Dios en la música popular

¿Quién es Dios? ¿Cómo es visto, considerado o asimilado? Esta pregunta no es menor. Muchas personas afirman no creer en Dios pero, en definitiva, lo que no creen es en una visión distorsionada de Dios.

Si apreciamos, sintéticamente, como ha sido, y es, considerado Dios en las diversas tradiciones religiosas y filosóficas, el resultado es tres grandes visiones: deísta, panteísta y teísta. Con la ayuda de fragmentos tomados de la música popular, buscaremos comprender cómo son esas visiones, cuáles son sus características esenciales. Este episodio de Haciendo eco, nos invita a buscar las semillas de Dios presentes en la cultura pues, como afirmó el apóstol Pablo: «Él no está lejos de nosotros» (Hch 17, 27).

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Ojos

Crees

«¿Crees en el Hijo del hombre?».
«¿Quién es, Señor, para que crea en él?».
«Tú lo has visto: es el que te está hablando».
«Creo, Señor», y se postró ante él.

Jn 9, 35-38

El ciego de nacimiento tiene una profunda experiencia de Dios. Su pregunta «¿Quién es, Señor, para que crea en él?» es de una hondura particular. Porque la fe en Jesucristo no surge como resultado de una especulación teórica, una decisión ética o la conclusión de un razonamiento correctamente realizado. Se llega a partir de una experiencia, un hecho por el cual la vida no es la misma.

Cuando el ciego es interrogado por la autoridades acerca de quién le devolvió la vista, él responde: «Yo no se si es un pecador o no. Sólo sé que antes era ciego y ahora veo». Esa es su experiencia, el hecho revelador de una presencia que lo ha transformado.

Hoy, en el IV Domingo de Cuaresma, surge la pregunta: ¿Cuál ha sido tu experiencia? Si Jesús nos pregunta «¿Crees en el Hijo del hombre?». ¿Qué le diríamos?

Jesús nos dice, hoy:

«Tú lo has visto: es el que te devolvió la alegría».

«Tú lo has visto: es el que perdonó tus pecados».

«Tú lo has visto: es el que te rescató de la agonía».

«Tú lo has visto…».

¿Cuál es tu experiencia? Si no la has tenido, no dejes de pedirla con fe. Si no has gozado de un encuentro personal con el Creador, pide, ahora mismo poder experimentar su presencia. El ciego de nacimiento dijo: «Creo, Señor» y se postró ante de él.

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Dichos y hechos de Jesús #16

Diapositiva18

Otro cuadro de Rembrandt; esta vez, para habla de la misericordia de Dios. No olvides la enseñanza de Benedicto XVI: “No hay nada más hermoso que ser encontrado por el evangelio de Jesucristo”.

En el mes de la Biblia, difunde la Palabra.

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Seguridad

Seguridad

Hay dos palabras que me gusta asociar a la infancia: inocencia y confianza. Aunque, a veces, no se bien cuál surge primero, pero, sin lugar a dudas, ambas se complementan, van de la mano… Quien confía manifiesta su total inocencia: un pensamiento (y un sentir) sin doblez. La inocencia lleva a creer en el otro sin reparos: confianza.

Con el correr del tiempo, en muchos casos, esa inocencia se apaga y, con ella, la confianza. Allí aparece la necesidad de seguridad: necesitamos resguardarnos (de las situaciones y de los demás). Con la seguridad aparece la tentación de la avaricia y, en ella, la confianza no puesta, ya, en el otro y en sus intenciones sino en las «seguridades»: «Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, como, bebe y date buena vida» (Lc 12, 19). Y cuando todo se derrumba, el hombre siente le necesidad de volver a ser niño… de llenar de sentido ese vacío interior…

“Existe un vacío con forma de Dios en cada corazón”, dice Blas Pascal. Si no está Dios, ¿con qué llenaremos ese vacío?

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Reinar

Ramos
Ilustración: Jean-François Kieffer

Las personas podemos admirar a muchos hombres y mujeres… Nos asombramos de su talento, de sus condiciones, admiramos sus logros, sus éxitos…

A algunos, los hemos llamado ídolos; a otros los hemos colocado en lo más alto llamándolos «Mesías» o, directamente, «Dios»…

Pero ninguno de ellos es capaz de brindarnos aquello que necesitamos para ser felices… en definitiva, sus logros son… sus logros, no nuestros… Sus palmares, sus coronas, su dinero, su prestigio no es nuestro… les pertenece.

Uno solo entregó su vida por toda la humanidad… Uno sólo puede pasar por nuestras vidas enriqueciéndola con sus dones para transformarla. Uno solo es el que «todo lo tiene y todo lo entrega» para que tengamos vida.

Viene Jesús… Viene a reinar…

¿Qué significa que Jesús viene a reinar? ¿Quiere dirigirnos? ¿Quiere controlarnos? De ninguna manera. Dios respeta nuestra libertad, porque es regalo de Él.

Simplemente, Jesús viene a reinar para que en nosotros no tenga poder el pecado, ni tengan poder la envidia, el rencor, el egoísmo…

Viene a reinar para sacar de nosotros lo mejor. Porque su forma de reinar no es por la fuerza, imponiéndose…. por el contrario, su reinado se entiende desde el servicio…

Jesús viene a reinar, es decir, viene a servir. Es la lógica de la Semana Santa.

