¿Adoctrinar o educar?

Mucho se habla, hoy, de adoctrinamiento. Si escribimos la palabra en el buscador de Google, aparecerán, entre los primeros resultados: a. peronista, a. religioso, a. de género, a. feminista. O sea, adoctrinamiento religioso, político o ideológico… Fr

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ente a ello, surge una pregunta: ¿todos entenderemos lo mismo cuando hablamos de adoctrinamiento?

Si nos remitimos al diccionario por internet, encontramos la siguiente definición:

  1. Enseñar los principios de una determinada creencia o doctrina, especialmente con la intención de ganar partidarios. «Había adoctrinado a su padre en los principios de la monarquía absoluta; colaboraba en la misión de adoctrinar a los fieles respecto a las creencias»
  2. Dar instrucciones a alguien sobre cómo tiene que comportarse u obrar. Sinónimo: Aleccionar.

En este concepto, me interesa destacar la expresión «con la intención de ganar partidarios», que trataremos más adelante.

Por su parte, en Wikipedia, se nos dice: «conjunto de medidas y prácticas educativas y de propaganda encaminadas a inculcar determinados valores o formas de pensar en los sujetos a los que van dirigidas».

En el contexto del diálogo acerca de la separación entre la Iglesia y el Estado, entró en debate el lugar de la catequesis en la educación escolar. No pocas personas argumentaron que la catequesis, es decir, la educación en la fe, es una maniobra de adoctrinamiento. ¿Es aceptable esta consideración?

Para comenzar a esbozar una respuesta, me gustaría plantear la diferenciación entre «educación» y «amaestramiento». Luego, hacer la distinción con «adoctrinar». Para ello, les comparto un cuento de Jorge Bucay, «El elefante encadenado».

El elefante encadenado (Jorge Bucay)

Cuando yo era chico me encantaban los circos y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí, como a otros, después me enteré que me llamaba la atención el elefante.

Durante la función la enorme bestia hacia despliegue de su peso, tamaño y fuerza descomunal… pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.

Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría con facilidad arrancar la estaca y huir.

El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces ¿Por qué no huye?

Cuando tenía cinco o seis años yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: Si está amaestrado ¿Por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.

Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca…y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: el elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era, ciertamente, muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar y también al otro y al que le seguía… Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree – pobre – que no puede.

El tiene el registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás…jamás….intentó poner a prueba su fuerza otra vez. Y así, terminó encadenado para siempre.

La condición del elefante es el de un ser «amaestrado», no «educado»; esto es, carente de conciencia y libertad. El amaestramiento se concreta cuando el elefante repite una serie de movimientos obligado por una acción externa violenta o amenazante (podemos pensar en el látigo del domador) o por un incentivo (comida o bebida, por ejemplo) que funciona como aliciente. El cuento habla, además, del «registro de su impotencia», es decir, aquello que impide – la estaca – al elefante ser quién es. El amaestramiento lo ha puesto en situación de asumir una condición que no es la suya.

El camino de la educación es totalmente distinto, ya que el acto educativo va en pos de brindar al educando dos componentes básicos de la humanidad: la conciencia y la libertad. Educar para la conciencia de sí mismo es ayudar al otro a reconocerse y, de allí, gobernarse y proyectarse. Nótese que digo «gobernarse» ya que la verdadera educación tiende al autodominio/autonomía (el hombre no necesita del «látigo», se conoce y reconoce y aprende a regirse). Íntimamente unida a la libertad, como capacidad de «hacerse» y  de «despojarse» de todo aquello que le impide ser persona, para sí mismo y para los demás.

El amaestramiento impidió al elefante reconocerse y determinarse. De allí su destino de infelicidad: hacer «piruetas» para conformar y divertir a otros.

En este punto, es necesario recordar dos planteos educativos a los que se denomina, tradicionalmente dentro de la Pedagogía, «problemas previos de la educación»: acerca de la posibilidad de educar y la legitimidad de la educación en sí. Se trata de dos cuestiones que resultan obvias para muchas personas, pero que, puestas de relieve en este contexto, abren un interesante debate acerca de la práctica educativa.

