Todavía resuenen entre los catequistas los ecos del AnforaWeb, espacio virtual de encuentro para catequistas organizado por la Junta Nacional de Catequesis y el ISCA.
Uno de los talleres que convocó mi atención fue el animado por Pablo Martínez, catequistas y músico rosarino.
Sabemos que debemos transformar nuestras prácticas pastorales, pero, ¿cómo? Pablo Martínez nos habla de la importancia de ser «Catequistas innovadores». Un verdadero desafío para este tiempo, según lo indica el nuevo directorio para la catequesis en sus primeras líneas:
«La catequesis pertenece por derecho propio al gran proceso de renovación que la Iglesia está llamada a realizar para ser fiel al mandato de Jesucristo de anunciar siempre y en todas partes su Evangelio».
A continuación, el video del taller de Pablo Martínez.
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A poco de celebrar el día del catequista, la lectura del texto de Mt 16 resulta particularmente significativa. La vocación del catequista surge del encuentro con Jesús que, nos invita, una y otra vez a responder la pregunta: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy?».
Porque el catequista, más que compartir un saber o una doctrina, está llamado a dar testimonio de una experiencia que le ha transformado la vida. La catequesis no es una cátedra de pensamiento cristiano; es un encuentro donde compartimos un testimonio de transformación. Por ello, el catequista es testigo de la fe «al experimentar la bondad y la verdad del Evangelio en su encuentro con la persona de Jesús, el catequista guarda, nutre y da testimonio de la nueva vida que se deriva de Él y se convierte en un signo para los demás» (DPC, 113).
¡Qué importante es profundizar en este primer encuentro personal, fundante de nuestra relación con Dios y punto de partida en la vocación a la catequesis! Años atrás, me encontraba con un hermoso libro llamado «Todo comenzó en Galilea» de Miguel Ortega Riquelme. Para cada catequista, Galilea es un punto de partida en esta historia de encuentro personal y, a la vez, la llamada a renovar esa adhesión filial a quien ha dado un nuevo rumbo a nuestra vida.
Por ello, hacernos una y otra vez la pregunta «¿Quién es Jesús de Nazaret?» es permitirnos renovar nuestra cercanía a Jesús y el compromiso de ser sus discípulos misioneros.
¿Quién es Jesús de Nazaret?
¿Quién es Jesús de Nazaret?
Sí. ¿Quién es Este Hombre?
¿Qué ha pretendido en la tierra?
¿Qué ha significado su vida?
¿Qué tiene que decirnos hoy día?
¿Quién es Jesús?
¿Es un héroe legendario,
un milagrero barato
que logró entusiasmar a la gente sencilla?
¿Fue un vagabundo
que nunca logró asentar la cabeza
y a quien hasta sus parientes
consideraron como un «loco»?
¿Fue un orador electrizante
que cautivaba con su palabra
a una masa llena de ignorancia?
¿Fue un místico taciturno,
el gurú de la época,
seguido por un pequeño grupo
de hombres sin cultura?
¿Fue un frustrado líder político
que no pudo hacer nada
ante la fuerza de un gobierno despótico?
¿O es simplemente un gran invento,
una gran novela de ficción,
que hombres demasiado fanatizados
han extendido por el mundo?
¿Quién es Jesús de Nazaret?
Lo mismo se preguntaron también
muchos que se toparon con Él en su tiempo:
«¿QUIEN es Este
que manda al viento y al mar y le obedecen?»
«¿QUIEN es Este
que tiene poder para perdonar los pecados?».
«¿QUIEN es Este
¿no es acaso el hijo del carpintero?.
«¿De dónde le viene a Este
semejante sabiduría?».
Ayer y hoy, y también mañana
la pregunta seguirá pendiente:
¿Quién es Jesús de Nazaret?
Quiero invitarte hoy
a buscar juntos la respuesta.
De modo que podamos decir luego
como san Pablo:
«Todo lo tengo por basura
comparado con el conocimiento
de Cristo Jesús».
Era el año 748 de la fundación de Roma,
y el año 42 del Imperio de Octavio Augusto,
cuando una pareja cansada
golpea las puertas
y solicita hospedaje
en la ciudad
de Belén de Judá.
