
#Navidad_es_Jesús

#Navidad_es_Jesús

Sabemos que el año litúrgico se formó en el tiempo a partir de los dos grandes misterios centrales de la fe cristiana: la Pascua y la Navidad. La importancia de estas dos celebraciones hizo necesario un tiempo de preparación que dispusiera el corazón de los fieles: este es el origen y el sentido de la Cuaresma para la Pascua y del Adviento para la Navidad.
El último de estos cuatro grandes tiempos litúrgicos en aparecer, ha sido el Adviento, probablemente hacia el siglo IV, de manera incipiente, fue afianzándose hacia el VI.
Es un tiempo breve, cuatro domingos entre la Solemnidad de Cristo Rey y la Navidad, donde el tema dominante es la espera gozosa de la venida del Señor. Así, el Adviento se nos presenta en tres dimensiones: el adviento litúrgico, el escatológico y el espiritual.
El adviento litúrgico nos pone en sintonía de la gran celebración de la Navidad. La corona de Adviento con sus cuatro luces nos acompaña en este camino de crecimiento espiritual.
El adviento escatológico nos invita a prepararnos para la segunda venida de Jesús, realidad que reafirmamos en cada celebración eucarística: ¡¡¡Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven Señor Jesús!!!
Y el adviento espiritual nos recuerda que hemos de estar preparados en todo momento para recibir al Señor, que, como dice el Evangelio de este primer domingo del Ciclo A: «vendrá a la hora menos pensada».
Para prepararnos a conciencia, en estos cuatro domingos, la liturgia de la Palabra nos presenta a los grandes protagonistas del Adviento:
El profeta Isaías: que invita al pueblo a la esperanza y a contemplar el signo que Dios quiere dejarnos: la joven embarazada y la esperanza del Emmanuel, Dios con nosotros. En la misma línea, Juan, el Bautista; el precursor, llamado a preparar el corazón en la espera atenta y vigilante del Mesías que está a las puertas. Isabel y Zacarías, los padres del Bautista y la Virgen María y san José, que nos iluminan con su fe en las promesas de Dios.
Tiempo sencillo, tiempo bello donde el llamado a la conversión suena y resuena una vez más: ¡Viene el Señor, preparemos el corazón!
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#tiberíades #emaús #catequesis #odresnuevos #catequistas #haciendo_eco
Compartimos en este posteo la catequesis ofrecida a tres comunidades de la Diócesis de Mar del Plata, destinada a catequistas y agentes de pastoral; con el objetivo de ofrecer recursos y actividades para preparar, en comunidad, la llegada de la Navidad.
Orden del encuentro
“Venga a nosotros tu Reino” es una expresión que, repetidamente, decimos a lo largo del año. Presente en el Padre nuestro; también en variados textos litúrgicos, nos recuerda el tema central de la predicación de Jesús, el Reino de Dios presente entre nosotros y la fe en la segunda venida de Cristo, aquella que afirmamos en el Credo y manifestamos en cada celebración eucarística: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven Señor Jesús!!”.
La canción «Venga tu Reino», compuesta por el padre jesuita Cristóbal Fones, nos invita a ponernos en marcha en una espera activa de la llegada del Señor. «Pon a tu pueblo de pie» es una exhortación a estar atentos y vigilantes.
Venga tu Reino
Somos Pueblo de Dios, Iglesia Peregrina
como una gran familia que camina unida
venimos a cantar en la fracción del pan
que nuestra fuente es el Dios de la Vida
Venga a nosotros tu Reino de Amor
pon a tu Pueblo de pie
celebraremos contigo, Señor
renueva nuestra esperanza
celebraremos contigo, Señor
una fiesta de nueva alianza
Somos Cuerpo de Cristo, Iglesia que comparte
y que alimenta al mundo tan dolido de hambre
venimos a cantar en la fracción del pan
que nuestro amor es el Dios hecho carne
Somos Templo sagrado del Espíritu Santo
como un hogar que acoge alegría y dolor
venimos a cantar en la fracción del pan
que nuestra fuerza es Dios Consolador.
Para descargar la letra de «Venga tu Reino», sigue el enlace.