¿Es posible educar? Claro que sí, pero, preguntémonos primero, para qué educar. Si la respuesta es «para formar personas con recta conciencia y uso de su libertad», está claro que, aunque difícil, educar es posible.

Por otro lado, ¿es legitimo educar? ¿Es legítimo avanzar en el estado de inocencia de un niño para colmarlo con pensamientos, normas y doctrinas de las que no tiene conciencia aún? Nuevamente aparece la pregunta que nos hicimos en el párrafo anterior: ¿para qué educar? Y la misma respuesta nos lleva a afirmar que sí, es legítimo educar: si la acción desplegada ayuda al niño (o joven) a reconocerse como persona valiosa con capacidad para la autodeterminación, es afirmativa la respuesta. Por tanto, es en la intención donde se revela la posibilidad y la legitimidad del acto educativo. Porque el camino, bien puede ser el del elefante encadenado que, en lugar de recibir educación, recibió amaestramiento.

La tarea evangelizadora no puede confundirse con «propaganda» o con «proselitismo» (la intención de ganar partidarios o adeptos sin importar los medios usados) ya que ésta, para ser fiel al evangelio que busca promover, cuenta con la libertad como elemento fundamental. La evangelización es propuesta, invitación, exhortación a asumir un estilo de existencia basado en la vida y mensaje de Jesús de Nazaret. La fe, por tanto, se propone, nunca se impone.

El adoctrinamiento, en sí mismo, no sería malo si quedara circunscrito a la enseñanza de una doctrina. Pero, en el uso y abuso de la acción, el adoctrinamiento ha quedado ligado a la falta de un pensamiento crítico, elemento indispensable para la toma de conciencia y el uso de la libertad. La catequesis (educación en la fe) ha de alentar el desarrollo de un pensamiento crítico que asume las verdades de la fe, no desde una posición pasiva, sino desde un diálogo original, creativo, edificante que permite al educando / catequizando crecer en la conciencia de sí y encontrar herramientas para conquistar la verdadera libertad. Por ello, es muy importante en catequesis animar al catequizando a asumir su fe más que a heredarla sin comprensión, interés o decisión…

Educar (en la fe, para la vida político/social, para el ejercicio de la ciudadanía) siempre entraña una enorme responsabilidad. La legitimidad del acto educativo se afirma cuando el educador promueve en el educando las diversas capacidades que le permitirán asumir su identidad, responder a su vocación específica y desplegar todas las cualidades que Dios, Divino Maestro, le ha otorgado.

Como dijo un sacerdote jesuita, educar es difícil, bello y posible.

Puedes escuchar el podcast en YouTube o en Spotify. Si lo deseas, puedes descargar un archivo pdf con el texto del podcast para compartir.

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#tiberíades #emaús #catequesis #odresnuevos #catequistas

La Cena del Señor

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Dos grandes celebraciones se realizan este día: la Misa Crismal y la Misa vespertina de la Cena del Señor.

La Misa Crismal es la celebración en la cual el Obispo y todo su clero se reúnen para acrecentar la unidad sacerdotal en torno a la celebración de la Eucaristía. En ella, todos los sacerdotes renuevan sus promesas sacerdotales (en consonancia con el espíritu de la Ultima Cena en la cual Jesús instituye el sacramento del Orden Sagrado), además, el Obispo bendice los óleos que serán utilizados para los bautismos, la unción de los enfermos, la confirmación, y la consagración sacerdotal.

Recibe su nombre por el Santo Crisma, óleo utilizado en los tres sacramentos que imprimen carácter: Bautismo, Confirmación y Orden Sagrado.

Por la tarde del jueves tiene lugar la Misa de la Cena del Señor que recuerda la institución de la Eucaristía, del Orden Sagrado. Además, es el día del amor fraterno, cristalizado en el gesto del lavatorio de los pies.

