume el magisterio del Papa Francisco, de manera especial, el llamado a ser «Iglesia en salida» y la primacía del kerygma en toda evangelización.
En sucesivas entradas, iremos compartiendo el contenido del Directorio, invitando a reflexionar sobre sus afirmaciones y orientaciones. Cerramos esta entrada con un párrafo de la introducción del Directorio:
«La santidad es la palabra decisiva que se puede pronunciar al presentar un nuevo Directorio para la Catequesis. Ella se hace abanderada de un programa de vida que también los catequistas están llamados a perseguir con fidelidad y constancia. En este camino exigente no están solos. La Iglesia, en cada lugar de la tierra, puede presentar modelos de catequistas que han logrado la santidad, e incluso el martirio, viviendo su ministerio de cada día. Su testimonio es fecundo y permite, aún en nuestros días, pensar que cada uno de nosotros puede seguir esta aventura aún en la dedicación silenciosa, fatigosa y a veces ingrata, del ser catequista».
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