Didajé

Revisar la historia de la catequesis nos permite apreciar el esfuerzo de tantos evangelizadores que, impulsados por el Espíritu buscaron dar respuestas a los hombres y mujeres de su tiempo.

¿Qué instrumentos fue creando la Iglesia naciente cuando se enfrentó con la necesidad de acompañar la formación en la fe de aquellos que se acercaban a sus comunidades. La Didajé (o enseñanza de los apóstoles) fue el primer instrumento catequístico del que tenemos registro. Hablamos, por supuesto, de literatura cristiana fuera del canon del Nuevo Testamento.

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A la Didajé, le sucedieron otros materiales hasta llegar al primer tratado sobre catequesis de la mano de San Agustín que comentaremos en otro posteo.

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Pensando la Creación

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Los relatos sobre el Creación del mundo ponen al lector frente a una gran diversidad de temas y cuestiones. Muchas veces, esos relatos, conocidos en la infancia o en la adolescencia, no son resignificados al llegar a la juventud y comienzan a perder importancia. Muchos jóvenes se preguntan: ¿podemos confiar en ellos? ¿No resultan más verosímiles otras explicaciones, como el big bang o la teoría de la evolución? Así, en la mente y el corazón de muchas personas comienza a haber poco lugar para la fe. ¿Qué hacer, entonces, frente a estos relatos? ¿Cómo presentarlos para que el lector del siglo XXI pueda alcanzar a descubrir el sentido espiritual que estos escritos encierran y gustar de su verdad salvadora?

Quisiera proponer, para comenzar, una breve escena de la película “La vida de Pi”. Pi (Piscine Molitor Patel) es un joven indio con una fuerte inclinación a la vida de fe. Desde pequeño, manifiesta interés por la religiosidad de su pueblo (hinduismo) y, luego, por la fe cristiana y el islam. En viaje con su familia, experimentará una honda situación límite que pondrá a prueba su valor y su confianza en Dios. “La vida de Pi” es una suerte de parábola que invita a descubrir una realidad más profunda e intensa: lo que se oculta detrás de los acontecimientos en una relectura de fe de la propia existencia.

En la escena que quisiera comentar, Pi es confrontado por su padre Santosh y su hermano Ravi acerca de su búsqueda religiosa; por el contrario, su madre, Gita, lo comprende y defiende. El diálogo es el siguiente:

– Es joven, Santosh. Todavía está buscando el camino – dice su madre.

– Y, ¿cómo va a encontrar su camino, si no elige uno? Escucha, en lugar de saltar de una religión a la siguiente, por qué no comenzar con la lógica. En unos pocos cientos de años, la ciencia nos ha hecho entender el universo, mucho más que la religión ha podido en miles de años.

– Es cierto. Tu padre tiene razón – afirma Gita. La ciencia puede enseñarnos más sobre que hay allá afuera. Pero no lo que hay aquí adentro.

– Sí – responde Santosh. Algunos comen carne, otros vegetales. Yo no espero que todos estemos de acuerdo en todo, pero prefiero que te hagan creer en algo con lo que no estoy de acuerdo, en vez de aceptar todo ciegamente. Y eso se empieza pensando racionalmente. ¿Entiendes?

– Quiero ser bautizado – afirma Pi.

“La ciencia nos ha hecho entender el universo, mucho más que la religión ha podido en miles de años. Probablemente el padre del joven Pi no alcance a entender la búsqueda espiritual de su hijo y por esta razón expresa la frase en cuestión. ¿Es misión de la fe hacernos comprender el funcionamiento del universo? ¿Nos acercamos a la Escritura buscando desentrañar el proceso por el cual la materia es ordenada y sostenida por una serie de leyes que le otorgan coherencia? La búsqueda de Pi y la de todo hombre de fe, es otra: comprender el sentido del universo, cómo se orienta a una mayor plenitud, el camino recorrido para alcanzar su perfección, el puesto del hombre en el cosmos, el sentido de la vida y del sufrimiento humano… la salvación. La búsqueda de la verdad salvadora.

Por el contrario, la ciencia es el esfuerzo humano en comprender cómo sucedieron las cosas: cómo se formó el universo, por qué leyes está regido, cómo se transforma a la vez que se expande constantemente. Conclusiones a las que llegará la ciencia aplicando modelos experimentales.