En este encuentro buscaremos poner en común todo lo que conocemos del Adviento, resignificar ese conocimiento y poder traducirlo en acciones concretas, personales y comunitarias. Para ello, compartimos con los presentes una historia que nos servirá de marco:
Maura, Jennifer y Tadeo se han incorporado a la parroquia Nuestra Señora de las Búsquedas. El párroco, José María Buendía, nos ha encargado que los acompañemos en su ingreso a la comunidad, ayudándolos a adentrarse en el Año litúrgico y así, poder comprender el sentido de cada celebración. El sacerdote los ha animado a prestar un servicio desde la liturgia y por tal motivo requiere de nuestra ayuda. ¿Por dónde comenzamos?
El punto de partida será organizar todo lo que conocemos del Adviento, es decir, por medio de una lluvia de ideas, manifestar cuál es el contenido esencial de este tiempo. Recordemos oraciones, lecturas y canciones propias de este tiempo.
Realizada la lluvia de ideas, nos preguntamos: ¿por qué este texto, lectura o canción pertenecen al Adviento? Trataremos de buscar, aquí, una frase de cada texto recordado que sea representativa de este tiempo litúrgico. En tiras de papel anotamos las frases y las disponemos de tal manera que todos puedan apreciarlas.
¡Qué importante que nuestro lenguaje sea comprendido por los destinatarios: Maura, Jennifer y Tadeo! Hoy, resulta difícil que los lenguajes típicos para comunicar la fe (bíblico, litúrgico o doctrinal) sean comprendidos por muchas personas que se acercan a nuestra comunidades o que escuchan nuestro testimonio de fe. Es importante, pues, que pensemos cómo acercarnos a ellos utilizando un lenguaje enraizado en la vida cotidiana para introducirlos, poco a poco, en la fe cristiana.
¿Qué entendemos cuando pensamos en el Adviento?
Si pensamos en los cuatro domingos que nos preparan a la celebración de la Navidad, hablamos del Adviento litúrgico. Un tiempo de preparación y penitencia que nos dispone, desde su contenido (Palabra de Dios y textos litúrgicos) y, también, desde sus símbolos (el color morado, la corona de adviento, el armado del pesebre, entre otros) a recibir al Niño Dios.
Pero la venida de Cristo es un acontecimiento que puede darse en cualquier momento del año. Son muchas las lecturas que nos invitan a prepararnos para recibir a Jesús “en la hora menos pensada”. Se descubre, ante nosotros, la posibilidad de una experiencia espiritual: el encuentro personal con Jesús, que cambia y transforma nuestra vida. Estar atentos a ese encuentro es disponernos a vivir un adviento espiritual que, insistimos, puede ocurrir en cualquier momento de nuestra vida.
Finalmente, sabemos que, un día, la historia terminará y Jesús vendrá con gloria a reinar para siempre (no olvides que el domingo de Cristo Rey, reflexionamos la parábola del Juicio final -Mt 25-, que nos anticipa ese momento que determinará el final de los tiempos). Es el adviento escatológico. Así lo dice el Credo:
Subió a los cielos.
Desde allí, ha de venir a juzgar
a los vivos y a los muertos.
También lo manifestamos en otros textos litúrgicos, por ejemplo:
Así, Padre,
Plegaria Eucarística III
al celebrar ahora el memorial
de la pasión salvadora de tu Hijo,
de su admirable resurrección y ascensión al cielo,
mientras esperamos su venida gloriosa,
te ofrecemos, en esta acción de gracias,
el sacrificio vivo y santo.
Entonces, si siempre hemos de estar preparados para recibir al Señor que llama a nuestra puerta, ¿por qué celebramos este tiempo litúrgico? La primera respuesta es sencilla: porque nos disponemos a celebrar la Navidad preparándonos conscientemente (ese es uno de los objetivos de este encuentro). La Navidad, junto con la Pascua, son los dos grandes momentos del año litúrgico porque ponen en el centro de la atención los dos grandes misterios de la fe: la encarnación del Hijo de Dios y su pasión, muerte y resurrección.
La segunda respuesta que podemos dar es que estos cuatro domingos buscan formar en nuestras conciencias la importancia de crecer en la vida espiritual y estar atentos y preparados para cuando el Señor nos llame a su presencia. Por supuesto, no se trata de vivir con miedo ni ansiedad, sino de vivir al estilo de Jesús. No es una espera pasiva, sino activa:
Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón,
Mt 24, 43-46
velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa.
Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada.
¿Cuál es, entonces, el servidor fiel y previsor, a quien el Señor ha puesto al frente de su personal,
para distribuir el alimento en el momento oportuno?
Feliz aquel servidor a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo.
Se trata de un signo que nos acompaña durante las cuatro semanas previas a la Navidad. Como signo, no es un fin en sí mismo, por el contrario, es un medio que nos ayuda a vivir el Adviento seriamente, con la mirada puesta en el Nacimiento de Jesús.
Cuatro velas y algo de follaje dispuesto en forma circular. Las velas se encienden una por una, cada domingo, iluminando el camino que realizamos hacia la Navidad. A medida que encendemos las velas, la «luz del mundo» se hace presente en nuestras vidas.
«Hoy se enciende una llama» es una linda canción para acompañar la oración frente a la Corona de Adviento. En este mismo enlace, encontrarás una propuesta de oración para cada domingo del adviento.
Son muchos los protagonistas bíblicos del Adviento. Para empezar, María y José tienen un protagonismo exclusivo. Por su parte, Juan el Bautista nos habla de «preparar el camino del Señor». No olvidemos, también, a Isabel y Zacarías, sus padres. En los relatos bíblicos donde son mencionados, apreciamos actitudes que nos ayudan a disponer el corazón para recibir a Jesús en nuestras vidas: disponibilidad, entrega, confianza… Pero, en este encuentro, queremos destacar a un protagonista que viene de la Antiguo Alianza, al que san Jerónimo denominó «evangelista del Antiguo Testamento.
Hablamos del profeta Isaías, quien, de manera especial durante el Ciclo Litúrgico A, nos acompaña desde la primera lectura de cada domingo. Isaías es el profeta que con mayor claridad habla de Jesús, anticipando su encarnación como, también, su pasión y glorificación.
A continuación, algunos versículos esenciales para este tiempo de preparación:
Vengan, subamos a la montaña del Señor 2, 3 ¡Ven, casa de Jacob, y caminemos a la luz del Señor! 2, 5 La joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel 7, 14 Saldrá una rama del tronco de Jesé y un retoño brotará de sus raíces. Sobre él reposará el espíritu del Señor 11, 1-2 ¡Regocíjense el desierto y la tierra reseca, alégrese y florezca la estepa! 35, 1 ¡Consuelen, consuelen a mi Pueblo, dice su Dios! Hablen al corazón de Jerusalén 40, 1-2 Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios 40, 3 El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. El me envió a llevar la buena noticia a los pobres, a vendar los corazones heridos, a proclamar la liberación a los cautivos y la libertad a los prisioneros, a proclamar un año de gracia del Señor. 61, 1-2 Pero tú, Señor, eres nuestro padre, nosotros somos la arcilla, y tú, nuestro alfarero: ¡todos somos la obra de tus manos 64, 7
¿Cuáles son las actitudes que nos propone el profeta? Hagamos un listado de verbos… Pensemos, ¿en qué acciones concretas podemos cristalizar sus recomendaciones? ¿Qué inspiran en nosotros las palabras de Isaías?
Maura, Jennifer y Tadeo están muy entusiasmados y desean vivir el Adviento con profundidad. Para ello, les ofrecemos preparar el Calendario de Adviento, donde podremos definir algunas acciones que nos preparen a vivir la Navidad al modo de Jesús.
¿Qué acciones podemos sugerirles para vivir intensamente este tiempo? Será importante que las acciones a señalar sean realizables, sencillas y concretas, además, que sean abarcativas, a realizar de manera personal, familiar o comunitaria. Que puedan relacionarse con la vida contemplativa (orar, meditar la Palabra, visitar un santuario) y con la vida activa (visitar a un enfermo, compartir nuestros bienes con los demás, participar de una iniciativa solidaria).

Para descargar un archivo con el calendario para imprimir, pulsa aquí.
La Primera Navidad (Claudia Bechech)
Todo el cielo estaba alborotado preparando la primera Navidad de la historia; en pocos días más, Dios se haría hombre, y nacería en un pequeño pueblito llamado Belén, ¡y todavía había tanto que hacer!
En medio del revuelo general, el ángel Bernardo Cielolimpio se paseaba nervioso y pensativo:
-No me lo puedo perder. Tengo que estar ahí, cerca de El. Daría hasta mis alas por ver a Jesús recién nacido, pero… ¿cómo?