Sin embargo «no hubo sitio para ellos en el mesón».
Y allí, a catorce kilómetros de la capital,
en la ciudad de David,
en un corral de animales,
y en noche de invierno, nace Jesús.
Así se llama: JESÚS.
El nombre se lo había dado un ángel:
«Le pondrás por nombre Jesús
porque El salvará al pueblo
de sus pecados…».
Ese es su nombre y ésa es su misión:
viene para salvar.
Durante treinta años vive en Nazaret.
Por eso lo llaman «Nazareno».
Es un pueblo que no tiene ningún prestigio:
nunca aparece nombrado
en el Antiguo Testamento.
La gente incluso se pregunta:
«¿De Nazaret puede salir algo bueno?».
La región a la que pertenece es Galilea,
en el norte del país.
De Galilea nunca había salido un profeta.
Por eso la despreciaban,
porque además sus habitantes
tenían contactos con los pueblos vecinos
y no eran rigurosos en observar la Ley judía.
Allí, en Nazaret de Galilea,
ejerce Jesús su profesión: es carpintero.
El oficio lo aprendió de José,
y esto le permite ganarse la vida.
Jesús tiene la nacionalidad judía.
Y sus palabras, sus gestos, su rostro,
su idioma, sus costumbres y su mentalidad
lo demuestran a cada paso.
Se circuncida como judío.
Aprende en la Sinagoga como todos ellos.
Lee las Escrituras, celebra las Fiestas,
y acude al Templo como ellos lo hacían.
El nombre de su madre es María, o «Myriam».
Es la mujer «bendita entre las mujeres»,
y a quien todas las generaciones
llamarán «Dichosa»,
porque en Ella ha hecho grandes cosas
el Poderoso, cuyo nombre es Santo.
Ella estaba comprometida en matrimonio
con un hombre justo y bueno:
José, de la familia de David.
María ve crecer a Jesús
en edad y en sabiduría.
Y va guardando estas cosas
meditándolas en su corazón.
Hasta que llega el momento.
Jesús deja su casa. Se despide y se va.
Y empieza a predicar en los pueblos,
en los campos y en los caminos.
Y habla con autoridad.
Muchos se entusiasmaron con su Palabra
y llegaban a apretujarse para escucharlo.
Otros lo combatieron con dureza
y buscaron la manera de condenarlo.
La gente sencilla lo siguió.
Los pobres fueron sus mejores amigos.
Los niños pudieron ser
estrechados en sus brazos.
Los enfermos lo buscaron afanosamente.
Nadie se sintió extraño en su presencia.
Su nombre todavía resuena entre nosotros:
Jesús de Nazaret.
Y aún hoy día queremos oírlo y estar con El.
El mismo que camina en nuestra tierra.
El mismo que puede pasar por nuestra vida
iluminándola y transformándola.
Es el carpintero judío,
que se crió entre tablas y murió en un madero.
Es el hijo de María, nacido en Belén,
y porque ha venido a salvar
tiene como nombre JESÚS.
Miguel Ortega Riquelme.- “Todo comenzó en Galilea”.
Te proponemos participar dejando tu refelxión en los comentarios. ¿Qué imagen de Jesús elegís? ¿Por qué? ¿Quién es, para vos, Jesús de Nazaret?
María, la Madre de Jesús y Madre de la Iglesia. Tanto la queremos que la llamamos con distintos nombres, con diversos títulos y recordamos cómo se manifestó a sus hijos a lo largo de la historia. María, en cada tierra, lugar, región se dio a conocer y sus hijos le brindaron su afecto y cariño. En esta presentación, te invitamos a recordar algunos de esos nombres y honrar a la Madre que camina a nuestro lado.
Escribo estas líneas pensando en poder transmitir y compartir en comunidad la experiencia que Dios me ha permitido descubrir de su mano en medio de una situación mundial tan novedosa y compleja. Pero antes de contarles sobre lo vivido quiero agradecer, en primer lugar a Él, nuestro Señor, quien nos permite ser sus sembradores en medio de un mundo sediento de su Palabra y de su salvación. En segundo lugar agradezco a Pablo por la oportunidad y el desafío de invitarme a expresar en palabras lo vivido y por tener en cuenta mi trabajo sencillo entre los chicos para compartirlo con todos ustedes.