Egeria nos cuenta que en Jerusalén se celebraba la eucaristía hacia las cuatro de la tarde en la cima del Calvario.

La lectura del lavatorio de los pies se incluyó por iniciativa de San Gregorio Magno en el s. VI. Poco tiempo después, el Concilio de Toledo recomendó el lavatorio de los pies cuyo sentido es visualizar el evangelio proclamado y apreciar la intensidad del gesto realizado por Jesús.

También nos relata Egeria la costumbre de visitar las Iglesia levantadas sobre los lugares emblemáticos de la Pasión del Señor después de la misa del jueves. Así pasaban la noche del jueves al viernes: leyendo pasajes de la escritura y cantando salmos.

Dos canciones, una de Alejandro Mayol y, la otra, del padre Néstor Gallego, nos ayudan a profundizar en el espíritu de esta celebración.

«No hay mayor amor» expresa con intensidad el espíritu que acompaña la celebración de la última cena: Cristo sabe que ha llegado su hora y, en virtud de ello, se entrega generosamente: en el servicio a sus discípulos como muestra, ejemplo de lo que tendrán que hacer con el gesto del lavatorio de los pies y sacramentalmente en la partición de pan en la mesa eucarística. Horas después, los discípulos los verán elevarse como vieron elevar el paz consagrado en la cena. En este contexto, Jesús anima y fortalece a sus discípulos: «No tengan miedo, les enviaré mi Espíritu».

La obra pertenece a Alejandro Mayol y forma parte de «La Pasión según san Juan».

No hay mayor amor

La hora se va acercando,

Jesús enseña en el Templo,

nos quiere dejar ejemplo

de serenidad y paciencia;

tal vez no haya mayor ciencia

que el justo valor del tiempo.

 

Los corazones inquietos

preparan la última cena.

Por otro lado, la condena

se trenza entre funcionarios:

«Un traidor es necesario

para eso están las monedas «.

 

Llegó el jueves por la tarde,

Jesús reunió a sus amigos:

«los quiero a todos conmigo

en esta noche especial,

me he jugado por los míos…

los amaré hasta el final»

No hay mayor amor

que dar la vida,

no hay mayor amor,

no hay mayor amor…

«Este es mi cuerpo y mi sangre,

todo esto es lo que soy.

Quedo por siempre entre ustedes,

aunque parta no me voy».

«No teman, amigos míos,

si algún tiempo no me ven,

pues si entre ustedes se quieren

me verán a mí también».

«El miedo no es sentimiento

que abriga el que cree en mí.

Recuerden estas palabras:

al mundo yo lo vencí».

«Les enviaré mi Espíritu

que consuele en el dolor,

alentará la esperanza,

traerá fuego al corazón».

 

El lavatorio de los pies es el gesto que orienta el estilo que el cristiano ha de imprimirle a su vida: la generosidad en el servicio, la cultura del dar por encima de la búsqueda del poder, tener y placer. «Quien quiera saber vivir, que viva para servir» nos enseña esta canción de Néstor Gallego, en la obra La Pasión.

 

Quien quiera saber vivir…

Sabiendo que se acercaba la hora de la pasión

Jesús con sus doce amigos

por última vez comió;

y en medio de aquella cena,

les quiso mostrar su amor

lavando los pies a todos,

lo mismo que un servidor.

Quien quiera saber vivir,

que viva para servir.

Quien quiera el primer lugar,

que aprenda a ser servicial.

«Señor no te lo permito.

No puedes lavar mis pies».

«Simón, lo que haré contigo,

muy pronto vas a entender.

Tu parte tendrás conmigo,

si dejas lavar tus pies».

«Entonces mi cuerpo entero,

Señor, te lo entregaré».

«Si yo que soy el Maestro

les quise lavar los pies,

fue solo por dar ejemplo

de lo que tendrán que hacer.

En el Reino de los Cielos

las cosas son al revés;

quien quiera ser el primero,

que sirva con sencillez.»