En una de esas, vio un gran cartel en una esquina del cielo: «El maestro Rogelio Alacorta busca voces para formar parte del coro celestial que anunciará a los hombres el nacimiento de Jesús».
– ¡Esta en mi oportunidad de estar cerca del Niño Jesús! -se dijo Bernardo.
El maestro Alacorta aceptó a Bernardo, pero le advirtió muy serio:
– Muy bien, ya formás parte del coro celestial, pero no faltes a ningún ensayo. Las canciones deben salir perfecto. ¿Entendido?
– Si, maestro. No faltaré -contestó Bernardo que no podía ocultar su alegría.
Pero a pesar de su determinación y de sus enormes ganas, no pudo ensayar ni una sola vez; un día porque llevó hasta su casa a un angelito bebé que se había perdido; otro día, porque se quedó ayudando a los ángeles que estaban preparando la estrella de Belén; otro, porque se encontró con Santiago Nubarrón, con quien estaba peleado, y conversaron hasta amigarse de nuevo; otro más, porque un amigo le pidió ayuda para coser su túnica… Y así, cuando se quiso acordar, era 24 de diciembre, es decir, el último día de ensayo.
Bernardo se ubicó en el coro, pero cuando estaba cantando «Gloria a Dios en las alturas”, se equivocó, y el maestro Alacorta, muy serio, le dijo que, lamentablemente, no podía quedarse en el coro.
Bernardo estaba más que tristísimo y no encontraba consuelo. Ya se acababa el día y comenzaba la noche más buena de todos los tiempos, porque era la noche que vería nacer al Señor.
El ángel secó sus lágrimas y se puso a buscar una nube con buena vista a la tierra para poder por lo menos, espiar el gran acontecimiento. Pero lo paralizó una voz sin palabras, que resonó es su corazón, llamándolo.
Así que… ¡apurate que ya se van todos!
Era Dios Padre, y hacia El se dirigió sin tardar.
– Hola Bernardo, ¿cómo estás?
– Bien, Diosito, gracias.
– Si no me equivoco, tu mayor deseo era ver a Jesús recién nacido, ¿verdad? Bien ahora vas a bajar a ese humilde portal donde mi Hijo va a nacer y al lado del pesebre velarás su sueño.
– ¿Yo… yo…, Señor? ¿Por qué yo?
– Porque en medio de tantos preparativos para el nacimiento de Jesús, vos preparaste lo más importante: tu corazón; ayudando a los que te necesitaban, olvidando peleas, rencores, dejando hasta tus propias cosas para ocuparte de los demás, en una palabra, amando, y así es como yo quiero que, hoy y siempre, preparen la Navidad.
– Gracias, Diosito. Muchísimas gracias -dijo Bernardo emocionadísimo.
– De nada m’hijito. Y que lo disfrutes.
Ahora ya saben: cuando armen el pesebre y pongan ese angelito en la cabecera del Niño Jesús o en el techo del portal, no se olviden que ese es Bernardo Cielolimpio, y que está ahí, cerca del Señor porque preparó la Navidad con un corazón lleno de amor para todos.
A la luz del cuento y teniendo presente el calendario de Adviento, ¿a partir de qué acciones concretas puedes vivir, al modo de Jesús, este tiempo? ¿Cómo prepararnos a recibir al Niño Dios que busca nacer en nuestros corazones?
Juntos, vamos a armar este calendario que podemos compartir en las redes sociales con el hastag #VenSeñorJesús #NavidadEsJesús
Para finalizar este encuentro, nos confiamos en las manos de la Madre de Jesús, contemplada en esta canción como María de la esperanza.

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#VenSeñorJesús #NavidadEsJesús

Te invitamos a conocer más canciones en la entrada «Me has hablado en mil canciones«.
#Tiberíades #Me_has_hablado_en_mil_canciones

Adviento es un tiempo corto pero intenso. Tan solo cuatro domingos que, con su mensaje y sus símbolos, allanan el camino hacia la Navidad y nos invitan a poner, en el centro de nuestra vida cristiana, el deseo de encuentro con Jesús, alegría nuestra y razón de nuestra esperanza.
