Hoy, en «Cien canciones litúrgico-catequísticas para dialogar», Declaración de domicilio, de Eduardo Meana.
Vivo en el lado oculto de la vida.
Yo voy por la vereda de las sombras.
Lo mío es el rumor de un arroyito.
el beso de la brisa entre las hojas.
Y las flores de plástico me duelen.
La tierra y las raíces me conmueven.
Vivo en el lado desnudamente humano de la vida.
Vivo en el lado sagradamente humano de la vida.
Vivo en el lado lento de la vida.
Amo lo que se gesta en el silencio.
Terco fluir del río en la llanura.
Los embarazos y el muy sabio invierno.
Soy figura emergiendo de la piedra.
Los montes me contagian su certeza.
Vivo en el lado pacientemente humano de la vida.
Vivo en el lado sagradamente humano de la vida.
Vivo en el lado tierno de la vida.
Voy desarmando fosos y castillos.
Ya no quiero ser duro pero muerto.
Prefiero vulnerable pero vivo.
La falda de mamá… el olor de casa…
Y tu abrazo de amor que hoy me rescata.
Vivo en el lado entrañablemente humano de la vida.
Vivo en el lado sagradamente humano de la vida.
Vivo en el lado pobre de la vida.
Donde la sencillez airea tu casa.
Donde el «Te necesito» no avergüenza.
Donde nace del alma el «Muchas gracias».
Donde nadie te lleva por delante
montado en «supervidas importantes»…
Vivo en el lado pequeñamente humano de la vida.
Vivo en el lado sagradamente humano de la vida.
Vivo en el lado manso de la vida.
Le creo solamente a los pacíficos.
Por eso me avergüenzan mis violencias:
Quiero a mi corazón quieto en su nido.
¡Triste arrogancia de los «ganadores»!
No subo el Monte Olimpo de esos dioses.
Vivo en el lado sufridamente humano de la vida.
Vivo en el lado sagradamente humano de la vida.
Vivo en el lado espeso de la vida.
Sangro la sangre de los doloridos.
No adoro ideas claras y distintas:
Dramático y más turbio es nuestro río.
¡Cruz de autenticidad esperando el alba…!
Y, oscuramente, Dios, eje de mi alma.
Vivo en el lado complejamente humano de la vida.
Vivo en el lado sagradamente humano de la vida.
No solamente somos una serie de datos recibidos genéticamente ni un conjunto de características afectivas. Lo que somos lo constituye, también, el ambiente donde nos desarrollamos, actuamos e interactuamos, los lugares donde transcurre nuestra vida.
«Declaración de domicilio» es una declaración de principios. No es lo mismo habitar en un lugar que en otro. Elegir el lado «sagrado» de la vida implica un compromiso radical en su defensa. O elegir el lado «manso», exige hacer de la paciencia, la tranquilidad, el control de sí, una practica habitual.
El lado humano de la vida escapa a todo lo artificial. Sospecha de aquello que se pone por encima de la vida humana o al servicio de otros intereses. Ciertamente ese lado es complejo, pero es sagrado: allí habita la esperanza confiada en que, después de cada atardecer, el sol saldrá nuevamente.
Gracias, al Dios de la Vida, por este don inmenso!!!