Documentos catequísticos

A continuación encontrarás un gran listado de documentos dedicados a la catequesis, de manera directa o indirecta. Este listado es prueba de la importancia de la catequesis, como una de las formas de ministerio de la Palabra de Dios, dentro de la Iglesia y de la importancia que reviste el “pensar la catequesis”.

Cada documento aporta una riqueza singular, tanto para reflexionar sobre lo que hoy nos interpela, como para indagar en las resonancias, búsquedas y necesidades de la catequesis en otros momentos.

Concilio Vaticano II

  • Concilio Vaticano II.- Dei Verbum.- Constitución dogmática sobre la Divina Revelación

Magisterio pontificio

Santa Sede – Dicasterios

Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM)

Departamentos del CELAM

Conferencia Episcopal Argentina

Junta Nacional de Catequesis (Junta Catequística Central)

Instituto Superior de Catequesis Argentino (ISCA)

  • ISCA.- De congreso a congreso

Otros episcopados

Diócesis de Mar del Plata

Otras Diócesis

Hombre nuevo 3.0

Jornadas de capacitación 2020 JUREC

Hace unos días, me invitaron a dar una capacitación para docentes de escuela católica sobre el desarrollo de habilidades, competencias y capacidades para una formación integral. Aporte a realizar desde una mirada catequística.

Me gustó el tema propuesto y la oportunidad de dialogar con docentes de diversos niveles sobre las exigencias propias de la educación integral y el rol que la catequesis juega en esa formación.

Debía dar título a los talleres y elegí, para los docentes del nivel inicial y primario: «Quítate las sandalias. El niño frente al misterio de la fe». Para docentes del secundario: «Hombre nuevo 3.0. El desafío de educar creyentes en el siglo XXI». Me pareció que, de acuerdo a la edad, podíamos hacer diversas acentuaciones.

En primer lugar quise plantear el concepto de educación integral para tener un marco de acuerdo base desde donde poder dialogar. Entiendo la educación integral como un proceso educativo destinado al perfeccionamiento de las facultades humanas (inteligencia, voluntad y libertad) orientadas hacia la búsqueda del sentido de la vida. Una labor realizada teniendo presente diversas dimensiones de la persona: individual, física, ética, estética, político/social, cultural y religiosa (o espiritual). La catequesis en la escuela no se circunscribe a la dimensión religiosa (podríamos extendernos, también, a la individual y a la ética), por el contrario, realiza su aporte al desarrollo de todas las dimensiones (dicho de otra manera, la catequesis debe acompañar la formación de todas estas dimensiones, no sólo la religiosa), pues la formación integral no se realiza desde desde áreas inconexas o desde «puntos de vista», sino enfocándonos en la persona como una unidad.

La educación integral debe posibilitar el desarrollo de la persona, de manera particular, a partir de la definición de un proyecto personal de vida que permita, a lo largo de todo el trayecto educativo, conocer y reconocerse como persona valiosa, portador de una misión, llamada a la plenitud del amor.

Este desarrollo se encamina, también a la formación de ciudadanos de espíritu democrático, responsables, comprometidos en el cuidado de la casa común. Desarrollo sustentado en valores como: justicia, paz, solidaridad, respeto, igualdad, tolerancia, empatía, bien común y libertad.

¿Cuál es el rol de la catequesis frente a la formación integral? Para esta respuesta, pensé en primer lugar las dimensiones de la catequesis y, en segundo, las tareas mencionadas en el Directorio Catequístico General.

Las dimensiones (explicitadas en el documento «La Catequesis en América Latina» del CELAM), son: personal, comunitaria, social, cristocéntrica, dinámica, existencial y liberadora.

Es importante señalar que, al hablar de las dimensiones de la catequesis, éstas no deben ser entendidas como áreas independientes una de otras (ya se mencionó esta cuestión en párrafos anteriores). Las dimensiones permiten pensar la totalidad, la integralidad y, se desarrollan en conjunto unas con otras. Pensar en un desarrollo individual de cada dimensión haría de nuestra educación una formación a partir de compartimentos estancos. Eso es lo que queremos evitar.

