
Leí este relato en el libro «El canto del pájaro», de Anthony de Mello (Sal Terrae).
Diálogo entre un recién convertido a Cristo y un amigo no creyente:
«¿De modo que te has convertido a Cristo?». «Sí».
«Entonces sabrás mucho sobre él. Dime: ¿en qué país nació?».
«No lo sé».
«¿A qué edad murió?». «Tampoco lo sé».
«¿Sabrás al menos cuántos sermones pronunció?».
«Pues no … No lo sé».
«La verdad es que sabes muy poco, para ser un hombre que afirma haberse convertido a Cristo…». .
«Tienes toda la razón. Y yo mismo estoy avergonzado de lo poco que sé acerca de El. Pero sí que sé algo: Hace tres años, yo era un borracho.. Estaba cargado de deudas. Mi familia se deshacía en pedazos. Mi mujer y mis hijos temían como un nublado mi vuelta a casa cada noche. Pero ahora he dejado la bebida; no tenemos deudas; nuestro hogar es un hogar feliz; mis hijos esperan ansiosamente mi vuelta a casa cada noche. Todo esto es lo que ha hecho Cristo por mí. ¡Y esto es lo que sé de Cristo!».
Conocer realmente. Es decir, ser transformado por lo que uno conoce.
Esta, en definitiva, ha de ser la experiencia de todo catequista. ¿Se puede aprender todo de Jesús y enseñarlo? Sin dudas, sí. Pero, si uno no comunica una experiencia de Dios cada palabra expresada es, ciertamente, en vano. El evangelio es para ser vivido, experimentado y testimoniado. Luego, sí, profundizar en los misterios de Dios se presentará como necesidad. Primero, el testimonio.
Un catequista no es un doctor es un testigo.
Un comentario sobre “Conocer a Cristo”