Resulta importante, al momento de acercarnos a los relatos de la creación del mundo y de la humanidad, preguntarnos si vamos a la Escritura como hombres de fe o si nuestra intención parte de motivaciones históricas, literarias o científicas. Si nos acercamos a la Biblia en busca de datos específicos enmarcados en una disciplina, corremos el riesgo de perder de vista el sentido pleno (espiritual) que, las palabras de la Biblia, buscan comunicar: la verdad de un Dios que obra por amor, que es misericordia y que nos ofrece vida y amor en abundancia.

Pero, el conocimiento del contexto histórico, cultural y social en el que fueron escritos los textos, nos permiten alcanzar una cabal comprensión de los mismos. Así descubrimos que los hagiógrafos tienen en cuenta todos los saberes de su tiempo (y entorno) disponibles para comunicar la verdad que el Espíritu Santo les inspiró.

La lectura de Génesis 1 ha de estar acompañada de una serie de elementos que permitan entrar en el tiempo de composición del relato para, luego, dejar que hable a la realidad del hombre que, hoy, se acerca al texto.

Sabemos que Génesis 1 es posterior a Génesis 2. Escrito durante el siglo VI aC, fuera de la tierra prometida (¿en Babilonia?) por un grupo de sacerdotes que buscaban mantener la fe de Israel en tiempos del exilio. Haciendo una relectura de las peripecias del pueblo elegido, los hagiógrafos buscaron reafirmar la fe en un único Dios, recordando que toda la realidad creada está bajo su dominio y que ésta es buena.

Se trata de un poema o un himno, compuesto en orden al número siete (en la Biblia, la plenitud) que destaca la acción de Dios que ordena y pone en funcionamiento el universo y lo sostiene con su gracia y bendición.

En el himno se percibe, claramente, el esfuerzo de los autores de explicar cómo Dios ordena el tiempo y el espacio. Siete días, una semana de trabajo, la unidad de tiempo básica para todo israelita. El tiempo se orienta hacia su plenitud que es el séptimo día: día de reposo, de descanso, prefigura del descanso definitivo de toda la humanidad en Dios. El espacio, comprendido como cielo, tierra y mar. El cielo, “trono de Dios”; la tierra, espacio reservado a los hombres. La relación entre la humanidad y la tierra se expresará más claramente en Génesis 2.

En el segundo capítulo, nos encontramos frente a una leyenda popular. Escrita en el siglo X, Dios aparece, aquí, como un gran artesano/alfarero que modela el mundo y a la pareja humana, quienes son responsables de continuar su obra creadora. El hombre surge de la tierra y a ella volverá.

Como habitante de la tierra, el hombre y la mujer son el uno para el otro. De la misma dignidad, de la misma condición; creados para la plenitud.

El texto nos recuerda la responsabilidad del hombre en el cuidado de la creación y en su propia caída, que lo pone de cara ante el pecado y la muerte. Por tanto, Génesis 3 es, también, explicación de cómo entró el mal en el mundo: por la soberbia de la humanidad de querer erigir su destino al margen del Creador.

Los relatos de los tres primeros capítulos del libro del Génesis nos permiten adentrarnos en el sentido de la realidad creada. Crear es llevar a la existencia en plenitud. Dios continúa creando ya que sostiene, con las leyes propias que rigen al mundo y su gracia y bendición, a un universo en expansión. Podemos hablar, entonces, de una creación evolutiva.

Las afirmaciones de la Biblia no entran en contradicción con lo que nos propone la ciencia. Mientras que el saber científico pretende desentrañar cómo se formó el universo y a partir de qué leyes se ordena; las Escrituras nos proponen conocer el sentido del universo que habitamos.

La obra creada es buena y bella, es obra del amor. Dios da el ser a todo lo que existe. Por su voluntad, proyecto de vida y amor, lleva a todas las cosas a la existencia: el cosmos se impone al caos por acción de su Palabra que crea y ordena.  Al llegar la plenitud de los tiempos, la Palabra se hará carne para que podamos contemplar el rostro del Creador.

Si quieres recibir esta presentación por correo electrónico, escribe a garegnanipablo@gmail.com

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