El que viene a reinar lo hace montado en un burrito…
Reina lavando los pies de los discípulos…
Abriendo sus brazos en cruz para abrazar a la humanidad…
Venciendo a la muerte para que vos y yo tengamos esperanza…

Hemos abierto nuestros brazos para recibir a tantos que nos han usado, nos han despreciado, nos han burlado… aquí está Jesús, el que nunca defrauda. Viene a reinar para dar vida.

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¿Quién eres tú, Jesús?

Jesús

Encuentro para adultos preparado por el Secretariado Diocesano de Catequesis de Mar del Plata en el año 2018.

No resulta novedoso hablar de Jesús en nuestra cultura “occidental y cristiana”. La persona de Jesús, su vida y mensaje están ampliamente difundidos entre nosotros: ciudades que llevan el nombre del Señor, imágenes y monumentos en diversos espacios (sagrados o públicos), la presencia de la Cruz en distintos ámbitos, diversas festividades a lo largo del año calendario, algunas consagrando días feriados, educación religiosa impartida en colegios confesionales y catequesis parroquial…

Esta presencia de la persona de Jesús, de sus dichos y hechos, ¿influyen en forma determinante en nuestra vida? ¿Hacen de nosotros una nación cristiana? Nuestra fe, ¿ha llegado a traducirse en hechos concretos?

Benedicto XVI nos dice en Deus caritas est:

“No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o

una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento,

con una Persona, que da un nuevo horizonte a

la vida y, con ello, una orientación decisiva

El encuentro con Jesús no debe considerarse como algo mágico, es la posibilidad de reconocer a Otro que, por la fuerza de su presencia y mensaje, da a nuestra vida un nuevo sentido. Hay “un antes y un después” del encuentro personal con Jesús donde se descubre que Dios nos llama a vivir plenamente la vida, a reconocer que somos “una misión en esta tierra” (EG, 272), a encontrar el profundo sentido de la vida y un camino para transitarla. Decíamos, no es algo mágico que hace desaparecer problemas y obstáculos; por el contrario, permite mirar y afrontar la realidad cotidiana con la fuerza de la fe, con una renovada esperanza y con una encendida caridad que nos impulsa a tender profundos vínculos con la humanidad.

¿Cómo posibilitar ese encuentro? ¿Cómo crear las condiciones para que cada persona pueda experimentar la cercanía de Jesús y el poder sanador de su mensaje?

Si te interesa el encuentro completo, hacé click en el enlace para descargarlo de Google Drive:

Planificación en formato Word

Presentación con imágenes para proyectar

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Retorno

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Ilustraciones: Nicoletta Bertelle

Días atrás, al regresar de un viaje, en el camino observaba, una y otra vez, la señal vial que indica la posibilidad de «Retorno». Hacia la izquierda del camino se va abriendo paso una senda hasta desembocar en un descanso que permite el giro y emprender el regreso.

La imagen, por repetida, llevó mis pensamientos a asociar la señal con la maravillosa parábola del Padre misericordioso (o la del Hijo que regresa).

Son muchas las razones por la cuales una persona usa el «retorno» en la ruta: siguió de largo al lugar donde se dirigía, equivocó el camino o, simplemente, regresa porque ya es hora de hacerlo… Retornar es corregir el rumbo y llevarlo hacia donde nos sentimos seguros.

Cuando viajamos, una de las sensaciones más fuertes que surgen es la incertidumbre: no saber fehacientemente con qué nos encontraremos en el camino y que nos espera al llegar a destino. Y más allá que el viajar pueda estar ligado al gozo, al descanso o la diversión, en cierto momento surge el deseo de volver.

Volver, regresar, retornar… experimentar el tránsito por el camino conocido donde, sabemos, alguien nos espera con los brazos abiertos y dispuesto a escuchar, comprender y perdonar.

Ese es el consuelo cuando la ruta se hace larga o pesada, cuando la mochila pesa y es necesario un descanso. Volver, regresar, retornar… así es la vida del hombre que sabe que del Padre ha salido y a Él necesita, siempre, retornar.

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Cultivar la paciencia

Higuera
Ilustración: Bernadette Lopez

«Este chico no tiene remedio».

«Personas como ésta, no cambian más».

«No se puede tolerar la mala conducta: un alumno debe saber comportarse».

Podríamos seguir escribiendo frases que expresan la falta de paciencia a la hora de educar y acompañar en el crecimiento / desarrollo, pero las mencionadas bien «pintan» la situación.

¿Es cierto que hay personas que «no tienen remedio»? ¿Verdaderamente hay quienes no pueden cambiar? Un alumno, ¿debe «saber» comportarse? En la parábola de la higuera que no da fruto (Lc 13, 6-9), escuchamos decir: «Hace tres años que vengo a esta higuera en busca de frutos y no los encuentro. Córtala. ¿Para qué malgastar la tierra?». Pero el trabajador es capaz de ver más allá… hay confianza en su mirada y su labor sabe del valor de la espera: «Yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante».

Esta lectura subraya dos notas de la pedagogía de Jesús: la confianza y la paciencia. La primera permite «soñar con el otro», vislumbrar el camino que puede seguir y todo lo que es capaz de dar. La segunda, permite esperar el tiempo oportuno sin dejar de trabajar para que el fruto llegue y sea abundante. 

En definitiva, ¿no nos sentimos dichosos al saber que Dios actúa en nosotros con su infinita paciencia y cada vez que recurrimos a su perdón nos renueva la confianza regalándonos la alegría de estar cerca suyo? Entonces… ¿por qué no obrar de la misma forma con los demás?

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