La corona del Adviento es uno de los tantos símbolos que este tiempo nos propone. Con su pedagogía del signo (forma circular, adornada de ramas verdes y cuatro velas que van indicando la cercanía de la meta) nos invita a transitar este tiempo con la convicción que la «luz está cerca», que esa expresión del profeta Isaías está por hacerse realidad:
"El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz" (9, 1).
Esta canción del grupo Ictys puede acompañar la oración de cada familia al encender la corona de Adviento. Sin duda, el canto nos permitirá ganerar un clima de oración que prepare los corazones, no para quedarnos en el signo (por más bello que sea) sino para dejar entrar, verdaderamente, a la luz del mundo en nuestras vidas. Feliz Adviento!!!
Hoy se enciende una llama
en la corona de Adviento:
que arda nuestra esperanza
en el corazón despierto;
y al calor de la Madre
caminemos este tiempo.
1. Un primer lucero se enciende
anunciando al Rey que viene:
preparad corazones,
allánense los senderos.
2. Crecen nuestros anhelos al ver
la segunda llama nacer.
Como dulce rocío vendrá
el Mesías hecho Niño.
3. Nuestro gozo hoy quiere cantar
por ver tres luceros brillar.
Con María esperamos al Niño
con alegría.
4. Huyen las tinieblas al ver
cuatro llamas resplandecer.
Ya la gloria está cerca,
levanten los corazones.
Ictys.org
Te invitamos a conocer más canciones en la entrada «Me has hablado en mil canciones«.
#Tiberíades #Me_has_hablado_en_mil_canciones
Este año, 2021, en el mes de septiembre, cumplo cuarenta años acompañando,
con mi guitarra y mi voz, las celebraciones en la comunidad de la parroquia N.S.
del Huerto. Ciertamente es una alegría poder celebrar todos estos años de
servicio.
Pero, llegado a este punto, surgió la necesidad de compartir una experiencia
que motive a los jóvenes músicos de mi comunidad a tomar la posta. La
renovación es imperiosa. Por eso este «manual» combina, sin pretensión
editorial alguna, consejos, sugerencias y una guía de celebraciones por tiempo
litúrgico, sin dejar de compartir gustos musicales, historias y anécdotas…
Podés descargar el archivo en formato pdf en el siguiente enlace…
https://drive.google.com/file/d/1xuCcq6A1dv7H_cQop6-u5lNARPRpiJtW/preview

«Comenzamos hoy el tiempo litúrgico del “ADVIENTO”. Es el tiempo de la “esperanza”. Esperamos al Salvador; Cristo. Pedimos su llegada; nos disponemos a su venida. Comienza hoy y nos lleva a la Navidad. Es el Adviento una síntesis de la historia de la humanidad; peregrinamos y vamos haciendo el camino de la vida hasta llegar con nuestro Padre Dios. Esta marcha se hace difícil; se la descubre y le encontramos el sentido pleno, si la miramos y la hacemos desde la Fe. La ESPERANZA es la fuerza, mientras vamos haciendo el camino; es la que permanentemente nos rejuvenece por dentro y nos hace ver con claridad mayor el horizonte, la esperanza es la que nos da la certeza del camino
y de la meta aunque aún no la tengamos en plenitud. Es la que nos hace superar obstáculos y nos hace mirar el presente con ojos de futuro con experiencia del pasado. La certeza de nuestra esperanza es Cristo: el que vino; el que está con y entre nosotros; el que nos da su vida y su luz; el que nos hace su pueblo y su Iglesia. Es el que camina con nosotros y con nosotros construye nuestra historia.
Ser cristianos, hoy como siempre, es estar atentos a los signos de los tiempos; a las manifestaciones de la presencia de Dios en la historia de los hombres; en actitud vigilante espera del encuentro con el Señor. Adviento es también la síntesis de nuestra propia existencia, con todo lo que ella encierra de “gozo y esperanza, de dolores y angustias”, pero con la certeza que da la Fidelidad del Señor que es “nuestro Padre” y nosotros la obra de sus manos».
Libro: “En el primer aniversario de la Beatificación de los Mártires Riojanos” P. Daniel Blanco
#Tiberíades #Angelelli Adviento

Al comenzar el tiempo de Adviento y encaminarnos a la celebración de la Navidad, compartimos entradas nuevas y de años anteriores sobre estos dos tiempos litúrgicos. En cada entrada, encontrarán oraciones, reflexiones, canciones para vivir con alegría y esperanza la llegada del Emmanuel, Dios con nosotros.