Empiezo compartiendo un poco de mi llamado a ser catequista, porque sin dudas es la fuente de la cual fluye hasta hoy el entusiasmo y la necesidad de compartir con los jóvenes la Buena Noticia que yo no conocía, que me fue anunciada y que me transformó. Soy una joven de la ciudad de Mar del Plata, en Argentina, tengo 28 años, pero soy catequista desde los 17, un año antes había conocido al Señor. Descubrí mi llamado entre niños de 7 a 14 años en una comunidad con muchas necesidades de mi ciudad, de la mano de las hermanas de María Auxiliadora.Todos los sábados a las 10 hs teníamos nuestros encuentros en la capilla. Siendo adolescente, me costaba bastante levantarme temprano para llegar hasta allá, tampoco tenía grandes ideas ni mucho conocimiento sobre mi fe.Buscaba bastante información para capacitarme porque quería de todo corazón que esos chicos entendieran que en su primera comunión iban a recibir ni más ni menos que el cuerpo y la sangre de Jesús. Pero una vez que llegaba y empezábamos a charlar, a jugar y a hablar de Dios mi mundo eran ellos y Dios. Pasábamos momentos divertidos, los escuchaba y los invitaba a creer en Dios con todo su corazón, porque Él estaba cerca de ellos, los escuchaba, conocía sus preocupaciones y necesidades y, sobre todo, los amaba más que nada en el mundo.
Nunca más pude alejarme de esa tarea, deje otros sueños en el camino que dejaron de llamar mi atención y acá estoy. Trabajo en cuatro colegios de la misma ciudad dando catequesis a niños y adolescentes, chicas y chicos que tienen entre 4 y 18 años. Actualmente el desafío es evangelizar y animarlos a abrir el corazón a Dios a través de una pantalla en medio de la pandemia que atravesamos.
En este nuevo contexto, seguir sembrando la Palabra de Dios es más necesario que nunca, o quizá tan necesario como siempre, pero en un tiempo sumamente propicio. Es verdad que en un comienzo no lo veía así. Pensé que no iba a tener mucho sentido intentar trasmitir, lo que muchas veces es difícil presencialmente, a través de una pantalla o de un texto de word. Sentía que todo lo que iba a hacer era más para cumplir con mi trabajo que para poder intentar llevar el mensaje de Dios al corazón de los chicos, pero una vez más Dios me sorprendió y me mostró que cuando se trata del Reino nada es imposible. Es un tiempo propicioen primer lugar porque los chicos, adolescentes y jóvenes, pueden recibir los contenidos que preparemos para ellos en sus casas, de manera directa y personal. Sabemos que nada puede reemplazar la riqueza del encuentro en persona y mucho menos el tesoro de la catequesis vivida en comunidad, pero al mismo tiempo, en mi experiencia como docente, ha surgido la oportunidad de que cada catequizando se encuentre frente a sus ojos con la invitación a descubrir a Dios, conocerlo, reflexionar y a encontrarse consigo mismo también. Pueden tomar la propuesta que les ofrecemos o dejarla, pero el que la toma se encuentra interpelado a poner todos sus sentidos en sintonía con nuestro anuncio y dejarse transformar por su mensaje de vida. En segundo lugar porque nuestras propuestas ya no solo tienen repercusión sobre los chicos para los que preparamos nuestras actividades, sino también sobre su familia. En torno a estos dos motivos les comparto dos experiencias.