No olvides dejar tus comentarios a continuación. Si te gustó la entrada, puedes compartirla con otras personas: es sumar esfuerzos a la evangelización. Gracias!!!

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#Tiberíades #SemanaSantaConJesús

 

Orando desde la esperanza

Crean

Hay situaciones que, en el día a día, pueden sorprendernos: la reacción de una persona o el resultado de un trabajo. Pero, nunca antes, habíamos vivido una cuarentena colectiva y, ahora, ésta realidad nos ha sorprendido. Sorprendido sin saber cómo reaccionar, cómo organizarnos frente al tiempo, qué cosas convienen hacer y cuáles, no. Y, entre tantas voces que escuchamos con noticias, informes y opiniones, surge una voz que nos llama a la esperanza, que nos invita a afrontar, desde la serenidad, este tiempo que nos toca vivir.

«No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí. 

Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí”.

Jn 14, 1.14

Por eso, en este momento, intentamos dejar de lado todas esas voces y ruidos que pueden distraernos y tratamos de enfocarnos en nuestro interior. Pensamos en las palabras de Jesús. Volvemos a escucharlas.

“No se inquieten”. Es un llamado a no tener miedo. El miedo paraliza, nos deja inmóviles frente a lo que causa temor. El miedo impide pensar y discernir con claridad cómo actuar. Hoy, Jesús nos dice: “No se inquieten”. Pensamos en esta situación que nos ha sorprendido y nos decimos: no tenemos miedo. Unidos y responsables seremos capaces de salir de esta situación. La humanidad podrá vencer esta pandemia si la afronta con seriedad y constancia.

“Crean en Dios y crean también en mí”. La fe es nuestra fortaleza. La fe es un escudo que nos ayuda a hacer frente a los desafíos y circunstancias. La fe es confianza, seguridad y fortaleza: sabemos que Dios nos dará lo necesario para que afrontemos este tiempo que nos toca vivir. Nosotros somos los artífices, siempre sostenidos por su gracia que afirma nuestros pasos y nos guía en el camino.

“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí”. Necesitamos volver por tu camino: el camino del encuentro, del diálogo, de la vida compartida, de la mano tendida, atento al dolor del otro, solícito frente a las necesidades de los demás. Ese es el camino del Señor!!! ¡Ese es tu camino!

Cantamos (o escuchamos, o leemos) juntos “Nada puede separarte”

Nada puede separarte

 

No hay nada que pueda

separarte de mi amor.

No hay nada que pueda

separarte de mi amor.

No hay nada,   no hay nada

que pueda separarte de mi amor.

Tú eres obra de mis manos

Con amor yo te he creado

De gran precio a mis ojos

Para mí tú eres valioso

Yo te amo y soy tu Dios

Porque yo te he redimido

Con mi sangre te he comprado

Hoy te llamo por tu nombre

Porque tú me perteneces

Yo soy tu Salvador

Y en el cielo yo te espero

Un lugar te he preparado

Y Cuando se haya cumplido

El tiempo en esta tierra

Yo te recibiré.

Tema compuesto por Athenas y Tobías Buteler. Canal de YouTube: Athenas Música.

La fe nos lleva a cantar, desde el corazón, que nada podrá separarnos del amor de Dios. Esa fe alimenta la esperanza. Por eso vamos a decir, juntos:

Alimenta, Señor, nuestra esperanza

  • Que saldremos adelante, la humanidad toda… Oremos…
  • Que esta emergencia hará de nosotros un pueblo unido… Oremos…
  • Que nuestras decisiones se tomen desde la serenidad y no desde el temor… Oremos…
  • Que las personas afectadas encontrarán en los agentes de salud, la asistencia necesaria… Oremos…
  • Que aquellos que han muerto, viven, ahora en tu presencia… Oremos…
  • Que un día nos reuniremos, todos, en tu Reino… Oremos…

Porque eres nuestro Padre, queremos decirte las palabras que Jesús nos enseñó… Padre nuestro…

La Virgen María camina a nuestro lado. A ella, la Virgen del Camino, le pedimos que rece y cante con nosotros. Dios te salve, María…

Si querés descargar un archivo con la oración,hacé clic aquí.