Este es un espacio de evangelización y catequesis, te agradecemos puedas compartir estas entradas con tus contactos.
#Tiberíades #Adviento #Navidad #NavidadEsJesús #NavidadEnElMundo

Antes de comenzar a pensar estas líneas, escribí en el buscador la expresión «Navidad en el mundo» en la sección de imágenes de Google. No encontré, entre las primeras páginas, ninguna imagen de Jesús, ni del pesebre, ni los magos de oriente… tan solo luces…
Es preciso hablar de Jesús, es urgente hacerlo… Los cristianos debemos recuperar la Navidad… Y para ello, es preciso decir, una y otra vez, que «Navidad es Jesús».
Estas líneas las tomé de una página de los Redentoristas, me pareció interesante (y edificante) para compartir.
«En una iglesia de Tubalange, en los suburbios de Lusaka, Zambia, en la Eucaristía de Navidad, el sacerdote, después de explicar en la homilía cómo la dignidad humana quedaba elevada por el hecho de que Dios se hiciera un niño, tomó en sus manos una niña recién nacida en la comunidad, cuyo nombre, Tandike, significaba deseada y amada. Había unas ochenta personas en la iglesia. El sacerdote invitó a todos a que se acercasen al presbíterio y admiraran a la niña. Les llevó un cuarto de hora, a jóvenes y ancianos, acercarse al altar y dirigir unas palabras de cariño y bienvenida a la recién nacida.
Los regalos que los Reyes Magos ofrecieron al Niño Jesús, oro, incienso y mirra, eran símbolos de riqueza y adoración en la cultura del Oriente Medio. Pero ¿qué símbolos escogerían los pueblos de África? ¿Cuáles serían los «equivalentes dinámico-culturales» en idioma africano?
En el Sudán, según explica un catequista de la diócesis de Torit, los regalos hubieran sido una cabra como símbolo de riqueza y realeza, una lanza como símbolo de defensa y salud, y una fusta flexible como símbolo de poder. En la etnia Ganda de Uganda le darían al Niño un tambor, que es símbolo de realeza y autoridad, una lanza, que es símbolo de la protección y la defensa del pueblo, y un vestido de corteza de árbol, que es el que se usa en la investidura del rey. La etnia Kuria en Tanzania y Kenia le daría una cabra para su Madre, harina para alimentar al bebé y aceite para ungirlo. En la tradición africana es muy importante hacerle regalos a la Madre de Jesús.» [«Towards an African Narrative Theology», p.97]
En algún sitio leí el siguiente brevísimo cuento, y no puedo citar al autor porque no lo recuerdo. El cuento no era más que la siguiente frase: «Los pastores tampoco supieron qué hacer con el oro, incienso y mirra que san José les dio.»
Se ve que los africanos son más prácticos. Aunque tampoco sé si a san José le haría mucha gracia que le regalaran un tambor al Niño, porque les iba a volver locos a todos con él.
¿Qué regalos se nos ocurrirían a nosotros?
Padre Carlos G. Valles, S.J.
El texto fue recuperado el 4 de noviembre de 2014 de: http://www.redentoristas.org.ar/Galer%C3%ADa%20de%20fotos/Navidad%202009/Navidad%20Africana.html
#Tiberíades #Adviento #Navidad #NavidadEsJesús #NavidadEnElMundo
La corona de Adviento es un símbolo claro y sencillo que nos ayuda a ponernos en sintonía con la Navidad. Cuatro velas dispuestas en forma circular que se encienden semana a semana a partir del primer domingo de este tiempo especial y, lo más importante, la disposición dentro del hogar de prepararse para recibir en los corazones la visita del Niño Jesús que viene a reinar.
Hoy, les compartimos una bella canción para acompañar el encendido de cada vela de la corona y una propuesta de oración para que este símbolo pueda, realmente, cumplir su misión de «preparar el camino del Señor».
La canción se llama «Hoy se enciende una llama» y está interpretada por el grupo Ictys. Son cuatro estrofas; cada una de ellas corresponde a cada semana del Adviento. Esperamos que les guste!!!