La primera se trata de un grupo de 5° año de la secundaria (chicas y chicos de entre 16 y 17 años) con los que nos reencontramos virtualmente después de entre 5 y 2 años en los que no fui su catequista. Conocía al grupo, sabía que iba a tener a jóvenes con mucha capacidad reflexiva, con muchas inquietudes sobre la vida, con mucha sed de Dios, algunos con necesidades y dificultades serias.En un comienzo me lamente no poder vivir la primera parte del año con ellos en el aula porque veníamos teniendo experiencias muy buenas con los cursos anteriores, hasta que comenzamos a trabajar. Ciertamente para Dios no existen los límites y la tecnología puesta a su servicio se convierte en un medio fecundo para seguir anunciándolo. Trabajamos con actividades de reflexión personales cada 15 días y encuentros por “zoom” con la misma frecuencia, utilizando diferentes recursos: canciones, testimonios, reflexiones y dinámicas, y por supuesto hablamos de la Palabra de Dios. Las entregas escritas fueron producciones realmente emocionantes, los chicos se sumergían en su interior con cada propuesta y fueron trabajando las temáticas que les proponía con muchas seriedad y conciencia, pero los encuentros virtuales fueron superadores. No faltó ninguno en el cual no haya clima de encuentro, de comunidad, en el cual no pudieran expresarse y compartir lo que cada propuesta les generaba, lo que los dejaba pensando, lo que más les interesaba o en lo que se sentían identificados. Lo más interesante fue escucharlos decir que aunque en otras materias habían bajado el rendimiento o perdido el interés, en el caso de catequesis era distinto, esperaban las actividades para poder hacerlas con ganas y los encuentros virtuales para poder charlar sobre lo trabajado y, por esto, sostuvieron la participación durante todos los meses de encuentros virtuales expresando que eran espacios de contención, de escucha, de reflexión, que los ayudaban a salir un rato de la rutina del encierro y vivir algo diferente. Es fascinante ver sus crecimientos incluso en medio de la distancia, y soy yo también la que espera con ansias y alegría cada uno de esos encuentros porque sé que los voy a ver, que me van a emocionar y sobre todo, que Dios nos va a enriquecer al compartir el tesoro que cada uno guarda en su interior.
La segunda es con una familia de los más chiquititos. El año pasado descubrí el mundo de la enseñanza en el ciclo inicial y ¡me volví a enamorar! No sabía cómo me iba a sentir, era la primera vez que hablaba de Dios a niños tan chicos, aprendí un montón de mis compañeras que me explicaron lo que ellos podían comprender a esa edad, pero también aprendí muchísimo de ellos. Sinceramente, siento que cada vez que entro a la salita son ellos los que me enseñan a conocer a Dios, ¡cuánta pureza, cuánta sencillez, cuánta frescura, cuánta sinceridad, cuánta ternura, cuánto amor! En la distancia de estos tiempos, viví lo mismo que con los chicos de secundaria, no tenía ni idea de cómo iba a hacer para trabajar con ellos en este contexto. Sin duda, en este caso, la familia se volvió la protagonista de la posibilidad del encuentro. Hoy recibo muchas devoluciones a los trabajos que hacemos, con dibujos, momentos de oraciones, trabajo con masas y canciones. Las familias se sorprenden de lo que les comparten sus hijos, muchos los descubrieron en un terreno que quizá en la casa no está muy trabajado y en sus mensajes mostraban la emoción que esto les generaba. Recibí fotos de una familia entera sentada junto a un altar preparado en su casa, con la vela encendida, rezando por las intenciones que tenían, acompañados de la Biblia abierta en el texto que les habíamos compartido para la oración. Familias que descubrían la importancia con la que sus hijos viven esos momentos y la facilidad con la que abren sus corazoncitos para hablar con Dios. Una de las devoluciones fue la que me hizo tomar conciencia de todo esto cuando me enviaron un video de su hija cantando la canción que ya les había enseñado el año pasado en la salita y que ahora recibían en un video con un mensaje para hacer la actividad. Además de que verla cantando la canción con alegría y prendida al celular fue hermoso, también fue hermoso el mensaje que acompañaba el video diciendo que ellos no sabían que su hija conocía esa canción y que la habían estado cantando en familia.
