
Isaías es uno de los protagonistas del Adviento. A tal punto que, san Jerónimo lo llamaba «el evangelista del Antiguo Testamento» ya que es quien con mayor claridad anuncia la persona de Jesús, tanto en orden a la Navidad (al hablarnos del Emmanuel) como a la Pascua (al presentarnos al Servidor sufriente).
El profeta Isaías vivió 700 años antes de Cristo. En su libro, nos propone una serie de signos que sirven de guía para nuestra vida de fe. En orden al Adviento, quisiera destacar cuatro de ellos: el camino, la luz, la joven, la montaña.
Resulta para todos muy clara la comparación de la vida humana con un camino. Vivir es transitar una senda. Hay un punto de partida y, también, de llegada. El profeta nos invita a «allanar el camino» (40, 3), esto es, examinar por dónde estamos transitando. Los caminos de la vida son diversos, muchos sencillos, otros escarpados… cada tramo del camino tiene una exigencia propia… no todo camino conduce a la felicidad, al encuentro con Dios. Por eso, el profeta nos habla de un camino santo (35, 8), el camino de la esperanza: «Yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando. ¿No se dan cuenta? Sí, pondré un camino en el desierto» Is 43, 19
El segundo de los signos es la luz. Isaías es quien afirma: «El pueblo que andaba en tinieblas ha visto una gran luz» (9, 1). El camino que propone el profeta es un camino luminoso, es el camino de la verdad, por ello comienza su libro diciendo: «Caminemos a la luz del Señor» (2, 5). En la oscuridad (el miedo, las frustraciones, el error, el invididualismo) se alza, como un faro, una señal de esperanza…
En el camino, guiados por la luz del Señor, emerge otro signo. Si la luz engendra la confianza y aplaca los miedos, este signo da lugar a la esperanza: «Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emmanuel» (7, 14). Es el signo de la vida, que siempre se impone, la que engendra nuestra esperanza. Es imposible no relacionar con estos textos con el prólogo del Evangelio de Juan, cuando afirma: «En ella (la Palabra) estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres» (Jn 1, 4).
Finalmente, la montaña es el lugar del encuentro del hombre con Dios. Isaías nos regala la imagen del monte santo donde se concretará el encuentro de todos los pueblos en comunión con su Creador. Así, nos revela el sueño de Dios: hemos salido de él y nos encontraremos en la santa montaña para vivir la fraternidad universal.
El camino, la luz, la joven embarazada y la montaña. Signos que nos ayudan a reflexionar y vivir el Adviento camino a la Navidad de la mano del profeta que con mayor claridad nos habló de la llegada de nuestra esperanza: Dios con nosotros!!!
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