Oración al encender la corona de Adviento: podrán rezar esta oración a lo largo de las cuatro semanas frente a la corona de adviento.
Comenzamos cantando «Hoy se enciende una llama» (podemos cantarla completa o solamente la estrofa que corresponde a la semana de Adviento que estemos transitando).
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén!!!
Te damos gracias, Señor, por encontrarnos reunidos frente a la Corona de Adviento. Hoy, nos ponemos en camino hacia la Navidad: queremos celebrar con gozo el nacimiento del Niño Dios. ¡Qué nuestros corazones sean el pesebre donde el Niño vuelva a nacer!
Lectura del Evangelio según san Marcos:
«Estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos. «¡Estén prevenidos!»».
Mc 13, 35-37
Te pedimos, Señor, que este tiempo de Adviento no pase desapercibido en nuestra familia. Que, atentos y vigilantes, podamos brindar el tiempo necesario para preparar los corazones a la Navidad. Este tiempo es una oportunidad para crecer en la fe y la caridad. Por eso, al encender la primera vela de esta corona, te decimos: ¡Aquí estamos Señor, con nuestras lámparas encendidas! Danos valor y perseverancia para esperar tu llegada.
Rezamos Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Cantamos «Hoy se enciende una llama» (podemos cantarla completa o solamente la estrofa que corresponde a la segunda semana de Adviento).
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén!!!
Te damos gracias, Señor, por encontrarnos reunidos frente a la Corona de Adviento. Al iniciar la segunda semana, sabemos que estás más cerca, nuestros corazones se preparan para recibirte. ¡Ven a nacer aquí, en nuestro corazón/pesebre!
Lectura del Evangelio según san Marcos:
«¡Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice su Dios! Hablen al corazón de Jerusalén… Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios!»
Is 40, 1-3
Gracias, Señor, por venir a nuestro encuentro y consolar nuestros corazones doloridos a causa de tantas cosas que nos inquietan: el distanciamiento social, la enfermedad, la ausencia de seres queridos, la pobreza, la exclusión… Eres nuestro consuelo porque vienes a traer la paz. Una paz activa que busca la justicia y promueve la fraternidad. ¡Señor, al encender la segunda vela de esta corona, manifestamos nuestro compromiso de ser consuelo para los demás!
Rezamos Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Cantamos «Hoy se enciende una llama» (podemos cantarla completa o solamente la estrofa que corresponde a la segunda semana de Adviento).
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén!!!
Una vez más nos reunimos en tu nombre. Vamos transitando este tiempo con alegría y confianza: tu cercanía es garantía de fidelidad. ¡Gracias, Señor, por venir a nuestro encuentro!
Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
Jn 1, 6-7
Te pedimos, Señor, oídos atentos para escuchar la voz del que viene en tu nombre. Gracias porque has enviado a tu mensajero: esa persona que nos ayuda a descubrir la fe, escuchar la Palabra, oír tu voz… Que en esta tercera semana de Adviento, nos atrevamos a convertirnos en mensajeros y compartir con los demás que estás llegando para reinar en los corazones. Por eso, al encender la tercera vela de esta corona, te decimos: ¡Aquí estamos, Señor, somos tus mensajeros! Envíanos!!!
Rezamos Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Cantamos «Hoy se enciende una llama» (podemos cantarla completa o solamente la estrofa que corresponde a la segunda semana de Adviento).
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén!!!
Se acerca la Navidad. Las familias se preparan para encontrarse y celebrar. ¡Cuánta necesidad de encuentro festivo y fraternal tiene la familia humana! ¡Señor, que en cada hogar haya un lugar para ti! ¡Que se multipliquen los corazones/pesebre donde puedas nacer para transformar!
«No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».
Lc 1, 30-33
Al encender la cuarta vela del Adviento, percibimos esa luz con mayor intensidad. La llegada del Niño está, cada vez, más cerca. Que al llegar, encuentre corazones humildes que sepan acogerlo. ¡Niño Jesús, María y José, aquí, en nuestra casa/posada hemos preparados nuestros corazones/pesebre para recibirlos! ¡Sean bienvenidos en nuestro hogar!
Rezamos Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
Para culminar, te invitamos a cantar/escuchar «Corazón pesebre».

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#Tiberíades #Adviento #Navidad #NavidaEsJesús