
Te comparto unas líneas de este sencillo y profundo aporte de Richard Gaillardetz: «Ser anuncio. Espiritualidad del Evangelizador», publicado por Editorial Claretiana.
Todo ser viviente, consciente, que respira, ha tenido alguna experiencia de Dios, por velada o confusa que haya sido. Ningún ser humano que haya caminado conscientemente por esta tierra ha sido Inocente de la gracia de Dios. Todo ha sido tocado por la gracia aún cuando tenemos que aceptar la posibilidad de que, en el profundo santuario de su corazón pueda darle las espaldas a Dios.
Nuestra primera tarea no es llevar hacia Dios a gente radicalmente desconocedora del Misterio sobre él sino más bien ayudarlos a descubrir en sus vidas su presencia porque aún no lo han notado.
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Imaginemos que estamos sentados en la sala de espera del dentista. Estás hojeando una revista sobre perros mientras una música suena de fondo y a la cual no le estás prestando atención.
En efecto, si después de ir a sala de espera alguien te preguntara si había música, le responderías con total candor: «No, no escuché nada». Pero si mientras estás en la sala entra otro paciente, se sienta a tu lado y te pregunta: «¿Cómo se llama esta canción?», recién entonces, por primera vez, te das cuenta que hay música de fondo.
Esta es una responsabilidad básica del ministerio pastoral: llamar la atención de la gente sobre la presencia santa de Dios, con frecuencia relegada a la música e fondo de nuestras vidas.
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