Los caminos de Dios son misteriosos escuchamos muchas veces. Vaya a saber uno que es lo que Dios está haciendo en medio de esta pandemia en cada vida, en cada familia, en cada casa. Algo es seguro, es un tiempo propicio, Él está obrando, su Espíritu se está moviendo, y una vez más nos llama a ser los pastores de sus ovejas, los sembradores de sus campos. Hoy, como hizo Juan ante la llegada de Jesús, es el tiempo para anunciar, para preparar los senderos para el Señor, para proclamar la salvación de Dios. Es el tiempo para seguir sembrando y con más entusiasmo que nunca, para seguir abriendo nuestro corazón y dejarlo hacer con libertad según su voluntad, poder llevar su mensaje a tantos que todavía no lo conocen y a aquellos que necesitan renovar su esperanza, su fe. Es tiempo de fortalecer a la oveja débil, de curar a la enferma, de vendar a la herida, de hacer volver a la descarriada y de buscar a la perdida. El Señor pone en nosotros sus palabras, utiliza los dones que nos regaló, nos desafía a actualizarnos para llegar a todos, se mueve en el amor con el que preparamos cada encuentro. Hoy, igual que ayer, no sabemos hasta dónde puede llegar nuestra voz, nuestro mensaje, pero sabemos que sin dudas llega y toca el corazón de quien lo recibe.
El ‘indagador’ se acercó respetuosamente al ‘discípulo’ y le preguntó «¿Cuál es el sentido de la vida humana?».
El ‘discípulo’ consultó las palabras escritas de su ‘maestro’ y, lleno de confianza, respondió con las palabras del propio ‘maestro’: «La vida humana no es sino la expresión de la exuberancia de Dios».
Cuando el ‘indagador’ se encontró con el ‘maestro’ en persona, le hizo la misma pregunta; y el ‘maestro’ le dijo:
«No lo sé».
El ‘indagador’ dice: «No lo sé». Lo cual exige honradez.
El ‘maestro’ dice: «No lo sé». Lo cual requiere tener una mente mística capaz de saberlo todo a través del no-saber.
El ‘discípulo’ dice: «Yo lo sé». Lo cual requiere ignorancia, disfrazada de conocimiento prestado.
Anthony de Mello (1982).- El canto del pájaro.- Sal Terrae.- Pág. 63.-
Aceptar los propios límites, decir «no sé», pararse en el escalón de la humildad… es un ejercicio apropiado para todo educador. Un catequista que dice «no sé» está enseñando con su propia autenticidad y, además, si se compromete junto al catequizando a encontrar una respuesta, educa desde el compromiso con la verdad.
Por otro lado, es bueno recordar lo que nos enseñara san Juan Pablo II: en la catequesis, «el único que enseña es Cristo» (CT, 6).
«¿Hay entre ustedes alguien sensato y prudente? Demuestre con su buena conducta que actúa guiado por la humildad propia de la sabiduría». Sant 3, 13
Te comparto una serie de datos extraídos de un formulario de opinión respondido por 48 alumnos de 4° año de la Escuela Parroquial Nuestra Señora del Camino. El mismo fue propuesto al comenzar a desarrollar el tema «Adolescencia, cultura juvenil y fe» durante el mes de julio de 2020.
El formulario se organizó en dos grandes temáticas:
El mundo y sus problemas: destinado a conocer cómo ven los adolescentes el mundo que les rodea, las problemáticas sociales que, mayormente les preocupa, qué efectos está generando en ellos este tiempo de confinamiento, entre otras.
Adolescencia, educación y fe: buscando reconocer las temáticas educativas que requieren los alumnos en su formación humana y las resonancias de la fe en sus vidas.
El mundo y sus problemas
Apreciamos con claridad tres temas que se diferencian de los demás: pobreza, violencia y deterioro del Medio Ambiente. Luego, la falta de educación y la desigualdad; finalmente la desocupación. No se especifica qué otros problemas resultan ser preocupantes.
La cuestión ambiental ha encontrado en diversas generaciones juveniles una fuerte resonancia. Los adolescentes del siglo XXI son mayormente conscientes del creciente deterioro ambiental y han desarrollado gestos y conductas más amigables con el medio circundante.
Respecto de la violencia, el trabajo educativo realizado en los últimos años ha permitido reconocer diversas formas de violencia hasta entonces ocultas o invisibilizadas. No sólo se reconoce la violencia física. Hablamos, además, de la económica, política, institucional, familiar, de género, psicológica…
Históricamente, las diversas generaciones juveniles han tenido, frente al escándalo de la pobreza, una clara sensibilidad. En este relevamiento, ha quedado confirmada tal posición.