¿Cómo alcanzar el desarrollo de estas dimensiones y, por ende, una formación integral? A través del ejercicio de las tareas de de la catequesis. Estas son:

      • Propiciar el conocimiento de la fe
      • Educar para la celebración litúrgica
      • Promover la formación moral
      • Enseñar a orar
      • Introducir en la vida comunitaria
      • Animar el compromiso misionero

Personalmente, al hablar de las tareas de la catequesis, me gusta presentarlas como exigencias de la fe. Esto es, la fe requiere ser conocida, celebrada, vivida, orada, compartida y anunciada. El desarrollo de cada tarea implica a otras, sin dudas que la oración favorece la celebración del misterio cristiano y anima la acción misionera, solo por mencionar un ejemplo.

Teniendo en cuenta este marco y, a la hora de pensar en habilidades concretas a desarrollar en los alumnos de nuestras escuela, se me presentó la conocida expresión del Cardenal Pironio de ser «Comunidades orantes, fraternas y misioneras». De estas tres palabras surgieron un cúmulo de acciones, habilidades y competencias. A saber:

Orantes 

  • Propiciar una correcta visión de Dios. Sabemos que Jesús comunicó una real y sana visión de Dios: el Padre misericordioso que ama y sostiene con su providencia la creación.
  • La oración entendida como diálogo, practicada en sus diversas formas: bendición, alabanza, acción de gracias, súplica e intercesión.
  • Gusto por el silencio y la interioridad: educar proponiendo momentos de silencio reflexivo para que la persona aprenda a orar y a conversar consigo mismo.
  • El examen de conciencia (para ayudar a descubrir que nuestras acciones pueden encaminarse hacia el bien o, por el contrario, hacia el mal), la revisión de vida.
  • Desarrollo de la fe entendida como confianza, seguridad y fortaleza.
  • Sobre la base de la fe, la resiliencia: capacidad de salir fortalecido de situaciones complejas.
  • Dimensión celebrativa de la vida: una liturgia (fresca, auténtica, alegre) que anime, que atrape y fortalezca.

Fraternos 

  • El encuentro mismo de catequesis y, en él, el encuentro con Dios y con los demás.
  • Desarrollo de vínculos sanos por medio del diálogo.
  • Resolución pacífica de conflictos.
  • Estudio de casos que enseña a ponerse en el lugar de los demás y despierta el deseo de solidaridad. Escuela de valores.

Misioneros 

  • Compromiso como resultado del trabajo semanal en el aula: en la perspectiva de la metodología catequística, hablamos de “vida nueva”.
  • Comprensión y reflexión sobre la fe: capacidad de comprender y exponer las verdades de la fe.
  • Sentido de justicia y trabajo por la paz.

¿Por qué hablar de un Hombre nuevo 3.0? Porque estamos formando al hombre creyente del Tercer milenio. En el diálogo con los participantes del taller, preguntamos: ¿Se pueden definir las cosas de Dios y las cosas de los hombres? Una pregunta con trampa, ya que, las cosas del hombre son las cosas de Dios (a excepción del pecado: que nos aleja de Dios y de los demás); pero la expresión busca poner en discusión esa distinción que, tantas veces, hemos hecho de lo sagrado y lo profano, de lo religioso y lo que no lo es… Allí se produce una dolorosa separación entre la fe y la vida. El mundo religioso no es un complejo abanico de prescripciones, verdades, ritos y obligaciones. Lo religioso tiende al encuentro entre las personas: en ese encuentro se puede compartir, orar, leer y meditar la Palabra, trabajar juntos, reír… Toda la vida del ser humano está signada por su fe y de ella se orienta la trascendencia. Porque el hombre creyente manifiesta su fe de que Dios lo anima y sostiene en la lucha cotidiana, es capaz de enfrentar los desafíos de la vida con coraje y esperanza y funda todas sus relaciones humanas en el amor, el mandamiento principal. Cuando, a partir del encuentro con Jesús, una persona comienza su proceso de conversión personal, todas las consecuencias de ese encuentro se dejan brotar en las relaciones con el mismo Dios, las personas y el mundo. El límite entre lo sagrado y lo profano no es el templo: el hombre creyente integra la realidad de Dios a su propia realidad, una sola realidad: la de una íntima comunión entre Creador y creatura.

Ser creyente no se reduce a orar, participar de la Misa y sostener una actividad misionera. Se vive la fe en el día a día. Se reza y se participa de un rito, pero se lleva esa oración a la vida cotidiana: lo sagrado se integra a lo profano.