#tiberíades #amor #esperanza #Athenas

Carta de presentación

Desde los comienzos de la fe cristiana, al hablar de los seguidores de Jesús, la referencia para distinguirlos fue el «Miren como se aman». Es que los primeros cristianos aprendieron a encarnar el mandamiento del amor en la vida cotidiana. ¿Mejores que los demás? No. Pero, sí, distintos. Y esa distinción radica en que el amor guía todas las acciones, está presente en todas las relaciones, aún en las más complejas. Por supuesto, ese amor adquiere diversas formas que pueden ir desde la ternura hasta la tolerancia.

En tiempos donde la fe es seriamente cuestionada, se nos presenta la oportunidad de crecer en el seguimiento de Jesús, recordando que el otro (que pueda cuestionarnos, señalarnos o perseguirnos) ha de ser receptor de nuestra misericordia:

  • Enseñar al que no sabe.
  • Corregir al que se equivoca.
  • Dar buen consejo al que lo necesita.
  • Perdonar las injurias.
  • Consolar al triste.
  • Sufrir con paciencia los defectos del prójimo.
  • Orar por los vivos y los muertos.

El amor (misericordioso) es nuestra carta de presentación.

#Tiberíades #buenosdíastardes #amor #discípulos #santidad

Vínculos

Amor
Ilustración: Marcello Cerrato

Una verdadera comunidad siempre trabaja por la unidad. Aspirar a ser uno no significa dejar a un costado la diversidad y confundirse en un todo indiferenciado con los demás. Es aprender a tender vínculos y ese aprendizaje se va realizando en el amor.

Hoy, nuestras comunidades necesitan vínculos sanos: de encuentro, de escucha atenta, de curación, de solidaridad, de misericordia… En los vínculos aflora el amor que, como argamasa, fortalece la unión con los demás…

Esa es la señal distintiva de las comunidades cristianas: vínculos fundados en el amor. Lo demás, es, ciertamente, accesorio. Lo fundamental está allí: «En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros» (Jn 13, 35).

#tiberíades #emaús #catequesis #amor #sellodistintivo

Reconstrucción

Ayuno

En estos días ha estado rondando en mi mente este cuento/relato al pensar qué es lo que debemos reconstruir en nuestra sociedad. Junto a él, la frase de Isaías…

Una edición especial (Anónimo)

Años atrás, un sacerdote es enviado por su obispo como párroco a una comunidad aborigen. Entusiasmado con la tarea encomendada, se encaminó a su nueva parroquia. Allí fue muy bien recibido por un grupo numerosos de fieles. En diálogo con los suyos, constató que no tenían acceso a la lectura de la Palabra de Dios por no disponer de una traducción en el idioma de la comunidad. Ese fue el motivo que lo impulsó a realizar una traducción de la Biblia.

Se puso manos a la obra en su objetivo, después de mucho esfuerzo quiso hacer la edición para que sus fieles pudieran leer la Buena Noticia en su propia lengua. Buscó juntar el dinero con rifas, almuerzos comunitarios y todo aquello que se pone en marcha al momento de necesitar solventar una acción. Pero algo imprevisto ocurrió. Una fuerte lluvia dejó a una parte de su comunidad en situación de desamparo. Sin dudarlo, el sacerdote destinó todo lo recaudado para aliviar el dolor de sus hermanos.

Hombre perseverante, volvió a la carga en su objetivo y, nuevamente, con mucho esfuerzo, logró juntar el dinero necesario para realizar la edición anhelada, pero otro imprevisto lo sacudió: un alud había castigado a un sector de la comunidad, dejando sin hogar a muchas familias. Y otra vez, sin duda alguna, destinó lo recaudado al servicio de sus hermanos.