La pandemia, el confinamiento social, las medidas sanitarias y de distanciamiento no han dejado al mundo indiferente. No sorprende que «Inquietud» haya sido la sensación más señalada. Cuando no hay seguridad, cuando lo que damos por supuesto se derrumba o desaparece, gana la inquietud por el futuro. Las otras dos sensaciones: miedo y confusión. Ambas se han mencionado y reflexionado en encuentros virtuales.
Si bien comenzamos afirmando que esta situación no nos ha dejado indiferentes, el 6,3 % de este pequeño universo destacó que sí. ¿Cuál puede ser el motivo? ¿Tener las necesidades básicas satisfechas? ¿No ser los responsables del sustento, equilibrio y orden familiar? Estas son algunos de los interrogantes que surgen en la lectura de los datos.
Al hablar de problemáticas adolescentes surgen en los primeros lugares tres prácticas, lamentablemente, presentes desde hace tiempo: el bullying, la adicción a las drogas y la violencia de género. Pero, no es menor el dato afirmado por el 35,4% de los adolescentes encuestados que mencionan el sexting/viralización de contenido íntimo y las dificultades que plantean los noviazgos tóxicos donde se viven muy diversas formas de violencia.
El grooming (acoso informático perpetrado por adultos que falsean su identidad para relacionarse con menores) no tuvo mucha repercusión. ¿Será porque los adolescentes no registran como peligroso/complejo la relación establecida con desconocidos por medio de las redes sociales? ¿Se niega la existencia de este tipo de acoso?
Adolescencia, educación y fe
No resulta una novedad que los adolescentes destaquen a los amigos como receptores de sus inquietudes pues, para ellos, son una grata compañía. Por su parte, que el 62,5% reconozca a los padres como interlocutores válidos es importante, aunque deberíamos lograr que este porcentaje suba.
El 16,7% mencionó buscar respuestas en internet por encima de la consulta a un profesional (12,5%) o a un docente (6,3%). El dato es elocuente: ¿qué falta para que, como educadores, seamos receptores de las preguntas e inquietudes de los alumnos más allá de los asuntos escolares? ¿Confianza, seguridad? Y de parte de los alumnos, ¿vergüenza, tal vez, de plantear determinadas cuestiones?
Típico del mundo adolescente es la búsqueda de una libertad que se entiende como autodeterminar su vida. Experiencia que lograrán con el paso del tiempo, alcanzada la estabilización psíquica y la capacidad de sostener los valores que elige.
Es en el mundo adolescente donde la empatía ha alcanzado un lugar importante. Son ellos los que han aprendido a abrirse a la diversidad sin prejuicios.
¿Qué otros valores, creen, deberíamos promover entre los adolescentes?
Al analizar este punto, me sorprendió que ningún alumno mencione el tema sexualidad. Dicho esto en un tiempo donde la ESI (y/o los medios de comunicación) ha puesto el tema en un lugar central, resulta significativo.
Un 50% de los alumnos señaló la necesidad de reflexionar sobre su proyecto de vida, su vocación. Se reafirma, así, la necesidad de una orientación, del valor que tiene pensar qué tipo de vida edificar, más allá de la elección de una carrera u oficio.
Reclaman ser destinatarios de una educación intra e interpersonal: «Saber quién soy» y «Aprender a reconocer mis emociones» fueron señaladas por el 20,8%. La catequesis, en el conocimiento de sí y la relación con los demás, tiene mucho que aportar.
Es importante el porcentaje que señaló la conveniencia de proponer el modelo de Jesús como guía del adolescente. En el trabajo realizado con este grupo, hasta el momento, la persona de Jesús ha ocupado un importante lugar al momento de hablar de consuelo, esperanza, guía y sostén. Estos datos invitan a profundizar el kerigma y buscar espacios de encuentro personal de los alumnos con Jesús.
Es significativo apreciar como destacan los encuestados la importancia de «Una guía, un camino a seguir» (en segundo lugar), detrás de «Paz, tranquilidad» (¿propias del desarrollo de una espiritualidad?).
También destacamos la cantidad de alumnos que señalaron «Un ideal para mi vida» y «Sentido de la vida» (10,4%). Podemos relacionar estos datos con el punto anterior donde se manifestó la necesidad de un proyecto de vida.