Hablamos del llamado a «revestirse del hombre nuevo», es decir, asumir para nuestras vidas el estilo de Jesús: con la mirada en el Padre, abierto a los hombres desde la centralidad del amor.

En la formación del creyente del siglo XXI, es necesario acentuar:

a.- La fe comienza en el encuentro con Jesús: experiencia de fe/descubrimiento; seguimiento de una persona que propone un nuevo horizonte.

b.- La decisión de seguir a Jesús es libre. La fe, en principio, puede heredarse, ya que el ambiente (en especial, el familiar) ejerce una poderosa influencia en el crecimiento y desarrollo de la persona. Con el tiempo, es necesario hacer opción por esa fe recibida.

c.- De acuerdo al punto anterior, la fe ha de presentarse como una propuesta de vida y de asumirse, se va fundando a partir de un conocimiento progresivo de las verdades de la fe. Xavier Morlans afirma: «Pasar de una fe heredada a una fe asumida con rigor histórico y vigor intelectual».

d.- Una catequesis abierta a un diálogo sin recelos ni desconfianzas con la ciencia, la política, la cultura toda. Catequesis que es capaz de tender puentes de encuentro, camino a la verdad: «La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad» (San Juan Pablo II.- Fides et ratio, 1).

e.- La catequesis previa al Concilio Vaticano II proponía un catecismo con preguntas y respuestas formuladas con precisión y claridad. Hoy, es fundamental provocar la pregunta y ayudar a encontrar, en Jesús, las respuestas. Una catequesis que se  propone reflexionar sobre la realidad desde la lectura orante de la Palabra.

f.- En esta misma línea, es necesario recordar la famosa frase del documento de Medellín: «Las situaciones históricas y las aspiraciones auténticamente humanas forman parte indispensable del contenido de la catequesis; deben ser interpretadas seriamente, dentro de su contexto actual, a la luz de las experiencias vivenciales del Pueblo de Israel, de Cristo, y de la comunidad eclesial, en la cual el Espíritu de Cristo resucitado vive y opera continuamente» (Medellín. Catequesis, 6).

g.- La formación en la fe debe estar signada por la alegría del encuentro: una catequesis lúdica, gozosa, atrayente e interesante. «¡Qué alegría cuando me dijeron: vamos a la Casa del Señor!» (Sal 122, 1).

h.- La catequesis que soñamos viene de la mano de una sana relación con Dios. Sí, al estilo de Jesús. Todo catequista transmite una experiencia de vida, de fe, de encuentro. Hay que velar porque esa experiencia vital (la del catequista) esté fundada en una sana relación con Dios: Padre misericordioso, providente, atento a la realidad de sus hijos; lejos, muy lejos de una imagen de dios castigador, vigilante o comerciante. La imagen que se sostenga es la que transmitirá el catequista.

Finalmente, la catequesis merece ser pensada y dialogada en comunidad, en la búsqueda sincera de los caminos que nos permitan llegar al corazón de los demás desde la ternura de Dios. Así es, como se narra el encuentro de Dios con Moisés frente a la zarza ardiendo (Ex 3), debemos quitarnos las sandalias para entrar en la presencia de los otros. Así lo exige una verdadera evangelización.

Se deseás descargar la presentación con la síntesis de este espacio formativo, hace click aquí.

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Taller de animación pastoral

«El sembrador salió a sembrar» es un Taller de animación pastoral destinado a directivos y docentes de comunidades escolares católicas. Se trata de una propuesta centrada en cuatro ejes:

  • Una Pedagogía
  • Una Catequesis
  • Una Pastoral
  • Una Comunidad

¿Cuál es el destino final de la semilla que sembramos? En la escuela católica se acompaña la trayectoria escolar de alumnos a lo largo de 6 a 12 años, aproximadamente. La posibilidad de interactuar con diversos momentos de la existencia nos pone en situación privilegiada para el anuncio de la fe: una fe que es propuesta y como propuesta anima, fortalece, acompaña, guía, fundamenta.

«El sembrador salió a sembrar» es una instancia de diálogo. No se trata de un cúmulo de recetas, es un espacio para pensar la pastoral desde el rol particular de cada miembro del cuerpo docente.

En la presentación que encontrarás a continuación podrás apreciar el contenido del taller pensado, fundamentalmente, desde la Exhortación «Christus Vivit», los documentos del Sínodo de Obispos sobre los Jóvenes y el aporte del documento del Celam «Vayan y enseñen».

 

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