
«¿Crees en el Hijo del hombre?».
«¿Quién es, Señor, para que crea en él?».
«Tú lo has visto: es el que te está hablando».
«Creo, Señor», y se postró ante él.
Jn 9, 35-38
El ciego de nacimiento tiene una profunda experiencia de Dios. Su pregunta «¿Quién es, Señor, para que crea en él?» es de una hondura particular. Porque la fe en Jesucristo no surge como resultado de una especulación teórica, una decisión ética o la conclusión de un razonamiento correctamente realizado. Se llega a partir de una experiencia, un hecho por el cual la vida no es la misma.
Cuando el ciego es interrogado por la autoridades acerca de quién le devolvió la vista, él responde: «Yo no se si es un pecador o no. Sólo sé que antes era ciego y ahora veo». Esa es su experiencia, el hecho revelador de una presencia que lo ha transformado.
Hoy, en el IV Domingo de Cuaresma, surge la pregunta: ¿Cuál ha sido tu experiencia? Si Jesús nos pregunta «¿Crees en el Hijo del hombre?». ¿Qué le diríamos?
Jesús nos dice, hoy:
«Tú lo has visto: es el que te devolvió la alegría».
«Tú lo has visto: es el que perdonó tus pecados».
«Tú lo has visto: es el que te rescató de la agonía».
«Tú lo has visto…».
¿Cuál es tu experiencia? Si no la has tenido, no dejes de pedirla con fe. Si no has gozado de un encuentro personal con el Creador, pide, ahora mismo poder experimentar su presencia. El ciego de nacimiento dijo: «Creo, Señor» y se postró ante de él.
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