Al observar estos datos en su conjunto, podemos preguntarnos: ¿cómo acompañar la formación de adolescentes generando espacios de confianza, diálogo y aprendizaje?
A partir de este relevamiento, buscaremos trabajar para poner en diálogo la cultura juvenil (o adolescente) con la fe. Recordando el concepto de cultura, entendida como modos diversos de relación (del hombre con Dios, los demás hombres y la naturaleza), nos planteamos un acompañamiento que considere los siguientes puntos:
La relación con Dios a través de la oración (especialmente, la lectura orante de la Palabra) y el canto (la música entendida como lenguaje privilegiado para la comunicación de la fe).
La relación con el hombre en dos perspectivas: con uno mismo y con los demás. Respecto de la primera: autoconocimiento (emociones, valores, talentos), vocación y proyecto de vida. Acerca de la segunda: amistad, noviazgo, familia y sociedad.
En cuanto a la relación con la naturaleza: la conciencia acerca del cuidado y respeto por la Casa común y el llamado a la conversión ecológica.
Uniendo estos tres «modos de relación», afrontaremos problemáticas vigentes (que, también, se señalaron en el formulario) como: racismo, intolerancia, violencia de género, destrucción del medio ambiente, etc. Uniremos la descripción de estas situaciones a la Pasión de Cristo, encontrando en los mismos relatos evangélicos:
Como el hombre se relaciona con sus tentaciones, debilidades, temores y frustraciones.
La ruptura del hombre en su relación con Dios y los demás.
El error, el arrepentimiento y las posibilidades de reconciliación.
El significado último del dolor y sufrimiento humanos.
«La catequesis, siguiendo el ejemplo de Jesús, ayuda a iluminar e interpretar las experiencias de la vida a la luz del Evangelio. El ser humano de hoy experimenta situaciones fragmentarias de las que él mismo lucha por captar el sentido verdadero. Ello puede incluso conducirle a una vida separada entre lo que cree y lo que vive. La relectura de la existencia con ojos de fe le ayuda a tener una mirada sabia e integral. Si la catequesis descuida esa relación entre experiencia humana y mensaje revelado, cae en el peligro de yuxtaposiciones artificiales o en la incomprensión de la verdad. Directorio para la Catequesis». 199.-
Durante este tiempo de confinamiento y distanciamiento social, internet nos ayudó a tender puentes y promover instancias de diálogo. ¿Dialogar qué? Sin dudas, la pandemia se ha robado nuestra atención. La situación que atravesamos, inédita para todos, ha provocado cientos de interrogantes. «Sembrar en diálogo» es un espacio para poner esos interrogantes sobre la mesa y dialogar.
¿Cómo ha impactado el «efecto pandemia» en nuestra labor evangelizadora? ¿Y en nuestra catequesis?
¿Como impactó en tu comunidad escolar el hecho de asumir en poco tiempo una educación virtual? ¿Qué respuestas se están dando? ¿Cuáles son las fortalezas y debilidades que han detectado?
Respecto de la cercanía (esencial para toda catequesis), ¿cómo pudieron resolver esta cuestión? ¿De qué manera se está acompañando a los alumnos y sus familias?
Evangelización: decididamente, todas las comunidades se han lanzado a utilizar medios digitales para comunicarse, ¿qué pasos deberemos dar para que ese uso sea, realmente, evangelizador? ¿Qué pasos daremos de ahora en más?
En este primer encuentro, contamos con la presencia de Patricia López (Instituto Santa Cecilia), Gabriela Tumini (Escuela parroquial San Antonio de Padua) y Olga Almirón (Stella Maris adoratrices). a continuación, el conversatorio…
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Tercera semana de agosto: llegamos al día de los catequistas. Para celebrarlo, nos sumamos con una serie de entradas para que puedan reflexionar, rezar y compartir este llamado a ser servidores de la Buena Noticia.
«¿Quién dicen que soy?»: en consonancia con la lectura del próximo domingo, les compartimos un bello texto de Miguel Ortega Riquelme que nos hará pensar en la persona de Jesús y lo que significa en nuestra vida de catequistas.