Por tercera vez se dispuso a alcanzar su meta y lo logró. Feliz, se dirigió a su obispo para mostrarle el fruto del esfuerzo: la Biblia en la lengua de su comunidad. Cuando su superior lo recibió, le dijo:

– ¡Qué lindo! Me parece una gran iniciativa, pero, para serle sincero, me gustaron mucho más las otras dos ediciones anteriores.

#tiberíades #emaús #odresnuevos #cincopanes #catequesis

Reinar

Ramos
Ilustración: Jean-François Kieffer

Las personas podemos admirar a muchos hombres y mujeres… Nos asombramos de su talento, de sus condiciones, admiramos sus logros, sus éxitos…

A algunos, los hemos llamado ídolos; a otros los hemos colocado en lo más alto llamándolos «Mesías» o, directamente, «Dios»…

Pero ninguno de ellos es capaz de brindarnos aquello que necesitamos para ser felices… en definitiva, sus logros son… sus logros, no nuestros… Sus palmares, sus coronas, su dinero, su prestigio no es nuestro… les pertenece.

Uno solo entregó su vida por toda la humanidad… Uno sólo puede pasar por nuestras vidas enriqueciéndola con sus dones para transformarla. Uno solo es el que «todo lo tiene y todo lo entrega» para que tengamos vida.

Viene Jesús… Viene a reinar…

¿Qué significa que Jesús viene a reinar? ¿Quiere dirigirnos? ¿Quiere controlarnos? De ninguna manera. Dios respeta nuestra libertad, porque es regalo de Él.

Simplemente, Jesús viene a reinar para que en nosotros no tenga poder el pecado, ni tengan poder la envidia, el rencor, el egoísmo…

Viene a reinar para sacar de nosotros lo mejor. Porque su forma de reinar no es por la fuerza, imponiéndose…. por el contrario, su reinado se entiende desde el servicio…

Jesús viene a reinar, es decir, viene a servir. Es la lógica de la Semana Santa.

El que viene a reinar lo hace montado en un burrito…
Reina lavando los pies de los discípulos…
Abriendo sus brazos en cruz para abrazar a la humanidad…
Venciendo a la muerte para que vos y yo tengamos esperanza…

Hemos abierto nuestros brazos para recibir a tantos que nos han usado, nos han despreciado, nos han burlado… aquí está Jesús, el que nunca defrauda. Viene a reinar para dar vida.

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La vida se hizo visible

Lo que existía desde el principio…

lo que hemos oído…

lo que hemos visto con nuestros ojos…

lo que hemos contemplado…

y lo que hemos tocado

con nuestras manos

acerca de la Palabra de Vida,

es lo que les anunciamos.

Porque la Vida se hizo visible, y nosotros la vimos y somos testigos…

y les anunciamos la Vida eterna,

que existía junto al Padre

y que se nos ha manifestado.

Lo que hemos visto y oído,

se lo anunciamos también a ustedes,

para que vivan en comunión con nosotros.

Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo.

Les escribimos esto para que nuestra alegría sea completa.

1Jn 1, 1-4

La vida se hizo visible cuando el Hijo de Dios “acampó entre nosotros”.

Lo había anticipado el profeta: “La Joven está embarazada y dará a luz un niño a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que significa: Dios con nosotros”.

“Un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado” Is 9, 5

La Pascua es la Fiesta de la Vida que se asocia a la Encarnación del Hijo de Dios. “Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna” Jn 3, 16.

La Pascua es el triunfo de la Vida: Dios vence la muerte y nos promete una Vida eterna.

Vos y yo, cada uno de nosotros somos “una vida que se hizo visible”.

Amados por Dios desde siempre, “amanecimos” a la tierra desde el vientre de nuestra Madre.

Somos una vida que se hizo beso y abrazo, amor y bendición.

Somos una vida que se hizo historia, tránsito, huella en el camino.

Somos una vida que se hizo amistad, mano tendida, compañía en el andar.

Somos una vida que se hizo vida: amor expresado en cuerpo y alma, fruto bendito.