«Catequistas innovadores»: siguiendo con el eco del AnforaWeb, compartimos el taller que Pablo Martínez brindara el día sábado.
«Conocer a Cristo»: un relato corto y una profunda enseñanza. Ideal para acompañar la celebración de nuestro día.
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Si no pudiste leer las entradas anteriores, aquí abajo encontrarás los aportes de las primeras semanas del mes de los catequistas.
Completamos la segunda semana en el mes de los catequistas, en esta actualización, te ofrecemos las siguientes entradas:
Adolescencia, educación y fe: en esta entrada encontrarás algunas reflexiones sobre catequesis y cultura juvenil. ¿Cómo ve, un grupo de adolescentes, el mundo actual (problemáticas)? ¿Cuáles son sus intereses y los valores que afirman sustentar? ¿Cómo se posicionan frente a la persona de Jesús? A partir de este breve análisis, se desarrolla una propuesta de trabajo desde la catequesis.
El maestro no sabe: un cuento de Anthony de Mello para reflexionar sobre una de las cualidades del catequista: la humildad.
Tiempo para seguir sembrando: Carolina Rosatelli, joven profesora de catequesis, nos deja su reflexión acerca de la evangelización y catequesis en este tiempo de confinamiento.
La Virgen María: agosto es, también, el mes de una gran fiesta mariana: la Asunción de María a los cielos. Compartimos una colorida presentación sobre la Madre de Jesús en sus distintas advocaciones.
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Si no pudiste leer las entradas anteriores, aquí abajo encontrarás los aportes de la primera semana del mes de los catequistas.
Cada 21 de agosto, memoria de San Pío X, en cada diócesis (o en cada parroquia o comunidad) los catequistas se reúnen para celebrar su vocación. La importancia de este celebración y la diversidad de formas que adquiere en cada región (encuentro, feria, talleres, procesiones, retiros, jornadas) fue gestando la idea de consagrar todo el mes de agosto a los catequistas.
Desde este blog queremos acompañar esta gran celebración proponiendo motivos de reflexión, siempre orientados hacia la formación de los catequistas. En este especial, encontrarás reflexiones (propias y de otros catequistas que han gustado sumar su aporte), cuentos, canciones, videos, conversatorios, encuentros… es suma, múltiples formas de acompañar la reflexión de tantas personas que han querido responder a la llamada de Dios de servir en la Iglesia en la formación y maduración en la fe de los creyentes. Celebremos, entonces, con alegría el llamado a ser servidores de la Palabra de Dios!!!
Catequistas en el continente digital. Video del conversatorio organizado por Editorial Claretiana junto al padre Alejandro Puiggari, Carlos Seoane, Marcelo Murúa y Pablo Garegnani.
Evangelización, pandemia y catequesis. Primer conversatorio del ciclo «Sembrar en diálogo». En esta ocasión, dialogamos con Patricia López, Olga Almirón y Gabriela Tumini, catequistas de diversas escuelas parroquiales y congregacionales de la Diócesis de Mar del Plata.
«Catequistas en el continente digital». Conversatorio organizado por Editorial Claretiana dentro del ciclo «Tejiendo redes en las redes».
Junto con el padre Alejandro Puiggari (rector del ISCA), Carlos Seoane (músico y evangelizador) y Marcelo Murúa (director de buenasnuevas.com) dialogamos sobre la catequesis en entornos digitales, de manera especial, en este contexto de distanciamiento social.
Inspirados por el nuevo Directorio para la catequesis, destacamos la importancia de incorporar nuevos lenguajes en la catequesis para la transmisión de la fe y en las actitudes de cercanía y presencia a desarrollar por todo catequista comprometido en la evangelización en y desde el mundo digital.
Comunicación y lenguaje. Dos temas primordiales para la catequesis, hoy. ¿Cómo comunicar con un lenguaje inteligible a todos? ¿Cómo hablar de la fe a niños, jóvenes y adultos que desconocen los lenguajes tradicionales de comunicación eclesial? Con la mirada puesta en la pedagogía de Jesús y, también, en los aportes de las Ciencias de la Educación, se aborda el tema en este taller del AmforaWeb.
A continuación, la presentación en Power Point y el video del encuentro virtual.
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