Somos una vida que ha transitado primaveras y hoy ofrece frutos de sabiduría y comprensión.

Somos una vida que habrá de caer en tierra para transformarse en vida nueva: vivir la Pascua, la propia Pascua.

La vida se hizo visible; cada uno de nosotros goza de ello: don maravilloso, quehacer constante…

Damos gracias a Dios…

por amarnos y pensarnos desde toda la eternidad…

Damos gracias a Dios…

por nuestros padres,

por su amor y entrega  generosa…

Damos gracias a Dios…

por nuestros amigos y amigas

que comparten con nosotros

el camino de la vida…

Damos gracias a Dios…

por nuestros educadores, aquellos que tallaron en nuestros corazones el deseo de hacer el bien…

Damos gracias a Dios…

por cada mano ofrecida, por cada abrazo, por cada beso…

Oramos con las palabras de la Madre Teresa…

La vida es una oportunidad, aprovéchala;

la vida es belleza, admírala;

la vida es beatitud, saboréala,

la vida es un sueño, hazlo realidad.

La vida es un reto, afróntalo;

la vida es un juego, juégalo,

la vida es preciosa, cuídala;

la vida es riqueza, consérvala;

la vida es un misterio, descúbrelo.

La vida es una promesa, cúmplela;

la vida es amor, gózalo;

la vida es tristeza, supérala;

la vida es un himno, cántalo;

la vida es una tragedia, domínala.

La vida es aventura, vívela;

la vida es felicidad, merécela;

la vida es vida, defiéndela.

Amén

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Cultivar la paciencia

Higuera
Ilustración: Bernadette Lopez

«Este chico no tiene remedio».

«Personas como ésta, no cambian más».

«No se puede tolerar la mala conducta: un alumno debe saber comportarse».

Podríamos seguir escribiendo frases que expresan la falta de paciencia a la hora de educar y acompañar en el crecimiento / desarrollo, pero las mencionadas bien «pintan» la situación.

¿Es cierto que hay personas que «no tienen remedio»? ¿Verdaderamente hay quienes no pueden cambiar? Un alumno, ¿debe «saber» comportarse? En la parábola de la higuera que no da fruto (Lc 13, 6-9), escuchamos decir: «Hace tres años que vengo a esta higuera en busca de frutos y no los encuentro. Córtala. ¿Para qué malgastar la tierra?». Pero el trabajador es capaz de ver más allá… hay confianza en su mirada y su labor sabe del valor de la espera: «Yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante».

Esta lectura subraya dos notas de la pedagogía de Jesús: la confianza y la paciencia. La primera permite «soñar con el otro», vislumbrar el camino que puede seguir y todo lo que es capaz de dar. La segunda, permite esperar el tiempo oportuno sin dejar de trabajar para que el fruto llegue y sea abundante. 

En definitiva, ¿no nos sentimos dichosos al saber que Dios actúa en nosotros con su infinita paciencia y cada vez que recurrimos a su perdón nos renueva la confianza regalándonos la alegría de estar cerca suyo? Entonces… ¿por qué no obrar de la misma forma con los demás?

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La vida siempre se impone

Árbol

Cuando vi esta imagen por primera vez, me sonreí. Pensé: ¡dónde vino a caer esa semillita! Pasaron los años y, en un contexto de abandono y suciedad, esa planta continuó su camino. Puedo asegurarte que, en aquella zona, pasaron vientos, lluvias, tormentas y el árbol sigue allí… así es que se me presentó esta idea, esta verdad: la vida siempre termina imponiéndose.

Allí, donde encuentra un pequeño lugar para cobijarse, la vida siempre se impone. No a fuerza de violencia, no desde la prepotencia, el orgullo o la vanidad… por el contrario, lo hace desde el atractivo que la vida misma tiene. Y cuando se presenta a nosotros con esa presencia renovadora, provoca la necesidad y la urgencia de comprometerse en su cuidado y protección.

Gracias al Autor de la vida por tanta maravilla que nos consuela!!!

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